Fakebook
jueves 8 de enero de 2009 2:52
Andaba yo el otro día curioseando por Facebook cuando de pronto me encuentro con el perfil de George Clooney: más de tres mil amistades y todo tías. Obviamente, un fake como la copa de un pino, aunque una buena forma de encontrar ligue por internet. Hace quince días quedé para comer con un amigo y me comenta que está tramando conquistar a una chica creando un perfil falso de mujer y mandándose mensajes a sí mismo en el dichoso Facebook para darle celos. No hace mucho leí en una revista que abundan los perfiles falsos en Facebook, muchas veces como simple pasatiempo para hacer amigos proyectando una imagen que no se corresponde con la real, otras con fines suplantatorios (y posiblemente difamatorios), y en alguna ocasión para crear un alter-ego que pueda dar rienda suelta a los rasgos ocultos de la personalidad de cada cual (al más puro estilo Clark Kent/Superman, imagino).Y ahora la pregunta es: ¿hasta qué punto el éxito del invento no se está cargando el motivo por el que se creó? Si llega un punto en que hay más perfiles falsos que auténticos en Facebook, ¿qué sentido tiene ir por esa red social haciendo amistades? ¿Matará la imaginación enfermiza de los internautas el rollo este de la web 2.0?
Etiquetas: internet, psicología, sociedad
Excesos de fin de año
miércoles 31 de diciembre de 2008 1:00
Sí, esta noche saldrán. Sí, se emborracharán. Sí, se arrimarán a la persona que más cerca les quede y sí, en un momento de enajenación alocohólica serán capaces de soltar cualquier chorrada con tal de lucir esa ropa interior de color rojo que se pondrán. Cuando de lo que se trata es de un revolcón rápido sin mayores consecuencias tampoco hay que dar demasiadas vueltas a lo que se pueda decir en estos instantes de exaltación, sabedores además de que todo el mundo busca empezar el año con brío. Pero si se les ocurre atacar a esa presa que andan rondando desde tiempos inmemoriales, mucho cuidadín con los excesos de fin de año...Ya lo dice la CNN: las mujeres no deberían decir nunca "te quiero" antes que el hombre. Lean el artículo y comprenderán porqué, aunque ya les adelanto que la cosa va de intentar evitar dar al traste con la relación por un exceso de precipitación. Lo cual debería a su vez poner en guardia a los machos, no sea que caigan en la trampa y digan las fatídicas palabras que ella no se atreve a pronunciar, y la próxima fiesta de fin de año la pasen en un hospital con un anillo en el dedo anular gritando a todo pulmón "¡empuja, empuja!"
Ya sea por un motivo u otro, recuerden los sabios consejos de la DGT: si bebes no conduzcas... ni tampoco declares tu amor incondicional al primer síntoma de calentura.
Feliz 2009.

Etiquetas: psicología
Ilusión monetaria
miércoles 24 de diciembre de 2008 1:00
A estas alturas les supongo tirándose de los pelos porque, un año más, tampoco les ha tocado la lotería de El Gordo. Antes de que corran como posesos al reenganche que supone el sorteo de Reyes, permítanme que les deje mi regalo de Navidad particular y les hable del hecho demostrado que atestigua que la mayoría de los afortunados con premios de lotería suelen estar peor después de la lluvia de millones que antes. Y no sólo monetariamente, sino psicológicamente, socialmente y lo que ustedes prefieran. ¿Y eso?, se preguntarán ustedes. Pues por la sencilla razón de que la mayoría de los seres humanos somos incapaces de asimilar cambios tan importantes y repentinos en nuestras vidas.Para que entiendan a lo que me refiero, piensen en las pagas extras de diciembre (caso de que ustedes las cobren, claro). ¿Cómo puede ser que después de un mes en el que ingresamos el doble que los otros meses del año venga la tan consabida "cuesta de enero"? En teoría es cuando tendríamos que estar mejor, ¿no? Si eso no es así es por un fenómeno llamado "la ilusión monetaria", que es la que establece que cuanta más pasta tengamos en la cuenta corriente mayor es la imperiosa necesidad de gastarla. Y por eso llegamos a enero sin un duro. Ahora trasladen eso a la lotería e imaginen que les toca un cuarto de millón de euros, por ejemplo. Lo primero que harían es lo que todo el mundo ("tapar agujeros"), pero claro, también es triste que tanta pasta sólo sirva para acabar de pagar la hipoteca y poco más, ¿no? ¿Dónde quedan los coches lujosos, el año sabático y las vacaciones a las Maldivas?
Los beneficiarios de cualquier premio se sienten en la obligación de regalarse algún que otro capricho para hacer honor a la efeméride, y ahí es cuando surgen los problemas: que te haya tocado la lotería no significa que hayas subido en la escala social, aunque la tentación de creerlo es inmensa. Y cuanto mayor sea el premio peor. Sólo al cabo del tiempo caemos en la cuenta de que somos los mismos desgraciados que antes, aunque ahora vivamos en un barrio más lujoso, y encima no resulta fácil superar la presión cuando en el banco volvamos a estar a cero y no podamos mantener nuestro nuevo nivel de vida.
Pero es que además se da la situación parodiada en el famoso chiste: "¡Cariño, haz las maletas, que nos ha tocado la lotería!" "¿Sí?¿Dónde vamos?" "¡Yo aún no lo sé pero tú a la puta calle!" ¿Cuántos matrimonios y amistades se habrán roto por culpa de un premio inmenso? ¿Cuántos enemigos habrán surgido por la envidia? ¿Cuántos miedos aparecen al comprender que uno ya no volverá a ser el mismo de antes? Y lo mejor de todo: ¿cuál es la mejor terapia para afrontar la congoja y los miedos? ¡Gastar! Y así se hunde uno en el pozo sin poder regresar al punto de partida, aunque eso sí, con un Rolex en la muñeca seguimos creyéndonos los reyes del Mambo a pesar de estar arruinados...
Por tanto, olvídense de gastarse todo lo que les ha sobrado de la paga tras los regalos navideños en una inversión en la lotería de Reyes. Da igual, están mejor así. Y cuando vean al clásico cenutrio descorchando una botella de champán por televisión y dando saltos de alegría al ritmo de "¡nos ha tocado!¡nos ha tocado!" aparquen la (sana) envidia a un lado y apiádense de él: el pobre no tiene ni idea de lo que se le viene encima...
Felices fiestas a todos.
Etiquetas: economía, psicología, sociedad
Viviendo infelizmente juntos
lunes 22 de diciembre de 2008 10:32
Cuando me topo con noticias como ésta me pregunto dónde para en realidad el origen del amor. Según el Wall Street Journal, la gente no se divorcia porque la hipoteca puede más que la certeza de que "lo nuestro se ha acabado", y lo cuantifican con cifras. Es decir, que no se trata del típico chascarrillo que hacemos con los amigotes cuando hablamos de la crisis, sino que en verdad existe una realidad social formada por montones de parejas viviendo bajo el mismo techo sin poder soportarse.Cabe preguntarse si finalmente la dichosa hipoteca terminará por salvar matrimonios, obviamente. Porque claro, como hay que aguantar se sigue conviviendo, y ya se sabe que el roce hace el cariño, que las noches de invierno vienen frías y que "más vale pájaro en mano que ciento volando". Y que todo pasa, incluso las rencillas más agrias entre cónyuges. Por tanto, bien puede darse el caso de que la amante del marido vuele ante la imposibilidad de montarse un nidito independiente, que las discusiones que parecían insondables con el tiempo se relativicen y que los defectos que se apreciaban al otro con el paso de las cuotas se hagan más llevaderos. Si mi teoría se demostrara cierta, propongo que de ahora en adelante las hipotecas, en vez de en la notaría, se firmen en una iglesia y que el que oficie la ceremonia sea un cura con poderes de interventor.
Una nueva definición de "en lo bueno y en lo malo", sin duda.
Etiquetas: economía, psicología, sociedad
Amistades interesadas
viernes 19 de diciembre de 2008 1:00
Nuevamente, el Friendfeed de Derrick generando debate: ¿es posible que dos personas sean sólo amigos cuando una está enamorada de la otra? Siempre he creído que una relación así es exactamente idéntica a una basada en el mero interés. Claramente, uno de los dos se relaciona con el otro en gran parte porque le flaquean las piernas cuando lo ve. De no ser así, difícilmente la relación se mantendría con la misma intensidad, luego la respuesta sería no. Es como si alguien se casa por dinero: cuando vuela la pasta, el matrimonio se viene abajo pues ya no hay razón para mantenerlo. Harry y Sally se pasaron una hora y media de película (y varios años de su vida) para darse cuenta de una cosa tan obvia, y el final de la historia corroboraba la tesis (para este viaje no hacían falta tantas alforjas, digo yo).Personalmente no entiendo que haya quien aún lo dude, dado que si se lo plantean objetivamente se darán cuenta de que siempre llega un punto en el que el enamorado se lanzará a por su presa y sucederá una de estas dos cosas: a)será rechazado, luego la amistad se va al garete, o b)el sentimiento es mutuo, luego la amistad se convierte en otra cosa. Puede ocurrir también que el objeto del deseo se líe con un tercero y entonces volveremos al punto a), básicamente porque el enamorado perderá el interés o el otro empezará a pensar que es un plasta que le resta tiempo para estar con el tercero en discordia.
No sé, a lo mejor yo soy demasiado radical, pero como dice uno de los comentaristas del enlace, se trata de una pregunta que ya tiene la respuesta en su interior. Ustedes, ¿cómo lo ven?
Etiquetas: psicología, sociedad
Memento a lo bestia
martes 9 de diciembre de 2008 1:00
R.I.P., H.M. (a partir de hoy ya Henry Gustav Molaison). El hombre de la foto fue durante años un caso protegido en los anales científicos, y ahora se convertirá en uno de los cerebros diseccionados más famosos de la historia. En 1953 William Scoville, un neurocirujano de Connecticut, le practicó a Molaison una operación basada en una técnica experimental, consistente en extraerle el hipocampo para curarle la epilepsia. La intervención tuvo éxito y Henry Molaison nunca más tuvo que preocuparse de ese problema, pero surgieron unos efectos secundarios indeseados. A saber, el paciente perdió la habilidad de crear nuevos recuerdos, aparte de olvidar por completo los diez años previos a la operación.Como dice la psicóloga Brenda Milner de la Universidad de McGill, que fue quien trató a Molaison durante más de cincuenta años, "Era un hombre muy amable, muy paciente, siempre dispuesto a tratar nuevos procedimientos y, sin embargo, cada vez que entraba en la habitación, era como si nunca nos hubiéramos visto". Gracias a H.M. sabemos que el hipocampo es un elemento fundamental para la formación de recuerdos, y el hecho de que pudiera aprender simples habilidades motoras demuestra que como mínimo existen dos mecanismos de memoria diferenciados en el cerebro.
H.M. no dejó descendientes, lo cual parece lógico pues dudo que su posible pareja pudiera mantener el nivel de enamoramiento de un hombre que la veía cada día por primera vez. Sin embargo, nos deja el legado más importante para el entendimiento de cómo funciona nuestro cerebro. A su lado, el protagonista de Memento es un sujeto la mar de corriente, ¿no creen?
Etiquetas: ciencia, psicología
Confesiones de un interrogador
viernes 5 de diciembre de 2008 1:00
Estaba pensando qué extracto de este artículo del Washington Post resaltar en el post pero al final he decidido que hay que leerlo íntegramente para empaparse de las vivencias en primera persona de este interrogador americano destinado al conflicto en Irak. Básicamente, Matthew Alexander cuenta que cuando aterrizó en el lugar las técnicas de interrogación que se utilizaban con los prisioneros eran calcadas a las de Guantánamo: la tortura por encima de todo. Como eso le suponía un conflicto ético, nuestro hombre decidió utilizar métodos más basados en la psicología que en la violencia física, centrándose en lo que él denomina "cultural understanding". Gracias a este enfoque el equipo de interrogadores que dirigía consiguió cazar ni más ni menos que a Abu Musab al-Zarqawi y ganar bastantes adeptos para su causa de entre los capturados, pero ni por ésas el gobierno americano dio el visto bueno a esta nueva metodología. Bien al contrario, decidieron seguir usando la violencia física para sonsacar información.Lo cual, según cuenta el autor, resultaba a medio plazo contraproducente, ya que constataba que muchas víctimas de esta clase de interrogatorios se apuntaban tras la experiencia a las guerrillas contra el ejército ocupador, cuando no se convertían directamente en integrantes de ataques suicidas. Al regesar de Irak, Alexander redactó un manuscrito en el que hacía constar sus objeciones y el resultado de sus experiencias para ser publicado bajo la forma de libro, y envió una copia del mismo al Departamento de Defensa. Como no podía ser de otro modo, se lo vetaron, si bien consiguió darle forma tras pasar por la censura.
Al final del texto Alexander se pregunta en qué se han transformado algunos americanos, y la escasa diferencia que les separa de asesinos como al-Zarqawi. Y yo me pregunto hasta qué punto puede uno empatizar con un prisionero para conseguir que "cante", y hasta qué punto no se transforma un interrogador en un monstruo por mucho que tenga las ideas claras bajo el peso de las circunstancias. En cualquier caso, Alexander es un ejemplar único digno de ser escuchado.
Como les decía, una lectura altamente recomendable.
Etiquetas: guerra, política, psicología
Moda y estilo
jueves 4 de diciembre de 2008 1:00
En la web Psychology Today hablan de la confusión entre la moda y el estilo, en concreto de la paradoja cotidiana que se produce cuando abrimos el armario y, a pesar de tenerlo repleto de ropa, suspiramos y caemos en el consabido "no tengo nada que ponerme". Si consideramos el estilo como la facultad de seleccionar entre un montón de objetos aquellos que mejor reflejan la forma en que nos vemos a nosotros mismos, la moda sería el resto de cosas que no encajan con nuestra personalidad pero que adquirimos en su momento porque algún factor exógeno nos indujo a ello.Según el texto, el estilo es lo que realmente buscamos cuando hablamos de moda, y de ahí la insatisfacción permanente cuando tratamos de seguir los patrones preestablecidos por la sociedad de consumo. La moda está en la ropa y el estilo en el que la lleva. El estilo, siempre devaluado en favor de la moda, sería la expresión de uno mismo a través de la ropa, los muebles, la música, los libros, etcétera. La distinción entre estilo y moda deviene pues crucial cuando tratamos de reafirmarnos ante los demás.
La moda es una fotocopia. El estilo inimitable.
La moda cuesta. El estilo no tiene precio.
La moda es estúpida. El estilo inteligente.
Algo en lo que pensar la próxima vez que abramos el armario o que paseemos por unos grandes almacenes.
O cuando compremos el último tostón de Paulo Coelho.
Etiquetas: psicología, publicidad, tendencias
El Palacio del dolor
martes 25 de noviembre de 2008 1:00
Como siempre, una breve recomendación: pierdan unos minutos de su tiempo leyendo esta excepcional descripción sobre el ambiente familiar que reinaba en casa de los Wittgenstein, y pregúntense a continuación por la genialidad de Ludwig, el hijo que más destacó de un clan azotado por todo tipo de traumas. Tan sólo unas pinceladas para que se hagan una idea:
El padre, Karl, era un autócrata brutal, así como un delincuente de consideración. (...) Un magnate del acero fabulosamente rico, Karl amañaba los precios, sangrando a sus trabajadores y haciendo más o menos lo mismo a su timorata esposa Leopoldine. Una vez ella se mantuvo despierta toda la noche, agonizando por causa de una fea herida en su pie, pero aterrorizada pensando que si se movía una pulgada podía inquietar a su irascible marido. Era una madre emocionalmente fría y una obediente y neurótica esposa, a quien cualquier rastro de personalidad individual le fue borrado violentamente.La familia era una olla a presión de trastornos psicosomáticos. Leopoldine estaba afectada por terribles dolores en las piernas y con el tiempo quedó ciega. Sus hijos tuvieron sus problemas también. Helene sufrió una plaga de calambres en el estómago; Gretl sucumbía a constantes palpitaciones del corazón y buscó el asesoramiento de Sigmund Freud acerca de su frigidez sexual; Hermine y Jerome tenían los dedos torpes; Paul caía en episodios de locura, y Ludwig fue apenas el más equilibrado de las almas de la casa. Casi todos los varones de la familia fueron presa de vez en cuando de episodios de una furia incontrolable que bordeaba la locura.
Uno se pregunta si es casual que semejante ambiente generara al filósofo más brillante del siglo XX. Recuerdo que leyendo la Introducción al Tractatus (el Tractatus en sí es sólo para mentes perturbadas) ya se me pasó por la cabeza que unos razonamientos lógicos tan complejos no podían provenir de una mente sana, en el sentido convencional de la palabra. Analizando la biografía de los grandes genios de la historia, existe un rasgo común en la mayoría de ellas, sean poetas amargados o pintores renacentistas: casi todos llevaron una existencia trufada de tragedias. Después de todo, si Mozart hubiera sido un niño normal con una salud de hierro o si Van Gogh no hubiera tenido tendencias suicidas a lo mejor ahora nadie sabría de ellos.
¿El sufrimiento como motor de la creación al más alto nivel?
Etiquetas: filosofía, psicología
El jurado
viernes 19 de septiembre de 2008 0:00
No, hoy no voy a hablar sobre una novela de John Grisham o una película de Gene Hackman (que, vistos mis últimos post, parecería lógico y una deriva hacia un blog de crítica multimedia), sino sobre un texto que he encontrado en internet y que me ha llamado la atención por su pragmatismo sobre la realidad que describe. Como siempre, recomiendo encarecidamente su lectura, pero como está en inglés y me imagino que no todo el mundo tiene ganas de tragarse un tochazo extenso de estas características, mejor les escribo un resumen para que se hagan a la idea (una traducción literal no ha lugar, ya advierto).Básicamente se trata de un manual sobre cómo conseguir que te expulsen de un jurado en EE.UU. basado en la experiencia personal del autor. Les pongo en antecedentes: como es sabido, en Norteamerica se elige a un jurado para cada caso compuesto por doce ciudadanos corrientes, a diferencia del Reino Unido, por ejemplo, donde los que deciden son magistrados profesionales. Ello es susceptible de causar bastantes engorros si te toca la china, como es el caso que nos ocupa. Tratándose de un juicio para la pena capital, el autor veía jodido librarse de unas cuantas semanas de reclusión en un hotel, perdiendo el tiempo y el dinero asociado a su trabajo (aparentemente, se trata de un ingeniero que ofrece asesoramiento in situ, lo que le obliga a viajar constantemente y de manera urgente, so pena de que las instalaciones del cliente se vayan al garete). Dado que el sistema no le ofrecía ninguna vía de escape, se lo tomó como una afrenta personal y les declaró la guerra (legal) diseñando una estrategia para ser expulsado.
Tras inquirir entre sus amistades, la mayoría le aconsejaron que adoptara un punto de vista radical en los interrogatorios previos (del tipo "hay que freír a ese negro, y lo antes posible"), pero con muy buen criterio el protagonista de la historia ya detectó que semejante actitud le acarrearía problemas. ¿El motivo? Pues porque aunque el abogado defensor pretendiera echarle a toda costa del juicio, para la acusación su presencia en el mismo sería una baza a conservar a toda costa. Y lo mismo pero al revés si se declarase rotundamente contrario a la pena de muerte. Existe un proceso de descarte que hace que esta clase de elementos salten antes de conformar el jurado, pero en realidad estos descartes son limitados y al final cada abogado tiene que tragarse algunos sapos. Evidentemente, nuestro héroe no podía permitirse ser uno de ellos, pues los pagos de su hipoteca corrían serio peligro en caso de ser seleccionado.
Así pues, pasemos a analizar su estrategia de descartes argumentísticos de cara al interrogatorio previo:
- Mátalos a todos y deja que Dios los seleccione en el Reino de los Cielos: opción inviable, pues en un momento dado el defensor podría salirnos con un "¿y si el acusado fuera un chaval que se hubiera mezclado con malas amistades y ahora se mostrase sinceramente arrepentido?" o alguna patraña similar. Ante esto, o te conviertes en un monstruo (y ojito que el interrogatorio dura varias horas) o palmas.
- Estoy seguro de que este cabrón es culpable: "¿Pero cómo puede estar tan seguro, si ni siquiera nosotros lo estamos? ¿Acaso conoce al acusado o a su víctima? ¿Sabe algo que nos está ocultando?" Ni de broma, es poco creíble. Y además podríamos acabar en el banquillo de los acusados.
- Estoy seguro de que este cabrón es culpable porque es negro: "¿No puedes ni siquiera nombrar a un negro que sea buena persona? ¿Martin Luther King? ¿Samuel L.Jackson? ¿Obama?" Si no eres un racista convencido, se te verá el plumero. Pasemos al bando contrario, a ver si hay más suerte:
- Estoy convencido de que este pobre chavalín no pudo hacerlo: te pillarán igual que en el punto 2 pero con la estrategia inversa.
- La pena de muerte es moralmente injustificable: un pelín mejor, pero aquí ojito que el defensor intentará convencer al magistrado de que en realidad sí podrías votar a favor de esta pena, con tal de asegurarse tu presencia en la sala. Probablemente en su argumentación te sacará a Hitler y demás fauna, para que confieses que en algunos casos sí es legítimo cargarse a alguien. O peor, te tachará de antipatriota porque acabas de cargarte el fundamento del ejército norteamericano: más vale que te parezcas a John Lennon (Yoko Ono al lado) o tu plan no colará.
- No ponga esa responsabilidad sobre mi cabeza: ajá, esto es astuto. Pero como diría el amigo Harry, "es un trabajo sucio pero alguien tiene que hacerlo". El problema es que la estrategia que seguirán los letrados en el interrogatorio (recordemos que llevan años haciéndolo y que son unos especialistas) va encaminada a anular cualquier complejo de Ponciopilatismo.
Lo mejor del caso es que el crimen que había que juzgar se produjo a tan sólo dos manzanas de donde vivía el autor en esa época (un par de años antes del momento del juicio). Con tal de haber esgrimido eso en el proceso de selección probablemente lo hubieran descartado, pues no podían arriesgarse a que conociera a la víctima o al asesino. En el "probablemente" radica el problema, en todo caso.
Como colofón, apuntar que el acusado ya estaba condenado a cadena perpetua sin posibilidad de salir de prisión. Ese juicio sólo lo montaban para cargárselo. Y lo mejor de todo es que hubo que anularlo por causa del huracán Gustav. Parece ser que ahora quieren montar uno nuevo: el circo no parará hasta que se lo carguen. Si esto es justicia, más vale seguir el ejemplo y bajarse del tren como hizo el narrador.
Etiquetas: justicia, psicología
Sin miedo a la vida
jueves 28 de agosto de 2008 0:00
Ignoro cómo habrá afectado este trágico suceso a Beatriz Reyes; tan sólo espero que no termine tan loca de atar como el personaje de Bridges en la ficción. Muchas veces me he preguntado cómo me afectaría a mí una experiencia así, y salvo que alguien me ofrezca una explicación pseudofantástica como la que Samuel L.Jackson le cuenta a Bruce Willis en El Protegido, mucho me temo que terminaría soltándose el último tornillo que aún resiste en mi sesera. Ya no me pongo en el caso extremo de que falleciera mi familia o amigos íntimos en la colisión mientras yo salía indemne, cosa que muy probablemente me llevaría al borde del suicidio; simplemente me imagino el sentimiento de culpa que me atacaría al ver cómo todo el mundo a mi alrededor sufría una muerte horrible y yo no. Por eso cuando veo las fotografías de Beatriz lo que más me impacta es su aparente serenidad. Una de dos: o se encuentra aún en estado de shock y no ha asimilado al cien por cien lo que le ha ocurrido, o es la persona con mayor temple de todo el planeta tierra. Yo sería incpaz de conceder una rueda de prensa a una semana de la tragedia con tanta serenidad, la verdad.
Permaneceré atento a las noticias que se oigan sobre ella. De momento ya he activado una alerta del Google News con su nombre para que lleguen a mi bandeja de entrada las futuras historias sobre esta mujer. Sería curioso que, dentro de un año, me enterara de que ha sucumbido a una intoxicación por un empacho de fresas, por ejemplo.
Etiquetas: accidentes, cine, noticias, psicología, suicidio
Un mundo de (falsas) ilusiones
jueves 24 de julio de 2008 0:00
¿Saben cuando les dicen que por muy deprimido que se pueda sentir uno o que por muy mal que anden las cosas siempre habrá alguien que estará peor, lo cual es objetivamente cierto (y lo saben), y aun así no consiguen levantar el ánimo? Si alguna vez se preguntan porqué les ocurre simplemente es porque, como decía Einstein, todo en la vida es relativo. Si se paran a pensarlo comprenden que sí, que ese chaval tercermundista que no tiene un mendrugo de pan que echarse a la boca está diez mil veces más jodido que ustedes, pero sin embargo se sienten igualmente desdichados. Todo depende del punto de referencia que se tome, pero obviamente es difícil pensar en el niño moribundo cuando tu vecino se pasea en un Cayenne o un conocido te manda por mail sus fotos de las vacaciones en las Seychelles mientras tú estás sudando la gota gorda en la oficina. Al niño no lo conoces de nada, pero en cambio al hijoputa del Cayenne lo tienes que soportar a diario y del cabronazo de las Seychelles te sabes hasta su talla de paquete (obviamente, dos palmos más que el tuyo). Lo mismo vale para el soltero que tiene que soportar cómo su amigo se está repasando a una rubia de infarto cada fin de semana, para el parado al que su cuñado le cuenta lo mucho que lo han ascendido, o para la que no consigue quedarse embarazada mientras que su hermana espera el tercero.Hay un refrán que dice "ojos que no ven corazón que no siente" pero resulta que no hay forma de librarse de los triunfadores de la vida mientras que a los desgraciados no los encuentras ni debajo de las piedras. A los únicos a los que no ven tus ojos es a los que les va jodidamente mal: los demás ya se encargan de restregártelo por la cara.
Si usted se siente bajo de moral por alguna de estas causas y su autocompasión le flagela el subconsciente con un reiterativo "¿por qué me pasa esto a mí?" desengáñese y sepa que está usted viviendo en un mundo de ilusiones. Efectivamente, los demás jamás les contarán sus miserias pero en cambio resaltarán siempre cualquier aspecto positivo de su existencia, por nimio que sea, para darse lustre. Por favor, resista estas burdas campañas de márketing, aplique el "dime de lo que presumes" y comprenda que el fantoche con el que está hablando probablemente tenga tantos esqueletos en el armario como usted. La gente tiende a venderse muy bien, demasiado diría, y rara es la persona que es capaz de contarle lo jodido que está por cualquier motivo con total sinceridad.
Una vez llegó a mis oídos la historia de una amistad tan competitiva que mientras uno de ellos estaba muriéndose (literalmente) en la cama de un hospital todavía le restregaba al otro sus ligues de juventud y lo feas que siempre habían sido las novias del otro. Historia con moraleja, o si lo prefieren un cuadro pictórico del material del que está hecha el alma humana. Muéstrenme a un tipo que sea capaz de contarles su realidad sin un miserable velo de artificial pomposidad para el escaparate y yo les mostraré a un amigo para toda la vida. Arriba esos ánimos, carape, que últimamente todo el mundo me cuenta lo mal que lo pasa y lo jodidas que están las cosas.
Estoy de suerte: será que tengo muchos amigos de los de verdad.
Etiquetas: psicología, sociedad
¿Inmune a la depresión?
martes 1 de julio de 2008 0:00
Si hay una cosa que me fastidia es escuchar la típica entrevista radiofónica al experto de turno que se saca una nueva teoría sobre el campo que domina, y que es capaz de destrozar en un tris tras todas las creencias por las que uno rige su propia vida. Me sucedió el otro día al sintonizar mientras conducía una conversación con un psicólogo especialista en depresiones, y de lo ensimismado que me dejó su razonamiento un poco más y atropello a un peatón despistado. Todo viene porque si hay algo de lo que un servidor puede presumir tranquilamente es de sentirse prácticamente inmune a este mal tan común de nuestra época. Que yo recuerde no he estado deprimido en mi vida, en todo caso algo alicaído y en algunas épocas bastante fastidiado, pero siempre he logrado remontar el vuelo con entereza echando mano del consabido refrán "a mal tiempo buena cara". O al menos eso creía yo, porque tras escuchar las declaraciones del psicólogo ya no lo tengo tan claro.Permítanme que me explique: normalmente cuando paso por un mal momento o cuando las cosas escapan de mi control hay un mecanismo mental que se activa en mi cabeza, y que consiste en ponerme paradójicamente contento a pesar de las desgracias. Es como si pensara que, ya puestos y como no hay nada que hacer excepto pasar el mal trago, pues mejor hacerlo con una sonrisa en la boca y buena música en mi equipo del salón. Justo cuando peor me van las cosas mejor me siento, y en algún caso he llegado a pensar que ese estado de euforia pasajero venía por una liberación de dopamina que mi organismo segrega para contrarrestar el peso de las preocupaciones, en plan mecanismo de autodefensa, como las sustancias que se liberan cuando pillas la gripe y que te hacen subir la fiebre.
Pero hete aquí que salta el psicólogo de la radio y suelta lo siguiente: "en esta vida hay gente que está permanentemente deprimida y no lo sabe. Eso es así porque los síntomas son muy variados: desde la falta de apetito, pasando por la desgana generalizada, el sentimiento de incapacidad para enfrentarse a determinadas situaciones, la inapetencia sexual o un estado irracional de euforia injustificada". Toma castaña. O sea, que yo pensando que lo de sentirme de narices era una solución natural para hacer frente a la adversidad, y ahora resulta que a lo mejor llevo deprimido desde los cinco años. ¿Ustedes lo entienden? ¿Sí? ¿Cómo lo ven? ¿A alguien más le pasa esto o son ustedes unos depresivos sin remedio? Corrijo: ¿...o somos todos unos depresivos sin remedio?
Etiquetas: depresión, psicología



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