Contraindicaciones del "Very best of"
martes 16 de diciembre de 2008 1:00
Leo en Marginal Revolution un artículo titulado Why is the New Springsteen Album Coming out in January? en el que analizan cuál es la mejor fecha de salida para los CD's en tiempos de piratería. Aparentemente lo más lógico sería que todos los músicos sacaran sus trabajos a final de año, primero porque facilitas la compra con la excusa de los regalos navideños (¿quién no querría el nuevo CD de Springsteen de parte de Papá Noel? Yo mismo, ni para Reyes ya que estamos, pero eso ya es otra historia), y después porque resulta más fácil entrar en el ránking de los mejores discos del año si lo sacas en diciembre que no a principios del año siguiente (parece que la memoria de los críticos es un tanto frágil), con lo que ni premios ni ventas añadidas por lo de la "buena reputación" si sobrepasas el 31 del 12.Ocurre que a Springsteen las buenas críticas se la traen al pairo, pues se trata de esa clase de músicos que está por encima del bien y del mal, con una clientela fija formada por fans de diversas generaciones que acudirá a su cita con el Boss tanto si saca los discos en diciembre como en junio. Además, en diciembre hay que competir con todos los recopilatorios y los "very best of" que abundan por estas fechas (precisamente por el reclamo del señuelo navideño), como todo el mundo que haya frecuentado la tienda de música de cualquier centro comercial durante los últimos lustros sabrá. Por tanto, a partir de enero la cuota de mercado enterita será para Springsteen, y además con eso le otorgas un "toque de calidad" al disco, por aquello de no mezclarse con la purria de los recopilatorios.
Yo soy un poco más malicioso: aquí de lo que se trata es de distribuirse los superventas entre los cuatro grupos/cantantes que aún son capaces de vender algo al margen de las descargas internautas. Dado que Sting ha comprendido que para sacar pasta o monta conciertos con Police o se queda a dos velas, que los Rolling (o los Stones, como prefieran) ya chochean y el marcapasos del batería parece que falla más que un coche usado, que San Bono está dedicado a sus magnas obras sociales (y además aún debe tener los pelos de punta al comprobar la paupérrima calidad del último disco de su banda) y que Shakira, Ricky Martin y toda la purria latina ya no venden ni en el top-manta de los bares de salsa, diría que el Boss se ha puesto de acuerdo con los Coldplay y se han repartido la fecha de edición de sus álbumes: tú en el 2008, yo en el 2009 y luego vuelves tú a sacar otro en el 2010. Grammys y MTV Awards a mansalva, disco imprescindible del año, y hala, a sacar el conciertillo para terminar de recaudar lo que ya no se saca de la venta directa, que los AC/DC y los Metallica aún no tienen la suficiente audiencia como para hacernos sombra.
Etiquetas: música
Adictos al sexo
viernes 12 de diciembre de 2008 1:46
Yo que siempre pensé que esto de declararse un "adicto al sexo" era una vulgar excusa para cuando te pillan metiendo los cuernos ("cariño, yo no quería pero no es culpa mía: es que soy adicto al sexo") y resulta que navegando por internet descubro que las clínicas que curan la adicción al sexo son una realidad, por lo menos en EE.UU y el Reino Unido. Quién sabe, a lo mejor la montó Michael Douglas al terminar el rodaje de "Instinto Básico", cuando su mujer por aquella época, Diandra, le echó en cara sus constantes infidelidades y le urgió a tomar medidas so pena de enfrentarse a un divorcio millonario... Lo cierto es que al pobre tampoco le sirvió de mucho su presunta rehabilitación, pues terminó pagando una morterada en la separación que siguió a tan sórdido episodio, y me parece que el contrato prenupcial que firmó con la Zeta-Jones dejaba a las claras que a la primera que recayera lo desplumaba vivo y lo dejaba para los restos. Así que tanto si se trataba de un farol del actor como si realmente existe semejante dolencia me pareció que el negocio no iba a fructificar demasiado en el futuro.La cuestión es que no hace mucho leí que David Duchovny, tal vez a causa de su papel en "Californication" (estos actores y sus rodajes picantes...), ingresó en una de estas clínicas para salvar su matrimonio con la también actriz Tea Leoni. Al principio me sorprendí pero al cabo de un rato pensé: "a lo mejor funcionan y todo..." Pero no. Un par de semanas después me llegaban las noticias del divorcio del antiguo agente Mulder, y una vez más pensé que lo de la adicción al sexo era más una patraña que una dolencia psíquica real. Pero hete aquí que esta semana me topo con el artículo de la web de la BBC y leo cosas como ésta:
A 35-day programme at the centre doesn't come cheap.
It costs around £20,000.
Y ahí es cuando caigo en la cuenta: en realidad se trata de un castigo monetario por haber sido infiel demasiado a menudo, supongo que exigible por parte del cónyuge afectado. No está mal como terapia, en realidad, pues el dispendio monetario puede frenar al promiscuo más recalcitrante. Ocurre que como este desembolso suele preceder al castigo monetario real (el del divorcio que viene a continuación), y teniendo en cuenta los bajos índices de éxito a tenor de lo que han vivido los famosos de Hollywood, casi que te ahorras el internamiento y las terapias de grupo y, cuando te pillan saltando en la cama con otra, mejor sacas el móvil del pantalón de los pantalones que has dejado tirados por la habitación y te pones directamente en contacto con tu abogado.
Las matemáticas lo explican todo
jueves 27 de noviembre de 2008 1:00
Habrán oído aquello de que gracias a las matemáticas ustedes ven la tele en casa, pueden cocinar en el microondas y navegan por internet a destajo. Los más sentimentales hablan de las matemáticas del pesar: dos cervezas para recordar más cinco para olvidar. Algunos creen que los números son sexys y otros plasman su devoción por las ciencias en fotografías.La semana pasada en Fringe mostraban a un chico que podía resolver complejas ecuaciones matemáticas tocando el piano. El episodio se llamaba The Equation, y aunque claramente contenía elementos de ciencia-ficción (como no puede ser de otro modo tratándose de esta serie) su argumento me recordó que en algún lugar había oído que la música estaba relacionada con las matemáticas. Indagando por internet encontre un artículo, The Connections Between Music and Mathematics, en el cual se dicen cosas como que si bombardeas a un bebé con música clásica a la que crezca captará las matemáticas con mayor facilidad. Leánlo con atención y descubrirán que existen patrones matemáticos que pueden dar lugar a composiciones espléndidas. En la conclusión apuntan que los grandes músicos son muy buenos en matemáticas, pero a mí me gustaría llevar el razonamiento al otro extremo: no me interesa tanto el saber si Bach podía resolver integrales como el pensar qué hubiera sucedido si Einstein hubiera sacado a la luz un álbum de jazz.
Llevando el asunto al límite, ¿deberíamos encontrar al próximo genio musical en el departamento de ciencias exactas de la facultad de matemáticas?
En contra del Copyright
lunes 22 de septiembre de 2008 0:00
Ahora que por todas partes se habla de los dichosos derechos de autor y de la decisión que se tomará este miércoles en la Eurocámara con vistas a caparnos las descargas de torrents sería un buen momento para lanzar al aire una proclama revolucionaria que abogase por la eliminación total de cualquier derecho sobre la propiedad intelectual. Sí, ya sé que los "creadores" viven de ello y que no es cuestión de ir jodiéndoles la marrana por nuestro egoísmo, pero sólo de pensar que a partir del mes que viene no voy a poder bajarme ninguna serie de televisión si esta medida prospera me entran sudores fríos y me sumerjo en pesadillas sobre un futuro apocalíptico en el que habría que volver a esperar un año para ver la nueva temporada de "Lost" o "24", mal dobladas, a deshoras y con un montón de nauseabunda publicidad de por medio. Espantoso.Pero no es ésta la razón que quiero esgrimir para la abolición del dichoso copyright. La pega que le veo a estos (caducos) derechos es que, en un mundo en el que todo son 'remakes', repeticiones de historias que a su vez se inspiran en otras más antiguas, obras basadas en personajes ya creados, etcétera, si se aplicaran a rajatabla los postulados del copyright (no copiar nada que se parezca mínimamente a otra cosa a no ser que se pague una morterada de dinero) a mí prácticamente no me quedaría nada que echarme a la boca. Pondré un ejemplo sencillito: la semana pasada Telecinco prohibió a La Sexta emitir cualquier imagen de su canal debido a la mofa que se hace de su parrilla desde programas como "Sé lo que hicisteis". Si el resto de canales opta por la misma estrategia el espacio de Patricia Conde y Ángel Martín se irá a tomar por saco en menos que canta un gallo. ¿Preocupante? No demasiado, la verdad, pero admito que algún día me he quedado enganchado viendo el programa y me parece una barrabasada que lo puedan liquidar de un plumazo como en los mejores tiempos de la censura franquista amparándose en las dichosas leyes de la propiedad intelectual.
Aplicando el mismo razonamiento, si Joseph Conrad se hubiera puesto chulo Francis Ford Coppola jamás habría podido rodar "Apocalypse Now", a Linus Torvalds no le habrían permitido desarrollar su Linux, el doctor House y su ayudante Wilson no habrían penetrado en nuestras pantallas en caso de que los herederos de Conan Doyle hubieran detectado demasiadas similitudes con Holmes y Watson, y Sinéad O'Connor no habría podido alumbrar una pequeña joya del pop de haber sufrido alguna amenaza por parte de los abogados de Prince. En todos estos casos hubo alguien dispuesto a desembolsar una ingente cantidad de dinero para poder deleitarnos con todas estas creaciones, pero no quiero ni imaginarme la cantidad de obras maestras que se habrán perdido en el limbo del olvido por culpa del puñetero copyright. Estoy prácticamente seguro que de no haber existido jamás la propiedad intelectual nuestra vida sería muchísimo mejor y hoy en día conoceríamos a muchos más artistas que se quedaron en el camino por falta de posibilidades.
En estos mismos instantes Alan Moore boicotearía gustoso a los productores de "Watchmen" para que no pudiesen tirar adelante el proyecto de tan ambiciosa película. Posibilemente tenga razón y el producto no llegará a la suela de los zapatos de la novela original, pero si sirve únicamente para que un uno por ciento de los potenciales espectadores corran a las librerías a comprarla diría que la tentativa ya ha valido la pena, ¿no? Joder, si pares una obra maestra al menos ten la suficiente generosidad como para dejar que la gente pueda disfrutarla a su antojo.
Etiquetas: cine, justicia, linux, literatura, música, tecnología, televisión
Y de segundo, un filete
martes 2 de septiembre de 2008 0:00
A continuación, unos minutos musicales:Presten atención a la letra de la canción mientras degustan el vídeo, en concreto el trozo en el que Jarvis dice "I know you won't believe it's true, I only went with her 'cos she looks like you" (sé que no te lo vas a creer, pero sólo me lié con ella porque se parece a ti"), y ahora piensen cuántas veces ése ha sido el motivo de una infidelidad y/o una separación/divorcio. Yo ya conozco un par de casos, y un tercero en preparación que nunca supe cómo terminó. Diría que en todos ellos el/la sustituto/a sabía a ciencia cierta que eso era así antes de empezar.
Es lo que se denomina el "efecto segundo plato", o cómo tirar a la basura la poca dignidad que te queda con tal de pillar pareja. Parece mentira que el género humano sea tan cenutrio, la verdad.
(Nota: si les ha gustado el tema, no se pierdan el vídeo original o la versión hablada)
Etiquetas: música, relaciones
Colapso social
miércoles 16 de julio de 2008 0:00
Cuando frecuentaba ciertos locales de ocio nocturno mi madre solía aleccionarme antes de salir de casa con su cantinela "os vais a quedar sordos". Según ella, el volumen al que suena la música en los antros discotequeros, pubs y demás fiestas salvajes de juventud iba a desembocar en toda una generación de cuarentones enganchados al sonotone, entre esto y el nivel al que oíamos la música a través de los auriculares de nuestro Walkman (sí, he dicho Walkman). Lo que mi madre ignoraba por aquellos tiempos es que en los locales de ocio hacía ya bastantes años que se había puesto de moda lo del dichoso y mareante rayo láser que, por lo acontecido recientemente en una fiesta 'rave' en las afueras de Moscú, parece que también afecta a la vista. Afecta tanto, en realidad, que la mayoría de los asistentes a la fiesta se han quedado ciegos por causa de quemaduras de retina. Según el artículo, alguno de los afectados compara la experiencia a lo que se siente cuando se mira directamente al sol por un espacio dilatado de tiempo. Leyéndolo no he podido pensar que menos mal que esta clase de informaciones no se publicaban en mi época fiestera, pues de lo contrario no me hubieran dejado salir de casa ni con gafas de sol aunque fuera de noche.Ignoro cómo andan los desmadres del Saturday Night por estos lares actualmente, la verdad. Hace tanto tiempo que no me pego una juerga bailonga que ya no tengo ni idea de qué clase de música se puede oír en las salas de fiesta que frecuentan los adolescentes. Cuando lo dejé la cosa ya rayaba lo insoportable, y no hay indicios que me hagan pensar que el asunto haya mejorado mucho desde entonces. Lo cual me lleva a la siguiente -y escalofriante- conclusión: entre el volumen de la música en las discotecas, el uso constante de los mp3, los rayos láser desfasados y los efectos perniciosos de las drogas de diseño, en breve podemos tener una generación de jóvenes sordos, ciegos y medio lelos de por vida. Teniendo en cuenta que la pirámide de edad en los países occidentales hace que cada año haya más jubilados que mantener, mi generación tiene todos los números para sufrir el colapso social. El que se producirá cuando los que decidimos abandonar las juergas no podamos subsidiar a los viejos, a los jóvenes tarados y encima nos cosan tanto a impuestos y a tipos de interés que por comparación la situación actual parecerá el paraíso. Escogí un mal día para dejar de salir de marcha... ¡Que siga la fiesta!
Etiquetas: discotecas, música, noticias
¿Cualquier tiempo pasado fue mejor?
miércoles 9 de julio de 2008 0:00
Dicen que es un engaño de la mente, pero por más que lo intento no logro sustraerme a la tentación de idealizar mis épocas de estudiante, mis primeras juergas con los amigos, mi primer rollo de verano, etcétera. Con la música me pasa lo mismo: ¿qué buenos eran los setenta, los ochenta y los noventa (ya parezco un anuncio de M80), qué birria se hace hoy en día! De cine ya ni les hablo; sólo apuntar que de aquí a que salga un nuevo "Padrino" la familia Coppola al completo ya llevará décadas criando malvas al paso que vamos. Los políticos antes eran más íntegros, el pan sabía a pan y los tomates a tomates, no se había inventado aún la telebasura, y nuestra inocencia era tal que medio país se desvivía por ver cómo un crío y su mono se pateaban los Andes buscando a su mamá.Repito que esta percepción seguro que es falsa, y al final todo pasa por admitir que si creemos que cualquier tiempo pasado fue mejor, como reza el tópico, es simplemente porque antes éramos más jóvenes. Recuerdo que Lenny Kravitz ya sostenía hace década y media que la música más creativa se hizo en los setenta, y que desde ahí todo era cuesta abajo. Para mí el clímax melómano se produjo en los ochenta (soy algo más joven que el cantante), y deduzco que a un chaval que cuente ahora con veinte añitos cualquier ñoñería de Coldplay le parecerá el súmmum de la creación. O sea que sí, que todo viene dado por el punto de referencia sobre el que pivota nuestra infancia y juventud. Pero aun así queda un cierto regusto amargo en el paladar, una cierta sensación de que algo se pierde con el paso de los años y los avances tecnológicos, un no-sé-qué nostálgico de cuando las cosas eran más artesanales, los libros desprendían olor a nuevo y los textos interesantes se leían siempre en papel impreso. ¿No les sucede también a ustedes? Será el dichoso engaño de la mente, pero para ser alguien que adopta las nuevas tecnologías cuando aún están en fase beta y que escribe a diario en su blog personal, no está mal el espíritu contradictorio de un post como éste.
Etiquetas: cine, música, nostalgia, televisión
Un cúmulo de referencias
miércoles 11 de junio de 2008 0:00
Poca gente sabe que el Cherry Lips de Garbage está inspirado en la vida de JT Leroy, un escritor supuestamente nacido en 1980 en West Virginia (según mamá Wikipedia), hijo de una prostituta y drogadicto casi desde el día en que vino a este mundo, y que halló en la literatura una vía de escape para su historial de traumas y abusos infantiles. En sus apariciones públicas se mostraba siempre vestido de mujer (vean los resultados del Google Images), algo tímido y acongojado por el éxito de crítica y público que tuvo su novela de debut, Sarah, escrita a sus 19 añitos. Cómo no, el libro iba sobre un chaval de 12 años que cambiaba de sexo y de nombre a raíz del consejo de su madre, una puta que tenía como lema "todo en esta vida resulta más sencillo si eres una chica guapa". Muchos vieron en esta truculenta novela los obvios rasgos biográficos del autor, y Shirley Manson le dedicó una canción por lo impresionada que quedó tras la lectura. Supongo que la tituló "Cherry Lips" en homenaje al color de labios tanto de Sarah como de su autor cuando salían a la calle vestidos para matar.Lo mejor de todo es que JT Leroy jamás existió. En realidad se trata de un seudónimo de la escritora Laura Albert, que se inventó una biografía impactante para publicitar la famosa novela, y se ayudó de una amiga, la diseñadora Savannah Knoop, para personificar las apariciones públicas de Leroy y hacer más creíble la ficción. Ignoro si cuando los Garbage compusieron el tema estaban al corriente de todo o si simplemente los embaucaron como al resto de la humanidad, pero tanto cúmulo de referencias literarias me hace suponer que más de un listillo se habrá pillado los dedos con la historia de esta canción. Precisamente, si yo estoy al corriente del asunto es porque cuando el tema entró en las listas de los más vendidos de medio mundo leí un artículo sobre el torturado escritor en un periódico de prestigio. En el texto lo daban como personaje real, algo lógico dado que no hace más que un par de años que el New York Times destapó todo el asunto, impulsado por las suspicacias que la figura de tan extravagante autor había levantado en determinados medios. De haberme guiado por lo que leí en su momento, posiblemente habría hecho el ridículo en una tertulia literario-musical de nivel (por suerte no frecuento círculos elitistas).
Sirva esta curiosa anécdota para ilustrar los miles de detalles que pueden esconderse tras las crípticas letras de una canción pop al uso, un fenómeno que debo admitir que siempre me ha intrigado, sobre todo cuando en los conciertos veo a la gente emocionada corear los versos de la canción-emblema del grupo que han ido a ver (algunos incluso llorando). Siempre me pregunto a qué viene tanta emoción, si en la mayoría de los casos no deben tener ni idea de qué cuernos es lo que están cantando. Lo mejor es cuando alguno intenta ponerte la piel de gallina explicándote el profundo significado de alguno de estos temas. No hace mucho me pasó, y aunque asentía con la cabeza a todas las figuras poéticas que mi interlocutor me estaba detallando, interiormente me reí recordando la historia de los Garbage y JT Leroy. Si ellos supieran...
Etiquetas: literatura, música
Hasta los fogones
miércoles 28 de mayo de 2008 0:00
Una vez fui al restaurante de Carme Ruscalleda, el mítico Sant Pau, y comí bien. Como por aquel entonces al local aún no le habían endosado la tercera estrella Michelin, el ágape me salió "baratito", unos doscientos cuarenta euros del ala (dos comensales), y aseguraría que al deconstructivismo culinario le quedaba todavía un buen trecho para alcanzar la cima, pues no preservo en la memoria ningún brebaje a base de hidrógeno o un postre relleno de colágeno. Recuerdo que me hizo gracia que los camareros se tiraran más rato haciéndome un resumen de la elaboración del plato que lo que yo tardaba en zampármelo y la presteza a la hora de reponer el vino, pero diría que más allá de estos ínfimos detalles la cosa no variaba demasiado con respecto a cualquier otro restaurante pijo. Supongo que en Can Fabes la comida es más consistente, y me he propuesto comprobarlo un día de éstos, pero en el de Ruscalleda puedo asegurar que la cena se compone de un sinfín de platos que dilatan la velada unas tres horas, un festín de pequeñas porciones de bouffe non-stop que hace que termines bastante lleno (aunque no a reventar). Del Bulli no puedo dar referencias más que nada porque me niego a reservar una mesa con un año y pico de antelación para que luego resulte que el día en que voy a pagar el gusto y las ganas me encuentre constipado y no pueda apreciar "la amalgama de sabores" que me ofrece el amigo Adriá.Viene toda esta parrafada a cuento de las polémicas propuestas incendiarias de Santi Santamaría, maestro de ceremonias de Can Fabes, de las que se ha visto obligado a retractarse en vista del alud de críticas que se le venía encima, y eso que hasta Montignac se posiciona a su lado. Supongo que el hombre estaba hasta los fogones de que no se le reconocieran sus méritos y del protagonismo que acaparaban los experimentos culinarios de Adriá y Ruscalleda, pero no por ello es menos cierto que lo único que ha hecho ha sido expresar en voz alta lo que muchos gourmets de a pie pensaban en voz baja: menos cocina deconstructiva y más entrecottes a la pimienta, que las sopas de cubito de café salpicadas de un riego de regaliz están bien para la foto pero no sacian el apetito de una manera acorde con la que vuela el dinero de la cartera. Y de paso le ha arreado un sopapo al papanatismo omnipresente en nuestra sociedad, presto a alabar cualquier excentricidad sólo porque la recomiendan los cuatro entendidos de turno y a denostar todo lo demás. Amén de los innumerables imitadores de baja estofa que los sufridos clientes tenemos que soportar (¡y pagar!) en cualquier restaurante de segunda de nuestra ciudad.
En el fondo este debate es tan viejo como la vida misma. Ya en el colegio había un grupúsculo de elitistas que glosaban las excelencias de la banda indie del momento y te tachaban de mentecato si osabas decir que a ti lo que te gustaba era la música de los Pet Shop Boys. En el cine, tres cuartas partes de lo mismo: por cada gafapasta que recomendaba fervientemente el último estreno de Woody Allen había cien mil tíos que se mordían la lengua para no confesar que lo que les hacía subir la testosterona era la nueva entrega de "Arma Letal". En el deporte, la élite golfista se dedica a hacer alarde de sus putts ante los mindundis que quedan para jugar al futbito los fines de semana, y en el universo literario hay quien espera su cita anual con el Nóbel para épatar a sus contertulios, normalmente unos impresentables que sólo leen a King. El eterno conflicto entre la élite y la plebe, esta vez servido con una reducción de perfume de pétalo de rosa.
A mí el cuerpo me pide ponerme del lado de Santamaría, qué quieren que les diga. Soy un tío sencillo, en las bodas me tira más el menú infantil que las horteradas precongeladas de presunto pedigrí culinario que nos sirve el catering, y entre las pizzas mi favorita es la margarita. No obstante me entra cierto reparo a la hora de apoyar a este reputado cocinero, no por nada pero manda huevos que sea precisamente él, que pomposamente autoproclama su garito como un "centro de ocio gastronómico" (se ve que "restaurante" queda pobre), el que tenga que poner los puntos sobre las íes a todo el mundillo de la cocina moderna. Si al menos hubiera sido el pizzero de la esquina... Aunque claro, éste no creo que disponga de una gran tribuna mediática.
Personalmente, si les gustan los restaurantes (moderadamente) caros, permítanme que les recomiende el Hispania, un local tradicional y cuya reputación viene de lejos (de mucho más que todos los que he mencionado anteriormente), y que sabiamente ha sabido mantenerse al margen de tanta polémica. Eso sí, no tarden demasiado en visitarlo, porque a la que falte alguna de las dos hermanas que lo regentan intuyo que perderá gran parte de su gracia culinaria. Y no es que esté llamando al mal fario, ojo, que ya tienen una edad pero aún pueden dar guerra durante bastante tiempo.
Etiquetas: cine, cocina, deporte, literatura, música, élite
Un trabajo como cualquier otro
viernes 2 de mayo de 2008 0:01
La noticia de que los Yazoo (ver web oficial) volvían a reunirse y que llegarían a Barcelona para tocar en el Sonar de este verano ha provocado más de un arqueo de cejas, pues se trata de un grupo musical de efímera carrera (dos elepés de los de antes, a diez canciones más o menos cada uno) allá por principios de los ochenta y cuyos integrantes se separaron e iniciaron trayectorias cada uno por su lado bastante dilatadas en el tiempo, dicho sea de paso con un éxito bastante escaso. Así que la cosa huele a operación comercial de aprovechamiento de la fiebre 'revival' que ataca a la generación que se crió musicalmente por aquella época, y que ya ha logrado el milagro de reunificar a bandas tan dispares como The Police, Genesis o Duran Duran, por poner sólo unos ejemplos variopintos.Sea por el motivo que sea, que los Yazoo regresen a los escenarios me sirve para lanzar una reflexión acerca de esos grupos musicales (curiosamente casi todos dúos) que ya sea por imagen o porque directamente no se tragan, saltan a la palestra cada uno en su punta del escenario y no se dirigen la palabra en toda la duración del concierto. Con los Yazoo pasaba en los ochenta, o al menos ésa era la actitud que adoptaban en sus videoclips. Alison Moyet se meneaba tras el micrófono mientras que Vincent Clarke (un tipo con pinta de tener malas pulgas, no en vano ya dejó tirados a los Depeche Mode tras haberlos fundado y haber grabado su primer disco, visionario que era el hombre) mantenía un gesto adusto aporreando el sintetizador Roland de la época. Uno los veía actuar y parecía que estuviesen juntos a desgana, por aquello del contrato con la discográfica y los royalties. La impresión se reforzó cuando partieron peras al cabo de un par de años, y sobre todo teniendo en cuenta los antecedentes del tal Clarke.
La cosa debió cuajar entre la gente de aquella movida pues un lustro más tarde otro dúo electrónico, Neil Tennant y Chris Lowe, adoptaron la misma pose al crear los Pet Shop Boys. Una vez más, ahí estaba el cantante soltando sus gorgoritos mientras que, de fondo, el teclista iba a su bola con sus sempiternas gafas de sol y su expresión malcarada, como importándole un comino que el cantante se estuviera desgañitando al son de sus ritmos sintetizados. Aquí la cosa era tan escandalosa que el diario británico The Guardian comentó en su momento que Lowe "era famoso por ser el tipo perteneciente a la industria del entretenimiento popular que menos hacía de todos", y eso es decir mucho teniendo en cuenta la industria de la que hablamos. Conste que en este caso la presunta mala relación entre ambos miembros de la banda era pura fachada, pues parece que se llevaban realmente bien (y cuando digo "realmente bien" quiero decir realmente bien, y ustedes ya me entienden...)
Sin embargo, el grupo musical más celebre de los ochenta por sus desaveniencias en el escenario fue sin duda The Cult. Yo no sé si realmente se llevaban tan mal como parecía, pero el líder de la banda Ian Astbury y el guitarrista Billy Duffy se dirigían unas miradas de odio en el escenario que ponían los pelos de punta. En el mejor de los casos se ignoraban el uno al otro y pasaban olímpicamente de intercambiar ningún gesto de complicidad, llegando incluso a rumorearse que en sus conciertos acudían en vehículos separados y que exigían que sus camerinos estuvieran lo más alejados posible. Una vez más, rumorología sin sentido, supongo, pero teniendo en cuenta que hubo algún que otro pleito en la trayectoria de la banda y que se han separado ya dos veces para volver a reunirse después (intuyo que la tercera separación debe estar al caer), la verdad es que ya no me extraña nada.
De los Guns'n'Roses mejor ya ni hablo, pues necesitaría un blog entero a entrada diaria para detallar todos los malos rollos que había entre los miembros del grupo, desde las rabietas del cantante, un Axl Rose capaz de tirar un piano de cola por la ventana de un rascacielos si no le salía la melodía de turno, hasta las demandas que el guitarrista Slash formalizó contra el cantante por apropiación indebida de los derechos de su música. Más que un nido de rosas aquello era un nido de pistolas, amenazas incluidas, y ya no hablemos de cuando se metían públicamente con la competencia, léase Bon Jovi, invitando a su cantante a succionar cierta parte de su anatomía en un concierto mientras el público jaleaba las ocurrencias de Axl.
Repasando todos estos casos me encuentro con la siguiente paradoja: se supone que uno se dedica a la música en parte para evadirse de los convencionalismos de una vida corriente, de jornadas laborales de oficina y de tener que fichar en el curro para luego encima soportar al jefe tarugo y a los cenutrios de tus compañeros de trabajo, en su mayoría unos trepas sin escrúpulos que te pisotearán sin conciencia con tal de acceder a un ascenso. O para no tener que entrar en guerras despiadadas con tus competidores por hacerte con un cliente o una cuota de mercado. En teoría, los músicos gozan de un espíritu libre, del buen rollo por excelencia, ganado a base de horas de estudio componiendo y de mucha maría y cocaína compartidas, de viajar como hermanos en las giras y de la energía que desprende un directo potente. Pero claro, viendo lo de The Cult, Guns'n'Roses, Yazoo o Pet Shop Boys (y los que debe haber por ahí), uno llega a la conclusión de que en el fondo esto de ser músico a la larga es un trabajo como cualquier otro: vas, fichas, compones cuatro canciones para llegar a fin de mes y te juntas con tus compañeros de curro, la mayoría unos impresentables de cuidado, para poder pagar la hipoteca y las vacaciones de los niños. Saludos cordiales y hasta la próxima gira, y a ver si sacamos algo bueno para navidades que los demás grupos ya tienen preparados sus 'greatest hits'... Para que luego me hablen del romanticismo del rock and roll y de patrañas similares.

Etiquetas: música
Exhibicionismo musical
sábado 19 de abril de 2008 1:49
Ahora que el iPod ya se ha convertido en un apéndice más de nuestro cuerpo, creo que ha llegado el momento de lanzar una reflexión al vuelo sobre el uso que muchos le dan a un aparato tan adictivo. Una reflexión sin criterio, como ya viene siendo habitual en esta página, pero es que de un tiempo a esta parte me encuentro con tipos que se sientan a mi lado en el metro, por ejemplo, con unos auriculares que amplifican el sonido de su música para que los que se sienten en la otra punta del vagón no pierdan detalle de sus preferencias melómanas, se trate de la quinta de Beethoven o del contoneo de Shakira. Tal vez sea cuestión del volumen o de la baja calidad de los auriculares, pero yo no puedo evitar detectar un cierto afán exhibicionista en una ostentación musical tan descarada. Lo noto porque de vez en cuando te miran de reojo, imagino que en lo que para ellos es el momento culminante de cada canción, como para asegurarse de que te estás enterando del buen gusto que atesoran. O porque en algunas ocasiones sacan el reproductor del bolsillo de su chaqueta y se ponen a darle a la ruedecita, como buscando algún artista entre su multitudinaria colección, pero lo hacen muy muy despacio, dejando tiempo a que puedas comprobar de reojo tú también lo bien surtida que está su biblioteca de mp3. En el fondo te están diciendo lo chulos que son, lo buena que es la música que escuchan y casi se diría que esperan que les des las gracias por la lección musical que te están brindando, cuando lo más probable es que tus gustos anden en las antípodas de los suyos.De todas formas esto no es nuevo: ya en la prehistórica era del radiocassette el personal se dedicaba a confeccionar las más variadas recopilaciones, a redecorar las tapas de sus grabaciones personales, incluso a grabar a base de calcomanías el esqueleto de la cinta para dejar bien claro al sacarla del Walkman de qué pie cojeaba cada uno. A veces, ejerciendo de copiloto en un Seat Ibiza de segunda mano, abría la guantera y me llovían encima los cassettes confeccionados artesanalmente por el conductor del vehículo. El cual, por cierto, no dudaba en ilustrarme sobre sus últimas recopilaciones: "Éste me lo han traído de Londres", "Éste es el nuevo grupo del bajista del Padre Abraham y los Pitufos", "tienes que escuchar este otro", "aquél es una gozada", y así. Como se puede comprobar, un comportamiento calcado al de las generaciones actuales, aunque ellos lo tienen infinitamente más fácil, pues sólo tienen que acariciar la rueda frontal de un invento que jamás dejará los restos de tapas vacías por la alfombrilla del asiento trasero.
Será que hay una edad, imagino que rondando la adolescencia, en la que uno no puede conformarse con gozar simplemente de la música. Tiene que reivindicarse a través de ella, y la mejor forma sin duda es dando el coñazo al prójimo, más que nada para dejar bien claro a qué tribu urbana perteneces: góticos, mods, rockeros de toda la vida o maquineros sin tregua, todos y cada uno de ellos al sacarse el carnet de conducir han sucumbido a la tentación de bajar la ventanilla del coche y hacer sonar a todo trapo su última adquisición rítmica o melódica. Yo también. Incluso no descarto que en muchos casos el disfrute pase a segundo plano, pues a más de uno se le nota que le repatea el hígado ese grupo que pone a todo trapo en el coche, en el iPod o en el tocata de su casa pero a la vez siente que se trata de una obligación moral mostrar al mundo que es de los que escuchan a tal o a cual cantante. Ansias de ubicarse en la tribu que toca, supongo.
Con la edad llega un momento en el que uno finalmente vuelve a la introspección musical y, cuando decide reproducir un tema, lo hace para sí mismo. Tendrá que ver con la madurez, opinará algún lector, pero lo más gracioso es cómo precisamente se produce el efecto contrario: con treinta y pico tacos te descubres tarareando la última de Paulina Rubio, al igual que cuando tenías trece años y te gustaban los Modern Talking, sólo que ahora ya no deseas darle la vara a los demás y pones el volumen del iPod bien bajo. Si alguien te pregunta tú les contestas: "sí, los Take That, ¿pasa algo?" y es entonces cuando tu interlocutor sabe que ya estás a otro nivel: aparentemente igual que el adolescente que tantea el terreno en sus primeros pasos musicales pero en realidad en un plano superior, pues ya has hecho el camino de ida y el de vuelta.
O tal vez sólo se trate de patrañas y en el fondo sí que te da algo de vergüenza que los vecinos se enteren de que te duchas con el "Sufre mamón" de los Hombres G. Cada vez que veo el anuncio del padre que espera a su hijo encerrado en el coche bailando con los Locomía y que se apresura a apagar la radio cuando su vástago hace acto de presencia no puedo evitar descojonarme. Será que en el fondo me identifico con él. Será.
Marketing y mitomanía
jueves 17 de abril de 2008 0:01
Lo del vídeo porno de Marilyn Monroe se veía venir, y en realidad obedece a las mismas razones que impulsan a las discográficas a sacar un recopilatorio inédito de Elvis Presley cada dos o tres navidades. Siempre me ha parecido fascinante la facilidad con la que salen grabaciones "fantasma" de los músicos legendarios ya fallecidos, muy prolíficos en rarities siempre que cuenten con un fuerte componente mitómano a sus espaldas, y en cambio me extraña mucho que no se publiquen con la misma regularidad DVD's de las tomas falsas de James Dean en Gigante, por ejemplo. En el ámbito musical la cosa está clara: desde John Lennon hasta Kurt Cobain, pasando por Roy Orbison, Freddie Mercury o el mismísimo Rey del Rock, siempre hay un productor dispuesto a encontrar una cinta medio oxidada en algún baúl olvidado de un estudio de la Quinta Avenida. Se le quita la caspa, se le añaden instrumentos pasados por los convenientes filtros, se empaqueta con una colección de temas añejos y se vende como "el disco del año". A partir de ahí, hagan caja.Tanta gracia me hace el fenómeno de las resurrecciones musicales que he llegado a imaginarme a todos esos músicos viviendo en una isla tropical y tomando caipirinhas mientras cuentan la pasta de los royalties de sus viejos éxitos. De vez en cuando reciben una llamada de un productor, acuerdan grabar algo nuevo/viejo alrededor de una hoguera en la playa ("imprescindible que suene cutre, Freddie, y dile a Hendrix que esta vez no toque la guitarra, que canta mucho"), lo mandan por e-mail a la discográfica y se siguen forrando a costa de un público crédulo y ávido de noticias musicales de sus ídolos caducados. En esa playa también me imagino a Tolkien leyéndoles relatos de la Tierra Media, pues la literatura no es ajena a los descubrimientos arqueológicos de las viejas glorias, aunque hay que reconocer que los autores literarios mediáticos bajo tierra son más bien escasos.
Se demuestre o no que mi teoría es real, nada me quitará la mosca de detrás de la oreja. El Free as a bird de los Beatles podía pasar como una composición de los Fab Four siempre que estuviéramos dispuestos a bajar el listón hasta el subterráneo, pero que me aspen si alguien ha conseguido identificar sin el menor atisbo de duda las cuerdas vocales de Lennon entre esa algarabía de gemidos. De igual modo, las nuevas aventuras del Silmarillón resultarán tan entretenidas como las de aquel señor y sus dichosos anillos, pero nadie logrará convencerme al cien por cien de que no son obra de algún negro a sueldo de los herederos del profesor de Oxford. Aquí lo que cuenta es la operación de marketing y embolsarse la mayor cantidad de billetes verdes a costa del talento perdido.
Por tanto, parecía lógico que tarde o temprano la misma enfermedad atacara al séptimo arte. Ocurre que las auténticas estrellas de Hollywood, las del Star System en mayúsculas, vivieron en una época sin "contenidos extra" en los DVDs, sin tomas falsas y sin "Director's Cut" con que alargar la rentabilidad de sus obras. Así que alguien tenía que inventar algo, y rápido, que el cine ya no es lo que era y con el rollo de internet las nuevas generaciones se están acostumbrando a tenerlo todo gratis. La primera muestra de esta nueva vertiente de operación de marketing viene bajo la forma de felación y en un tono sepia muy apropiado para la era pixelizada del Youporn, que tanto dificulta la identificación de los rostros de los participantes. Si lo único a lo que podemos aferrarnos para demostrar la autenticidad de la cinta es a un lunar vamos apañados, pero en realidad dará igual: la maquinaria mitómana ya se ha puesto en marcha. De momento ya hay quien ha pagado un millón de euros por hacerse con el original (para que luego digan que el problema del mundo digital es el precio), y si la cosa alcanza la notoriedad esperada no dudo que en poco tiempo encontrará su réplica. Dicen por ahí que existe una grabación en plano subjetivo de los últimos segundos de vida de James Dean, justo antes de que se estrellara con su bólido. Lo más normal es que la cinta quedara destrozada y algo chamuscada tras el accidente, pero hoy en día la tecnología hace maravillas a la hora de recuperar materiales aparentemente inservibles...

Etiquetas: cine, literatura, marketing, música
Una cuenta de iTunes
martes 25 de marzo de 2008 1:00
La semana pasada lo vi claro, desde el momento en que leí una noticia pescada en Applesfera: por lo visto Apple se está planteando seriamente la posibilidad de ofrecer una tarifa plana para acceder a todo su contenido musical online de forma ilimitada. Piensen bien en lo que quiere decir esto: todo el catalogo de la iTunes Store (creo que sólo le faltan los Beatles y cuatro más para tener el último siglo de música al completo) a su disposición pagando, pongamos por caso, 100 euros al año. Sin necesidad de buscarlo por la mula, o de interminables colas de espera, o de la clásica frustración al comprobar que aquella vieja joya de los ochenta sólo la tienen cuatro gatos mal contados y ninguno se digna a compartirla. Yo mismo, un clásico caso de alergia a pagar por nada que se pueda obtener vía peer-to-peer, debo admitir que me plantearía seriamente la posibilidad de apoquinar la pasta exigida para tener millones de temas a mi disposición con sólo hacer un clic. En parte sería como disponer de una copia de seguridad gigantesca de un disco duro de varios miles de Teras, y bastaría con hacerse a la idea de que el importe que nos cuesta sirve para mantener dicha copia en nuestro espacio virtual personal.Si decía que lo vi claro es porque hasta el momento las empresas que vendían contenidos culturales en la red habían adoptado la estrategia de ofrecer a precio de saldo elementos unitarios, ya sea canciones, películas, libros o programas. Tal y como está evolucionando el tema (y la noticia enlazada lo confirma), de lo que se tratará en un futuro será de pagar una cuota por acceder a todo lo que queramos sin restricciones de ningún tipo: como pagar por el Digital Plus pero a lo bestia, para que me entiendan. Ellos suministran los contenidos; nosotros accedemos a ellos cómo y desde dónde queramos. Fantástico, ¿verdad?
Pues en parte sí, pero hay algo que me tiene mosca. Miro mis estanterías y están repletas de libros, de películas, de discos... toda una vida recopilando material para legarlo a la posteridad, todo un montón de recuerdos ahí expuestos para que mis descendientes se hagan una idea de quién fui yo en su momento; de qué cosas me gustaban; de qué películas, series, discos o novelas marcaron mi carácter de una forma determinada... todo eso desaparecerá para siempre si el nuevo modelo de negocio internauta termina imponiéndose, y no duden ni por un instante que lo hará. Se acabó el fetichismo de coleccionar obras culturales para saborearlas en la intimidad; ni rastro de aquellas expediciones eternas por las tienduchas de discos de la ciudad en busca de aquel vinilo añejo que tanto significaba para nosotros; nada de pasarse libros de mano en mano hasta que el olor a tinta se desvaneciese a medida que el contenido de esas páginas iba llenando la imaginación de sus lectores... En definitiva, todas nuestras aficiones y gran parte de nuestra personalidad se hallarán embutidos en una pantalla de ordenador, y Dios quiera que no nos corten la luz o se nos caiga el ADSL. Me pregunto qué cuernos les legaré a mis hijos o a mis nietos ahora que toda esa ingente cantidad de material pasará a ser engullida por las multinacionales audiovisuales y almacenada en un rincón diminuto de internet. Supongo que siempre podré dejar mi iPod en herencia, aunque dudo que esté fabricado para durar muchos años. Como último recurso, tendré que decirles a mis nietos que la vida de su abuelo se encuentra embutida en una cuenta de iTunes, ubicada en un lugar remoto a la espera de que el servidor la borre por falta de pago cuando yo ya no esté. Que sigan pagando si quieren que mi recuerdo no se desvanezca para siempre jamás... desde luego, el negocio puede ser redondo si encima nos atacan por la vía sentimental.
Etiquetas: cine, cultura, internet, música, tecnología
Estancados en el tiempo
jueves 13 de marzo de 2008 1:00
Odio los 'revivals'. Si hay algo peor que la nostalgia del pasado es la absurda manía que tiene la gente de revivirla cada dos por tres para volver a sentirse jovenzuelos. En una emisora de radio oía el otro día que para este sábado organizan una fiesta en la discoteca de la Isla Fantasía (¡cágate lorito!) en la que sonará exclusivamente spaghetti dance de los años ochenta. Ya saben, "I Like Chopin", "La Dolce Vita", el cutre del Silver Pozzoli y el no menos acabado David Lyme, un tío que en realidad era de Sabadell (se llamaba Jordi Cubino) y que hacía mover el esqueleto al personal con temazos como el "Let's Go to Sitges" (¡cágate lorito dos!). En fin, se pueden imaginar lo que correrá por allí el sábado por la noche: malos imitadores de Don Johnson, ataviados con su camiseta y una americana blanca a juego con las bambas, versiones patrias de la Cindy Lauper luciendo hombreras y permanentes, y demás fauna ansiosa por volver a la época en la que eran guapos, jóvenes y los reyes de la pista (mentira: nunca lo fueron pero no se les ocurra decírselo).El lunes por la noche volví a perderme por enésima vez el concierto de los The Cure en mi ciudad, y aunque la cosa ya empieza a fastidiarme pues son el único grupo mítico de los de antes que me queda por ver en un escenario, repasando las crónicas parece que tampoco me perdí gran cosa. Las tres horas que duró el evento consistieron en un repaso de sus tres discos más exitosos (que van de 1987 a 1992, todo lo anterior no lo escucha nadie aunque todos los fanáticos dirán que se trata de obras maestras) y algún hit pretérito. Parece que en breve sacarán otro CD pero a nadie le importa un pimiento: todos quieren oír las canciones de su época y cualquier cosa que Smith y los suyos intenten aportar a partir de ahora carecerá de total relevancia. Para mí que los fans no se molestan ya ni en bajarse las nuevas entregas en mp3, lo cual debe ser frustrante para el artista. Pero bueno, otro síntoma más de lo de "cualquier tiempo pasado fue mejor".
En la televisión americana acaban de sacar tres series que han sufrido distintos destinos en función de sus respectivos ratings, pero las "novedades" de esta temporada más sonadas han sido Terminator: the Sarah Connor Chronicles, Bionic Woman y Knight Rider (sí, sí, el mismísimo "Coche Fantástico"). En cine nos hemos chupado recientemente el remake de "Miami Vice", se avecina el del "Superagente 86" y ya sólo me queda esperar que aquí en España alguien se decida a resucitar "La Mansión de los Plaf".
¿Sería alguien tan amable de explicarme dónde cuernos está la gracia de vivir anclado en el pasado? Una cosa es que de tanto en tanto alguien se ponga un disco de hace veinte años o que una vez cada dos lustros haga gracia volver a ver un capítulo de "Mash". Pero de ahí a tener que encontrarme sólo con fantasmas de otros tiempos, normalmente ya creciditos y entraditos en carnes (y arrugas) haciendo el ridículo cada dos por tres, o en revisiones sin sentido de productos de entretenimiento que ya en su día dejaban bastante que desear media un buen trecho. O alguien para este sinsentido o en breve algún sonado iniciará un casting para "Verano Azul: el regreso". Y eso sí que no.
Les dejo. Voy a echar una partidita al "Arkanoid".
Etiquetas: cine, música, sociedad, televisión
Cazadores de música
lunes 25 de febrero de 2008 1:00
Cuando era un adolescente y nadie había tenido la decencia de inventar aún el eMule (o internet, ya que estamos), solía recopilar la música que me gustaba en cintas de 60 minutos grabadas de las radiofórmulas del momento ("Radio Barcelona" -luego "40 principales"-, "Radio Minuto" -muy buena para intentar cazar las canciones enteras-, la recién difunta "Radio Club 25" y otras que ya ni recuerdo). Las cintas eran formato "normal", las de cromo llegarían después (TDK de 90'', un lujazo sólo apto para grabar vinilos selectos), y recuerdo lo difícil que era encontrar el punto exacto para empezar a grabar el tema (justo cuando el locutor había concluido su introducción, aunque el muy mamón siempre se dejaba una coletilla para el final que te obligaba a suspender la grabación y a esperar a que volviera a sonar esa canción en concreto) o el punto final de interrupción (había que escuchar la cinta varias veces hasta encontrar el fragmento exacto en que el corte quedara "limpio" y pudiese empalmarse sin problemas con el siguiente).De la búsqueda para encontrar la canción exacta mejor ya ni hablo: horas sentado navegando por el dial rezando para que en la emisora en la que te encontrabas sonara ese tema que tantas ganas tenías de oír y que habías cazado fugazmente, sólo para descubrir desesperado cuando movías la ruedecilla de la radio que estaba concluyendo en la emisora de al lado. Luego, cuando desistías desesperado y te metías en la ducha o te ibas en el coche de tus padres, la Ley de Murphy se materializaba bajo la forma de machaque constante por todos los rincones del dial del mismo tema que andabas persiguiendo como loco.
Finalmente llegaba el momento ansiado: habías logrado recopilar en tu cinta de 60 todas las canciones del momento que te gustaban, algunos cortes te habían salido chapuceros pero en general la cosa solía quedar bien. Decir que el resultado se asemejaba a una obra de artesanía puede parecer exagerado, pero para todos los que vivimos una época concreta y ejercimos de DJ's improvisados con el 'loro' del papi en el comedor de casa sabemos que confeccionar una cinta de estas características costaba Dios y ayuda. Una vez enterita, ¡hala! ¡a machacarla a todas horas! Si la cinta había quedado lo suficientemente lograda, circulaba entre los amigos y algunos incluso se hacían copias. Puede parecer ridículo la imagen de un grupo de chavales haciendo circular grabaciones directas de la radio con canciones sin principio ni final, mezcladas al más puro estilo "Max Mix Casero", pero para todos los que vivimos esa época aquello era lo máximo: nuestros bolsillos no daban para adquirir todo lo que sonaba por la radio. A fe mía que yo intenté comprar un sinfín de LP's, maxi-singles, singles y cassettes "oficiales", pero mi semanada no daba para tanto, y además había que ahorrar para los tebeos y la entrada del cine.
Sé que este post suena a "abuelo Cebolleta". Sé que los más jóvenes pensarán que soy un colgado. Pero, lejos de ello, debo confesar arrinconando la modestia por unos instantes que en su día yo fui un gran "cazador de canciones", y que mis cintas tenían bastante éxito entre mi círculo de amistades. Si usted, querido lector, ahora tiene menos de veintisiete años (más o menos) supongo que no tendrá ni idea de lo que estoy hablando, pero deje que se lo aclare: es usted un jodido privilegiado. Fórceps llama a su situacion el factor eMule; yo le llamo el PPT. Puto Paraíso Terrenal. Sólo para melómanos, claro.
Etiquetas: general, música, opinión
La dulce Amy
martes 12 de febrero de 2008 1:00
Los amantes del buen soul están de enhorabuena. Amy Winehouse, para muchos críticos y aficionados la responsable del mejor disco del 2007, acaba de coronarse en la presente edición de los Grammy como la mejor artista del momento. Gustos musicales aparte, cabe felicitarse por el hecho de que por una vez los académicos hayan premiado un estilo original en vez del clásico chumba-chumba hiphopero tan en boga por aquellos parajes, o la típica fórmula de rock descafeinado que ya no impresiona a nadie. Para quien desconozca la música de la tal Winehouse, simplemente imagínense a Diana Ross & The Supremes trasladadas al siglo XXI y salpicadas con unas gotas de Marvin Gaye y similares, y más o menos se podrán hacer una idea aproximada de cómo suena la susodicha.Pero lo interesante del evento no estaba tanto en la identidad de la ganadora (para muchos un premio cantado de antemano) sino en la posibilidad de que la cantante andara ya difunta para cuando le otorgaran el premio, convirtiéndose en la primera persona que gana el Grammy a la mejor "cantante revelación" a título póstumo. Por lo visto la muchacha deja al tal Doherty (célebre ex de Kate Moss) en bragas en cuanto a juergas se refiere, y ya hace quince días que se supo que sus médicos difícilmente la iban a dejar salir de la clínica de rehabilitación en la que se halla recluida desde su último atracón de crack. De hecho, en un instante bastante crítico hubo que sacarla del centro para llevarla a urgencias a fin de que la rehidrataran tras haberse pasado un par de días vomitando sin parar, lo cual hacía suponer que el síndrome de abstinencia que la cantante sufría más que mono era todo un Donkey Kong.
Estando así las cosas las apuestas de los casinos de Las Vegas pronosticaban que no habría forma humana de que Winehouse actuase la noche de los Grammy en modo alguno, ni siquiera de que pudiese lucir una pinta mínimamente presentable, pero para sorpresa de todos al final la cosa se saldó anoche con una solución de compromiso: conexión vía satélite para agradecer los premios y una actuación desde la lejanía en la que se puede ver a los médicos de bata blanca entre los bailarines, por si a la susodicha se le ocurría esnifar algo entre estribillo y estribillo. Bueno, esto último ha sido una licencia poética, pero si creen ustedes que ha sido una broma de mal gusto (que lo ha sido) créanme si les digo que, precisamente hablando de apuestas, los hay que se las han ingeniado para montar (y con bastante éxito) una web de lo más original sobre la dulce Amy (from the creators of "when is Britney going to die?", by the way), cuestión que supera de largo mi inofensivo humor negro. Hagan sus apuestas y no se sientan mal: ya son multitud los que han anticipado una fecha para hacerse con la codiciada Playstation 3 o el no menos lujoso iPod Touch.
Por cierto, ¿les he comentado que también ha ganado un Grammy a la mejor canción? En concreto por el tema Rehab, del cual les extraigo las letras, para que vean las intenciones que lleva la chavala. Léanlas y díganme si resulta descabellado lanzarse a apostar por una fecha de fallecimiento inminente:
They tried to make me go to rehab
I said no, no, no.
Yes I been black, but when I come back
You wont know, know, know.
I ain’t got the time
And if my daddy thinks im fine
He’s tried to make me go to rehab
I wont go, go, go.
NOTA: el de la foto es su marido, que tampoco pudo asistir al evento porque está entre rejas por ajusticiar a un camarero faltón.
Etiquetas: música
Love will tear us apart
lunes 24 de diciembre de 2007 1:00
Vale, como no podía dejar mis gustos musicales a un nivel tan bajo como el del último post, y teniendo en cuenta que hoy es Nochebuena y mañana Navidad, he decidido que la entrada de hoy, más que un post propiamente dicho, será mi regalo de Papá Noel para todos aquellos que se pasen por aquí. ¿Cuál es el grupo que más me ha marcado desde que llevo escuchando música? Ni idea, pero serían un montón, sobre todo teniendo en cuenta lo ecléctico de mi repertorio discográfico. En función del día me apetece escuchar un tipo de música u otro, y procuro no cerrarme a nada ni a nadie. Pero si me preguntan por una canción, por LA canción de mi vida, aquella cuyo título me habría tatuado en el brazo en alguna noche de borrachera de juventud, aquella que más me jode no haber podido vivir nunca en directo y sabiendo que nunca podré hacerlo, la que he escuchado más obsesivamente en mi iPod o conduciendo a solas en el coche, la que más me atrae por su concepto tan básico y a la vez tan sofisticado, la que de verdad me habría gustado componer de haberme dedicado a esto de la música, ésa sería sin duda la canción emblema de los Joy Division: Love Will Tear Us Apart.Ian Curtis, el vocalista y líder de la banda, la compuso un año antes de colgarse en su cocina, y desde que apareció en el recopilatorio Substance se ha convertido en un icono del sonido post-punk británico. A mí la música que más me gusta, en cualquiera de sus vertientes, es la inglesa. Desde Smiths hasta New Order, pasando por Massive Attack o Portishead, encuentro que en el Reino Unido es donde desde siempre mejor han sabido combinar la melodía con el ritmo (sobre todo en lo que se dio a conocer como el "sonido Manchester"). A los latinos nos pierde la salsa, el flamenco y los cantautores (como a los franceses), a los americanos les gusta demasiado el rock&roll puro y duro y el blues, pero si uno quiere empaparse de la mezcla justa entre todos estos estilos, salpicada por unos toques de pop, nada como el Reino Unido. Supongo que por eso siempre he preferido a los Beatles antes que a los Stones. La melodía, siempre la melodía.
"Love Will Tear Us Apart" se escribió, cuenta la leyenda, como una réplica irónica al "Love Will Keep Us Together" de The Captain & Tennille. Curtis la compuso precisamente mientras su matrimonio se desintegraba (dicen que ésa fue la razón principal de su suicidio, junto a su frágil estado de salud) y si hoy en día permanece vigente como el mayor emblema de Joy Division en parte es porque la banda, tal y como prometieron justo cuando se formó, se desintegró al morir su vocalista. Uno pensaría que si cuando montas un grupo tienes que firmar una cláusula por la cual si uno de sus integrantes fallece habrá que finiquitarlo los augurios de futuro no son demasiado buenos. Pero en fin, el resto de los miembros acataron el pacto y se reagruparon bajo New Order, y aunque nos brindaron temazos tan potentes como el "True Faith", el "Bizarre Love Triangle" o el "Blue Monday", ninguno estuvo a la altura de esa pieza de orfebrería musical que servía como canto al desamor. Otra del grupo que también me afecta bastante cuando la oigo es "Decades", aunque la temática es bastante diferente. Otro día hablo sobre ella.
En todo caso, y gracias a My Old Kentucky Blog, aquí les ofrezco un surtido bastante completito de versiones de este gran temazo, todo un icono de la música popular de finales del siglo pasado (letras aquí):
Joy Division - Love Will Tear Us Apart
Joy Division - Love Will Tear Us Apart (Peel Session)
The Frames - Love Will Tear Us Apart
Jose Gonzalez - Love Will Tear Us Apart
Calexico - Love Will Tear Us Apart
Moonspell - Love Will Tear Us Apart
Shanes - Love Will Tear Us Apart
The String Quartet Tribute - Love Will Tear Us Apart
Nouvelle Vague - Love Will Tear Us Apart
Bis - Love Will Tear Us Apart
Swans - Love Will Tear Us Apart (different than version below)
New Order - Love Will Tear Us Apart (Live at Tower Ballroom in Birmingham, May 9th, 1983)
U2 & The Arcade Fire - Love Will Tear Us Apart (Live)
The Cure - Love Will Tear Us Apart
Hawksley Workman - Love Will Tear Us Apart
Paul Young - Love Will Tear Us Apart
Prozak For Lovers - Love Will Tear Us Apart
Albert Kuvezin & Yat-Kha - Love Will Tear Us Apart
Brothers Past - Love Will Tear Us Apart
Boy Division - Love Will Tear Us Apart
Kaycee - Love Will Tear Us Apart (Märtini Bros. Mix)
Squarepusher - Love Will Tear Us Apart
Stanton-Miranda - Love Will Tear Us Apart
The Tea Party - Love Will Tear Us Apart (Live)
10,000 Maniacs - Love Will Tear Us Apart (Live)
Swans - Love Will Tear Us Apart (red version, Jarboe vocals)
Worm Is Green - Love Will Tear Us Apart
Jah Divison - Love Will Tear Us Apart
Unbroken - Love Will Tear Us Apart
The King - Love Will Tear Us Apart
Invisible Limits - Love Will Tear Us Apart
In The Nursery - Love Will Tear Us Apart
Carnival Of Fools - Love Will Tear Us Apart
Simple Minds - Love Will Tear Us Apart
Honeyroot - Love Will Tear Us Apart (m4a)
Fall Out Boy - Love Will Tear Us Apart (m4a)
Si les ha gustado, les informo que esta Navidad ha salido publicada una recopilación remasterizada de toda su discografía. Por una vez, y sin que sirva de precedente, vale la pena pagar lo que les pidan en la tienda de discos. Y no se dejen engañar por las apariencias: uno puede ser un sujeto la mar de alegre y optimista pero en cambio dejarse seducir por el canto desesperado de un suicida que vomita sus sentimientos en una melodía semiagónica pero en el fondo cantada con dulzura. ¿Y ustedes? ¿Qué tema se llevarían a la famosa isla desierta y porqué?
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Stock, Aitken and Waterman
sábado 22 de diciembre de 2007 1:00
¿A quién de los presentes no les dicen nada los nombres del título de este post? Los que hayan levantado la mano ya pueden irse para casa, que esto es un post para nostálgicos. Ayer estaba como siempre en la oficina rebajando el papeleo con mi emisora de radio por internet sonando de fondo cuando de pronto sonó esto. Hacía tanto que no lo oía que se me saltó la lagrimita y todo, pues hubo una época en la que todo el mundo movía el esqueleto al ritmo de estos clásicos acordes discotequeros, marca oficial de un estilo que dominaba el panorama musical ochentero. Y los responsables de semejante movida fueron estos tres señores del título, de ahí mi pregunta inicial.Estos tres productores, según cuenta la Wikipedia, se conocieron en el 84 y su primera creación fue la célebre adaptación del "Venus" de los Shocking Blue a cargo de las Bananarama. Éxito absoluto y a partir de ahí se puso en marcha una maquinaria de clones que incluyeron a Rick Astley, Kylie Minogue (los que babean ahora con la australiana tienen que agradecérselo también a los S-A-W, que la sacaron de "Neighbours" y le hicieron entonar el "Locomotion"), Sinitta, Mel & Kim, Jason Donovan (novio de la época de la Minogue), Sonia, Princess y un sinfín de personajes a cual más cutre. Sus pintas de hortera son lo de menos, incluso eran lo de menos a finales de los ochenta, pues lo que de verdad movilizaba a las masas era el sello que este "trío calavera" de la producción musical imprimía a todas sus creaciones. Hasta El Fary podía haber interpretado uno de sus temas, que hubiera arrasado en el Billboard americano. Tal era la fuerza que esta asociación de productores tuvieron en la industria musical, y poca broma que hasta llegaron a grabar con Judas Priest (ya sé que Fórceps no me lee hoy pero es por si hay algún 'heavy' en la sala).
Recomiendo a los que odian este tipo de música que no la emprendan con estos tipos y que piensen que hasta que los S-A-W crearon el sonido "Euro Disco" lo que mandaba en las salas de baile de medio mundo era el "Spaghetti Disco" o "Italo Dance", mucho más infumable si cabe, con engendros como el Silver Pozzoli o el Miko Mission cantando sus horteradas a diestro y siniestro. Sólo por ello ya les estaré agradecidos. Bueno, por eso y porque mi primer ligue discotequero cayó con uno de sus temas. Pero lo cierto es que abrieron una etapa gloriosa que se extendió hasta que llegó el reinado del Acid/House, sólo apto para corazones taquicárdicos. Por el camino surgieron miles de imitadores, entre ellos la canción que he enlazado al principio del post.
Quien sienta curiosidad por saber qué ha sido de esta gente no tiene más que pasarse por su web oficial e indagar un poco. Hoy en día provoca algo de vergüenza ajena observar ese catálogo de portadas añejas y pensar que en su día fueron 'lo más', pero como nunca me he considerado un tipo vergonzoso y no pienso renegar de mis humildes orígenes, he pensado que hoy era tan buen día como cualquier otro para dedicarles un post. Recuérdenme que otro día les haga uno sobre aficiones musicales más cultas, que les prometo que también las tengo, aunque no son tan divertidas.
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El test de “Roxanne”
martes 11 de diciembre de 2007 1:00
A veces no me aclaro sobre si soy optimista por naturaleza o un pesimista irredento. Como todo el mundo, depende del estado de ánimo del día en cuestión pero diría que la tendencia general es a ver las cosas por el lado bueno. Tampoco es que sea de los que le ponen una sonrisa a todo (actitud sólo apta para ignorantes, y más después de haber acumulado cierta experiencia en la vida) pero suelo encajar bien los golpes y me cobijo a menudo en lo de "a mal tiempo buena cara", intentando hacer acopio de fuerzas para encarar el futuro bajo un prisma positivo.Hablando con un amigo del tema llegamos a la conclusión de que para saber más o menos de qué pie calza cada uno había que someter a la gente a un test emocional de forma subliminal. Como siempre en estos casos no vale con hacer la pregunta directa sino que resulta preferible trazar un pequeño rodeo para tratar de cazar a la presa sin que ésta se dé cuenta. El ejemplo que se nos ocurrió fue coger la canción de "Roxanne" y preguntar a la potencial víctima sobre la moraleja que extraía de la misma. Ya saben, el tema de The Police habla sobre una puta y de los intentos de un hombre por sacarla del mundo de la prostitución: "no debes poner el farolillo rojo esta noche, estos días se han acabado, no debes vender tu cuerpo a la noche". Imagino que se trata de un pretendiente o de un cliente satisfecho embriagado de amor, tanto da, pero la cuestión radica en saber qué sucede justo cuando concluye la última nota.
"¿Tú que piensas?", le pregunté a un amigo. "¿Consigue librar a la puta de su destino y viven juntos y felices para siempre o crees que es una causa perdida?" "Me parece que se trata de un tío con pasta que termina por retirarla", me contestó. Y ahí estaba un optimista al cien por cien, deduje. "No tiene nada qué hacer: Roxanne lleva tanto tiempo viviendo como una puta que ya no se adaptaría a otro modo de vida", me respondió otro. "Menudo pesimista", pensé para mis adentros. Y así.
Alguno dirá que este test es un tanto rudimentario y que pocas cosas aclarará sobre la verdadera naturaleza de un ser humano. No digo que no, y yo de hecho pensaba más o menos lo mismo, pero justo el otro día se lo colé a un amigo mío, empresario de éxito en la vida y hombre con pocos escrúpulos que suele mirar de cara a la pela. ¿Su respuesta? "¿Pero es que no lo ves? El tío éste es un chulo de la competencia que planea hacerse con los servicios de la mejor puta del barrio para montar su propia red de putas de lujo y crear un imperio". Yo que buscaba diferenciar entre optimistas y pesimistas y al final creo que he dado con la piedra filosofal del comportamiento humano.
Realidades paralelas
sábado 17 de noviembre de 2007 1:00
Hay cosas que verdaderamente se me escapan, y una de ellas es el anuncio a bombo y platillo realizado por Paul McCartney sobre la distribución de la música de los Beatles en internet a partir del año próximo. ¿Dónde estarán los discos de los Fab Four a partir del 2008? ¿En iTunes? ¿En Napster? ¿En el portal de descargas de Microsoft? Déjenme que les despeje la duda: en cualquier portal de Bittorrent, igual que ahora. La verdad es que por más que me empeño no lo entiendo: en un momento en el que bandas como Radiohead ofrecen su música inédita de forma gratuita a través de su portal de internet, no sé quién es el lumbreras que ha decidido pujar (pagando una astronómica cifra, sin duda) por hacerse con los derechos de publicación en la red de la discografía de los Beatles.Imagino que debe haber bastante gente dispuesta a apoquinar el montante que sea necesario por tener a los chicos de Liverpool en formato mp3 sonando desde su iPod, pero teniendo en cuenta que hace como mínimo diez años que esa opción ya es factible de forma gratuita dudo que muchos de ellos no tengan ya descargada la discografía desde hace tiempo. Ahí ha habido un claro error de estrategia por parte de McCartney, francamente. De tanto hacerse de rogar ha perdido royalties a mansalva pues muchos de sus fans ya tienen sus necesidades cubiertas gracias al fantástico mundo de los P2P. De haberse decidido un lustro antes, hasta George Harrison habría podido disfrutar (más si cabe) de los beneficios de la operación. Bueno, ahora podrán hacerlo los buitres carroñeros de sus herederos.
La cuestión es que, viendo el enorme revuelo que la noticia ha causado en los medios de todo el planeta, me da la sensación de que yo vivo en una realidad paralela. En mi mundo nadie paga un euro por bajarse una puñetera canción del iTunes, ni Dios piensa dejarse 600 euros por un Windows Vista, a la mayoría se la trae floja la descarga de capítulos de series de TV a cambio de unos céntimos, los que pueden piratean la señal de Digital+ y, en definitiva, ya hace siglos que hemos asumido que todo lo digital es gratis. ¿Soy acaso un delincuente digno de dar con mis huesos en la cárcel por habitar en este mundo tan pragmático? Si usted es Ramoncín supongo que pensará que sí, pero si es una persona normal me da en la nariz que será más de los míos que de los otros. En todo caso, me da que la industria musical aún sigue muy desconectada de la realidad que se palpa a pie de calle. O eso o es que los españoles somos, junto a los tailandeses, los más piratas del mundo y en el resto de países la gente se deja la VISA en estas cuestiones. Tampoco lo descarto, ojo.



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