No estás hecho para tener jefe

viernes 28 de marzo de 2008 1:00

Miren, yo hoy no tendría que haber escrito este post. En serio, bastaba con fusilar el ensayo original sobre el que se basa y listos. Los más viejos del lugar recordarán una entrada que se tituló Trastos y que se inspiraba en un texto de Paul Graham, que tuvo bastante buena aceptación entre la parroquia de este blog y que me llevó a decidir que de tanto en tanto enlazaría a Graham si escribía alguna nueva genialidad, cosa harto frecuente en su página de Yahoo! Pues bien, el día ha llegado, y el artículo en cuestión se titula You Weren't Meant To Have a Boss, un texto que llevaba reposando en mi bandeja de entrada unos días, a la espera de poder dedicarle el tiempo necesario (los escritos de Graham son como los buenos vinos: hay que saborearlos sin prisas y en las circunstancias adecuadas). Lo ideal sería que se lo leyeran y listos, pero como está en inglés y es bastante tocho lo resumiré en un par de párrafos, a ver qué les parece.

Graham alude al sector de los programadores, que es el que se conoce más al dedillo, pero yo creo que se puede aplicar a nivel genérico. Empieza diciendo que en una reciente visita a África pudo constatar la diferencia entre los leones enjaulados en un zoo y los que campan libremente por la sabana, y de ahí se saca de la manga una comparación con los trabajadores de las multinacionales y los pequeños emprendedores, según él mucho más libres y con una mayor autoestima. Ello es así porque el estado natural de un recién licenciado sería trabajar por cuenta propia, básicamente porque -siempre según el autor- los seres humanos no están hechos para trabajar en grandes grupos.

El problema es que en las grandes empresas los grupos son de cientos de personas, y como el tinglado resultante desembocaría en caos absoluto se suelen parcelar las áreas de trabajo en subgrupos de diez personas, aproximadamente. Para coordinar estas pequeñas áreas surge la figura del jefecillo, el cual representa a su vez la rama que conecta a ese grupo con el tronco general del árbol que representa la empresa. ¿Me siguen? Y a su nivel hay otro grupito de diez jefecillos coordinado por un 'big boss' mayor. Así se van generando grupos de grupos y, por el camino, el trabajador del final de la escala pierde todo margen de maniobra, toda capacidad de innovar y ve cómo todas sus ideas (por buenas que sean) son rechazadas no ya por la decisión de alguien que las ha evaluado a conciencia sino por la propia burocracia del sistema. Es decir, que la libertad de acción del individuo resulta inversamente proporcional al tamaño del árbol empresarial.

Estando así el panorama, lo ideal para la gente con iniciativa sería crear su propia empresa y así huir de las jerarquías. Graham habla de un programador licenciado que fichó por Google pensando que allí aprendería un montón y se encontró con que no sólo no aprendía nada sino que todas sus iniciativas (y para un programador probar cosas nuevas es vital) se cortaban de antemano. Al final terminó por fundar su empresa, y aunque no ha sido un camino de rosas precisamente llegó a la conclusión de que como mínimo trabajando para sí mismo aprendía mucho más, porque se dedicaba a probar cosas que en una multinacional jamás le dejarían. Que luego el negocio acabara en bancarrota es lo de menos, porque lo cierto es que su experiencia laboral había aumentado de forma espectacular.

Como dice el ensayo, "si no se te permite implementar nuevas ideas al final dejas de tenerlas". Las conclusiones serían dos: para las compañías, que a mayor tamaño mayor lentitud de movimientos a no ser que se evite la estructura en forma de árbol (luego, caos total), por lo que les convendría quedarse en un tamaño reducido; para los individuos, mejor apuntar a las pequeñas empresas que a las grandes si se busca el desarrollo personal.

Y aquí es donde entra mi propia reflexión: si esto es realmente así, ¿cómo es que todos nos matamos por entrar en grandes corporaciones al principio de nuestras carreras, que es cuando más ansias deberíamos tener por aprender? Y a la inversa, ¿por qué en un proceso de selección se valora más la experiencia adquirida en una multinacional que la de una PYME, aunque se haya pegado el gran batacazo financiero? Me da a mí que andamos tan emperrados en buscar nuestra propia seguridad (y esto vale también para los empresarios contratadores) que por el camino perdemos aquello que realmente debería importar en el entorno laboral: la creatividad personal.

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Blogs impersonales

miércoles 27 de febrero de 2008 1:00

Últimamente no paro de entrar en páginas de opinadores blogosféricos o de leer artículos en prensa que se dedican a despotricar de los blogs con un argumento que me parece curioso: que todos los que llevamos una bitácora "estamos encantados de habernos conocido a nosotros mismos" y que "no paramos de hablar de nosotros, como si fuéramos el centro del universo". No digo que no, ojo, pero inevitablemente surge una pregunta ante tan peregrina lógica: ¿y de qué narices quieren que hablemos? Si no explicamos nuestras experiencias o relatamos la actualidad desde nuestro punto de vista no se me ocurre qué diantre podríamos contar en nuestros blogs.



Cuando empecé con esto juré que jamás hablaría sobre mí mismo. En parte por pudor pero también porque no quería convertir esta página en un ejercicio onanista constante. Con el tiempo diría que he incumplido el juramento en más de una ocasión, pero el porcentaje de entradas estrictamente personales sigue pareciéndome meritoriamente bajo, y más si tenemos en cuenta que salto a la palestra a diario. Sin embargo, por mucho que comente fenómenos sociológicos externos o noticias extravagantes recogidas de recónditos rincones internautas siempre termino aplicando mi barniz personal a la historia, de otro modo esto sería una mera recopilación de enlaces o de notas de prensa. Imagino que los que detestan esta clase de bitácoras preferirían que todos fuéramos un Engadget de la vida, con lo que nos convertiríamos en Xataka, un blog que fusila los contenidos del primero (y de algún que otro blog foráneo) pero sin aportar nada salvo la traducción al español (que no es poco). Los que hemos estado suscritos a ambos blogs no dejamos de maravillarnos de cómo las noticias que aparecen en el primero terminan por salir también en el segundo tras un breve lapso de tiempo, y aún Xataka está bastante bien hecho, pero obviamente los demás no llegaríamos a este nivel de profesionalización y al final nos perderíamos en un marasma de bitácoras clonadas, tal y como pasa actualmente con las dedicadas a Ubuntu (la misma noticia te aparece 10 veces, repetida letra por letra en varios blogs).



Concrepo en que todos los que conformamos el universo de las bitácoras tendemos a darnos más importancia de la que tenemos, y que a veces pecamos de soberbios o que pretendemos aleccionar al vulgo con nuestra sapiencia (luego pasa lo que pasa, que conoces al bloguero en el mundo real y esa eminencia a la que tenías colocada en un pedestal se transforma en un chulopiscinas bastante cafre que se ha quedado sin amigos por culpa de su prepotencia y al que nadie hace ningún caso). Pero caramba, no es lo mismo una bitácora que nos habla de las dificultades de un programador de Ruby que el diario de una quinceañera que nos cuenta que el chaval más guapo de su clase no le hace caso. Todavía hay clases, ¿no? Además, cada vez que alguien critica a los blogueros porque se limitan a contarnos su vida me da la sensación de que lo que querría el crítico es que contáramos la suya. Y por ahí sí que no paso, a no ser que haya un cheque suculento de por medio.

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Nuevos anuncios televisados

sábado 16 de febrero de 2008 1:00

Hay que ver el revuelo que se ha armado con el off the record de Zapatero a Gabilondo tras su entrevista-masaje de hace tres días, desliz muy hinchado por los medios afines al PP y, en especial, por el propio ex-presidente del gobierno. En concreto, la charla informal entre el periodista y el candidato al finalizar su encuentro formal se desarrolló de la siguiente manera:
Gabilondo: "¿Qué pinta tienen los sondeos que tenéis?"

ZP: "Bien, sin problemas, lo que pasa es que nos conviene que haya tensión (.) Yo voy empezar, a partir de este fin de semana, a dramatizar un poco".

¿Y? ¿Eso es todo? ¿Tanto barullo por tamaña obviedad? ¿Acaso se desvela algo entre líneas que se me escapa? ¿Será que la única arma que tiene la oposición para desarmar a la izquierda pasa por llamar hipócrita a un político, una redundancia clarísima de la que ninguno escapa, y menos ellos?

Dejando de lado las filias y las fobias de cada uno y las múltiples lecturas políticas que puedan desprenderse de este breve comentario, hay una cosa que me interesa bastante del incidente en cuestión y de todas sus consecuencias mediáticas. Resulta que nadie habla de la entrevista pero todos le dedican artículos, editoriales e incluso portadas a las cuatro líneas de ahí arriba. ¿Qué pasa? ¿Que no se dijo nada de interés durante el transcurso de la entrevista?

La respuesta es clara: hoy en día las entrevistas con políticos están todas pactadas de antemano, y por tanto se han reducido a una nueva forma de anuncios televisados. La diferencia entre lo que el candidato cuenta al entrevistador de su confianza y el contenido de sus discursos en mítines o en las propias cuñas publicitarias es nula. La gente busca autenticidad, y todo el mundo es consciente de que la postura del político frente a la cámara es impostada. De ahí que se le otorgue tanta importancia a la charla informal, donde se ve la auténtica cara del candidato. Como el "imbécil" de Bono referido a Tony Blair o el "vaya tostón que les he soltado" de Aznar tras un discurso en el que lo pillaron con el micrófono abierto. Ahora bien, de ahí a que se saquen desmesurados análisis psicológicos del político y que se usen cuatro palabrejas mal contadas para atacarle o para ensarzarle... Posiblemente dicen mucho más sobre la relación de la prensa con la política estos pequeños detalles que todas las informaciones de los bloques oficiales de todos los telediarios juntos.

Visto el estado de la cuestión, uno no puede menos que emular otro off the record famoso dentro del mundo de la política: "¡Manda huevos!"

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Elemental, querido Watson

jueves 18 de octubre de 2007 2:00

"El genetista James Watson afirma que los blancos son más inteligentes que los negros". Así, leído de sopetón, el titular ya es impactante. Pero se queda corto cuando profundizamos en el contenido del artículo, y más si tenemos en cuenta que las palabras vienen de todo un Premio Nobel. Lean sinó cómo utiliza la genética para demostrar que hay que parar las ayudas a los países africanos:
Watson afirma que los negros son menos inteligentes que los blancos. "Todas nuestras políticas sociales están basadas en el hecho de que su inteligencia es la misma que la nuestra, mientras todas las pruebas muestran que no es realmente así", afirma el científico.

No es la primera vez que Watson desata las iras de la comunidad científica y de grupos de derechos civiles. En su día llegó a decir que una mujer debería tener derecho a abortar si los análisis preparto mostraban que su hijo iba a ser homosexual, informa The Independent.

Esta vez, Watson ha dicho, además, que las políticas occidentales hacia los países africanos están basadas en la asunción errónea -a su juicio- de que las personas negras son tan listas como las blancas, a pesar de que las "pruebas" sugieren lo contrario. Watson asegura que los genes responsables de las diferencias de inteligencia entre los humanos podrán ser encontrados en el plazo de una década.

Es decir, que si en África siguen pasando hambre es porque los negros son, encima de pobres, tontos. Lo primero que se me pasa por la cabeza tras leer tan sesudas declaraciones es que lo de haber ganado el Premio Nobel es como ser un agente doble cero: te da licencia, no para matar, pero sí para soltar todas las sandeces del mundo y quedar como un tío serio. Visto así la cosa es cojonuda, porque como reputado geneticista puedes ir de sobrado por la vida y encima los demás no te pueden ni rechistar: a la que se ponen tontos les recuerdas lo del premio y todos callan. Así, si tu cuñado te agobia siempre puedes achacar su pesadez a los genes, y hacer la siguiente observación a la parienta: "mira, mejor que no venga a visitarnos, porque sus genes demuestran sin ninguna duda que es más corto de luces que un negro de Etiopía". O también, cuando estás haciendo cola para cenar en un restaurante de lujo, comentarle al maître con el ceño fruncido: "¿Sabe qué? La terapia genética indica que todos los que van delante mío no son aptos para los suculentos manjares que se sirven en tan selecto establecimiento: mándelos a todos al McDonalds y siénteme a mí en aquella mesa del rincón". Y de este modo ir reafirmando tus convicciones en todas las situaciones que creas conveniente, apoyándote siempre en un montón de pruebas de alto rigor científico que a ver quién es el guapo que refuta.

Lo segundo que se me pasa por la cabeza es que Michael Crichton ha hecho mucho daño en la comunidad científica. Desde que parió una historia sobre cómo con el ADN de la sangre de un mosquito congelado se podía fabricar un Tiranosauro no paran de salir lumbreras que pretenden zanjar con los genes todas las controversias del mundo, en especial las que abarcan el ámbito del comportamiento humano: que si el gen gay, que si el gen asesino, que si el gen triunfador... y así hasta llegar al "gen tonto" que el amigo Watson acaba de descubrir entre la raza negra. A mí modo de ver, y no soy un Premio Nobel, lo único que demuestran los genes a simple vista es que los negros están mejor dotados que los blancos tanto en cuestiones amatorias como en cuestiones atlético-deportivas. Y punto. ¿No será que la mujer de Watson se ha liado con un negro y tras efectuar la pertinente comparación ha decidido dejarlo en la estacada?

Como no poseo el gen de la adivinación de momento me guardo la duda para mí mismo, pero sí me gustaría lanzar una pregunta al científico si algún día lo tuviera cara a cara: ¿no cree usted, como americano que es, que se está jugando la pasta con que la administración puede financiar sus proyectos futuros, sobre todo si el que gana las próximas elecciones a la presidencia de EE.UU. es un tal Obama, negro para más señas? Supongo que me contestaría que de hecho eso mismo refuerza su teoría, pues el ejemplo de Bush deja claro que los tontos son los que más rápido llegan a la Casa Blanca y más tiempo duran como presidentes. Y ahí me has pillado: elemental, querido Watson.

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¿Dónde está Wally?

martes 25 de septiembre de 2007 2:00

Cuando desapareció Madeleine McCann y se montó el circo mediático en torno a su familia, y muy especialmente cuando los periodistas apuntaron directamente a los familiares como presuntos culpables de la muerte de la niña, decidí no hablar de ello en el blog. No porque no crea que sean o no sean culpables, no porque no me interese (relativamente) el caso, ni siquiera porque temiera herir susceptibilidades si me ponía a hacer cachondeo con él. La razón fue mucho más prosaica: detesto seguirle el juego a los muchachos de la prensa, que un buen día deciden armar un revuelo considerable por la desaparición de la niña británica (cuando cada día cientos de infantes desaparecen o mueren en el mundo) y más adelante, comprobando que la cosa vende, deciden explotar la vertiente morbosa de la audiencia criminalizando a los padres, y en especial a la madre (¡qué frialdad en su mirada, por Dios!) para aumentar las ventas. Resultado: todo Dios hablando del tema, muchos señalando a la familia como autora de un crimen que ni siquiera se sabe si se ha cometido (tendría su miga que al final la niña se hubiera caído por un barranco y hubiera estado agonizando durante días mientras el globo se iba hinchando en los telediarios), los niños incluso debatiendo el caso en el patio del colegio.

Así que ignoré olímpicamente el asunto, dándome de paso el gustazo de no colaborar en un debate que, además de repugnancia, me provoca una cierta ira contenida cuando pienso que a cada mención del tema que hacemos aumentamos los ingresos de esos medios de comunicación tan interesados en explotar la noticia. Pero hete aquí que un par de semanas más tarde, todavía no recuperados de los fastos de semejante suceso atroz, nos hallamos de nuevo inmersos en un debate artificioso creado por la prensa para soliviantar la moral del populacho. Me refiero al tan cacareado caso del violador de la Vall d'Hebrón. Para los que no estén informados sobre el particular, simplemente señalar que el violador en cuestión era un tipo que perpetraba sus hazañas en la Barcelona post-olímpica, que fue condenado a más de cien años por sus delitos pero que, por cuestión de la normativa legal, ha salido de nuevo a la calle tras dieciséis temporadas y -¡oh cielos!- sin estar rehabilitado. Con lo cual se teme que vuelva a las andadas en breve y la alarma ciudadana ha corrido como la pólvora. Al principio fueron los que opinaban que las leyes estaban mal hechas y que cualquier criminal de esta calaña debía cumplir su condena íntegra, sin posibilidad de reducción de pena. A los que odiamos el fascismo por principio esta clase de argumentos, que a la larga terminan abocándonos a un estado totalitario, nos dan grima. Pues caemos en la trampa fácil de dejar en manos del que ostenta el poder la división entre "criminales buenos" y "malos". A medio plazo, algún inocente termina palmando por culpa de unas leyes modificadas para rebajar el pánico que genera en la sociedad un caso muy particular y muy mediatizado. Es como lo de "yo no creo en la pena de muerte" pero a los etarras que los ejecuten: muy bien, pero cuando se implante la medida y en cinco años te cargues a uno que pasaba por ahí y que, una vez enterrado, se descubra que no tenía nada que ver con el terrorismo, a ver cómo explicamos la cagada.

Luego vino lo de la castración química y demás medidas "originales" supuestamente orientadas a evitar la reincidencia. A estas alturas el violador de marras ya había adquirido la dimensión de "coco" oficial del mes (¡que viene el coco, que viene el coco!), como en otras épocas lo fueron Bin Laden, De Juana Chaos o cualquiera al que los medios señalaran con el dedo. Yo no voy a defender al violador, para nada, pero me parece un pelín indignante que un tío que se supone ha pagado su deuda con la sociedad y al que la justicia no puede encontrarle ningún motivo para seguir encerrado (siempre según la normativa legal, y ojito con ir modificándola cada dos por tres) vayamos a esperarle con antorchas y piedras a la salida de la penitenciaría, cual monstruo de Frankenstein fugado del castillo. Me parece bien que temamos que reincida, pero no hace falta ser muy perspicaz para suponer que las fuerzas del orden tratarán de controlar la salida del susodicho con las suficientes garantías, por la cuenta que les trae. En todo caso, no todo vale con tal de poner la tirita antes que la herida: se me antoja bastante pernicioso acojonar a la gente desde la palestra pública y someter a presión a un ex-delincuente, que a la que reincida o a la que lo maten un día por la calle, todo serán clamores por la inseguridad ciudadana y por la paranoia reinante. Sin caer en la cuenta que tanto la inseguridad como la paranoia han sido amplificadas de forma descontrolada por los muchachos de la prensa.

El último capítulo en este tema ya borda el esperpento: ayer se publicó la noticia de que la policía había trasladado al violador a tierras andaluzas. Siempre supuestamente, claro. Supongo que aquí de lo que se trataba era de, además de seguir manteniendo la dichosa alarma social para mantener las ventas, iniciar un debate del tipo "los catalanes se lo quitan de encima y nos lo cuelan a nosotros". Pues bien, hoy ya veía en el noticiario que el Defensor del Pueblo andaluz ya va pidiendo datos sobre el asunto con vistas a rebotar al delincuente hacia otra provincia, no sea que nos viole a una moza y ya la tengamos liada. ¿Antes dije que me daba asco este tipo de noticias mediatizadas? Pues me quedé corto. Que lo maten ya, hombre, y así nos ahorran la "alarma social" de las narices...

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Cuando opinar es lo correcto

lunes 3 de septiembre de 2007 2:00

Un hombre llamado Martin Niemöller dijo una vez lo siguiente:
Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas,
guardé silencio,
porque yo no era comunista,

Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,
guardé silencio,
porque yo no era socialdemócrata,

Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,
no protesté,
porque yo no era sindicalista,

Cuando vinieron a buscar a los judíos,
no protesté,
porque yo no era judío,

Cuando vinieron a buscarme,
no había nadie más que pudiera protestar.

Últimamente me vienen a la cabeza estas palabras muy a menudo, usualmente cuando sigo un debate sobre temas candentes o me empapo de polémicas a mi juicio estériles a cargo de los tertulianos de moda. Digo bien a mi juicio, pues el fervor con el que los opinadores suelen enzarzarse en sus diatribas dialécticas me hace suponer que para ellos es cuestión de vida o muerte, o al menos lo teatralizan así de cara a la galería. Cuando uno se ha pasado toda la vida aplicando el vive y deja vivir como leitmotiv, resulta extraño intentar asimilar que haya gente tan emperrada en pelearse por cuestiones que a mis ojos parecen nimias. Siempre he creído que estas batallas carecían de sentido y que el único motivo por el que en la mayoría de las ocasiones se exalta a las masas es para satisfacer las agendas ocultas de los que se mueven entre bambalinas. Pero entonces me acuerdo de las palabras de Niemöller (no sé dónde carajo las he leído hace poco pero no me las quito de la cabeza) y me lo replanteo en parte.

En economía hablaban del 'efecto free-rider' cuando se referían al sujeto que se beneficiaba de los esfuerzos de la sociedad sin pegar palo al agua. Clásicamente, el tío que no va a votar porque no le interesa la política pero al que le va de narices que los demás hayan elegido a un alcalde que le ha asfaltado la acera de su barrio. Digámosolo claro: yo soy este free-rider, este gorrón social al que se la soplan la mayoría de debates de actualidad pero que comprende que gracias a ellos su vida en parte mejora y por ello ya le está bien que los demás se maten por defender sus ideales. ¿Cínico? Tal vez, pero mientras me siga yendo razonablemente bien no veo porqué debería cambiar mis postulados éticos.

Y ahí es cuando aparece Niemöller y me jode la marrana, pues comprendo que si el mundo estuviera lleno de sujetos como yo se convertiría en una cloaca infecta en un tiempo récord. En realidad es imposible permanecer ajeno a lo que nos rodea, y supongo que no sólo está bien sino que es incluso necesario tener una opinión acerca de los temas que centran los debates mediáticos hoy en día. Y por un momento casi casi me solidarizo con los protagonistas de las enfervorizadas discusiones que sigo a diario en prensa, radio y televisión. Diría incluso que posicionarse es un deber ético que tenemos todos como miembros de un colectivo.

Pero en el fondo sé que hay algo que falla en el razonamiento, y sólo se me ocurre una cosa: si realmente es éticamente correcto tomar partido en los temas de trascendencia y sin embargo por lo que parece no soy el único al que le cuesta movilizarse cuando surgen, tal vez sea que los temas que centran los debates ideológicos ahí fuera no sean los correctos. Tal vez nos vengan impuestos de forma predeterminada para desviar la atención de lo que deberían ser las auténticas discusiones trascendentales. Tal vez alguien más oyó las palabras de Niemöller y pensó que podía utilizarlas en beneficio propio creando polémicas que serían seguidas por millones y que en realidad sólo servirían para encubrir otras cuestiones más vitales. Tal vez es por eso que las discusiones me siguen sonando a triviales y que los tertulianos me siguen pareciendo actores de teatro que impostan a la perfección unos papeles que les son ajenos. Tal vez por eso sé que obro mal pero en el fondo me siento tan bien.

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Por sus rajadas los conocerás

martes 28 de agosto de 2007 2:00

En la vida se puede ser un fanfarrón o no. Cuando nos miramos al espejo todos sabemos de qué pie cojeamos y cuáles son nuestras virtudes y nuestros defectos, pero la cuestión es vender una imagen ciento por ciento positiva al resto de la parroquia, no sea que alguno detecte nuestras inseguridades y se cebe con ellas hasta hundirnos en la miseria. Así pues, muchos ponen el énfasis en sus aspectos positivos y construyen una descomunal campaña de marketing con vistas a venderse lo mejor posible, y aunque los hay muy hábiles que consiguen embaucar al personal, lo normal es que a esta clase de sujetos se les cale a la legua. Son los típicos que van fardando de lo buena que está su mujer, de lo cachas que están ellos, de lo bien que se lo pasan en verano, del magnífico trabajo que tienen o de los metros cuadrados de su vivienda y del cubicaje de su coche deportivo. En un primer momento sus argumentos cuelan, pero a la que se los conoce un poco mejor la imagen inmaculada se desmorona como un castillo de naipes y al final se les etiqueta como "fantasmas". En el fondo responden al viejo dicho de "dime de lo que presumes y te diré de lo que careces".

Mucho más divertido sin embargo resulta identificar a los que usan la estrategia opuesta: en vez de autoalabarse en público, esta segunda clase de individuos suelen optar por criticar al prójimo. Claro, como en principio no hablan sobre sí mismos, uno tiende a creer que son tipos sencillos y con el grado justo de autoestima. Pero a medida que se van desgranando las conversaciones, el interlocutor avispado poco a poco detecta que el sujeto suele criticar a los demás sin contemplaciones y con bastante frecuencia. Que si éste es un fantoche, que si el otro no tiene un duro, que si mira que tonta es la novia de aquél, etcétera. En estos casos el dicho a aplicar sería más bien el de "por sus rajadas los conocerás", puesto que suelen minusvalorar en los demás lo que ellos quisieran tener pero que no pueden alcanzar por un motivo u otro. Así, el que no dispone de fondos se meterá con la opulencia del vecino, que sin duda será falsa y para aparentar o que, en caso de ser auténtica, en realidad no ocultará la pobreza intelectual o cualquier otro aspecto esencial de su vida. El que es feo criticará lo cachas que está aquél o los ojos azules del otro aduciendo que lo que cuenta es el intelecto. Y así con todos.

Dentro de este segundo grupo hay un subapartado de individuos, que son los que machacan a sus conocidos por comparación. Si ellos están delgados, se meten con los gordos. Si ellos tienen pelo, se meten con los calvos. Si ellos tienen pasta, se meten con los que no llegan a fin de mes. Si ellos tienen una novia guapa, se meten con los que tienen una fea. Si ellos leen a Kant, se meten con los que se compran "El Código Da Vinci". En el fondo hacen gala de las mismas inseguridades que el primer subgrupo, pero en un sentido inverso. Sin embargo, el objetivo es el mismo: mientras los "fantasmas" se autoelevan a sí mismos para situarse por encima de los demás, los segundos (pertenezcan al subgrupo que pertenezcan) infravaloran al resto para ganar altura por comparación.

Últimamente me dedico a practicar un escrutinio interno a mis interlocutores a medida que se suceden nuestras conversaciones, y a estas alturas diría que incluso he desarrollado un sexto sentido que me permite reconocer exactamente a qué tipología pertenece cada uno de ellos en función de comentarios que van soltando al azar. Me enorgullecería de ser un tipo que cala a la gente a la primera si no fuera porque, siguiendo mis mismos razonamientos, estaría alardeando de algo que pondría al descubierto una de mis carencias fundamentales.

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Hacia un mundo virtual

jueves 12 de julio de 2007 2:01

...y de nuevo un post tecnológico (menuda semanita que llevo: mañana vuelvo a hablar de la cría del batracio australiano). Pero es que me ha gustado mucho la noticia de que Microsoft quiere convertirse en una empresa de software y servicios. No me lo tengan en cuenta: soy un geek tecnológico y mi amor por Bill Gates es ilimitado, como todo el mundo ya sabrá a estas alturas. Pero quédense con el apéndice "y servicios", que es el importante. Tal y como lo cuentan en la fuente original:
Tanto el consejero delegado, Steven Ballmer, como el director mundial de operaciones de Microsoft, Kevin Turner, confirmaron ante más de 8.000 socios procedentes de 130 países que la compañía va a transformarse en un negocio de software y servicios y que no hay marcha atrás en esa estrategia a pesar de las reticencias de muchos.

"La evolución del modelo informático pasa por la estrategia de software y servicios" dijo Ballmer quien también rechazó la idea de que en el futuro las aplicaciones serán ejecutadas en internet en vez de en los equipos locales, una estrategia fomentada por Google.

Vale, parémonos aquí. "Estrategia fomentada por Google" no es un añadido al azar. A quien piense que Linux y su software libre es el competidor natural de Microsoft déjeme que le abra los ojos: al verdadero enemigo en Redmond lo ven con letras de colorines y responde al nombre de Google. Piénsenlo por un momento: Google actualmente les ofrece gratis un servicio de correo electrónico y de sus contactos, uno de mensajería instantánea, uno de gestión de documentos en línea, uno de agenda virtual, uno de localización de mapas, un gestor de vídeos, un creador de páginas web, un administrador de fotografías, un lector de noticias RSS, un creador de blogs, y está desarrollando una red social que englobe una multitud de nuevos servicios, amén de toda una serie de tecnologías actualmente en pruebas en el famoso Google Labs. ¿Y cómo se le llama a todo esto? Efectivamente, estamos ante un sistema operativo con todas las de la ley, sólo que virtual. A partir de ahora, cuando alguien les hable de la web 2.0 ya sabrán lo que es.

Si a esto sumamos la irrupción de los auténticos sistemas operativos on-line (de los que ya hablé en mi último post sobre Firefox) que se están gestando en la actualidad, comprenderemos porqué el gigante de Redmond finalmente ha comprendido que debe cambiar su estrategia, máxime cuando a su principal rival le va de maravillas sin apenas haber creado más que una aplicación dedicada propiamente al escritorio del ordenador físico. Ya puede repetir Ballmer mil veces que el futuro no pasa por alejarse de los equipos locales que la realidad, a cada día que pasa, se encarga de contradecirle con el número de servicios on-line que van surgiendo hasta debajo de las piedras y, sobre todo, con una menguante cuenta de explotación.

No se dejen engatusar por las supuestas despampanantes cifras de venta de Windows Vista que Gates y sus secuaces van publicando por todos los rincones de las webs tecnológicas: a nadie se le escapa que la última apuesta de Microsoft dista de ser un éxito de público y que los usuarios que lo han probado no paran de echar pestes sobre el sistema operativo en cuestión. Estando así las cosas, con Linux apretando desde el lado del escritorio local y Google alejándose por el horizonte en el mundo del escritorio virtual (no hablemos ya de Apple y sus equipos de diseño), a Microsoft sólo le queda una opción: lanzarse como un desesperado a la conquista de la web 2.0. De momento viene presentando Office Live desde hace ya un tiempo pero por ahora no son muchos los que llaman a su puerta, básicamente por sus restricciones supongo (ese obligado uso de Windows y de su IE... ¡nunca aprenderán!). El tiempo dirá si han llegado tarde a la carrera o si aún hay esperanza para que el actual rey de la tecnología presente sea también el rey de la futura.

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Liberalismo mal entendido

jueves 24 de mayo de 2007 2:00

Últimamente oigo hablar mucho de liberalismo, ya sea en blogs, en conversaciones de bar o en tertulias radiofónicas. De un tiempo a esta parte los liberales salen de debajo de las piedras y como sé que por esta página de tanto en tanto se deja caer alguno me gustaría iniciar un debate sobre el particular, como puro intercambio de ideas y sin radicalizaciones extremistas (tanto de un bando como del otro). Si nos atenemos a lo que dice la Wikipedia:
El liberalismo es una corriente de pensamiento filosófico, social, económico y de acción política, que promueve las libertades civiles y el máximo límite al poder coactivo de los gobiernos sobre los seres humanos. Aboga principalmente por:

* El desarrollo de las libertades individuales y, a partir de ésta, el progreso de la sociedad.
* El establecimiento de un Estado de Derecho, en el que todos los seres humanos, incluyendo aquellos que en cada momento formen parte del Gobierno y estén sometidos al mismo marco mínimo de leyes.

En pocas palabras, laissez-faire et laissez-passer, que diría aquél. Que el mercado imponga su ley y la sociedad ya se las apañará para encajar en tan draconianas normas. Sobre todo, que no se le ocurra al gobierno de turno intervenir absolutamente en nada puesto que las leyes de mercado se encargarán ellas solitas de corregir nuestras desviaciones, echando a los individuos no-eficientes del grupo y por tanto obligándoles a ponerse las pilas. Cierto es que la propia doctrina liberal aboga por una mínima intervención estatal cuando todos los demás mecanismos fallan, pero este punto crucial suelen olvidarlo la mayoría de los que se apuntan a tal corriente, cuando no opinan directamente que los fallos del sistema no deben considerarse como tales, sinó más bien como autoregulaciones promovidas por factores externos.

En principio yo me apunto a la movida sin problemas, pero cada vez que me animo me surgen dudas por doquier y encuentro que el transatlántico liberal hace aguas por los cuatro lados y se me acaba convirtiendo en una miserable patera. Porque veamos, si un tío es un cenutrio y por tanto el mercado le asigna un sueldo de cenutrio, ¿no estamos perpetuando el problema en vez de resolverlo? Asumir que el cenutrio se esforzará por serlo un poco menos en aras de mejorar económicamente no me vale como argumento, puesto que su propia condición de cenutrio le imposibilitará ver la problemática a la que se enfrenta. Ergo, a la larga tendremos un inmenso ghetto de cenutrios donde se ubicarán los desposeídos del sistema. Y así se irán generando grupos sociales de marginados que jamás lograrán entrar en la rueda. Digo yo, ojo. Y si esto es así, ¿qué hacemos con ellos? ¿Esperamos a que las leyes Malthusianas hagan su efecto y se extingan por su propia incapacidad? ¿Los liquidamos por la vía rápida para que no molesten al resto de sujetos integrados? ¿No sería mejor dejar que el Estado intervenga en pos de la escolarización del cenutrio? El intervencionismo estatal me repatea el hígado como al que más pero, caramba, considero que hay casos en los que es inevitable.

Con todo, lo que más me molesta del liberalismo es que a la larga acaba engendrando monopolios, como bien sostiene el siempre genial Gordo de mierda (cuya entrada de ayer me inspira la de hoy). Lógico, el que elabore el producto / servicio más eficiente será el que se lleve el gato al agua en un mercado de competencia perfecta. El problema es que, a la larga, a la que tenga a todos los clientes pillados por las pelotas su supremacía de facto le permitirá marcar sus (¿abusivas?) normas para la clientela, generando un nuevo estado de competencia imperfecta. Sí, ya sé, con el tiempo alguien logrará ofrecer una alternativa eficiente que le dé la vuelta a la tortilla, todo Microsoft tiene su Linux y "la mano invisible" de Adam Smith se encargará de redistribuir las fuerzas. Pero no me vale. No me vale porque "con el tiempo" es un periodo demasiado abstracto y yo ya llevo demasiados años sufriendo la ineficiencia de Telefónica. Carezco de paciencia, sé que éste es uno de mis defectos.

Mas tampoco el intervencionismo, por mínimo que sea, queda libre de defectos, más bien al contrario. Actualmente en este país suelen levantarse bastantes voces por parte de la derecha en contra de las medidas que la izquierda adopta para controlar, por poner un ejemplo, los mercados bursátiles. El fenómeno tampoco es reciente ni patrimonio de los partidos de derechas: en la anterior etapa los que se quejaban eran los de la izquierda, y es que las medidas de cada gobierno tienen el defecto de verse sometidas a los intereses, amiguismos y servidumbres del que manda. Difícilmente se tratará de medidas ecuánimes e imparciales. Pero en todo caso me parece a mí que siempre será más fácil controlar al ejecutivo de turno que a los poderes económicos globales. Prueben a presentar una denuncia contra una multinacional y ya verán lo que pasa. A los políticos corruptos, por lo menos, se les multa y se les mete en la cárcel.

Así pues, amigos liberales, les espero en los comentarios para que den respuesta a tal dilema: ¿admiten ustedes la necesidad de un cierto intervencionismo estatal? Si es así, ¿en qué grado?

Siempre suyo,

un aspirante a liberal no del todo convencido

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Famosos Anónimos, S.A.

martes 15 de mayo de 2007 15:40

Anda que no me he reído con el asunto éste de Walter B que ha aparecido como noticia en varios blogs tecnológicos. Resumiendo, el foro enlazado aquí arriba corresponde a uno de los muchos que se pueden encontrar por el portal cinematográfico de referencia Ain't It Cool News que un servidor visita con frecuencia. En el mismo se debate sobre la presunta calidad de La Jungla 4, última entrega de la saga Die Hard de próximo estreno este verano. Allí dentro encontramos las típicas opiniones de los forofos del ya mal llamado séptimo arte, algunos esperando ansiosamente la película y otros echando pestes sobre ella por los más diversos motivos. La cuestión es que en un momento dado surge un sujeto de nombre Walter B. que empieza a defenderla a ultranza, basándose en presuntas informaciones sacadas del mismo rodaje, lo cual levanta las suspicacias del personal ante tal alud de datos de primera mano. Así que, como puede ocurrir en un foro futbolero cualquiera, le increpan hasta lograr sacarle de sus casillas y al final el tipo decide cantar de plano: "Walter B" equivale a Walter Bruce Williamson, es decir, que se trataba ni más ni menos que del mismísimo Bruce Willis repartiendo leches al más puro estilo McClane sólo que a través de internet.

Como ni por ésas la gente tragaba, al final hubo que montar un chat en directo con los tertulianos para corroborar la identidad del susdodicho y lo cierto es que todos debieron cagarse directamente en los pantalones cuando lo que les salió por pantalla fue esto:


A partir de ahí el tono de los mensajillos del foro empieza a cambiar, del cachondeíto se pasa a la autohumillación, a pedir perdón y a comenzar a loar las virtudes del actor y del film, como no podía ser de otro modo en tales circunstancias. Como decía, me he partido el pecho leyendo el hilo de mensajes y, dada mi inclinación a la maligna asociación de ideas, no he podido menos que imaginarme lo mismo pero trasladado a nuestra blogosfera. Es obvio que Willis no se pasará por aquí en su vida, pero lo que sí tengo claro es que en muchos de los blogs que frecuento (y aquí la mayoría venimos del mismo) podemos encontrar, camuflados bajo sus nicknames y los más extravagantes avatares, algunos personajes conocidos que se dedican a navegar por la red con el fin de ver qué opina el populacho de los temas en los que ellos andan metidos. Lógico, por otra parte, pues se trata del mejor sistema para debatir anónimamente y en tercera persona sobre las motivaciones que impulsan al famoso a adoptar sus decisiones. Me juego el cuello a que muchos de los comentarios que leemos a lo largo y ancho de la blogosfera provienen de personajes famosillos y ansío ver el día en que alguno de ellos se quite la careta "a lo Bruce", más que nada para comprobar in situ cuál es la reacción de los contertulios al descubrir que el tipo al que se ha ninguneado por internet es en realidad un ídolo de masas.

Quizás por ello me guste tanto esta historia de los blogs, por ser tan democrática. Aquí no importa lo rico e importante que uno pueda llegar a ser en el mundo real: si sueltas alguna burrada, los de tu lado se chotearán de ti sin piedad hasta dejarte a la altura del betún. Y no todos tienen el ego tan hinchado como Willis o simplemente la jeta de decir "¿Ah, sí? ¡Pues a ver si me lo dices a la cara!" para conseguir quedarse con la parroquia. Más de uno habrá hecho mutis por el foro y se habrá largado con el rabo entre las piernas. De todas formas, no deja de ser curioso que mientras que la mayoría de mortales intenta trasladar a internet una imagen suya más acorde con los cánones que imperan en la moda, el cine y tal, los propios protagonistas y creadores e tendencias acuden a la red para, precisamente, confundirse con el vulgo y sentirse como uno más de la tropa. Suena paradójico, pero demuestra que todos buscamos lo que no tenemos e internet parece ser el medio que transforma nuestros deseos en realidad.

Por cierto, ¿algún famoso en la sala?

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Periodistas Sagaces

jueves 10 de mayo de 2007 15:23

Miren, yo llevo un blog de entrada diaria. Mentiría si dijera que no hay días en los que desistiría de redactar el post cotidiano si no fuera porque les tengo aprecio a ustedes, queridos lectores. No se imaginan la cantidad de veces que me he encontrado frente a lo que algunos denominan "el bloqueo del escritor" (espero que no haya sonado presuntuoso), entendiendo por ello el contemplar la pantalla en blanco y no tener ni puñetera idea del tema sobre el que se va a escribir. A veces tengo la tentación de hacer como en mi Tumblelog: colgar un vídeo con cuatro líneas y hacer mutis por el foro. Después de todo, no cae tan lejos de lo que hace la mayoría de la gente en la blogosfera cuando se han quedado sin anécdotas personales que contar y no tienen demasiadas ganas de inventarse alguna trola, que sólo servirá para darse autobombo frente a la clientela. Un caso típico es el del bloguero que hace unos cuantos días que no postea, se da cuenta de que el nivel de visitas va bajando y entonces va y corta y pega una letra de una canción con el título de "Mi preferida". Los comentarios suelen ser del tipo: "¡qué profunda!", "¡cómo mola!" y tal, pero bueno, a tal calidad de entradas tal calidad de comentaristas.

Pero como decía, yo llevo un blog. No soy periodista y nadie me paga por soltar mis sandeces en esta página, así que aun en el caso de que algún día optara por estas sucias estrategias lo cierto es que nadie podría recriminármelo. Después de todo, si a alguien no le gusta no tiene más que dejar de visitarme y listos, así de fácil. Como sé lo que cuesta sacar temáticas originales y con un mínimo de creatividad para que la gente pierda un par de minutos de su tiempo leyéndolas y en el mejor de los casos un par de minutos adicionales comentándolas, no vean cómo me molesta coger el periódico y encontrarme artículos inútiles que sólo sirven para rellenar página y para cobrar el tanto por noticia que el periodista en cuestión se embolsa en función de la cantidad de material que entrega. Ahora mismo no sabría decirles un ejemplo concreto si bien me topo con esta clase de noticias en mil sitios. Un vulgar rastreo por internet me obsequia con algún que otro ejemplo que ilustra más o menos el fenómeno: More TV time means worse school performance reza un "impactante" titular extraído de la agencia Reuters, y que se basa en un estudio de estos que se fabrican por doquier en nuestra época. ¿De verdad que ver mucho la tele perjudica los estudios de los jóvenes? ¡No jodan! Les sugiero otro: hagan lo mismo pero esta vez tomen como materia de estudio el jugar a la Play, el emborracharse durante el fin de semana o el tener más de una novia. Si los resultados del artículo les han sorprendido, aguarden a ver lo que les espera con mis propuestas...

Nótese como aquí el descaro es por partida doble, pues por un lado está el que cobra por elaborar un estudio básicamente inútil, y por el otro tenemos al sagaz periodista al que pagan por artículo entregado y que, rebuscando entre la basura en uno de estos días de nula inspiración, encuentra semejante prodigio de la ciencia y le da un toque sofisticado para después colárselo a una de las mayores agencias de noticias del mundo. Jugada redonda. Ya sé que es la ley del dinero, que si no se redactan un mínimo de artículos no se llenan las páginas de un periódico y no se ingresa lo suficiente para pagar a proveedores y trabajadores pero, caramba, en teoría son profesionales, ¿no? Sí, vale, aquí no entran los plumillas ilustres que escriben desde su casa de retiro y que tienen la máquina de escribir (éstos no usan nunca ordenador, que queda cutre) frente a una ventana con vistas al mar, sinó los becarios que cobran cuatro perras por un trabajo mal hecho. Pero si yo cobrase por lo que hago (aunque fuera poco) les aseguro que me tomaría esto mucho más en serio y dedicaria no menos de una hora para pulir las cuatro líneas que aquí les dejo. Por tanto, ¿es mucho pedir a los que se ganan la vida con el periodismo que se lo curren un poquito? Aunque sólo sea un poco, leñe.

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¿Está Maragall gagá?

miércoles 9 de mayo de 2007 12:42

Pues al final se lo han cargado. Bueno, el titular dice textualmente que Montilla aceptó la dimisión de Martínez Fraile por insultos a Maragall, pero en realidad todos sabemos que se trata de un eufemismo para no expresar lo obvio: que ha sido objeto de cese fulminante. Para los que no sepan de qué va el cotarro, acto seguido reproduzco las palabras del ya ex-delegado de la Generalitat en Madrid. Juzguen ustedes si son merecedoras de tal sanción o no:
"Es una cosa que desde el punto de vista humano para mí es muy triste. Pienso que una persona que dice estas cosas quiere decir que está un poco enfermo en este momento, por lo que prefiero no comentarlo", afirmó, para luego añadir que "no se entiende que una persona diga esto si no es que se encuentra en una situación no muy adecuada física y psicológicamente".
Fraile se refería a unas declaraciones de la semana pasada del ex-President de la Generalitat en las que aseguraba arrepentirse de haber iniciado el proceso estatutario catalán y en las que ponía como modelo a seguir las relaciones CiU-PSOE y CiU-PP de las últimas décadas, además de declarar que lo máximo a lo que pueden aspirar España y Catalunya es a "soportarse educadamente".

No voy a entrar a valorar las declaraciones de Maragall ni las de Martínez Fraile, salvo el hecho de que yo sí creo que son merecedoras de despido, pues se está faltando gravemente a un alto cargo político del propio partido en público. Vamos, que si esto lo llega a decir alguien de CiU o del PP lo mandan a los tribunales (y si puede ser a la cárcel) sin pasar por la casilla de salida. Por suerte en este blog no somos militantes de ningún partido político por lo que podemos opinar sobre la salud mental de Maragall sin problemas (salvo las querellas que el ínclito va lanzando contra cualquier bloguero que ose calumniar su buen nombre, así que habrá que andarse con pies de plomo; pero bueno, si hace una semana nos metimos con el Rey...). Y es que el asunto ya empieza a oler un poco: al principio fueron las sospechas de que deambulaba beodo por la vida, más adelante se acuñó el término Maragallada para describir las salidas de tono del susodicho y ahora poco menos que se le acusa de padecer Alzheimer. Y digo yo: joder, tantos comentarios no pueden ser casualidad, ¿verdad?

Bien, siendo sincero creo que se trata de exageraciones maliciosas que la oposición y algunos medios de comunicación con intereses ocultos van propagando a los cuatro vientos aprovechando la pinta de despistado que se gasta Maragall, pero me gustaría aprovechar la ocasión para especular un poco: supongamos que, efectivamente, elegimos a un presidente del gobierno que esté de facto como una puta cabra. No me refiero a un Chávez patrio, sinó más bien a alguien tipo el Rey Jorge III de Inglaterra, estupendamente inmortalizado por el difunto Sir Nigel Hawthorne en "La Locura del Rey Jorge". Imaginen a un tío que aprobara o denegara leyes, decretos y estatutos en función de si ese día los tornillos los tenía sujetos o no, que nombrara a miembros del poder legislativo o los destituyera sin razón aparente, que emitiera frases en contra de las leyes proclamadas por el propio ejecutivo al más puro estilo Aznar y su cruzada pro-alcohol, que legalizara o ilegalizara partidos según sus (¿in?)fundadas sospechas de incitación al terrorismo, que cambiara los decretos de Educación cada cuatro años de forma que los colegios públicos ya no supieran qué plan de estudios aplicar, que interviniera en las operaciones bursátiles para jorobar a quien las iniciara en función de si fuera o no amigo suyo, que recibiera sobornos por dejar edificar en el litoral del país y cerrara los ojos ante cualquier delito ecológico, que marease la perdiz con unos papelotes de Salamanca, que prometiese un tren de alta velocidad y éste no llegara hasta dos décadas después y a velocidad de tortuga, que capara las alas de uno de los aeropuertos más importantes del país sólo para beneficiar a sus amigotes, que aprobase y aboliera decretos hidrológicos en plan esquizofrénico, que nos mandase con mentiras a una guerra a Irak para retirar las tropas al cabo de un tiempo y justo cuando más falta hacían, etcétera...

Convendrán conmigo que al tipo que así obrara se le podría aplicar el término "estar como un cencerro" sin ninguna clase de problemas, ¿no? Pues bien, como habrán observado, la enumeración (escogida al azar) de las hazañas arriba descritas no es más que un pequeño compendio de lo que todos nuestros líderes políticos, fuesen del bando que fueran, han ido perpetrando a lo largo de los últimos lustros. Visto así en perspectiva, casi diría que Maragall parece el más cuerdo de todos, o como mínimo el más sincero. En todo caso, la viva imagen de alguien que ya está de vuelta de todo y al que le importa bien poco el ser políticamente correcto.

Y ahora volvamos al tema de ayer, que es el que me ha llevado al de hoy. ¿A qué dicen que se debe el alto grado de abstención en este país?

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Feliz Cumpleaños

miércoles 4 de abril de 2007 0:00

Por si alguien no se había enterado, este mes se cumplen diez años del nacimiento de los blogs. Casi nadie recuerda lo que era internet antes de la aparición de este curioso invento, hoy en día la piedra filosofal alrededor de la cual nos movemos los internautas. Creo que hasta la popularización del fenómeno blog la gente solía entrar en internet para buscar sexo: primero en páginas porno, luego vía chat y finalmente con ayuda de las webcams. Pero será que la cosa no resultaba del todo satisfactoria o que el onanismo está sobrevalorado (como tantas otras cosas), porque la cuestión es que a los navegantes les faltaba algo que les llenase cuando conectaban el módem. Como el mal de nuestra sociedad es que nadie se relaciona con nadie de forma sincera, de repente muchos vieron en los blogs una forma de expresar sus auténticos pensamientos y muchos otros volaron a ellos en pos de relaciones artificiales pero sinceras, pues de este último tipo no abundan precisamente en el mundo real. La gente seguía buscando sexo, sí, pero ahora el principal motivo para conectarse a internet era repasar su cartilla de blogs, ya fuera vía RSS o mediante contacto directo. Bueno, eso y piratear películas y música, pero esto ya es otra historia.

Yo me enganché a esto por probar. En algún recóndito lugar de internet descubrí que existían y como siempre tuve vocación de escritor frustrado decidí inaugurar el invento con una mininovela de misterio y ciencia-ficción. Una porquería, dicho sea de paso, pero un experimento interesante que me dejó con ganas de probar más. Para saciar mi sed, y al ver claro que como escritor no me ganaría el pan, pasé a una faceta más modesta: la de articulista de variedades, otra de mis debilidades desde tiempos inmemoriales. Fue así como abrí un nuevo blog (inicialmente titulado "Pensamientos Superficiales") y comencé a vomitar todas las chorradas que se me pasaban por la mente sin orden ni concierto. La única máxima era que debía imperativamente redactar un post diario (más adelante obvié los domingos debido a la escasez de visitas) y así me autoimpuse una férrea disciplina que no he abandonado hasta el día de hoy. Por el camino hubo varios cambios de dominio (para desespero de los cuatro lectores que me siguen), de plantillas (para agonía de los mismos) y la apertura de nuevos blogs de existencia efímera. Una recopilación de todas mis tonterías la pueden ustedes encontrar por estos lares, y aún hoy se me hace divertido repasar algunos de mis primeros escritos (qué prosa más mala, qué falta de ideas, pero cuánta ilusión). Es divertido releer el camino recorrido, ver los que se han apuntado a lo largo del tiempo y los que cayeron en el olvido.

Ahora (dice el artículo de El País) hay empresas que pagan para que los bloggers más influyentes escriban sus posts en función de los intereses del pagador. Vamos, que en diez años los blogs se han convertido en una especie de quinto poder, siempre a la sombra del cuarto (la prensa) pero influyendo en las nuevas generaciones de tal forma que ya empiezan a corromperse, al igual que los periódicos convencionales. ¿Líneas editoriales blogueras? Puede ser, pero no es mi rollo. Precisamente yo acudí a la blogosfera buscando independencia, y desde luego la he encontrado en muchos rincones. De hecho, ésos son los blogs que más sigo, y los únicos que seguiré hasta que me dé de baja. Por mi parte, aquí no hay ni publicidad ni mandangas varias que me hagan susceptible de ser comprado por nadie (cosa harto difícil, pues nos hallamos a años luz del epicentro del interés blogosférico). Pero si hay algo que siempre encontrarán en mi página es sinceridad, ánimo de entretener y fidelidad. Hasta el día en que me parta un rayo o que termine por arrojar la toalla.

Así que lo de la búsqueda de sexo internauta de los comienzos no era más que eso... un ansia reprimida por intercambiar ideas y relacionarse con el prójimo. ¿Cómo lo ven? A lo peor no. Lo ignoro, pero este post me pareció una bonita forma de conmemorar el aniversario.

Siempre a su servicio, para lo que gusten. ¿Seguimos relacionándonos?

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Comunidades virtuales

miércoles 7 de marzo de 2007 0:02

Escribe Juliana Boersner en una muy interesante entrada de su blog que le gustaría sondear la posibilidad de crear alguna comunidad virtual en función de temáticas de interés convergentes. Según ella, gracias al feedback que se genera con sus lectores va descubriendo nuevos blogs y se da cuenta de que son muchos los que comparten las mismas temáticas de interés. En realidad lo expresa de otro modo pero creo que el sentido es el mismo:
Hablé de dos causas o más bien debería decir de dos síntomas: a) cómo darle voz a los lectores que aportan ideas que enriquecen los temas sobre los cuáles escribo y b) cómo incorporo a este espacio, las voces de aquellos que, desde afuera, es decir, desde sus propias bitácoras escriben sobre los mismos temas. Es casi la pregunta que podríamos hacernos en el mundo cotidiano: ¿dónde conversamos? ¿En tu casa o en la mía? ¿Vamos al café o al parque?
Ignoro si será cuestión de telepatía bloguera pero justamente el otro día estaba yo pensando en crear un blog colectivo de temática fija en el que desarrollar ideas conjuntas, sobre todo teniendo en cuenta que ya formamos una comunidad más o menos considerable. Hasta ahora lo habíamos intentado en coña (recuerdo con añoranza el ya extinto Palenzuelablog --¿dónde carajo fue a parar, por cierto? ¿Un ataque del Blogger Beta?--), y viendo el potencial de ciertos experimentos surrealistas como el Palacete de Subcommander y la ingente cantidad de comentarios que se generan en algunos blogs creo que aquí hay potencial para montar algo en serio. Bueno, como yo siempre ando montando y desmontando blogs y plantillas me parece normal que piense en estas cosas, los demás deduzco que son gente más normal y comedida.

¿Cuáles son las ventajas de disponer de un espacio colectivo para plasmar ideas sobre cualquier tema? Varias: primero, dar voz a todos los que quieran expresar sus opiniones, sin que éstas se pierdan en una marea de comentarios a pie de página. Para los que no tienen blog, además, se trata de una buena oportunidad para escribir algo de cierta enjundia sin necesidad de tener que abrirse su espacio personal (con la pérdida de horas que entraña la dedicación a una página de este tipo). Para los que ya disponen de blog, una forma de cambiar de estilo y de temática e incluso una manera indirecta de aumentar las visitas a la propia página si el blog colectivo tiene éxito.

Ocurre que al final siempre me desmotivo por falta de ideas sobre la temática de esta teórica comunidad virtual, y porque esta clase de experimentos a medio plazo suelen perder fuelle, por mucha ilusión que se les ponga al principio. Y si uno se fija en la temática predominante en este tipo de blogs se encuentra con que en nueve de cada diez casos van sobre informática, que no es precisamente el área que más dominamos por aquí. Con lo que, como el experimento difícilmente acabaría cuajando, de momento mejor aparcar la idea a la espera de que a alguien le llegue la inspiración. Sin embargo, sí que es cierto que la blogosfera va evolucionando y que lo que en principio eran páginas aisladas con individuos yendo a su bola y contando lo primero que se les pasaba por la cabeza poco a poco van modelando sus contenidos adecuándolos a su audiencia y, paso a paso, formando pequeñas comunidades que a veces confluyen en un blog compartido y a veces en una red de webs personales de gente próxima en el ciberespacio aunque a millones de kilómetros el uno del otro.

Boersner plantea que a lo mejor es que estamos pasando de la web 2.0 a la 2.5. No sé, quizás algún día logremos montar esa famosa reunión para tomar patatas bravas y, rizando el rizo, decidamos durante la ingesta colectiva que finalmente podríamos, entre todos, montar aunque sea un tumblelog y así cerramos el círculo. En días como hoy ciertamente siento que vamos hacia algún lugar, aunque ignoro dónde acabaremos, la verdad. O a lo mejor sólo es que los participantes de esta experiencia colectiva que son los blogs nos vamos haciendo mayores y las cosas o evolucionan o desaparecen. Y sería triste desaparecer de la blogosfera sin haber aportado ni un ápice de interés a la cosa, ¿no?

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El juicio del fin del mundo

miércoles 28 de febrero de 2007 0:00

En la actualidad estamos asistiendo a un combate ideológico de envergadura entre las tesis del PSOE y del PP a raíz del juicio sobre el 11-M. Para simplificar y que se hagan una idea los que anden despistados sobre el tema, en la lucha que tiene lugar en la arena internauta a la izquierda del ring tendríamos a púgiles como Escolar o Manuel Rico, y a la derecha del ring estarían reunidos todos los peones negros alrededor de El Mundo. Curiosamente parece que lo que menos importa de este juicio es dilucidar si "El Egipcio" y sus secuaces son los auténticos culpables de la mayor matanza cometida en este país en los últimos tiempos, y lo único que mantiene en vilo a los opinadores de ambos bandos es desmontar las argumentaciones del oponente para hundirlo en el barro. Y me pregunto yo: ¿se merecen los muertos del atentado y sus familiares semejante circo?

Porque no me negarán ustedes que esto es un circo en toda regla. Si hasta tenemos a un juez superstar dirigiendo todo el cotarro desde su poltrona, el imponente Gómez Bermúdez, y a peritos que firman o no informes policiales sobre pruebas contrastadas en función de su ideología. Vamos, que sólo falta Farruquito como testigo de la defensa y José María Garcia poniendo pleitos a diestro y siniestro para que la cosa se ponga en su punto. Diría que el asunto me parece lamentable pero la verdad es que teniendo en cuenta el país en el que vivimos casi casi es normal. Y tampoco seríamos los únicos que someten los veredictos a los intereses políticos, qué va... con el follón que tienen ahora mismo entre manos en La Haya ya nos hacemos una idea de lo independiente que es la justicia a nivel internacional. O sea que tras el descrédito de la política viene el descrédito de la justicia, este último contagiado por ósmosis del primero, y es que tanta ingerencia de los partidos en las designaciones de los miembros del Tribunal Constitucional y tanto aparato mediático intentando influir en el juicio del 11-M al final se acabará pagando caro, por parte de todos. Sí, son cuestiones diferentes pero la raíz del problema es la misma. Y si alguien piensa que todo esto nos va a salir gratis a la ciudadanía lo lleva claro: este tipo de triquiñuelas a la larga lo único que consiguen es extender el control del aparato político (ya corrupto de por sí) sobre ámbitos que en principio no le pertocan, pudriendo pasito a pasito a todo el sistema. Aunque donde mejor apreciaremos las consecuencias de todo esto será en los restos del juicio del 11-M. ¿O acaso alguien se cree que todo este guirigay terminará cuando se emita el veredicto? Qué va, el "vencedor ideológico" sacará pecho y el derrotado esgrimirá que el juicio ha sido un fraude y se dedicará a deslegitimar el aparato legislativo del Estado. Con todo lo que conlleva esta defensa a ultranza o este acoso y derribo basado no estrictamente en cuestiones objetivas. A saber:

1. al desprecio de la ciudadanía por las cuestiones políticas (véase el reciente referéndum estatutario andaluz) seguirá el desprecio por las cuestiones jurídicas, ergo favoreciendo la aparición de nuevos Charles Bronson que se tomen la justicia por su mano o de gente que ya pase de denunciar delitos e injusticias debido a su poca fe en el sistema

2. que en este país a la larga cometer un delito grave (como un atentado) saldrá rentable en función de la ideología que abrace el perpetrador o de los intereses externos que rodeen a su causa

Sinceramente, ¿no hay forma de parar esto?

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Falsos clichés sobre los Oscar

martes 27 de febrero de 2007 0:01

No es la primera vez ni la segunda que hablo sobre ello, pero es que cada año pasa lo mismo y ya empiezo a estar harto de que cuatro plumillas aficionados y algunos opinadores enteradillos tomen a la audiencia por tonta o crean directamente que no tenemos ningún tipo de criterio o de análisis crítico propio. Por si no se han enterado aún el domingo por la noche se entregaron los premios Oscar, y el ganador fue Martin Scorsese y su (espléndido) film Infiltrados (por cierto, ¡cómo odio tener razón!).

Pues bien, no habían pasado ni cuatro horas desde la clausura de la ceremonia cuando en diversas emisoras de radio ya me topaba con un par de tertulianos sosteniendo sin pudor estos cuatro argumentos, que imagino que partir de hoy serán repetidos hasta la saciedad por la prensa escrita y cinéfilos de pro:

1. que Hollywood es cobarde y no se ha atrevido a premiar a Babel como mejor película puesto que denunciaba cosas como la intervención estadounidense en Irak (¿?) o la política de inmigración norteamericana

2. que Hollywood se ha cagado en los pantalones al otorgar el premio al mejor documental a Al Gore y los suyos por su verdad incómoda sobre el cambio climático, pudiendo arriesgarse y premiar a dos documentales que trataban sobre el conflicto irakí

3. que este año han decidido darle el Oscar a Scorsese "porque tocaba", y no porque fuera merecido

4. que la Academia no ha querido entregar demasiados Oscar a la comunidad hispana

Tal cual. Y los que lo dicen se han quedado, como siempre sucede en estos casos, tan anchos. Convendría refrescarles la mente a estos iluminados sabelotodo y recordarles que la entelequia que ellos llaman "la Academia" o "Hollywood" se nutre de las votaciones de miles de personas de alrededor del mundo. Por ejemplo, este año le ha caído el Oscar al mejor maquillaje a los catalanes Martí y Ribé por su labor en El Laberinto del Fauno. Esto quiere decir que, a partir del año que viene, estos dos pueden votar en todas las categorías de la gala (esto sería cierto incluso aunque no hubiesen ganado: con estar nominados ya basta). Es decir, que Garci y Almodóvar, por citar a dos conocidos, habrán contribuido --se supone-- en las votaciones de este año. Por tanto, difícilmente los miles de votantes miembros de la Academia que hay repartidos por el globo se pondrán de acuerdo sobre sus favoritos. Vamos, que no veo yo a Ang Lee llamando por teléfono a Fernando Trueba para decirle: "¿Sabes qué, Fernando? Vamos a joder a los mejicanos este año porque se meten con nuestros amigos los yankis por temas de política interna. Y a Scorsese me han dicho Nicholson y Roberto Benigni que hay que votarle porque un día de estos casca y se queda sin premio... a mí me gustaba más Babel y le habría dado el Oscar a su director, pero bueno, la Academia es la Academia y si ellos lo dicen..."

Que no. Que no cuela, hombre. Yo he visto Babel e Infiltrados y, aunque ciertamente la labor de González Iñárritu resulta encomiable, su film no le llega ni a la suela de los zapatos al de Scorsese, y eso que este último no es más que un remake calcado de una película japonesa. Pero objetivamente es así: mejores actores, mejor dirección de actores, mejor montaje, mejor fotografía, mejor argumento... ¡coño, mejor película y punto! Otra cosa es que, desde nuestro prisma europeo de papanatismo antiamericano, la temática que trata Babel y sus denuncias al sistema USA nos lleguen más que los líos mafiosos de Infiltrados (como decía una tertuliana pija ayer por la mañana: "es que a mí lo de la mafia... ¡bufs!"), pero si hay algo que Martin Scorsese tiene es oficio, y quizás sí que se obsesione en exceso con el submundo de la mafia (esta vez al menos le ha tocado el turno a los irlandeses, y no a los italianos), pero es que Iñárritu lleva tres películas que son calcadas en estructura y guión (Amores perros, 21 gramos y Babel) y, francamente, no hay nada más cansino que el autoplagio. Señores tertulianos y analistas, dejen de darnos la vara con supuestas conspiraciones judeomasónicas: este año ha ganado Infiltrados porque es mejor, al igual que el año pasado Crash (que no era una gran película) superó a Brokeback Mountain (que directamente era un pestiño) por su calidad, y no porque todos los votantes fueran homófobos. Ah, y Pe no ha sido víctima de ninguna conjura anti-hispana. Simplemente es nefasta, y bastante tiene con haber sido nominada.

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