¿Cuándo deja un spoiler de ser un spoiler?
miércoles 17 de diciembre de 2008 1:00
Supongamos que se enzarzan ustedes en una discusión sobre cine de terror moderno y de repente alguien habla de lo bueno que es el final de "Sexto Sentido". Imaginemos que entonces uno de los debatientes del grupo se indigna porque le acaban de estropear la sorpresa de la película y les advierte que no está bien eso de reventar finales al público potencial. Teniendo en cuenta que ya hace una década desde el estreno del film de Shyamalan, ¿se puede decir que revelar a estas alturas el final es soltar un spoiler? ¿Existe alguna norma no escrita que diga que las sorpresas en los argumentos cinematográficos, de series de televisión o de obras literarias prescriben al cabo de cierto tiempo, como los delitos fiscales? ¿Estoy siendo mala persona por decir que Norman Bates y su madre comparten algo más que una desgastada peluca? ¿Puedo ya dar mi opinión en público sobre el improbable hecho de que todos los pasajeros del Orient Express se confabulen para asesinar a un viejo ricachón en las mismísimas narices de Hércules Poirot? ¿Les cuento quién palma al final de Hamlet, o es secreto de sumario para todo el no versado en la obra de Shakespeare?...y todo este rollo porque tengo ganas de debatir sobre lo mucho que me ha decepcionado la tercera temporada de "Dexter" y su soso final.
Etiquetas: cine, libros, televisión
La interactividad contra la TDT, los periódicos y... ¿los blogs?
viernes 28 de noviembre de 2008 1:00
Ignoro si está teniendo mucho éxito la machacona campaña en favor del TDT que se emite por televisión (ya saben, los spots de la cámara oculta en el ascensor y en el bar) y por radio. Diría que si al final la gente se pasa a la TDT será por el fútbol, porque si en algo está de acuerdo el común de los mortales es que el nivel de televisión que tenemos está por los suelos. Yo ya hace tiempo que he dejado de preguntar "¿qué echan hoy por la tele?" y me limito a confeccionar mi propia parrilla televisiva en base a los torrents que me voy bajando (en HDTV y sin anuncios) directamente de la programación norteamericana. Así, los lunes toca "Sopranos", los martes "Dexter" y "Boston Legal", los miércoles "Fringe" y "The Mentalist", los jueves "The Shield" y para el fin de semana dejo "Pushing Daisies" y "Without a Trace". De la televisión nacional prácticamente sólo veo las noticias mientras ceno y aun así ni les presto demasiada atención. Si yo apareciera en el spot de la cámara oculta probablemente ni me inmutaría, y hasta lo vería como una gran oportunidad para dejar de consumir bazofia involuntariamente cada vez que conecto el aparato del salón.Respecto a la prensa escrita, hasta no hace mucho tenía la costumbre de comprar un periódico al día para mantenerme al corriente sobre el panorama informativo. Normalmente usaba dos o tres periódicos de cabecera, y compraba el que tocaba en función de los opinadores de la jornada. Ocurre que cada vez me cuesta más arrancar unos minutos para repasar el diario, y nueve de cada diez veces termino por saltarme contenidos hasta llegar a lo que verdaderamente me interesa. Poco a poco fueron cayendo de mi rutina las secciones de "Internacional", "Política", "Economía", "Sociedad", "Deportes"... Al final me quedo con los artículos de opinión, las cartas de los lectores y la "Cultura y Espectáculos", pero me pregunto si vale la pena invertir un euro al día para tan poca chicha. Máxime cuando ya estoy suscrito a cientos de blogs cuya temática me interesa y me basta con echar un vistazo a mi Google Reader para estar al día sobre estos asuntos.
Pero es que hasta mis hábitos blogueros han cambiado recientemente. No hace tanto tenía una ruta bloguera fijada de ocho o diez bitácoras al día que me llevaba a comentar en sus comunidades. Con el tiempo me he dado cuenta de que se trata de comunidades estáticas, con lo cual siempre terminas hablando de lo mismo con los mismos. Gracias a Twitter y, sobre todo, a Friendfeed (imprescindible mi vistazo diario a FFholic), entro en un universo de temáticas variadas con grupos de individuos de lo más heterogéneos y comentarios cruzados que me aportan muchos más temas de interés de los que me puede ofrecer la televisión, la radio, los periódicos o los blogs estáticos.
La pregunta pues sería: ¿está la interactividad matando a los medios tradicionales (y a los no tan tradicionales)?
Etiquetas: blogs, internet, medios, televisión
The Mentalist
sábado 11 de octubre de 2008 16:12
Temporada nueva, alud de novedades en forma de series que atizan la parrilla americana. Aunque este año la producción ha disminuido levemente comparando con la de los dos otoños precedentes, hay que decir que se han estrenado algunos seriales dignos de mención, y como todo el mundo me pregunta siempre si hay alguna novedad digna de ser descargada en el horizonte, permítanme que me la juegue hoy y me lance al agua sin flotador, porque me parece que ya he dado con el nuevo "House" de la temporada. Ahora viene cuando la cancelan a partir del quinto episodio por falta de audiencia, pero si yo tuviera que apostarlo todo al rojo este año me quedaría con The Mentalist, lo que a mí me parece un acierto total por parte de la CBS.¿Por qué digo que se trata de un "House" en potencia? De entrada, porque es lo que en argot televisivo se denomina un procedural, léase una serie con episodios autoconclusivos cada semana. Esto es importante sobre todo de cara a las audiencias, porque permite al espectador saltarse un par de semanas la serie sin que pierda el hilo cuando la vuelva a pillar al cabo de quince días, y si hay algo que los programadores saben respecto a las audiencias es que los que más arrasan son precisamente esta clase de shows (y la CBS lo tiene particularmente claro, no en vano es el canal que emite las franquicias de "CSI" y "Sin Rastro"). Después, porque al igual que en "House" aquí el protagonista/detective es un sujeto harto peculiar con un sentido del humor atípico y que resuelve las situaciones de manera poco ortodoxa. En vez de a un médico misántropo "The Mentalist" tiene por protagonista a un supuesto psíquico que no es tal, sino que se trata de un sujeto con un impresionante sentido de la observación capaz de hacer creer que adivina las cosas por arte de magia, cuando en realidad su método pasa por analizar la psicología de los sospechosos con el fin de extraer sus conclusiones. Así, es capaz de saber que la muerta y su cuñado estaban enrollados simplemente siguiendo un interrogatorio por videocámara, puede hipnotizar a los testigos en medio minuto para que le confiesen lo que se callan, y consigue que el asesino se delate tendiéndole una sencilla trampa mental que ponga a prueba sus nervios. Para hacerse una idea de cómo funciona Patrick Jane (el mentalista del título), véase el inicio del segundo episodio, concretamente la escena en la que es capaz de vencer todas las veces al "piedra papel tijera" a un escéptico sheriff que lo ve como un fantoche. Pero hay más similitudes con "House": al igual que nuestro amado doctor utiliza su cinismo como máscara para su sufrimiento interno, a Jane le persigue un trauma del pasado bajo la forma de asesino en serie que se llevó por delante a su mujer y a su hija, lo cual le provoca, entre otras cosas, un insomnio agudo que le obliga a recurrir a las píldoras (¿les suena?).
¿Más claves de su posible éxito? Tramas a lo "CSI", con presentación del asesinato en la primera escena y desfile de sospechosos a lo largo del episodio, el carisma del guaperas Simon Baker (recién salido del fracaso de "Smith" y buscando recuperar el prestigio que rozó con "The Guardian") que atraerá masivamente a la audiencia femenina, la tensión sexual entre él y la no menos atractiva Robin Tunney (volviendo de entre los muertos de "Prison Break"), que encarna a una agente bastante reticente a aceptar los métodos de Blake como parte de las investigaciones, el siempre complicado equilibrio entre la comedia y el drama (que dió al traste con "Psych", una serie de temática similar pero cuya tendencia a caer de cuatro patas en el terreno de la comedia acabó convirtiéndola en una -agradable- serie B) y la asimilación del "método Bruckheimer" en la confección de las tramas de los episodios. Diría que nos encontramos ante un caballo ganador, y un digno heredero de las excentricidades del Dr. Gregory House.
Descarguen los dos primeros episodios y ya me dirán qué opinan.
S01E01 [subtítulos]S01E02 [subtítulos]
Etiquetas: televisión
En contra del Copyright
lunes 22 de septiembre de 2008 0:00
Ahora que por todas partes se habla de los dichosos derechos de autor y de la decisión que se tomará este miércoles en la Eurocámara con vistas a caparnos las descargas de torrents sería un buen momento para lanzar al aire una proclama revolucionaria que abogase por la eliminación total de cualquier derecho sobre la propiedad intelectual. Sí, ya sé que los "creadores" viven de ello y que no es cuestión de ir jodiéndoles la marrana por nuestro egoísmo, pero sólo de pensar que a partir del mes que viene no voy a poder bajarme ninguna serie de televisión si esta medida prospera me entran sudores fríos y me sumerjo en pesadillas sobre un futuro apocalíptico en el que habría que volver a esperar un año para ver la nueva temporada de "Lost" o "24", mal dobladas, a deshoras y con un montón de nauseabunda publicidad de por medio. Espantoso.Pero no es ésta la razón que quiero esgrimir para la abolición del dichoso copyright. La pega que le veo a estos (caducos) derechos es que, en un mundo en el que todo son 'remakes', repeticiones de historias que a su vez se inspiran en otras más antiguas, obras basadas en personajes ya creados, etcétera, si se aplicaran a rajatabla los postulados del copyright (no copiar nada que se parezca mínimamente a otra cosa a no ser que se pague una morterada de dinero) a mí prácticamente no me quedaría nada que echarme a la boca. Pondré un ejemplo sencillito: la semana pasada Telecinco prohibió a La Sexta emitir cualquier imagen de su canal debido a la mofa que se hace de su parrilla desde programas como "Sé lo que hicisteis". Si el resto de canales opta por la misma estrategia el espacio de Patricia Conde y Ángel Martín se irá a tomar por saco en menos que canta un gallo. ¿Preocupante? No demasiado, la verdad, pero admito que algún día me he quedado enganchado viendo el programa y me parece una barrabasada que lo puedan liquidar de un plumazo como en los mejores tiempos de la censura franquista amparándose en las dichosas leyes de la propiedad intelectual.
Aplicando el mismo razonamiento, si Joseph Conrad se hubiera puesto chulo Francis Ford Coppola jamás habría podido rodar "Apocalypse Now", a Linus Torvalds no le habrían permitido desarrollar su Linux, el doctor House y su ayudante Wilson no habrían penetrado en nuestras pantallas en caso de que los herederos de Conan Doyle hubieran detectado demasiadas similitudes con Holmes y Watson, y Sinéad O'Connor no habría podido alumbrar una pequeña joya del pop de haber sufrido alguna amenaza por parte de los abogados de Prince. En todos estos casos hubo alguien dispuesto a desembolsar una ingente cantidad de dinero para poder deleitarnos con todas estas creaciones, pero no quiero ni imaginarme la cantidad de obras maestras que se habrán perdido en el limbo del olvido por culpa del puñetero copyright. Estoy prácticamente seguro que de no haber existido jamás la propiedad intelectual nuestra vida sería muchísimo mejor y hoy en día conoceríamos a muchos más artistas que se quedaron en el camino por falta de posibilidades.
En estos mismos instantes Alan Moore boicotearía gustoso a los productores de "Watchmen" para que no pudiesen tirar adelante el proyecto de tan ambiciosa película. Posibilemente tenga razón y el producto no llegará a la suela de los zapatos de la novela original, pero si sirve únicamente para que un uno por ciento de los potenciales espectadores corran a las librerías a comprarla diría que la tentativa ya ha valido la pena, ¿no? Joder, si pares una obra maestra al menos ten la suficiente generosidad como para dejar que la gente pueda disfrutarla a su antojo.
Etiquetas: cine, justicia, linux, literatura, música, tecnología, televisión
El estilo Tony Soprano
jueves 11 de septiembre de 2008 0:00
Llevo un par de meses visionando esa gran serie llamada Los Soprano, que hasta ahora y por falta de tiempo no había podido degustar, y con tres temporadas a cuestas ya me voy dando cuenta que es uno de esos productos que "marca estilo". Al igual que en "Sexo en Nueva York" se intenta ensalzar a la típica mujer de nivel adquisitivo medio/alto que se pirra por zapatos de Manolo Blahnik y por los restaurantes caros, Tony Soprano y su banda ponen de moda el estilo hortera por excelencia, ése que hace que uno pueda ir a sacar la basura en calzoncillos y camiseta de imperio o pasearse por las calles de Nueva Jersey con un chándal y unos medallones de oro colgando por fuera. Todo tiene su público target, y así como el de la serie de Sarah Jessica Parker aspira a hacerse con el sector pijo de la población, la de James Gandolfini ataca directamente a los horteras de este mundo, tanto si tienen pasta como si andan más pelados que un pollo en un matadero (obsérvese que en este caso no importa demasiado la clase social: los horteras se encuentran indistintamente tanto en las capas altas como en las desfavorecidas). Para que se hagan una idea del tipo de hombre al que me refiero, echen un vistazo a esta breve entrevista a un tal Bobby Vita, un electricista neoyorquino que se gasta declaraciones como éstas:What are you wearing today?
My sunglasses are Prada. The track suit’s Armani.
It says Puma.
It’s Armani.
(...)
What’s the last movie you saw?
A porno. Caught From Behind.
Ya se van haciendo una idea, ¿verdad? Supongo que todos conocen más o menos un especimen similar, pues corren por todas partes y además no hacen ningún esfuerzo por ocultar su condición: bien al contrario, se exhiben como pavos reales y se hacen notar a la mínima ocasión. En definitiva, se sienten orgullosos de cómo son y de lo que son. Y yo desde este pequeño rincón les profeso mi total admiración: no todo el mundo es capaz de convertir un defecto en una virtud y sentirse tan orgullosos de ello como para aprovechar cualquier oportunidad de mostrarlo en público. Este puente tengan cuidado ahí fuera, obsérvenlos desde la distancia e intenten discernir si son ejemplares auténticos o simples aspirantes a mafiosos sin un miserable cadáver a su espalda. Nos volvemos a leer el lunes... pásenlo bien.
Etiquetas: televisión, tendencias
Una crisis parando a otra
viernes 18 de julio de 2008 0:00
Desde hacía unos años era vox populi que el crecimiento de la economía basado únicamente en el tocho no sería sostenible durante demasiado tiempo, y a la que la crisis ha asomado su hocico no han tardado las inmobiliarias (grandes y pequeñas) en morder el polvo. Ahora la duda está en si el PIB y el país entero irá detrás por el precipicio o si tenemos bastante turismo e industria alternativa como para mantener el tipo con algo de dignidad (las apuestas no son muy favorables, que digamos). La lección a extraer parece clara: hinchar los precios de cualquier producto simplemente porque en un momento determinado la demanda es excepcionalmente alta y vivir al ritmo de estos dividendos sobrevalorados lleva irremediablemente a la ruina a la que el tirón afloja y el empresario no ha sido capaz de guardarse unos ahorros para parar el golpe.Pensaba yo en este proceso el otro día cuando leía que TVE y las autonómicas han pagado un total de 65 millones de euros por hacerse con los derechos de la retransmisión de la Liga de Campeones durante el trienio 2009-2012. Ya se sabe que el fútbol es el opio del pueblo y que no hay nada que barra más audiencias que la competición europea, sobre todo si algún equipo nacional se juega los cuartos hasta las últimas fases. Imagino que en la subasta los pujantes han tenido muy presente la potra que ha tenido Cuatro, que para una vez que retransmite la Eurocopa a ritmo del "¡Podemos!" va el combinado nacional y se lleva el trofeo, con la consiguiente lluvia de millones para la cadena privada. Pero, al igual que con la construcción los precios se salían de madre, empiezo a creer que en una época de crisis como la actual ofertar según qué cantidades para un acontecimiento de final incierto puede acarrear daños colaterales a los canales televisivos pujantes. Dios no quiera que nuestros contendientes caigan en un par de ediciones a las primeras de cambio, o que la Liga pierda emoción y calidad al ritmo en que lo viene haciendo los últimos años, o que los chinos no consigan mejorar la televisión P2P, o que Alonso vuelva a arrasar en la Formula-1, o que Nadal se mantenga en el primer puesto de la ATP, o que Pedrosa se dispute el mundial de motos con Il Dottore, o que Risto Mejide aumente el nivel de sus puyas televisivas, o que el Doctor House consiga mantener la calidad de sus guiones televisivos. Demasiada oferta para un consumidor ávido de deportes, sí, pero que se ve obligado a negociar con la parienta la cantidad de horas invertidas en el visionado de las retransmisiones, y que probablemente tenga un par de crías en edad adolescente abonadas a los culebrones.
Si el proceso habido en la construcción se repite, sería curioso observar cómo se desarrollarían los acontecimientos en el sector futbolero: impago de televisiones, los clubs sin poder fichar las estrellas del momento, la audiencia bajando en picado, equipos enteros en suspensión de pagos y desapareciendo del mapa... Una espiral que se puede precipitar en cualquier momento, en el momento en que la "burbuja televisiva", al igual que la inmobiliaria, reviente y lo mande todo a tomar por saco. Pero me da a mí que la dichosa burbuja está aún a bastantes años de reventar, y que en todo caso los canales televisivos cuentan precisamente con que la crisis actual les ayude a cubrir gastos. Puede parecer una paradoja, pero si no hay dinero para nada más lo único que le queda al españolito de a pie es quedarse en casa bebiendo cerveza y tragando fútbol. Bienvenidas las crisis, deben pensar los señores de la FORTA.
Etiquetas: economía, fútbol, noticias, televisión
¿Cualquier tiempo pasado fue mejor?
miércoles 9 de julio de 2008 0:00
Dicen que es un engaño de la mente, pero por más que lo intento no logro sustraerme a la tentación de idealizar mis épocas de estudiante, mis primeras juergas con los amigos, mi primer rollo de verano, etcétera. Con la música me pasa lo mismo: ¿qué buenos eran los setenta, los ochenta y los noventa (ya parezco un anuncio de M80), qué birria se hace hoy en día! De cine ya ni les hablo; sólo apuntar que de aquí a que salga un nuevo "Padrino" la familia Coppola al completo ya llevará décadas criando malvas al paso que vamos. Los políticos antes eran más íntegros, el pan sabía a pan y los tomates a tomates, no se había inventado aún la telebasura, y nuestra inocencia era tal que medio país se desvivía por ver cómo un crío y su mono se pateaban los Andes buscando a su mamá.Repito que esta percepción seguro que es falsa, y al final todo pasa por admitir que si creemos que cualquier tiempo pasado fue mejor, como reza el tópico, es simplemente porque antes éramos más jóvenes. Recuerdo que Lenny Kravitz ya sostenía hace década y media que la música más creativa se hizo en los setenta, y que desde ahí todo era cuesta abajo. Para mí el clímax melómano se produjo en los ochenta (soy algo más joven que el cantante), y deduzco que a un chaval que cuente ahora con veinte añitos cualquier ñoñería de Coldplay le parecerá el súmmum de la creación. O sea que sí, que todo viene dado por el punto de referencia sobre el que pivota nuestra infancia y juventud. Pero aun así queda un cierto regusto amargo en el paladar, una cierta sensación de que algo se pierde con el paso de los años y los avances tecnológicos, un no-sé-qué nostálgico de cuando las cosas eran más artesanales, los libros desprendían olor a nuevo y los textos interesantes se leían siempre en papel impreso. ¿No les sucede también a ustedes? Será el dichoso engaño de la mente, pero para ser alguien que adopta las nuevas tecnologías cuando aún están en fase beta y que escribe a diario en su blog personal, no está mal el espíritu contradictorio de un post como éste.
Etiquetas: cine, música, nostalgia, televisión
Riesgos del directo
lunes 7 de julio de 2008 0:00
Ni siquiera los más veteranos presentadores se salvan de hacer el ridículo en una intervención en directo ante las cámaras. Le pasó a María Escario durante la retransmisión en TVE1 de los festejos de la celebración de la consecución de la Eurocopa, cuando los reporteros a pie de calle comentaban que entre la multitud que celebraba la llegada de los héroes patrios no sólo había españoles, sino también ecuatorianos y colombianos. Como un acto reflejo, a la presentadora no se le ocurre otra cosa que preguntar: "Por cierto, ¿has echado en falta algo de los bolsillos?" y ya la hemos liado, hasta el punto que ha tenido que excusarse ante los embajadores de ambos países. A la pobre la han tachado de grosera, de xenófoba, de todo y más, y aunque ella se justifica diciendo que el comentario venía a colación porque uno de sus compañeros le contaba que estaba muy apretujado entre la gente, al escuchar ella misma la cinta ha reconocido que se ha sentido "horrorizada" y que, en efecto, la cosa había sonado muy mal.Siempre he pensado que de todas las retransmisiones en directo que le puede tocar a un reportero las peores y con diferencia son las de celebraciones deportivas. No sólo porque corre el riesgo de que le echen champán por encima o que lo manteen a las mínimas de cambio, sino porque resulta muy fácil perder la compostura del profesionalismo y contagiarse del aroma de fiesta que reina en tales situaciones. Si todo el mundo hace el imbécil, lo normal es que el periodista siga el juego y se apunte a la juerga aunque sólo sea para no quedar mal. Y la mayoría de las veces sucede precisamente lo contrario: que termina quedando como el culo. Incluso en los casos en los que el informador trata de mantener el tipo con más o menos dignidad, resulta complicado no terminar siendo carne de 'zapping' en los programas catódicos del futuro, y si no que se lo pregunten a Arcadi Alibés, que aún tiene que soportar que le saquen cada dos por tres sus celebraciones en Canaletes de hace década y media. Viendo ciertas escenitas tras la consecución de un título deportivo, personalmente me entra vergüenza ajena nueve de cada diez veces, tanto por las tonterías que sueltan los protagonistas como por los profesionales que tienen que cubrir tan engorrosa información. Desde aquí, pues, mi solidaridad con la pobre reportera y la tarea que le encomendaron los gerifaltes del Ente. Aunque, como decía Monzó en La Vanguardia del viernes y si me permiten el chiste político, si en vez de ecuatorianos o colombianos se hubiera tratado de catalanes a María Escario seguramente no le habría pasado nada: celebrando lo que se celebraba, incluso se comprendería el chiste desde gran parte de la Península Ibérica.
...y, ya que hoy estamos políticos:

Via Smith
Etiquetas: política, televisión, xenofobia
El hombre de las gafas y las frases definitivas
lunes 28 de abril de 2008 0:02
¿Quién no se ha tragado unos cuantos capítulos de CSI:Miami y se ha quedado impresionado con los segundos finales de la primera escena (la que precede a los títulos de crédito de The Who y su Won't get fooled again), invariablemente clausurada con una frase definitiva de Horatio Caine, pronunciada mientras se coloca con un estilo inconfundible sus gafas de sol Silhouette? ¿Acaso no resulta pasmosa la facilidad con la que David Caruso, el actor que encarna al detective justiciero, es capaz de decir esas dos líneas de diálogo siempre con el mismo tono de voz y poniendo exactamente la misma cara? Por no hablar de la manía de salir corriendo la mayoría de las veces después de haber recitado la frasecilla de marras, como si tuviera miedo de que alguien le replicase... Si no saben de qué cuernos les estoy hablando, aparte de no entender dónde se han metido durante los lunes por la noche del último lustro y medio, permítanme que les refresque la memoria con un vídeo recopilatorio en versión original (para que aprecien el matiz del tono vocal monocorde):David Caruso's one-liners, sunglasses edition
Sepan que en EE.UU. estas muletillas del personaje son materia de estudio por parte de los numerosos fans de la serie, y que el propio actor ha sido acusado por miembros del equipo de rodaje de ejercer bullying laboral contra algún director novato que no sabía pillar bien los primeros planos de la escena de las gafas de sol, haciéndosela repetir cientos de veces. Tal es la importancia de esos segundos capitales, que marcan no sólo el devenir del episodio sino el sello de fábrica de CSI:Miami. Pero claro, tanta chulería nunca sale gratis y no faltan las voces que se chotean de Caruso precisamente por ello. Algunos dicen que es un payaso, otros que lo que distingue a esta franquicia de CSI respecto a las otras es que gracias a Horatio y sus frases los episodios cuentan con la mezcla perfecta de comedia y drama, y últimamente los más despiadados insiders de la serie se meten con la poca agudeza intelectual de Caruso, tachándolo de "triste caso de actor inmaduro y torturado", diciendo que "no puede hablar y caminar a la vez" y que "necesita cientos de tomas para soltar una frase de una línea que además siempre dice de la misma forma", acusándole asimismo de culpar a todos los demás de su incapacidad de actuar y de escupir constantemente sobre el plató, y, por último, incluso se rumorea que ha sugerido una escena a los productores en la cual Horatio llegaría al lugar del crimen volando, pues el actor se ve como un superhéroe en la serie. Ya todos se atreven con él, incluso compañeros de profesión como Jim Carrey, que en una reciente intervención en el show de David Letterman hizo una imitación de Caruso bastante despiadada:
¿Dónde queda el corporativismo en la profesión de actor?
¿Quieren saber la última? Desde que Michael Ausiello propagó un rumor sobre cierto actor televisivo al cual le da miedo cruzar los umbrales de las puertas (una enfermedad denominada portalfobia) complicando sobremanera la logística necesaria para filmar sus escenas en interiores todas las sospechas han recaído, cómo no, en David Caruso. Al parecer miles de televidentes se han puesto a analizar los vídeos de CSI:Miami y han descubierto que, en efecto, el actor no aparece nunca cruzando una puerta que separe dos habitaciones. Yo no sé hasta qué punto esto es serio o ya se trata de una coña recurrente sobre el pobre pelirrojo, pero hay quien incluso asegura que en una escena en la que se puede ver a Horatio en medio de la entrada de la comisaría la puerta que aparece en pantalla en realidad es un efecto especial hecho por ordenador. Tanto cachondeo ya no es sano, y mucho me temo que terminará por matar al personaje y a la serie. O tal vez no, y precisamente eso sea lo que explica las elevadas audiencias de un producto tan mediocre como la serie de los forenses de Miami Dade. Como aquí con Escenas de matrimonio, que muchos la siguen según propia confesión "por lo mala que es".
Etiquetas: televisión
Estancados en el tiempo
jueves 13 de marzo de 2008 1:00
Odio los 'revivals'. Si hay algo peor que la nostalgia del pasado es la absurda manía que tiene la gente de revivirla cada dos por tres para volver a sentirse jovenzuelos. En una emisora de radio oía el otro día que para este sábado organizan una fiesta en la discoteca de la Isla Fantasía (¡cágate lorito!) en la que sonará exclusivamente spaghetti dance de los años ochenta. Ya saben, "I Like Chopin", "La Dolce Vita", el cutre del Silver Pozzoli y el no menos acabado David Lyme, un tío que en realidad era de Sabadell (se llamaba Jordi Cubino) y que hacía mover el esqueleto al personal con temazos como el "Let's Go to Sitges" (¡cágate lorito dos!). En fin, se pueden imaginar lo que correrá por allí el sábado por la noche: malos imitadores de Don Johnson, ataviados con su camiseta y una americana blanca a juego con las bambas, versiones patrias de la Cindy Lauper luciendo hombreras y permanentes, y demás fauna ansiosa por volver a la época en la que eran guapos, jóvenes y los reyes de la pista (mentira: nunca lo fueron pero no se les ocurra decírselo).El lunes por la noche volví a perderme por enésima vez el concierto de los The Cure en mi ciudad, y aunque la cosa ya empieza a fastidiarme pues son el único grupo mítico de los de antes que me queda por ver en un escenario, repasando las crónicas parece que tampoco me perdí gran cosa. Las tres horas que duró el evento consistieron en un repaso de sus tres discos más exitosos (que van de 1987 a 1992, todo lo anterior no lo escucha nadie aunque todos los fanáticos dirán que se trata de obras maestras) y algún hit pretérito. Parece que en breve sacarán otro CD pero a nadie le importa un pimiento: todos quieren oír las canciones de su época y cualquier cosa que Smith y los suyos intenten aportar a partir de ahora carecerá de total relevancia. Para mí que los fans no se molestan ya ni en bajarse las nuevas entregas en mp3, lo cual debe ser frustrante para el artista. Pero bueno, otro síntoma más de lo de "cualquier tiempo pasado fue mejor".
En la televisión americana acaban de sacar tres series que han sufrido distintos destinos en función de sus respectivos ratings, pero las "novedades" de esta temporada más sonadas han sido Terminator: the Sarah Connor Chronicles, Bionic Woman y Knight Rider (sí, sí, el mismísimo "Coche Fantástico"). En cine nos hemos chupado recientemente el remake de "Miami Vice", se avecina el del "Superagente 86" y ya sólo me queda esperar que aquí en España alguien se decida a resucitar "La Mansión de los Plaf".
¿Sería alguien tan amable de explicarme dónde cuernos está la gracia de vivir anclado en el pasado? Una cosa es que de tanto en tanto alguien se ponga un disco de hace veinte años o que una vez cada dos lustros haga gracia volver a ver un capítulo de "Mash". Pero de ahí a tener que encontrarme sólo con fantasmas de otros tiempos, normalmente ya creciditos y entraditos en carnes (y arrugas) haciendo el ridículo cada dos por tres, o en revisiones sin sentido de productos de entretenimiento que ya en su día dejaban bastante que desear media un buen trecho. O alguien para este sinsentido o en breve algún sonado iniciará un casting para "Verano Azul: el regreso". Y eso sí que no.
Les dejo. Voy a echar una partidita al "Arkanoid".
Etiquetas: cine, música, sociedad, televisión
Una vuelta de tuerca más al humor inteligente
miércoles 5 de marzo de 2008 1:00
El post de hoy no es apto para ver en la oficina, así que asumo que no habrá muchos comentarios hasta que lleguen las horas de la noche, pues resulta imprescindible visionar los vídeos expuestos por orden para apreciar la moraleja. La cosa viene porque encuentro que en este país ya no se hacen programas de humor, si exceptuamos a Buenafuente, que aunque le han colgado el sambenito del "humor inteligente" lo suyo es más un programa de variedades salpicado de pequeñas dosis de cachondeo. Pero incluso así hay situaciones a las que se les podría sacar mucho más partido; digo yo que debería haber algún recurso más a la hora de jugar con los invitados que no el socorrido chiste de "¿vienes con el AVE?".A quien no sepa de qué va lo del AVE simplemente señalar que se trata de un chiste político (de cierto mal gusto, según algunos opinadores) a raíz de unas obras interminables en el terreno de la alta velocidad. Nada grave, lo normal en un país chapucero como el nuestro, pero como decía un recurso bastante pobre si lo que se pretendía era jugar con el entrevistado para romper las normas del lenguaje televisivo. De acuerdo que se trataba del presidente del gobierno, y tampoco lo vas a vestir de drag-queen para que cante a coro con el presentador, pero para los guionistas faltos de ideas aquí lanzo uno de los mejores gags-salchicha (por lo que se estira, el condenado) que he visto en televisión últimamente. Obviamente, en la americana.
Déjenme que les presente a Jimmy Kimmel, un cómico que tiene uno de los mejores talk-shows a ese lado del Atlántico. Desde sus inicios el tipo ha usado un chiste recurrente a la hora de cerrar su programa, consistente en anunciar que la entrevista a Matt Damon que había prevista para ese día no podía emitirse por falta de tiempo: "mis disculpas a Matt Damon, pues nos hemos quedado sin tiempo" ha venido siendo la 'marca de fábrica' del show desde que empezó hasta que, finalmente, un día consiguió traerse al actor al plató. ¿Qué ocurrió? Pues que el cómico decidió seguir con el chiste con Damon sentado a su lado. La reacción del invitado (obviamente preparada) es antológica:
Pero la cosa no acaba ahí. Resulta que el tal Kimmel tiene una novia que colabora en su programa, la actriz Sarah Silverman. Normalmente la chica aparece en pantalla y presenta el clásico vídeo de colaborador cachondo, una variante que también conocemos aquí pero que en USA se usa (válgame la redundancia) con muchísimo más ingenio. Así que, unos programas después, Silverman aparece en escena con esto:
Aquí ya quedaba claro que Damon se había apuntado a jugar de manera desenfadada (y desenfrenada) con los responsables del programa. Pero lo que nadie imaginaba es que a lo que hasta el momento ya se había convertido en una broma-contrabroma-recontrabroma difícil de superar todavía le quedaba una genial -y definitiva- vuelta de tuerca final. Atención a la de estrellas de Hollywood que se apuntaron al chiste (imprescindible oír la canción a lo "We are the world" del final), a ver si me las identifican a todas:
A ver qué día vemos algo así por estos lares...
Etiquetas: televisión
Parodiando la parodia
miércoles 20 de febrero de 2008 1:00
El Festival de Eurovisión tuvo un significado para los españolitos de a pie recién salidos de la dictadura. En un momento aperturista, en el que el pueblo llano se sentía excluido de los grandes saraos internacionales, que un cutre-show como Eurovisión nos llevara año tras año a las primeras plazas de su ránking henchía de orgullo a todos los que conectaban su primer televisor en blanco y negro. Por ejemplo, diría que el "La, la, la" de Massiel fue el primer momento en el que la conciencia colectiva se sintió europeísta, permitiendo de paso a nuestra mísera economía emergente codearse con las más altas potencias e incluso pasarles la mano por la cara al menos en un aspecto: el de los cantantes de tercera con ínfulas de grandeza.Pero las sociedades evolucionan y con el tiempo y la ayuda de Remedios Amaya (nada como un sopapo en toda regla para despertarnos de la pesadilla) conseguimos relegar el dichoso festival al lugar que le correspondía: el de los inicios de la telebasura más casposa, el precursor de los realities ("Mira quien baila" y "O.T." no le quedan tan lejos) y de todos estos concursos de talentosos que ahora mismo se siguen sólo para ver al freak de turno hacer el ridículo más espantoso, y para reírnos de él vía Youtube o melodía polifónica. Es por ello que cuando hace unos años el Festival de Eurovisión volvió a alzar el vuelo por culpa de Rosa de España y sus secuaces, mucho me temí que estábamos asistiendo a una involución social: un fenómeno que ya teníamos más que superado de repente volvía a adquirir vigencia con toda la fuerza del mundo.
Debo decir que mis temores eran infundados (en parte), pues como yo no seguía ninguno de estos concursos cantarines no entendí que la gente se estaba enganchando nuevamente al festival eurovisivo más por ansia de freakismo que por otra cosa. En cierta medida se había entendido que Eurovisión no era más que una parodia, una mala imitación de cualquier acto cultural mínimamente serio, y por tanto enviábamos a competir a nuestras parodias nacionales. La gente se enganchaba a "los triunfitos" por la misma razón que se engancharon unos años antes al tío ese que gritaba "¡quién me pone la pierna encima!" en la primigenia casa del "Gran Hermano". No porque los idolatraran, no porque quisieran volver a codearse con una supuesta élite europea, sino porque disfrutaban viendo a esas ratas de laboratorio dándole vueltas a la noria y les gustaba desmenuzar sus miserias humanas de una forma totalmente aséptica, como el científico que disecciona el cadáver del ratón una vez le ha freído los sesos. Es lo que el gran Ferrán Monegal llama "la ratomaquia".
Por eso me congratulo sobremanera de que el que tiene todos los números de participar este año en este concurso televisivo sea el "chiki chiki", debido a la genial idea de dejar que sea el público el que decida quién participará en la presente edición vía votaciones SMS. Que un personaje que parodia a los cantantes "serios" sacado de un programa de humor se convierta en nuestro representante en la gala eurovisiva es la demostración palpable de que en el fondo no estamos tan mal. Es más, diría incluso que nuestra sociedad tiene una salud mental envidiable, pues ha sabido reconocer que a un festival que es en sí mismo una gran parodia sólo se le puede enviar a un representante que constituya una parodia aún más grande. Yo no voto, pero si lo hiciera lo haría por Rodolfo Chikilicuatre. La alternativa son los de La Casa Azul (ya saben, aquellos que cantaban el "Amo a Laura"), que aunque también son un grupo mega-parodia caminan a una gran distancia de la insuperable creación de David Fernández. Les dejo el vídeo como muestra y juzguen ustedes mismos. No creo que rasquemos ni un punto, pero como mínimo nos habremos choteado de los organizadores en su cara. Y si por un casual ganamos, habremos colocado al concurso en su justo lugar.
Etiquetas: televisión
Nuevos anuncios televisados
sábado 16 de febrero de 2008 1:00
Hay que ver el revuelo que se ha armado con el off the record de Zapatero a Gabilondo tras su entrevista-masaje de hace tres días, desliz muy hinchado por los medios afines al PP y, en especial, por el propio ex-presidente del gobierno. En concreto, la charla informal entre el periodista y el candidato al finalizar su encuentro formal se desarrolló de la siguiente manera:Gabilondo: "¿Qué pinta tienen los sondeos que tenéis?"
ZP: "Bien, sin problemas, lo que pasa es que nos conviene que haya tensión (.) Yo voy empezar, a partir de este fin de semana, a dramatizar un poco".
¿Y? ¿Eso es todo? ¿Tanto barullo por tamaña obviedad? ¿Acaso se desvela algo entre líneas que se me escapa? ¿Será que la única arma que tiene la oposición para desarmar a la izquierda pasa por llamar hipócrita a un político, una redundancia clarísima de la que ninguno escapa, y menos ellos?
Dejando de lado las filias y las fobias de cada uno y las múltiples lecturas políticas que puedan desprenderse de este breve comentario, hay una cosa que me interesa bastante del incidente en cuestión y de todas sus consecuencias mediáticas. Resulta que nadie habla de la entrevista pero todos le dedican artículos, editoriales e incluso portadas a las cuatro líneas de ahí arriba. ¿Qué pasa? ¿Que no se dijo nada de interés durante el transcurso de la entrevista?
La respuesta es clara: hoy en día las entrevistas con políticos están todas pactadas de antemano, y por tanto se han reducido a una nueva forma de anuncios televisados. La diferencia entre lo que el candidato cuenta al entrevistador de su confianza y el contenido de sus discursos en mítines o en las propias cuñas publicitarias es nula. La gente busca autenticidad, y todo el mundo es consciente de que la postura del político frente a la cámara es impostada. De ahí que se le otorgue tanta importancia a la charla informal, donde se ve la auténtica cara del candidato. Como el "imbécil" de Bono referido a Tony Blair o el "vaya tostón que les he soltado" de Aznar tras un discurso en el que lo pillaron con el micrófono abierto. Ahora bien, de ahí a que se saquen desmesurados análisis psicológicos del político y que se usen cuatro palabrejas mal contadas para atacarle o para ensarzarle... Posiblemente dicen mucho más sobre la relación de la prensa con la política estos pequeños detalles que todas las informaciones de los bloques oficiales de todos los telediarios juntos.
Visto el estado de la cuestión, uno no puede menos que emular otro off the record famoso dentro del mundo de la política: "¡Manda huevos!"
Etiquetas: opinadores, política, televisión
Ketchup
lunes 11 de febrero de 2008 1:00
Mucho hablar de la defunción del "Tomate" televisivo y mucho jolgorio al respecto pero nadie se ha percatado de que en nuestra parrilla televisiva sobreviven programas bastante peores y que, por una de esas razones inexplicables, pasan desapercibidos al ojo crítico de la gran masa de televidentes. No me estoy refiriendo al nauseabundo Diario de Patricia (presentadora a la que un avispado periodista etiquetó como "lágrimas de cocodrilo, sonrisa de hiena" en referencia al asesinato en el mundo real de una de sus invitadas, a la que reunió con el psicópata de su ex-marido bajo las luces del plató), aunque podría, sino a los programas de sucesos vespertinos. Ya saben, el Gente y similares, cuyas temáticas logran hacer palidecer los ya lejanos titulares de El Caso.Saber que un alto porcentaje de mis conciudadanos se lo pasa pipa tragándose día tras día las desventuras de la Duquesa de Alba, de la polifacética Anita Obregón o de Jesulín de Ubrique me parece lamentable, pero ser consciente de que una gran mayoría disfruta como enanos con su dosis diaria de malos tratos, asesinatos, torturas o entrevistas a mujeres a las que su pareja le ha roto los huesos, directamente me produce pavor. Esto ya excede del puro morbo televisivo y se adentra en los más oscuros recovecos del alma humana. Todo vale con tal de atrapar la malsana atención del espectador: recuerdo la sobrecogedora entrevista a los padres de un bebé a los que un Rottweiler había atacado hasta matarlo, o el angustiado testimonio de una mujer a la que su marido había rociado con ácido sulfúrico. Dos ejemplos aislados en un mar de acontecimientos salvajes destinado a saciar la sed de sangre y sufrimiento del respetable.
Lo irónico del caso es que esta clase de programas se emiten en lo que se ha dado en denominar "horario infantil", por aquello de que es cuando los niños que han vuelto del colegio se plantan frente a la caja tonta antes de ir a dormir. Ya me veo a las jóvenes generaciones comiéndose el filete de la cena mientras observan imágenes de cadáveres descuartizados, pidiéndole a mamá que la próxima vez la carne esté más "sangrante". Teniendo en cuenta la función educativa que presuntamente se le atribuye a la televisión, creo que voy a dejar de preocuparme por si cuando me jubile cobraré o no una pensión digna. A este paso dudo que llegue a viejo, pues a la que estas jóvenes generaciones alcance la adolescencia alguno de ellos me liquidará por la calle. Cosas del medio televisivo.
Con todo, lo peor es que este tipo de programas se contagian por ósmosis a los que a continuación los siguen en la parrilla. De un tiempo a esta parte los telediarios de ámbito nacional llevan más hemoglobina que una secuela de Viernes 13 y las dosis de mala baba de alguno de sus reportajes pone los pelos como escarpias. Por ejemplo, el que se emitió el pasado 4 de febrero en Tele-5, en el que el aplicado reportero de turno entrevistaba en directo a un menor en estado de shock que acababa de presenciar cómo su madre era acuchillada por su padrastro en Guadalajara. Ahí estaba el rostro desencajado del chaval, y lo único en lo que podía pensar mientras veía tan surrealista escena es en que estas imágenes estarían sin duda reventando el audímetro. Tele-5, doce meses, doce causas. Si con lo del "Tomate" parecía que esta emisora daba pasos hacia un futuro menos escabroso, con este fantástico reportaje caí en la cuenta que en realidad lo único que había hecho era sustituir la hortaliza por uno de sus derivados, el Ketchup, que también es rojo y mucho más líquido y espeso. Como la sangre.
Etiquetas: televisión
Bohemia y marketing
jueves 17 de enero de 2008 1:00
En el primer episodio de Californication (felicidades a Duchovny por su Globo de Oro) el escritor Hank Moody acude a una Apple Store de Los Angeles a teclear en un portátil una entrada en el blog de la revista para la que trabaja. El tipo acaba allí porque ha destrozado su propio ordenador en un ataque de ira y ya se sabe que las tiendas Apple dejan abiertas sus máquinas para que los usuarios de a pie hagan con ellas lo que les apetezca. Dejando aparte la publicidad encubierta que dicha escena suponía para la compañía de Steve Jobs, cierto es que la imagen destilaba un adecuado tono de romanticismo tecnológico, bien mezclado con el pasotismo del personaje de escritor fracasado y alcohólico al que da vida el actor. La cosa encaja porque a Moody ni siquiera le gusta ese trabajo, porque considera a los blogs una degradación barata de la escritura, y porque cuando decide redactar su post lo hace a desgana mientras pasea por el centro comercial. Ahí llega él desaliñado y sin afeitar, mira de refilón al portátil y, con una media sonrisa, vomita cuatro líneas (geniales, como no podía ser de otro modo), le da al "enviar" y desaparece meneando la cabeza.Cuando paseo por la FNAC y veo a la gente haciendo cola frente a los iMacs para navegar por internet y mandar emails pienso que, o realmente la empresa de la manzana nos ha sorbido el seso a todos, o en verdad hay mucha gente que todavía no tiene ordenador en casa. Si se trata de guiris aún lo puedo comprender: envían noticias suyas a la familia sin tener que pagar la tarifa del locutorio y santas pascuas. Cuando los que se matan por teclear son oriundos de aquí no me lo explico, la verdad, pero al igual que en Californication el contraste entre los ordenadores de diseño y los sujetos desaliñados que los usan crea una atmósfera curiosa. En el fondo es una extensión de las campañas de Apple en las que nos presentan a los usuarios de Mac como unos tipos modernos que visten tejanos mientras que los del PC son unos sosos con traje, encorbatados, repeinados y con gafas. Cosas del marketing, capaz de hacernos creer en la bohemia a 1.500 euros.
Si he pensado precisamente en esta escena es porque ayer leía que una modelo que responde al nombre de Isobella Jade ha escrito sus memorias en la Apple Store del Soho en un proceso que ha durado más o menos medio año. Percátense de que esta historia, convenientemente publicitada tanto por el representante de la chica como por los gurús tecnológicos, representa el colmo del universo chic, y si no analicen los detalles: modelo, Apple, la tienda del Soho neoyorquino ni más ni menos... Vaya, que ni hecho adrede. Ya nos imaginamos a la jovenzuela, sin pasta para adquirir un miserable portátil, acudiendo cada mañana con su descuidado y sofisticado look a su tienda de electrónica favorita antes de entrar en la agencia, sentándose media hora a aporrear el teclado y así relatarnos las vivencias de su todavía corta existencia. ¿Acaso hay algo más cool? Como dicen en este artículo de opinión, he aquí una nueva tendencia: libros escritos desde espacios públicos. Si se erige en moda este fenómeno tendrá futuro, ciertamente. Independientemente de que este libro sea real o sólo una elaboradísima estrategia publicitaria. Independientemente de la calidad literaria que pueda atesorar una veinteañera aspirante a modelo que decide largarnos su biografía a base de sesiones de media hora, generadas en un centro comercial atestado de gente. Después de todo, al marketing dudo que le interese mucho la calidad del producto final, como siempre. Lo importante es vender, y nada vende más que esa imagen tan bohemia y tan destinada a la generación Mac.
Etiquetas: libros, publicidad, tecnología, televisión
Esto podría ser un caso para Mulder y Scully
jueves 13 de diciembre de 2007 1:00
¿Se acuerdan de los Expedientes X? Para mí esta serie definió la frontera que separaba la televisión clásica de la muy estimulante televisión moderna. Sí, bueno, antes hubo Twin Peaks, pero hasta que llegaron Mulder y Scully las series de televisión eran planas y aburridas. A partir del momento en que sus enrevesados argumentos lograron liderar audiencias en medio mundo durante la friolera de ocho años (cosa que la serie de Lynch jamás logró) los guiones televisivos empezaron a complicarse y a sofisticarse hasta el punto de convertirse en las obras maestras que son hoy en día. Vale, tal vez Chris Carter (creador de X-Files y de Millennium) no fue en verdad el causante, pero a mí me gusta pensar que sí.Mulder y Scully llegaron a convertirse en un referente tan claro de la cultura popular (hasta les dedicaron una canción -letras aquí-) que, cada vez que a alguien le pasaba una cosa rara (digamos que le desaparecían las llaves del coche) se acuñó la expresión "esto es un Expediente X", aún vigente hoy en día. Si me he acordado de estos dos agentes precisamente hoy es porque he visto las fotos del rodaje de la nueva película basada en la mitología de estos célebres expedientes y me han venido a la mente todos aquellos episodios de bichos raros que tan ávidamente me tragaba en mis lejanos lunes universitarios. Quien fuera seguidor de la serie sabrá que había dos tipos de episodios, cada uno recomendable a su manera: los dedicados a la "teoría de la conspiración", con aliens, abducciones, OVNIs y maléficos agentes gubernamentales, y los dedicados a los monstruos, que solían ser autoconclusivos y muy atmosféricos. Dado que la primera película sobre la serie estrenada en el 98 iba sobre las conspiraciones del "fumador" (¡qué gran personaje!), la que se estrenará este verano irá sobre bichos. Y yo que me alegro, porque ya hace tiempo que no me echo a la cara una buena historia con monstruitos inadaptados que levanten mis sentimientos más tiernos (sí, bueno, dicen por ahí que I Am Legend es realmente buena, pero de Will Smith no me fío un pelo).
Lo que más me sorprendía de la serie era la verosimilitud con la que trataba sus fantásticos (en el sentido de ciencia-ficción) argumentos. Realmente hubo una época a finales de los noventa en la que mucha gente empezó a creer en cosas raras. Se publicaban revistas sobre temas paranormales, los avistamientos de naves espaciales abundaban, todo el mundo tenía una historia sobre el "fantasma de la abuela" que contar y, obviamente, el gobierno (el que fuera) estaba en el ajo de la movida extraterrestre y contaba con una tecnología tan avanzada que no podía sacarla a la luz so pena de que la raza humana se exterminara a sí misma. Todo patrañas, claro, pero era divertido apuntarse a la moda y montar un chiringuito de cartas del Tarot.
Me pregunto si el estreno de la nueva película provocará un renacimiento de la ola fantástica por todo el planeta. Sería divertido, una década después, ver cómo vuelven a aflorar las teorías conspirativas basadas en la ciencia-ficción que pretenden explicar los sucesos enigmáticos de la última década. Como no podría ser de otro modo, el 11-S se llevaría la palma, claro. Con la de ideas raras que se han sacado sobre el tema (pregunten a Random, les informará con pulcritud), sólo faltaría que ahora, gracias al fenómeno X-Files, alguien llegara a la conclusión de que el extraño artefacto que colisionó con el Pentágono en realidad era una nave alienígena. ¿Se apuestan algo a que si vuelve esta moda alguien nos sale con el bulo? Obviamente, y al igual que hace diez años, no tardará en surgir la réplica tan manida de aquel entonces: "esto podría ser un caso para Mulder y Scully".
Etiquetas: cine, televisión
Mediatizados
viernes 26 de octubre de 2007 2:00
A raíz del post de ayer permítanme que les formule una pregunta: ¿cuántos de ustedes siguieron este domingo la carrera que decidía el título de Formula-1? No mientan porque las audiencias fueron espectaculares y yo mismo, que en un momento dado de la transmisión entré en un bar con televisor, me topé con un montón de entusiastas de todas las edades berreando sus filias y fobias Alonsistas y elucubrando con mil y un supuestos para la clasificación final. Personalmente no recuerdo tanta movida por una carrera de coches en lo que llevo de existencia, aunque justo es reconocer que el motor nunca ha sido mi gran pasión. De todas formas, si usted ha contestado "sí" a la primera pregunta, hágase otra a continuación: ¿hace cinco años también seguía con tanto fervor este tipo de acontecimientos?Imagino que para alguno de ustedes la respuesta a la segunda pregunta habrá sido negativa, y en tal caso puede estar seguro de que sus gustos han sido influenciados por los medios. Un buen día las televisiones y la prensa de medio mundo decidieron que a usted le iba a gustar la Formula-1 y usted claudicó sin saberlo. Lo mismo podríamos decir del fútbol, de las películas (¿a santo de qué tanta expectación por "El Orfanato" cuando, si llega a ser americana y la protagonista hubiese sido por ejemplo Demi Moore, no la habría visto ni Dios y los que hubiesen pasado por taquilla habrían probablemente opinado que era "una del montón"?) o de los ecos de sociedad. Sí, sí, los ecos de sociedad también: hace unos meses en un canal de televisión hablaban de la "enorme expectación" generada por la llegada de los Beckham a Malibú, y uno no puede menos que pensar si realmente tanta expectación era real o artificial, fabricada para un público ávido de eventos notorios que aprovecha cualquier excusa para exhibir su entusiasmo a grito pelado. De la moda mejor ni hablamos, ¿verdad?
Asusta un poco pensar que el hecho de que a mí me guste un libro, una película, un deporte o un jersey a rayas viene determinado por unos señores encorbatados sentados alrededor de una mesa de caoba en un piso elevado de un rascacielos, pero éste es el signo de los tiempos que nos ha tocado vivir. Para bien o para mal, los medios dictan mis gustos y, por ende, dirigen mis opiniones, mis conductas y parte de mi personalidad. ¿Por qué me gustan las chicas delgadas y con curvas? ¿Porque son las que realmente me atraen o porque me han bombardeado con anuncios de rubias voluptuosas desde mi más tierna infancia? Fíjense que escojo un ejemplo muy personal y no hablo de la marca de un coche, de un iPhone o de un estilo de música. ¿Hasta qué punto soy lo que soy o me han hecho así en un departamento de marketing?
Y los de mi quinta aún pueden decir que son relativamente "vírgenes"... Cuando oigo que los chavales de ahora siguen comportamientos calcados de lo que ven en una televisión que les satura de imágenes revolucionadas a todas horas y por innumerables canales, tiemblo pensando en un futuro regentado por clones de Paris Hilton, de concursantes de "Gran Hermano" y de tertulianos de "Salsa Rosa". Los medios hacen a las masas, y lo que empieza con una leve afición a la Formula-1 puede degenerar en una alteración del comportamiento digna de la dualidad Dr.Jeckyll / Mr.Hyde.
Etiquetas: deporte, opinión, sociedad, televisión
La dichosa endogamia televisiva
jueves 25 de octubre de 2007 2:00
Ver la televisión en este país es un auténtico coñazo. Si te gusta el fútbol aún lo tienes bien, pero el telespectador exigente que se decanta por la ficción o los programas de entretenimiento o debate más vale que se corte las venas antes que intentar buscar un buen programa en los canales patrios. Y gran parte del problema está en la endogamia: yo ya entiendo que Buenafuente no puede traerse cada día a Jodie Foster y que Mònica Terribas no va a entrevistar a Colin Powell una vez por semana, pero cuando el otro día vi en el programa de Andreu a Corbacho como invitado o cuando ayer me topé por enésima vez con Carod-Rovira en la medianoche de TV3 se me cayó la moral al suelo. Simplemente estoy harto de ver siempre a los mismos, a los "amigos de la casa", asomar su jeta casi en plan compadreo por los platós donde saben que siempre serán bien recibidos. Los debates políticos, llámeseles "59 Segundos", "Ágora" o tertulia radiofónica están frecuentados inevitablemente por los mismos enchufados de turno, que tanto hablan del retraso del AVE como de los derechos humanos en Afganistán. Y, la verdad, ya cansa.Con la ficción televisiva pasa exactamente lo mismo. Cuando uno zapea distraídamente por nuestra parrilla televisiva siempre termina topándose con José Coronado, Anabel Alonso y los cuatro secundarios de turno pululando por distintos canales y, a veces, en dos series a la vez. ¿De verdad no hay nadie más capaz de interpretar el papel principal de un producto televisivo como Dios manda? Yo ya no sé si estoy viendo la enésima reposición de "Siete Vidas", un episodio atrasado de "El Comisario" o uno de esos estrenos que suelen durar tres semanas y de los que nadie recuerda el nombre. Me suena un tío con canas que interpreta a un tal Doctor Vilches, con lo cual sé que estoy en la serie de hospitales de Tele-5, y si veo a Abelino y su parienta gritándose los más sobados chascarrillos intuyo que me estoy tragando el "Escenas de Matrimonio" previo al CSI de la semana. Por lo demás, los actores y sus papeles suelen ser perfectamente intercambiables, pues les basta con repetir el mismo registro, los mismos tics y las mismas caras de circunstancia para saltar de serie en serie simplemente cambiando el nombre del personaje. TV3 y sus culebrones fotocopiados ya son un tema aparte: ¿de verdad hay diferencia entre Ventdelplà, El Cor de la Ciutat, Poblenou o Secrets de Família? ¡Si me parece que a los distintos personajes ni les cambian el nombre cuando los interpreta el mismo actor (en nueve de cada diez casos, Emma Vilarasau o Jordi Boixaderas)! Del tema programas de cotilleos y derivados prefiero ni hablar, ya que al margen de la pena que dan los que intervienen también son siempre los mismos.
Intuyo que si no se renueva el plantel de rostros visibles se debe a que los rostros ocultos llevan siendo los mismos desde hace lustros. Los productores, jefes de prensa, redactores y demás fauna tras las cámaras se aferran a su puesto cuales funcionarios hambrientos de jubilación y así no hay quien cambie planteamientos en serio. Claro, los que reciben los sobornos son los mismos, que a la larga enchufan a los de siempre, que inevitablemente repiten el mismo rollo estén en el canal que estén y en el programa que sea porque saben que la audiencia les va a pedir que sigan haciendo "lo de siempre". Con cambiar el decorado parece que ya baste, y me da la impresión de que nadie se da cuenta de que la audiencia va evolucionando y, con la competencia de internet y de otros medios de entretenimiento (PS3 y demás), si quieren conseguir atrapar al espectador más vale que muevan el culo. O, a la larga, se encontrarán con que los mismos soplagaitas siguen haciendo los mismos chistes malos y, encima, sólo les ve su familia directa.
Etiquetas: televisión
El pinganillo delator
viernes 7 de septiembre de 2007 2:00
Internet todo lo puede, y los ejecutivos de Antena-3 van a sufrirlo en sus carnes. La cosa empezó en menéame, luego recogió la antorcha el gran Javier Capitán, y hoy (por ayer) la prensa ya se hacía eco de la noticia. Probablemente alguno de ustedes habrá visto (yo no) el nuevo concurso de éxito de la cadena, ¿Sabes más que un niño de primaria? (yo tampoco), esa adaptación de un invento americano en el que los concursantes deben enfrentarse a mocosos de doce años y rivalizar sobre los conocimientos que se tienen del temario de estudio de estos últimos. Pues bien, parece que el programa está amañado, como lo demuestra la siguiente imagen:
¿Se percatan del timo? En esta captura del concurso se comprueba clarísimamente que el crío de marras lleva pinganillo. Y se ha liado la de Dios. Lo cual me sorprende, la verdad, pues yo desde que vi Quiz Show ya no me creo nada de los concursos televisivos, y mucho menos si son de Antena 3. Aunque viviendo en un país en el que durante la madrugada todos los canales programan unos concursos de lo más cutre y con pinta de ser más falsos que un duro de chocolate, y encima arrasan en audiencia, no sé de qué me sorprendo. Por lo que parece medio país estaba enganchado a lo de los niños de primaria y a la que se ha levantado la mínima sospecha todo quisqui se ha llevado las manos a la cabeza, crédulos que son algunos.
Lo cual me lleva a pensar que, aparte de tener poco criterio televisivo, la gente es más corta incluso de lo que parece. La única explicación que encuentro a tanta movida es que, en realidad, muchos telespectadores se sentían humillados en el sillón de su casa. Me los imagino ahí tirados, hurgándose la nariz y con la panza asomando por encima de los calzoncillos, diciéndose a sí mismos: "Genaro, ¡qué burro eres que hasta un chaval de once años sabe más cosas que tú!" Y claro, algunos de ellos se han dedicado a parar el vídeo a ver si pillaban alguna trampa para restablecer su orgullo herido, mientras que los demás han puesto el grito en el cielo al descubrirse el pastel por haberse sentido inferiores durante las semanas que lleva emitiéndose el programa.
Viendo cómo está el nivel, me gustaría hacer un par de puntualizaciones, por si alguno de los que se ha escandalizado por lo del pinganillo viene a parar a este humilde blog. Todo sea por despejar las cuatro dudas que se puedan tener sobre el medio televisivo:
- Los presentadores del telediario no se saben de memoria las noticias del día con fechas, nombres exóticos y parrafadas técnicas incluídas. Normalmente también usan pinganillos y tienen unos cacharros que se llaman teleprompter que se colocan frente a ellos para que vayan leyendo de corrido. Así que no tema, la presentadora ésa que está tan buena no le está mirando a usted a los ojos sino que lee la noticia que le está largando. Ya puede quitarse la corbata a la hora de comer. Además, no hace juego con los gallumbos de Los Simpson.
- Los que narran los partidos de fútbol no se saben las alineaciones de todos los equipos europeos. Cuando retransmiten el partido de Champions contra un equipo ucraniano tienen una chuleta al lado con los nombres de todos los jugadores, su dorsal y su posición en el campo, para así comentar la jugada a la velocidad de la luz. Además, si en un momento dado no se acuerdan del nombre de algún jugador se lo inventan o lo cambian por el del delantero centro (que es el único que probablemente recuerdan) y, como usted aún sabe menos que ellos, se lo traga sin rechistar. Piense que si tienen dificultades para pronunciar Cesc a la que les toca el Lokomotiv de Moscú directamente se lo inventan todo.
- Terelu Campos es tonta del bote, sí. Es capaz de soltarle un rollo sobre un producto de belleza durante cinco minutos y sin perder la sonrisa por varias razones: la primera, que también usa el mismo prompter que los del telediario. La segunda, que su espacio, a pesar de ser en directo en teoría, probablemente ha sido grabado y convenientemente editado. Desconfíe a cada cambio de plano. Y no tema, ya puede ir diciendo por ahí que la Terelu es tonta sin sentirse acomplejado porque cree que lo hace mejor que usted en el caso de que se dedicara a lo suyo: con unos cuantos asesores, nuestras prestaciones mejoran al 100%.
- Cuando la fulana del "Salsa Rosa" se levanta para agredir a Kiko Matamoros y se le ve el tanga, que sepa que el plano en cuestión está preparado. Ella sabe perfectamente que está enseñando al culo al personal. Lo hace para hacer subir la audiencia.
- La mayoría de actuaciones musicales en los programas de variedades son en riguroso playback. ¿Verdad que no se explicaba como un tío cantando y otro con una guitarra podían meter tanto ruido? Pues ahí lo tiene.
Post-Data: me marcho a Menorca unos días. A la vuelta, seguimos.
Etiquetas: noticias, televisión, ética
Spain is different
sábado 1 de septiembre de 2007 2:00
Comprendo que soy un enfermo. De series, quiero decir. Pocas personas habrá por ahí que desde su tierna infancia se hayan sentido tan invadidos por ese sentimiento de dependencia del desarrollo de una historia por fascículos televisivos como un servidor. Diría que empecé con "Mazinger Z", como todos los de mi generación, y a partir de ahí se me fue desarrollando el gusto y perfeccionando el paladar catódico hasta llegar a la época dorada de la actualidad, con mi máquina de Torrents funcionando a toda pastilla cada semana para suministrarme mi dosis diaria de chute en 625 líneas (a la espera de la tan cacareada alta definición, que como el AVE está a la vuelta de la esquina pero no llega nunca). Tras tantas décadas pegado a una pantalla, he llegado a dos conclusiones irrevocables que, créanme, funcionan el 99% de las veces:- Las mejores series son las americanas
- Las peores series son las españolas
Ojo, que no lo digo por vivir en España. O sea, que si viviese en Alemania no diría que las peores series son las alemanas, no: un bodrio germano como "Rex" (ésa del perro policía) le da cien mil vueltas a "Aquí no hay quien viva" o "Los Serrano", por poner dos paradigmas de excelencia patria y un pestiño de producto extranjero. Así de malos somos, y no le demos más vueltas. Yo esto lo tengo clarísimo gracias al currículum que llevo a cuestas pero aseguraría sin temor a equivocarme que cualquier espectador con un coeficiente intelectual mínimo podría corroborar mi tesis a pies juntillas. Los que nos ha tocado vivir aquí lo sabemos de sobras y ya no esperamos nada bueno de las mentes pensantes de Antonia-3, Tele-MamaChicho y demás. Como productores de series nacionales, estos canales son una mierda y así será por los siglos de los siglos y amén, y no hay "Cámara Café" (por cierto, un invento francés) que valga: es la excepción que confirma la regla, y aún así yo no le veo puta gracia.
Pero los extranjeros, y en especial los yanquis, ya son otra cosa: ellos jamás entenderían las tendencias que arrasan en nuestro territorio, pues haría falta la pertinente lobotomización vía "Tomates", "Salsas Rosas", los concursos de Ramon García de cada verano, los "Hostales Royal Manzanares" y los subproductos de Anita Obregón todos en un pack para que empezaran a vislumbrar la punta del iceberg, y aún así dudo que le pillaran la gracia a Chiquito de la Calzada o a Pepelu. Por tanto, para ellos no es que seamos África... es que somos como una cueva repleta de primates paleolíticos extasiados ante una pintura rupestre, e incluso a un nivel intelectual más bajo.
Por eso me he tronchado de risa con este artículo de la revista Variety, la biblia del séptimo arte para los estadounidenses, precisamente referido a "Cámara Café" aunque de forma indirecta. En realidad lo que el autor del mismo no se explica cómo una bazofia como "Escenas de un matrimonio", un refrito de los sketches (Matrimoniadas, creo que se llamaban) de aquel infecto programa sabatino dirigido por José Luis Moreno que respondía al nombre de Noche de Fiesta, arrase ahora mismo en su franja de audiencia. Parece que los directivos de Tele-5 tienen una duda sobre qué hacer a partir de septiembre: si volver a "Cámara Café", pues lo de las "Escenas" no era más que un relleno estival de baja calidad, o mantener la actual apuesta, que para sorpresa de propios (los productores) y extraños (los de Variety) funciona mejor incluso que el miniespacio de los oficinistas.
Y si el artículo en cuestión provoca hilaridad es porque el pobre periodista intenta por todos los medios encontrar una explicación a este fenómeno, pues no le entra en su cabeza que un producto tan retrógado y con unos gags de tan bajo nivel triunfe de este modo. El hombre teoriza sobre si durante el verano los abuelos se quedan en casa y por tanto esta serie les recuerda a su juventud y tal y cual, pero lo que no acierta a comprender es que en el fondo sólo hay una explicación posible al fenómeno: él es americano y nosotros españoles. Y eso, querido amigo del Variety, es tan inalterable como la fórmula de la Coca-Cola o los cuernos de la Reina Sofía. Simplemente asúmelo: Spain is different. Y olé.
Etiquetas: televisión



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