Moda y estilo
jueves 4 de diciembre de 2008 1:00
En la web Psychology Today hablan de la confusión entre la moda y el estilo, en concreto de la paradoja cotidiana que se produce cuando abrimos el armario y, a pesar de tenerlo repleto de ropa, suspiramos y caemos en el consabido "no tengo nada que ponerme". Si consideramos el estilo como la facultad de seleccionar entre un montón de objetos aquellos que mejor reflejan la forma en que nos vemos a nosotros mismos, la moda sería el resto de cosas que no encajan con nuestra personalidad pero que adquirimos en su momento porque algún factor exógeno nos indujo a ello.Según el texto, el estilo es lo que realmente buscamos cuando hablamos de moda, y de ahí la insatisfacción permanente cuando tratamos de seguir los patrones preestablecidos por la sociedad de consumo. La moda está en la ropa y el estilo en el que la lleva. El estilo, siempre devaluado en favor de la moda, sería la expresión de uno mismo a través de la ropa, los muebles, la música, los libros, etcétera. La distinción entre estilo y moda deviene pues crucial cuando tratamos de reafirmarnos ante los demás.
La moda es una fotocopia. El estilo inimitable.
La moda cuesta. El estilo no tiene precio.
La moda es estúpida. El estilo inteligente.
Algo en lo que pensar la próxima vez que abramos el armario o que paseemos por unos grandes almacenes.
O cuando compremos el último tostón de Paulo Coelho.
Etiquetas: psicología, publicidad, tendencias
Cerrar el círculo
lunes 15 de septiembre de 2008 0:00
Hay un dicho en Catalunya que, bajo la premisa "roda el món i torna al Born", pretende ejemplificar un tipo de vida consistente en salir a explorar mundo para volver a casa al cabo del tiempo y disfrutar aquí de las experiencias vividas, con la serenidad que otorga el regresar al sitio del que uno proviene y el tener todo el tiempo por delante para revivir los recuerdos. Es un tipo de vida que muchos anhelan pero que pocos consiguen, básicamente porque el trajín que impone la sociedad (emparejarse, tener hijos, un empleo estable, adquirir propiedades) y la falta de recursos monetarios limitan a un círculo muy reducido de la población a los destinatarios de semejante lema.Cuando era un chaval me bastaba con salir a jugar con los amigos cada tarde, prácticamente sin salir del barrio, para disfrutar de un verano de ensueño. Luego uno se va haciendo mayor y aparecen las excursiones, los fines de semana en la costa, más adelante los Interrails, y a una edad adulta los viajes transoceánicos. La paradoja del asunto es que, por más kilómetros que echemos de por medio, la mayoría de las vacaciones nos saben a poco por comparación con el disfrute de la tierna infancia. Será que, como dicen, cada edad tiene sus cosas, y hay que quemar las etapas en función de los recursos de los que disponemos. Obviamente resultaría patético pasarse nuestra vida adulta sin salir del café de la esquina para hacer la tertulia con los amigotes, aunque más de uno reconocerá en privado que allí es justamente donde mejor se lo pasa, hablando de fútbol, mujeres y películas, en vez de sacando fotos exóticas en la Patagonia con la parienta y sus amistades.
Por todo ello me hace mucha gracia cuando veo a los jubilados hacer precisamente eso: citarse cada tarde en el dichoso café para jugar a las cartas, al dominó o simplemente para apurar unas pintas, dejando la vida pasar al ritmo de los goles del Barça y de las noticias de La Vanguardia. Una vez le pregunté a uno porqué ya no se iba de viaje llegado el mes de agosto, y el hombre me miró con una media sonrisa y me dijo: "es que yo esto ya lo he hecho". Y ahí ya no sabría decir si se trata de un caso lógico de haber quemado etapas o si, por el contrario, tras haberse pateado medio mundo el hombre ha descubierto que, en efecto, como en casa no se está en ningún lado y no cambiaría la pinta en el café por ningún safari fotográfico repleto de hoteles de lujo. Como quiera que con la edad se gana en experiencia, tomo nota de la conducta y medito acerca del dicho sobre el Born o de si, en realidad, lo que todos ansiamos es volver a tocar, aunque sea de refilón, la felicidad de nuestros veranos de infancia y así poder cuadrar el círculo vital de manera completa.
Etiquetas: sociedad, tendencias, vacaciones
El estilo Tony Soprano
jueves 11 de septiembre de 2008 0:00
Llevo un par de meses visionando esa gran serie llamada Los Soprano, que hasta ahora y por falta de tiempo no había podido degustar, y con tres temporadas a cuestas ya me voy dando cuenta que es uno de esos productos que "marca estilo". Al igual que en "Sexo en Nueva York" se intenta ensalzar a la típica mujer de nivel adquisitivo medio/alto que se pirra por zapatos de Manolo Blahnik y por los restaurantes caros, Tony Soprano y su banda ponen de moda el estilo hortera por excelencia, ése que hace que uno pueda ir a sacar la basura en calzoncillos y camiseta de imperio o pasearse por las calles de Nueva Jersey con un chándal y unos medallones de oro colgando por fuera. Todo tiene su público target, y así como el de la serie de Sarah Jessica Parker aspira a hacerse con el sector pijo de la población, la de James Gandolfini ataca directamente a los horteras de este mundo, tanto si tienen pasta como si andan más pelados que un pollo en un matadero (obsérvese que en este caso no importa demasiado la clase social: los horteras se encuentran indistintamente tanto en las capas altas como en las desfavorecidas). Para que se hagan una idea del tipo de hombre al que me refiero, echen un vistazo a esta breve entrevista a un tal Bobby Vita, un electricista neoyorquino que se gasta declaraciones como éstas:What are you wearing today?
My sunglasses are Prada. The track suit’s Armani.
It says Puma.
It’s Armani.
(...)
What’s the last movie you saw?
A porno. Caught From Behind.
Ya se van haciendo una idea, ¿verdad? Supongo que todos conocen más o menos un especimen similar, pues corren por todas partes y además no hacen ningún esfuerzo por ocultar su condición: bien al contrario, se exhiben como pavos reales y se hacen notar a la mínima ocasión. En definitiva, se sienten orgullosos de cómo son y de lo que son. Y yo desde este pequeño rincón les profeso mi total admiración: no todo el mundo es capaz de convertir un defecto en una virtud y sentirse tan orgullosos de ello como para aprovechar cualquier oportunidad de mostrarlo en público. Este puente tengan cuidado ahí fuera, obsérvenlos desde la distancia e intenten discernir si son ejemplares auténticos o simples aspirantes a mafiosos sin un miserable cadáver a su espalda. Nos volvemos a leer el lunes... pásenlo bien.
Etiquetas: televisión, tendencias
Cambio de tendencia
viernes 27 de junio de 2008 0:00
Observo no sin agrado que el prototipo de efebo anoréxico de pómulos marcados, con el pelo cepillado hacia delante y camisa coloreada bien arrapada al cuerpo ha dejado paso, entre los cánones de belleza masculina adolescente, al guarro de toda la vida: despeinado, barba de cuatro días, luciendo orgulloso michelín bajo una camiseta holgada, tejanos medio destrozados y caídos, cable del mp3 colgando hacia abajo desde el bolsillo de los pantalones. Como los grunge de antaño, vaya, pero esta vez más auténticos si cabe. Y me parece bien, para qué les voy a engañar, que tras una época en la que parecía que el prototipo Custo iba a cargarse el poco buen gusto que aún quedaba por el planeta vuelva el macho a las esencias que lo han caracterizado desde que no era más que un balbuceante Cromañón.Alguno dirá que tampoco el actual modelo estético se configura precisamente como un dechado de buen gusto, y probablemente estén en lo cierto, pero al menos aquí el chaval adolescente puede unirse físicamente y aparcando los complejos al hombretón en el que se convertirá en una década y media, sin pasar por el ridículo de tener que verse en fotografías de juventud intentando embutir sus kilos de más en una camiseta como mínimo cuatro tallas por debajo de lo que le correspondería. Que una cosa es entrar en el Flickr y enfrentarse a unos patillotes de Curro Jiménez, pecadillo de juventud por el que todos más o menos hemos pasado, y otra bien distinta tener que soportar que todos tus compinches de Facebook se choteen por tu pinta de modernillo trasnochado y hambriento, cuando intentabas desesperadamente seguir lo que se estilaba hace un par de temporadas.
Como decía, el futuro de todos estos adolescentes está ya dibujado desde hace generaciones, y nada mejor para evitar traumas que empezar a adoptar ya sin problemas el look que los caracterizará de aquí a un tiempo. Cuando tras desaparecer el último rayo de sol por el horizonte paseo por la calle y no distingo al cuarentón que va a tirar las basuras en chándal del chavalito que sale de juerga más que por la coronilla, intuyo que vamos por buen camino. Que no decaiga, caramba.
Etiquetas: estética, tendencias




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