Fakebook

jueves 8 de enero de 2009 2:52

facebook-fakebookAndaba yo el otro día curioseando por Facebook cuando de pronto me encuentro con el perfil de George Clooney: más de tres mil amistades y todo tías. Obviamente, un fake como la copa de un pino, aunque una buena forma de encontrar ligue por internet. Hace quince días quedé para comer con un amigo y me comenta que está tramando conquistar a una chica creando un perfil falso de mujer y mandándose mensajes a sí mismo en el dichoso Facebook para darle celos. No hace mucho leí en una revista que abundan los perfiles falsos en Facebook, muchas veces como simple pasatiempo para hacer amigos proyectando una imagen que no se corresponde con la real, otras con fines suplantatorios (y posiblemente difamatorios), y en alguna ocasión para crear un alter-ego que pueda dar rienda suelta a los rasgos ocultos de la personalidad de cada cual (al más puro estilo Clark Kent/Superman, imagino).

Y ahora la pregunta es: ¿hasta qué punto el éxito del invento no se está cargando el motivo por el que se creó? Si llega un punto en que hay más perfiles falsos que auténticos en Facebook, ¿qué sentido tiene ir por esa red social haciendo amistades? ¿Matará la imaginación enfermiza de los internautas el rollo este de la web 2.0?

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La realidad ya no es lo que era

lunes 5 de enero de 2009 1:00

Lo debatía el otro día en Twitter: ¿pueden dos personas que no se conocen de nada y con muy poco en común hablar de sus problemas reales en internet teniendo en cuenta los nicknames y la tendencia a ocultar nuestros defectos en el mundo virtual? La respuesta es sí, claro, y posiblemente con mucha más libertad que frente a alguien a quien conocemos de verdad en el mundo real y mirándole a los ojos. Total, no tenemos nada que perder y además ese interlocutor no ha tenido tiempo aún de formarse unos cuantos prejuicios sobre nuestra persona. Lo cual no deja de resultar paradójico: somos más libres relacionándonos en el mundo virtual, ya sea a través de Twitter, la blogosfera o las redes sociales, que frente a una taza de café con un compañero de trabajo, amigo, familiar o pareja. No en todos los casos, obviamente, pero si es cierto que el anonimato y la garantía de que obtendremos respuestas honestas y no sesgadas por la opinión preconcebida que tienen de nosotros facilitan la exposición de ciertos temas que, en el mundo real, podrían levantar ampollas.

A estas alturas ya hemos visto todos suficientes ejemplos como para entender de qué estoy hablando: desde la que confiesa que quiere ser lesbiana pero no se atreve hasta el que se plantea ser infiel con el primero que le tire los trastos. Yo, como buen cotilla, me siento fascinado por esta clase de conversaciones y suelo inmiscuirme discretamente para entender de qué está hecha la materia humana. Y la conclusión a la que llego es que todos estamos hechos de la misma pasta: tenemos los mismos sueños, temores, ambiciones y el mismo afán de notoriedad que nos lleva a adoptar las mismas poses de cara a la galería, cuando por dentro somos como niños asustados que lo único que buscan es la aceptación del prójimo y la inclusión en su grupo social.

Lo curioso del caso es que para llegar al fondo de cada uno me resulta más sencillo analizar una conversación del mundo virtual que una en el mundo real. Será por eso que cada vez más gente se engancha al ordenador y prescinde de las relaciones de carne y hueso: en el fondo sólo queremos que nos acepten tal como somos, y esta faceta de la realidad sólo la mostramos en un mundo irreal en el que no nos conoce nadie. Definitivamente, la realidad ya no es lo que era.

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La Wikipedia contra John Balcerzak

jueves 18 de diciembre de 2008 1:00

wikipedia1He aquí uno de esos casos en los que uno no sabe si creer en la Wikipedia, la que se supone es la Biblia electrónica por antonomasia. En descargo de la ciberenciclopedia diré que nada más entrar en la página que describe la biografía de John Balcerzak nos aparece un aviso en el que se estipula que "este artículo contiene indocumentadas alegaciones ofensivas sobre una persona viva. Este contenido debe ser retirado inmediatamente".  Por tanto, bien podría tratarse de un camelo: es el riesgo que uno corre cuando consulta la Wikipedia en vez de la Britannica. Pero repasando el texto referenciado del New York Times y ojeando los enlaces recomendados las sospechas hacen que me incline por lo de "cuando el río suena...", si bien no sé hasta qué punto los hechos no han sido distorsionados para provocar un efecto en el lector.

La cosa podría resumirse de la siguiente manera: un delincuente sexual previamente condenado viola a un chico. El policía encargado del caso no sólo no verifica los antecedentes del agresor, sino que encima se chotea de la víctima con comentarios homófobos (siempre según la Wiki) y se la vuelve a entregar al violador, el cual mata al chaval tras volver a abusar de él. Luego trocea el cadáver. Descubierta la metedura de pata, se despide al policía y a su compañero pero, por uno de esos avatares del destino, el sindicato policial decide tomar el caso como bandera y se enzarza en una lucha para que los oficiales recuperen sus puestos de trabajo. Diez años más tarde, el policía es elegido para el cargo de la Asociación Policial de Milwaukee. Su labor desde entonces ha sido ampliamente cuestionada, en parte por ignorar el proceso contra el agente Alfonzo Glover, que fue acusado de asesinato y posteriormente se suicidó.

A ustedes les corresponde decidir si se trata de un caso de justicia poética con un policía injustamente acusado de protagonista o de la biografía de uno de los más grandes hijos de puta que hayan pisado este planeta. Lo que llamó mi atención sobre el asunto no fue tanto el artículo de la Wikipedia en sí, sino este hilo de debate con más de trescientos comentarios en el que se cuestiona no tanto el escabroso artículo sino la veracidad de los hechos ahí descritos.

Hemos llegado a un punto en el que la gente ya no se fía de nada ni de nadie: por mucho que veamos en televisión a un tipo lanzarle un zapato al presidente de los EE.UU. ya no sabemos si pensar que se trata de un montaje o de un cuento con moraleja, en las portadas de las revistas de moda más que los cuerpos diez admiramos la destreza del que maneja el Photoshop, las noticias de la prensa no logran desprenderse del tufo tendencioso y ahora hasta la Wikipedia parece que nos quiere engañar pintando a un santo como un demonio. Claro que por otro lado no paramos de oír historias sobre políticos corruptos, sobre malos tratos policiales, sobre errores judiciales y sobre una sociedad podrida que se va descomponiendo a través de la sección de "Sucesos"... Y he ahí el dilema del lector/espectador pasivo: tener que escoger entre el rocambolesco teatro de la vida o las teorías conspirativas de alto nivel siempre dispuestas a manipular nuestro pensamiento.

Ante semejante disyuntiva, se impone la prudencia, cuando no el cerrar la mente para no volverse loco pensando en las posibilidades. Hacer con las noticias como con las elecciones: simplemente abstenerse. Que bastante tenemos ya con lo nuestro como para pensar en toda la mierda que va derramándose por encima de la cloaca que algunos llaman mundo.

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Esta noche no, cariño, prefiero bloguear

sábado 13 de diciembre de 2008 1:00

Vale, siempre me he reído de las encuestas. Vale, ésta viene de Intel ni más ni menos, con lo que los resultados tenderán a favorecer sus intereses. Vale, el artículo en el que viene la información tiene pinta de ser un choteo generalizado. Aun así...:
Una encuesta online encargada por Intel ha arrojado como resultado, además de otras cosas, que el 46% de las mujeres se quedarían sin sexo durante dos semanas antes que renunciar a Internet por el mismo periodo de tiempo. Los resultados aumentan para ciertos grupos de edades; 49% de las mujeres de edad 18-34, y 52% de las mujeres de edad 35-44.

Tampoco es que los hombres sean inmunes al canto de la sirena de la red, pero las cifras no son tan dramáticas. Un 30% de los hombres cambiaría el sexo por internet durante dos semanas si tuvieran que hacerlo, con el 39% de los hombres de edad 18-34 dispuestos a hacer el sacrificio según la encuesta. Sólo el 23% de los hombres de edad 35-44 lo harían.

Conclusiones: a pesar del mito que dice que los hombres somos más aficionados a la tecnología que las mujeres, se impone el hecho irrefutable de que al final vamos más salidos. Y cuanto más mayores, menos dispuestos a sacrificar un buen polvo por temas tecnológicos: será que nos damos cuenta con la edad que esto de internet es un invento para jóvenes, o será que con el tiempo aprendemos a apreciar el valor de una buena terapia sexual. Ya lo decía Marvin Gaye.

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Virus

sábado 6 de diciembre de 2008 1:00

virus-bombaMe bajo el otro día una versión del Photoshop desde el Bittorrent. Oficialmente para probarla y luego comprarla, extraoficialmente... bueno, ya saben. A la que tengo el paquete bajado, lo descomprimo y me encuentro con una decena de archivos de instalación ejecutables, a cual más sospechoso. Así que, antes de hacer el fatídico doble clic sobre el primero de ellos lo escaneo con el antivirus de Symantec que me venía instalado en el Windows (hablo del ordenador de la oficina). Resultado: limpio. Así pues, decido jugármela y lo arranco. Tras unos segundos de relojito estático, no pasa nada, el ordenador sigue tal cual. Como quiera que soy un pelín desconfiado con estos temas, desinstalo el Symantec y me bajo el Avast, un antivirus gratuito que suele dar excelentes resultados. Una vez instalado, practico un escaneo rápido y el programa me detecta la friolera de veinticinco archivos infectados por un troyano, entre los cuales un par que contienen el nombre Photoshop. Por tanto, mi intuición era correcta y el antivirus de Symantec una porquería. Limpio el disco duro, lo escaneo a fondo y, una vez comprobado que la infección ha sido eliminada, sigo trabajando normalmente.

Tres días después, recibo un mensaje de Facebook en el que me informan de que un amigo ha subido un vídeo en el que estoy incluido. Doy al enlace y me remite a una página en la que se me informa que debo bajarme la última actualización del Flash para verlo. Una vez más, la cosa huele a virus. Me bajo el archivo y lo escaneo con Avast. Resultado: limpio. Esta vez, sin embargo, no me fío y elimino el archivo sin ejecutarlo (toda precaución es poca tras la experiencia vivida). Al día siguiente, leyendo El País me topo con esta noticia. La intuición era correcta de nuevo, y una vez más el antivirus había fallado.

Así que ahí lanzo yo la pregunta: ¿de verdad son útiles los antivirus? ¿Para qué me sirve tener uno -de pago o gratuito- actualizado si al final no me va a detectar la mitad de troyanos que circulan por internet? Cada día estoy más convencido de que hay que pasarse a Mac o a Linux.

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Matrix Reloaded

lunes 1 de diciembre de 2008 1:00

Ahora que todo el mundo habla del cloud computing, léase la posibilidad de acceder a servicios basados íntegramente en internet (con Google como mayor exponente de este tipo de negocio), Kevin Kelly recoge esta idea y la lleva hasta territorios propios de la ciencia-ficción teorizando sobre la posible creación de un superorganismo en internet que controle toda la información a lo Matrix. La hipótesis se basa en la rapidez del incremento de ordenadores conectados a la red tanto por cable como por wireless, lo cual podría formar un superorganismo de computación con sus propios comportamientos emergentes, como si se tratara de un superordenador formado de millones de ordenadores que va recogiendo su información y utilizándola para sus propios fines.

Una entidad de estas características puede hallarse en cualquiera de los siguientes cuatro estados:

  1. un superorganismo fabricado

  2. un superorganismo autónomo

  3. un superorganismo autónomo e inteligente

  4. un superorganismo autónomo y consciente


A ustedes les corresponde situar al internet actual en alguno de estos estados, o incluso determinar si realmente existe algo parecido a este superorganismo. En el supuesto afirmativo, el autor sostiene que sería muy importante saber cómo funciona para poder utilizarlo en nuestro provecho, aunque también añade que difícilmente conoceremos todas las posibilidades de una entidad tan enorme. Y lo más interesante: ¿podríamos llegar a matar a un superorganismo de tales características, capando el acceso a la red de todos sus usuarios? ¿o acaso no  nos lo permitiría?

Por si acaso, vigilen no sea que se les cuele en la pantalla un troyano con la cara de un agente Smith de gafas oscuras cualquiera.

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La interactividad contra la TDT, los periódicos y... ¿los blogs?

viernes 28 de noviembre de 2008 1:00

Ignoro si está teniendo mucho éxito la machacona campaña en favor del TDT que se emite por televisión (ya saben, los spots de la cámara oculta en el ascensor y en el bar) y por radio. Diría que si al final la gente se pasa a la TDT será por el fútbol, porque si en algo está de acuerdo el común de los mortales es que el nivel de televisión que tenemos está por los suelos. Yo ya hace tiempo que he dejado de preguntar "¿qué echan hoy por la tele?" y me limito a confeccionar mi propia parrilla televisiva en base a los torrents que me voy bajando (en HDTV y sin anuncios) directamente de la programación norteamericana.  Así, los lunes toca "Sopranos", los martes "Dexter" y "Boston Legal", los miércoles "Fringe" y "The Mentalist", los jueves "The Shield" y para el fin de semana dejo "Pushing Daisies" y "Without a Trace". De la televisión nacional prácticamente sólo veo las noticias mientras ceno y aun así ni les presto demasiada atención. Si yo apareciera en el spot de la cámara oculta probablemente ni me inmutaría, y hasta lo vería como una gran oportunidad para dejar de consumir bazofia involuntariamente cada vez que conecto el aparato del salón.

Respecto a la prensa escrita, hasta no hace mucho tenía la costumbre de comprar un periódico al día para mantenerme al corriente sobre el panorama informativo. Normalmente usaba dos o tres periódicos de cabecera, y compraba el que tocaba en función de los opinadores de la jornada. Ocurre que cada vez me cuesta más arrancar unos minutos para repasar el diario, y nueve de cada diez veces termino por saltarme contenidos hasta llegar a lo que verdaderamente me interesa. Poco a poco fueron cayendo de mi rutina las secciones de "Internacional", "Política", "Economía", "Sociedad", "Deportes"... Al final me quedo con los artículos de opinión, las cartas de los lectores y la "Cultura y Espectáculos", pero me pregunto si vale la pena invertir un euro al día para tan poca chicha. Máxime cuando ya estoy suscrito a cientos de blogs cuya temática me interesa y me basta con echar un vistazo a mi Google Reader para estar al día sobre estos asuntos.

Pero es que hasta mis hábitos blogueros han cambiado recientemente. No hace tanto tenía una ruta bloguera fijada de ocho o diez bitácoras al día que me llevaba a comentar en sus comunidades. Con el tiempo me he dado cuenta de que se trata de comunidades estáticas, con lo cual siempre terminas hablando de lo mismo con los mismos. Gracias a Twitter y, sobre todo, a Friendfeed (imprescindible mi vistazo diario a FFholic), entro en un universo de temáticas variadas con grupos de individuos de lo más heterogéneos y comentarios cruzados que me aportan muchos más temas de interés de los que me puede ofrecer la televisión, la radio, los periódicos o los blogs estáticos.

La pregunta pues sería: ¿está la interactividad matando a los medios tradicionales (y a los no tan tradicionales)?

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The Life Swap Tube

miércoles 26 de noviembre de 2008 1:00

Del artículo de Diario Directo:
The Life Swap Tube lanza en España una red social de intercambio de vidas como forma de viajar

The Life Swap Tube (http://www.thelifeswaptube.com) lanzó la primera red social de intercambio de vidas en España como "una manera distinta de viajar en tiempos de crisis", según informó la compañía en un comunicado.

La web ofrece la posibilidad de intercambiarse de manera real por otra persona, en definitiva, por otra personalidad, en cualquier parte del mundo en cualquier momento del año, con la única condición de ser mayor de edad.

De manera gratuita, los 'lifer' (así se llaman los usuarios) pueden, a través del buscador del software encontrar perfiles afines. El siguiente paso es que ambos usuarios se pongan de acuerdo para intercambiar sus vidas.

En el cine he visto varias películas sobre el tema, la última con Cameron Diaz y Kate Winslet intercambiándose novios y estatus social. Interesante propuesta, pero se me ocurren mil preguntas que seguro que la letra pequeña del contrato no cubre. ¿Hay derecho de magreo del cónyuge ajeno? ¿Se puede disponer de la VISA del otro durante el periodo del intercambio? ¿Se puede usar el servicio para escaquearse de comidas familiares y reuniones de empresa?

Otra "gran" idea salida de las mentes pensantes que aún viven creyendo que en internet forrarse es fácil.

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Debates en red

viernes 17 de octubre de 2008 0:00

Ya sé que a nadie le interesa lo más mínimo (véase la entrada número 1.000 del blog y sus comentarios), pero sigo alucinando con Friendfeed y sus últimas actualizaciones. En serio, este servicio está evolucionando a la velocidad de la luz y en breve lo veo llevándose por delante a toda la competencia bloguera/twittera. Reconozco que metí la pata hasta el fondo en mis apreciaciones iniciales sobre Twitter: ahora mismo no sólo le veo mucha utilidad, sino que tiene un futuro asombroso si se utiliza correctamente. Aunque mejor debería decir que lo tenía, pues Friendfeed acaba de adelantarlo por la derecha.

Ríanse pensando que estas chorradas sólo le interesan a cuatro freaks (como a un servidor), pero les advierto que media blogosfera se está pasando a estos servicios y buena razón llevan. Déjenme que me explique: según ustedes, ¿cuál es una de las mayores gracias de un blog? Aparte de los textos del autor (la razón obvia), yo diría que la comunidad de comentaristas que se congrega diariamente en una página en concreto para hablar sobre cualquier tema usando como pretexto el último post colgado en la página. Es más, muchas veces la conversación a posteriori adquiere un interés mayor que el texto que la suscitó, y en muchos casos los comentaristas entran en la bitácora sin ni siquiera leerse el post sino atacando directamente la sección de intercambios de opinión (todos conocemos algún blog que entra en esta categoría pero mejor no los mencionemos para no herir susceptibilidades). La cuestión es que hace unos quince días me llamó bastante la atención un artículo de Venture Beat titulado Is political debate driving people to Twitter and changing its nature? Si se sienten cómodos con la lengua de Shakespeare y disponen de unos cinco minutos les recomiendo encarecidamente su lectura. Básicamente, cuenta cómo los analistas de esta clase de inventos se dieron cuenta de que mucha gente se daba de alta en Twitter el día de los debates electorales Obama-McCain o Palin-Biden. ¿La razón? Para comentar en directo el desenlace del debate con los amigotes Twitteros. De pronto, una herramienta estúpida diseñada para ególatras con demasiado tiempo libre se convertía en un espacio de intercambio político de alto nivel, con Twitteros ilustres replicando a las nuevas hordas en tiempo real, gracias a inventos como el maravilloso Twitterfox. Para que nos entendamos, como un chat pero seleccionando a la gente con la que queremos discutir. Por lo que he podido leer por internet estos últimos días, esto es una tendencia en auge en todos los campos: desde comentar un partido de fútbol en directo hasta tertulias literarias o de arquitectura montadas por especialistas desde páginas web en las que uno puede apuntarse. En definitiva, lo mismo que se hacía en los hilos de comentarios de los blogs pero ignorando a los trolls y con grupos más o menos cerrados: el paraíso del comentarista ocioso.

Obviamente, Friendfeed no podía quedarse atrás, y precisamente en el debate entre candidatos a la presidencia USA de anteayer estrenó una herramienta de debate a tiempo real disponible para todas las actualizaciones de sus usuarios. En este caso, lo más parecido al chat tradicional (también con sus "habitaciones" temáticas seleccionables desde cualquier programa de IRC), pero con una interfaz más trabajada y sin tantos cuelgues como los canales al uso que se montaron en los inicios de la era internauta, allá por el pleistoceno. Sea bajo una forma u otra, parece evidente que las nuevas herramientas de discusión abundan en la red (Disqus, sin ir más lejos, también ofrece un servicio de búsquedas entre los comentarios de los blogs, para que un usuario cualquiera pueda saber de qué se está hablando en un momento determinado en cualquier punto de la blogosfera y así poder apuntarse a la movida sin ni siquiera necesidad de leer el post, una acción que pasa a ser algo opcional y casi irrelevante).

Así pues, para los amantes de las tertulias con contenido y a los que no les apetece tragarse un rollo como el que les acabo de soltar yo hoy para poder empezar a pelearse con la clientela, nada mejor que darse de alta en Twitter, Friendfeed o Disqus y empezar a seleccionar a los amigotes con los que tirarse los trastos a la cabeza de forma cotidiana. Sin duda, el futuro de la red... o no.

¿Quedamos en Twitter para el próximo Barça-Madrid?

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La ruina de la prensa del corazón

miércoles 8 de octubre de 2008 0:00

Enlazando con el post de ayer, y hablando del sector social de la prensa -el que ostenta un epíteto rosado y que presenta sus ecos en papel couché-, diría que sus días de vino y rosas vienen tocando a su fin, y no precisamente porque las ansias sensacionalistas y cotillas de la gran masa se hayan amansado, sino porque internet sin duda las sustituirá a la velocidad del rayo cuando las nuevas generaciones lleguen a la edad de consumir. Es cierto que abandonar el hábito del periódico resulta dificultoso dada su comodidad, y también queda claro que la gente a la que le gusta leer no prescindirá de comprar libros para dejarse las dioptrías en su móvil a corto plazo (por mucho que lo diga Enrique Dans), pero lo de la prensa del corazón es otra cosa. ¿Para qué gastarse los euros semanales en estas tonterías si hay infinidad de blogs ahí fuera dispuestos a suministrar carnaza al personal a un ritmo de tropemil posts al día? Por lo pronto, a nivel internacional tenemos a perezhilton, Agent Bedhead, Celebrity Dirty Laundry (nombre explícito donde los haya), Celebitchy (ídem) o Staralicious (algo más glamouroso); a nivel patrio Poprosa, Vivaelrosa, El Blog de Famosas (recomendable también para el sector masculino de la audiencia), Wow!, o el sinpar Todo Cotilleo (el "Tomate" de los blogs), sólo por citar unos cuantos. ¿De verdad creen que la quinceañera de hoy al llegar a la treintena se suscribirá al "Hola" y al "Lecturas", pudiendo abarrotar su Google Reader de los últimos chismorreos con la ventaja de que se generan casi a la vez que sucede la noticia?

Pero lo que me ha abierto los ojos definitivamente ha sido la decisión de Minnie Driver de mostrar las primeras fotografías de su hijo recién nacido directamente en MySpace. Atención al siguiente párrafo:
La actriz británica de 38 años, que dio a luz al pequeño el 8 de septiembre en Los Ángeles se une así a las madres famosas que han rechazado las apetitosas cifras ofrecidas por las publicaciones para publicar la primera foto de los recién nacidos. Halle Berry y Nicole Kidman la preceden. Ninguna de ellas quiso exponer a sus hijos al público cobrando.
La opción parece clara: dado que igualmente me van a jorobar sacando fotos del retoño cuando vaya con el carrito al supermercado, mejor les fastidio y saco a la luz pública las dichosas fotografías yo misma para poder librarme de los paparazzi. Que no es poco, ojo. Se podrá objetar que con este método la actriz dejará de percibir unos buenos ingresos, pero sinceramente, con cualquier papel secundario en una película de tercera división seguro que cobra lo mismo o más, y por lo menos no tendrá que escuchar que se ha vendido a los tabloides por cuatro perras. Y no sólo eso: en un futuro podrá defenderse de las intromisiones en su vida privada alegando que ella jamás ha vendido una exclusiva, por lo que se ha ganado el derecho a que la dejen en paz.

Lo cual me lleva a mi anterior vaticinio, claro. Porque como esta moda empiece a generalizarse entre los famosos y todos decidan mandar las exclusivas directamente a internet, ya me dirán ustedes de qué va a vivir la prensa rosa de ahora en adelante, y más si, como sostengo, las compradoras del futuro (educadas en la época del "todo gratis") deciden no rascarse el bolsillo semanalmente. Menos mal que seguramente quedará algún alma caritativa como Ana Obregón o Norma Duval, siempre dispuestas a humillarse en público para que los pobres muchachos de la prensa puedan pagar sus hipotecas a final de mes.

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Credulidad internauta

jueves 4 de septiembre de 2008 0:00

El fin de semana pasado, mientras degustaba una suculenta comida con unos familiares, alguien me preguntó si todavía era tan adicto a los Actimels matutinos. Es sabida mi afición a este brebaje de la marca Danone, pues desde que empecé a tomarlo allá por el 2002 mi índice de resfriados anuales, bastante considerable hasta esa fecha, ha descendido espectacularmente. Yo no sé si ha sido por los Actimels, por el cambio climático o porque con tanto estrés ya no tengo tiempo ni de pillar una gripe, pero la cuestión es que como me gusta su sabor he seguido mi rutina matutina hasta el día de hoy. Por tanto, respondí afirmativamente. "¡Ajá! Pues deberías saber que ya has pringado, porque por lo visto tu organismo se ha acostumbrado al L-Casei del Actimel, y la glándula de tu cuerpo que lo produce ha dejado de hacerlo, así que estás condenado a tomarlo de por vida o te resfriarás cada dos por tres". "¿Y tú cómo sabes eso?", pregunté. "Porque me ha llegado por e-mail".

Tampoco quise enzarzarme en una discusión sobre los bulos que corren por internet, pero la cosa desprendía un tufo a mentira vírica que no podía con él. Pensándolo friamente, tal vez los de Danone habían encontrado el truco perfecto para enganchar al consumidor, el caso más espectacular tras lo de la adicción de la nicotina. Ya me puedo imaginar la publicidad a partir de ahora: "si has tomado Actimel durante los últimos años, ya eres nuestro", y acto seguido un incremento de precio del 100%. Pero la opción se me antojaba, como mínimo, rocambolesca. Así que al llegar a casa tecleé cuatro palabrejas en el Google y, como esperaba, me encontré con un PDF oficial de la propia Danone desmintiendo semejante tontería. Yo no sé porqué la gente tiende a creerse todo lo que les llega por correo electrónico, pero parece que basta con que el texto esté más o menos bien redactado y que parezca profesional para que las hordas piquen uno tras otro sin dudar. Será que yo siempre he puesto en entredicho todas las informaciones que me llegan, aunque salgan por el telediario por boca de una presentadora macizorra (no me fío ni de los mails que avisan de la localización de los radares en las carreteras, pues siempre pienso que se trata de un resentido que quiere que nos multen), pero me da que si los mails de alargamiento de pene vinieran firmados por un tal Dr. Barraquer la mitad de la población tiraría de VISA para comprar los chismes anunciados. En general somos así de crédulos.

En realidad a mí también me las cuelan de dos en dos, porque en la misma búsqueda del Google encontré este interesante enlace en el que, en un par de párrafos, tiran también por tierra el mito de los resfriados y el Actimel. O sea que si no me constipo tanto será porque me he hecho mayor o porque el whisky del fin de semana mata los bichos que pululan por mi organismo. O a lo mejor es otro bulo, qué sé yo. El hecho de que este desmentido se halle en un foro de alopécicos ansiosos por recuperar su cabellera me hace sospechar bastante, y es que ya se sabe que no hay nadie más crédulo que un calvo con ansias de recuperar el toupé que lucía en su juventud.
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El arte de lo conceptual

viernes 29 de agosto de 2008 0:00

Diría que todo empezó con el magnífico blog Postsecret. Para quien no lo conozca todavía a estas alturas, simplemente señalaré que se trata de una creación de Frank Warren, que ideó un experimento según el cual la gente le mandaba postales anónimas con sus confesiones secretas y él se comprometía a publicarlas en el blog siempre y cuando tuvieran una cierta estética de vertiente artística. Contra todo pronóstico, la cosa no derivó en la clásica web de confesiones sexuales privadas (en plan "me masturbo pensando en mi perro"), tan frecuentes en internet, sino que el catálogo abarca desde la nostalgia de la infancia hasta intentos de suicidio, pasando por instintos violentos/primarios y las fallidas relaciones familiares o las envidias laborales. Una amalgama tan variada de relatos secretos sólo se consigue obviamente aplicando un filtro riguroso, y eso es lo que ofrece Warren a los seguidores de Postsecret: de las miles de postales que recibe él sólo publica las que cree que merecen la pena, y de ahí la alta calidad del contenido.

Muchos intentaron con el tiempo improvisar un website similar (yo y Forceps incluidos) para alcanzar el éxito internauta por la vía rápida pero lo cierto es que la mayoría han fallado en el intento (véanse los aburridos y reiterativos Group Hug o Dailyconfession.com) precisamente porque carecen de filtro y porque casi todas las historias presentan un componente ficticio sospechosamente alto. Cuando ya parecía que la idea lanzada por Postsecret no iba a pasar de esa bitácora, ha sorprendido la creación de One Sentence, una peculiar página que recoge historias cotidianas "insignificantes" (como las definen los propios creadores) en una sola frase. Sorprendentemente, el invento ha triunfado y yo personalmente ya llevo un par de meses enganchado al asunto vía RSS. Lo mejor de esta recopilación de microhistorias es que son reales, sencillas y hacen reflexionar al lector porque se puede llegar a identificar con ellas en muchos de los casos. Por tanto, la entrada de hoy sólo servirá para recomendar la visita a esta web y, si les gusta, suscríbanse. Parece mentira, pero se sentirán menos solos con sus paranoias.

Es lo que algunos llaman "el triunfo del arte conceptual". Cuanto más sencilla sea una idea (¿verdad, Twitter?) mayor será el éxito que recogerá en internet. Por mucho que la tecnología vaya evolucionando, la gente siempre vuelve a lo básico. Y si no, que se lo pregunten al creador de esta singular página, también una sola frase que ya es toda una filosofía de vida, y una firme declaración de principios. Más minimalista, imposible.

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Pasando el tiempo

lunes 28 de julio de 2008 0:00

El personaje de Harvey Keitel en la película "Smoke" salía cada mañana de su estanco a la misma hora para hacer una fotografía de la esquina que tenía delante de la tienda, un paisaje urbano de lo más anodino y aparentemente sin interés, pero que al observarlo a través de la evolución de los años ofrecía un curioso testimonio del paso del tiempo en ese barrio neoyorquino. En internet empiezan a circular sitios web de gente que se fotografía frente al espejo cotidianamente nada más levantarse de la cama, con el fin de que se vayan apreciando los estragos que el paso de los años va causando en su físico. Es un procedimiento heredado de algunos artistas, que ya hace bastantes décadas (desde que se inventó la fotografía, tal vez) utilizaban este método para confeccionar metáforas fotográficas sobre el paso del tiempo y demás reflexiones que se puedan derivar de un conjunto de fotografías, y el efecto buscado supongo que es el mismo que el que se obtiene en algunos documentales (en especial los que quieren mostrar la construcción de un edificio, o de una plaza, o de un aeropuerto), que luego van pasando las fotos a cámara rápida y con música de fondo para que apreciemos el proceso en su plenitud.

A mí esta clase de experimentos me deprimen, debo confesarlo. No tanto por lo del "cómo hemos cambiado" ni por ver cómo hasta los más guaperas terminan quedándose arrugados, calvos y con papada, sino porque no hay nada que me parezca más triste que mantener una rutina fotográfica de este tipo a lo largo de toda una vida. ¿Se imaginan tener que hacer esto por narices cada día de su existencia, en un acto de autoexigencia salvaje del que no se pueden librar ni cuando se van de viaje, cuando los han echado del trabajo, cuando acaban de descubrir que su mujer les pone los cuernos o cuando fallece su padre? Total, ¿para qué? ¿Para dejar constancia de algo que ya se ve a simple vista? ¿Para enseñarlo a los amigos cuando vengan a cenar a casa y así ponerse melancólicos todos juntos? ¿Y qué pasa si algún día se declara un incendio en su hogar o viene un caco y les roba las instantáneas de los últimos treinta años? Me dirán que hoy con internet ya no existe el peligro: basta con pagar un plus por un Flickr o un Picassa ilimitados y a jugar (siempre y cuando no quiebre la empresa o se les estropee el servidor, claro), y probablemente todos los que cuelgan esta clase de fotos en internet lo hacen con vistas a pasar a la posteridad cibernética como pioneros de un nuevo arte.

Y ahí viene lo más deprimente de todo: que el trabajo de toda una vida a la postre sirva sólo para que un quinceañero, el día en que se tope con el álbum de fotos por casualidad, ponga un enlace en su Twitter o en su Facebook con la etiqueta "¡cómo mola!" entre la web porno de Pamela Anderson y el Youtube del último vídeo del rapero de turno. Al final para eso habrán servido todas esas piojosas mañanas... Lo que yo decía, una pérdida de tiempo. Menos mal que yo lo único que hago diariamente es escribir en este blog...

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No es el cuerpo sino la mente

lunes 26 de mayo de 2008 0:00

La noticia saltó en Brasilia la semana pasada: un cónyuge fue condenado por un juez por el delito de "infidelidad virtual" y tuvo que pagar la suma de 12.000 dólares a su ex-mujer, dado que el descubrimiento de unos correos electrónicos intercambiados con una amante causó a la esposa "graves perjuicios psicológicos que demandaron tratamiento especializado". El caso me parece interesante pues, aunque imagino que el inculpado mantuvo contactos sexuales con la receptora de las misivas, en realidad no se le ha juzgado por su relación en el mundo real sino por la que se desarrolló en el universo cibernético. Llevando el caso al extremo, ¿se podría considerar infidelidad un chat subidito de tono en algún canal de cibersexo practicado mientras la parienta duerme plácidamente en la habitación de al lado? Poca broma con el tema, que a la que la jurisprudencia ataque los millones pueden volar de una cuenta a otra en cualquier proceso de divorcio simplemente por unas imágenes sacadas de la webcam o por un par de emoticones decorados con un asterisco ("¿lo ve, señor juez? ¡se estaban besando!").

Si algún letrado inteligente consigue vincular la infidelidad con el estado de excitación mental en vez de con el físico barrunto que las demandas que pueden azotar a los internautas dejarán en aguas de borrajas a las tan publicitadas condenas contra los piratas informáticos. Porque si la abundancia de copias ilegales que circulan de un ordenador a otro constituye el segundo tráfico de importancia por volumen en la red de redes, no es menos obvio que el flujo principal lo constituye el de contenido sexual (o al menos así era no hace demasiado tiempo). Y si a un marido putero se le puede sablear el patrimonio por su asistencia continuada al putiferio de la esquina, a la que las leyes adopten la tesis de la "infidelidad mental" me veo en la ruina a los millones de cónyuges insatisfechos que satisfacen su onanismo descontrolado visionando las últimas entregas del Youporn. Si yo fuera el propietario de un bufete de abogados, tendría muy claro hacia dónde orientaría los servicios de mi firma en el futuro. Con demandas como la brasileña y con la cantidad de 'software espía' que circula por estas redes de Dios, me forro en dos días seguro.

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La psicópata del Meetic

viernes 11 de abril de 2008 18:02

En una empresa en la que trabaja una conocida existe una chica que aproximadamente cada mes estrena novio nuevo, a cual más guaperas, cachas y simpático. Las demás hembras de la oficina andan asombradas del potencial de esta chavala, máxime cuando ninguna de ellas la definiría precisamente como una mujer de bandera. Un día mi amiga le preguntó cuál era el secreto de su éxito en el ámbito sentimental. "Es que desde hace un tiempo me he apuntado a Meetic.com y tengo un montón de pretendientes virtuales". "¿Pero esto funciona de verdad?", inquirió mi amiga picada por la curiosidad. "¿Acaso no lo ves?", respondió ella, y tuvo que darle la razón. Ciertamente, tanto la cantidad como la calidad de sus conquistas había aumentado notablemente respecto a épocas pretéritas.

Cuando la historia llegó a mis oídos decidí trasladársela a un colega de una cierta edad con problemas para encontrar pareja estable, y le comenté la posibilidad de apuntarse a este servicio de encuentros por internet en vista del éxito de la susodicha. Fue un día laborable que habíamos quedado para comer, y del ataque de risa que le entró cuando oyó mi propuesta casi me escupe a la cara el pedazo de carne que tenía en la boca. "¡¿Pero qué dices?! ¿Tú sabes la de gente rara que te puedes encontrar por estos sitios?" Por lo visto el hombre ya lo había probado en diversas ocasiones y la conclusión que había sacado no podía ser más desalentadora. "De entrada, la mitad de las citas no se presentan. Tú te reservas un sábado por la noche para la cena romántica, y cuando llevas cuarenta minutos esperando en la puerta del restaurante muerto de frío terminas por cancelar la reserva y volver a casa a zamparte una pizza por encargo. Pero es que, además, a partir de una cierta edad quien se apunta a estas historias es que lo ha pasado muy mal en la vida, y te topas con cada caso de psiquiátrico que es para asustarte. Una vez, quedé con una que por la forma de coger el cuchillo mientras cenábamos ya deduje que le patinaba el embrague: una psicópata en toda regla, oye. Si llego a salir con ella seguro que a las tres semanas me liquida y tira el cadáver al río".

Tan convencido parecía mi amigo mientras contaba su historia que no tuve más remedio que comentarlo con mi conocida. Y ahora resulta que a la triunfadora sexual en su oficina la miran con otros ojos a resultas de mis observaciones. Me han confesado que, en cierto modo, le han cogido miedo, pues se la imaginan despachando a sus pretendientes a base de rebanarles el pescuezo mientras duermen tranquilamente tras el coito. Sólo así se explica tanto cambio de pareja sin dejar rastro. La semana pasada, haciendo acopio de valor, mi conocida le preguntó frente a la máquina de café: "¿Y qué se ha hecho del chico aquel que venía a buscarte en moto hace un mes?" "¿Raúl? Bueno, desapareció un buen día y ya no lo he vuelto a ver más". Glups. "¿Y el anterior?" "¿José María? No sé, nunca volví a saber de él cuando rompimos". Y, acto seguido, se rió.

Mi amiga se la mira mientras camina jovialmente con aspecto de inocentona por el pasillo y un escalofrío recorre su espalda. Empieza a tenerle un pánico irracional. Y lo que es peor, cuando las chicas ven aparecer a una nueva conquista por la puerta se les antoja una víctima en potencia; sienten un ansia tremenda de correr y avisarle del peligro que corre. Todos los tíos que desfilan por sus brazos les parecen corderos rumbo al matadero y se montan apuestas para discernir dónde aparecerá el primer cadáver. El otro día me confesaba mi amiga: "¿Me estaré volviendo paranoica? No sé, lo cierto es que sí que detecto un atisbo de crueldad en esa sonrisa pizpireta..."

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Una cuenta de iTunes

martes 25 de marzo de 2008 1:00

La semana pasada lo vi claro, desde el momento en que leí una noticia pescada en Applesfera: por lo visto Apple se está planteando seriamente la posibilidad de ofrecer una tarifa plana para acceder a todo su contenido musical online de forma ilimitada. Piensen bien en lo que quiere decir esto: todo el catalogo de la iTunes Store (creo que sólo le faltan los Beatles y cuatro más para tener el último siglo de música al completo) a su disposición pagando, pongamos por caso, 100 euros al año. Sin necesidad de buscarlo por la mula, o de interminables colas de espera, o de la clásica frustración al comprobar que aquella vieja joya de los ochenta sólo la tienen cuatro gatos mal contados y ninguno se digna a compartirla. Yo mismo, un clásico caso de alergia a pagar por nada que se pueda obtener vía peer-to-peer, debo admitir que me plantearía seriamente la posibilidad de apoquinar la pasta exigida para tener millones de temas a mi disposición con sólo hacer un clic. En parte sería como disponer de una copia de seguridad gigantesca de un disco duro de varios miles de Teras, y bastaría con hacerse a la idea de que el importe que nos cuesta sirve para mantener dicha copia en nuestro espacio virtual personal.

Si decía que lo vi claro es porque hasta el momento las empresas que vendían contenidos culturales en la red habían adoptado la estrategia de ofrecer a precio de saldo elementos unitarios, ya sea canciones, películas, libros o programas. Tal y como está evolucionando el tema (y la noticia enlazada lo confirma), de lo que se tratará en un futuro será de pagar una cuota por acceder a todo lo que queramos sin restricciones de ningún tipo: como pagar por el Digital Plus pero a lo bestia, para que me entiendan. Ellos suministran los contenidos; nosotros accedemos a ellos cómo y desde dónde queramos. Fantástico, ¿verdad?

Pues en parte sí, pero hay algo que me tiene mosca. Miro mis estanterías y están repletas de libros, de películas, de discos... toda una vida recopilando material para legarlo a la posteridad, todo un montón de recuerdos ahí expuestos para que mis descendientes se hagan una idea de quién fui yo en su momento; de qué cosas me gustaban; de qué películas, series, discos o novelas marcaron mi carácter de una forma determinada... todo eso desaparecerá para siempre si el nuevo modelo de negocio internauta termina imponiéndose, y no duden ni por un instante que lo hará. Se acabó el fetichismo de coleccionar obras culturales para saborearlas en la intimidad; ni rastro de aquellas expediciones eternas por las tienduchas de discos de la ciudad en busca de aquel vinilo añejo que tanto significaba para nosotros; nada de pasarse libros de mano en mano hasta que el olor a tinta se desvaneciese a medida que el contenido de esas páginas iba llenando la imaginación de sus lectores... En definitiva, todas nuestras aficiones y gran parte de nuestra personalidad se hallarán embutidos en una pantalla de ordenador, y Dios quiera que no nos corten la luz o se nos caiga el ADSL. Me pregunto qué cuernos les legaré a mis hijos o a mis nietos ahora que toda esa ingente cantidad de material pasará a ser engullida por las multinacionales audiovisuales y almacenada en un rincón diminuto de internet. Supongo que siempre podré dejar mi iPod en herencia, aunque dudo que esté fabricado para durar muchos años. Como último recurso, tendré que decirles a mis nietos que la vida de su abuelo se encuentra embutida en una cuenta de iTunes, ubicada en un lugar remoto a la espera de que el servidor la borre por falta de pago cuando yo ya no esté. Que sigan pagando si quieren que mi recuerdo no se desvanezca para siempre jamás... desde luego, el negocio puede ser redondo si encima nos atacan por la vía sentimental.

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Sociedad 2.0

lunes 17 de marzo de 2008 1:00

A través del blog de Enrique Dans me entero de que en internet existe la posibilidad de opinar sobre los servicios de los "proveedores sexuales" (las putas de toda la vida, para que se me entienda) de diversas ciudades norteamericanas a través de ciertos portales de internet especializados. Es como las críticas de cine o como los foros de coches: se trata de emitir una opinión aséptica y eficaz que pueda orientar al futuro consumidor. Así, por ejemplo, en The Erotic Review podemos encontrarnos con lo que opinan los clientes de Giselle (Seattle), una latina veinteañera con los bajos rasurados (¿en forma de pera?) y que, como bien se apunta en su ficha, delivers as promised (vamos, que no da gato por liebre). Atendiendo a lo que dice un cliente del pasado mes de septiembre: "I forgot it was a service", intuyo que la popularidad de Giselle aumentará espectacularmente en los próximos meses... Si viven en San Francisco tal vez les interese más consultar el Red Book y, en plan general, tenemos el que asegura ser el mejor suministrador de críticas de acompañantes de la red, Big Doggie (al menos los precios aquí están al descubierto). Toda una variada gama para las más eclécticas necesidades.

Cambiando de tercio, patidifuso me quedé el mismo día cuando fui a parar al portal Marry our daughter, un servicio que con el título ya indica claramente lo que posibilita. Quiero pensar que este portal es una coña marinera para que la gente pique y en cuatro días colgarán la foto de todos los depravados que han pujado, pero una lectura a sus FAQ me pone la piel de gallina y por un momento dudo. Por ahora, sólo válido para EE.UU., pero ya sabemos que aquí, por mucho que los critiquemos, al final siempre terminamos copiando lo que hacen los americanos.

El otro día leía un artículo en prensa que cuestionaba la legitimidad del fenómeno Chikilicuatre. Se preguntaba su autor hasta qué punto podemos fiarnos de la fiabilidad de las votaciones que se hacían en internet, y planteaba la inquietante posibilidad de que en un futuro no tan lejano se eligieran jefes de estado o presidentes de naciones surgidos a partir de fenómenos on-line similares. En principio se descartaba una hipótesis tan exagerada, pero viendo los ejemplos que cito ahí arriba y teniendo en cuenta la influencia que la red 2.0 tiene cada vez más en nuestra sociedad (si escogemos el marido de nuestra hija por internet, ¿por qué no los altos cargos políticos?) ya no me atrevo a rechazar nada.

Tal vez ha llegado el momento de preguntarse hasta qué punto internet puede convertirse en un invento perverso, y conste que yo soy muy liberal al respecto. O mejor aún, si en el fondo la perversión no viene por el sistema sino por las personas que lo integran, ¿no convendría ponernos a todos frente al espejo? Aunque si les soy sincero, el hecho de poder hundir a un político a base de votaciones SMS en el próximo debate electoral es algo que despierta cierto morbo en mi interior y que, si lo enfocan de la forma adecuada, podría incluso conseguir lo que ningún reality show ha logrado hasta el presente: que me deje todo mi sueldo en mensajitos mandados por el móvil.

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¿Inteligencia? artificial

sábado 1 de marzo de 2008 1:00

¿Están ustedes hartos de la campaña electoral? ¿Consideran que los partidos les inundan con propaganda cada vez que abren el televisor o encienden la radio? ¿Cada día se saltan más páginas del periódico para no tener que enfrentarse al Bambi o al barbas? Menos mal que aún les queda el ordenador, ¿verdad, pilluelos? Pues esperen, esperen, que los chicos del PSOE se acaban de sacar de la manga un nuevo invento para que no se libren de las mentiras propuestas electorales ni cuando se conectan a internet... Caballeros, les presento a iZ:
iZ es la última novedad que ha introducido el PSOE en campaña, una aplicación informática que pretende impulsar la comunicación con la ciudadanía y que, recurriendo a un personaje virtual, explica a través de sistemas de mensajería instantánea de Internet como el Messenger el programa electoral, muestra las propuestas más destacadas, permite consultar las candidaturas o acceder a plataformas para colaborar activamente en la campaña.

Con esta iniciativa el PSOE se convierte en el primer partido del mundo que dispone de una herramienta de estas características, que ofrece una amplia variedad de aplicaciones aprovechando las herramientas de las nuevas tecnologías.

Entre otras funciones, se puede charlar con el robot, buscar propuestas electorales entre las más de 1.300 cuestiones incluidas en el programa electoral, ver las promesas más destacadas del programa o hacer un análisis comparativo entre la gestión del PP y la del Gobierno de Zapatero.

¿A qué esperan para añadir semejante portento de contacto a su Messenger particular? Ya sé que lo de "charlar con el robot" puede sonar a raro, pero yo recuerdo que ya en mi viejo Amstrad existían programas en Basic que posibilitaban tener una conversación (un tanto surrealista) con la máquina. Actualmente en internet tenemos a Eliza (en inglés), la más popular de todas las llamadas inteligencias artificiales, y su réplica en español llamada KumakaBots. Si se entretienen un rato con ellos verán de qué son capaces esta clase de inventos (más bien de poca cosa), con lo que no tardarán en hacerse una idea de lo que puede dar de sí el artefacto de los socialistas. Y mucho ojito porque engancha lo suyo, con lo que las conversaciones estúpidas pueden dilatarse horas y horas, provocando la sospecha de su pareja, por ejemplo, que bien podría considerar que le está pegando los cuernos con un(a) ciberamante. Ya me imagino la bronca cuando uno se mete en la cama a altas horas tras haberse tirado un buen rato chateando con iZ:

-¿Qué hacías en el ordenador?

-Nada

-¿Cómo nada? Si te oía teclear...

-Sí, bueno, es que estaba chateando.

-¿Con quién?

-No, con un robot del PSOE, para informarme sobre la campaña y tal.

El divorcio parece asegurado. Además, si uno ya acaba harto de la cantidad de interrupciones que sufre por culpa de los dichosos cibercolegas que te machacan a mensajes por IM para ahorrarse cuatro duros, ya sólo hace falta que aparezca cada dos por tres un monigote con la Z de Zapatero anunciando que nos va a regalar 400 € de la próxima renta. Si por lo menos fuese cierto...
Menos mal que yo uso el Google Talk. Siempre dije que el Messenger lo cargaba el demonio.

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El poder de Google

viernes 15 de febrero de 2008 1:00

A estas alturas imagino que todo el mundo está familiarizado con el término phishing. La gente lo asocia en la mayoría de los casos a la sustracción de datos bancarios por vía electrónica (típicamente mediante un e-mail), pero resulta importante señalar que su definición va mucho más allá del clásico robo de contraseñas de nuestra cuenta corriente:
Phishing es un término informático que denomina un tipo de delito encuadrado dentro del ámbito de las estafas, y que se comete mediante el uso de un tipo de ingeniería social caracterizado por intentar adquirir información confidencial de forma fraudulenta (como puede ser una contraseña o información detallada sobre tarjetas de crédito u otra información bancaria).

La distinción puede parecer sutil pero ya les aseguro yo que es trascendental. Para que entiendan a qué me refiero nada como echar un vistazo a este artículo (en inglés) de Apophenia, titulado a google horror story: what happens when you are disappeared. Como buen samaritano que soy, les ahorraré la molestia de tener que fusilárselo entero y les haré un breve resumen de la situación para que se den cuenta de lo vulnerable que es su posición en internet, algo en lo que posiblemente no han caído nunca.

El protagonista del artículo es un tal Bob (no es su nombre real, pero ya nos vale para el ejemplo), un sujeto precavido pero que un día cometió el error de facilitar su contraseña de correo electrónico a un mail de phishing que aterrizó en su bandeja de entrada. Como quiera que Bob es un usuario de Gmail y de toda la gama de productos de Google asociados, de pronto su existencia cibernáutica se convirtió en una pesadilla. ¿La razón? El hacker que accedió a sus datos procedió a borrar íntegramente su cuenta de Google.

¿Y qué? Me preguntarán ustedes. Tampoco es para tanto, después de todo puedes volver a crearla y listos. De hecho, eso es lo mismo que le recomendaron a Bob los muchachos de Google cuando se puso en contacto con ellos para explicarles el problema. Sin embargo, piense bien en lo que una gamberrada como ésta podría representar para usted, querido lector, y que es lo mismo que le pasó a Bob. De entrada, todos sus mails de los últimos cuatro años desaparecidos. Ignoro si ustedes guardan información importante en ellos (como por ejemplo, la contraseña de algún servicio on-line, la dirección de todos sus contactos con foto incluida o incluso algunos correos de ámbito laboral), pero les aseguro que eso no le hizo demasiada gracia a Bob, un tipo Google al 100%. Vayamos más allá: si usted usa, por ejemplo, Google Calendar, esa fantástica agenda que viene asociada a su cuenta Google, de pronto descubrirá que todos los apuntes de su agenda han desaparecido, volatilizados en la nada: adiós cumpleaños, adiós citas laborales, adiós a su planning personal para siempre jamás. En el supuesto de que haya dedicado un cierto tiempo a establecer todo un sistema de calendarios cruzados con otros usuarios le puedo asegurar que aquí es cuando empiezan a entrarle los sudores fríos. Pero sigamos, sigamos... resulta que Bob también tenía unos cuantos documentos de texto y hojas de cálculo de la empresa bien guardaditos en su Google Docs. ¿Qué ha ocurrido con ellos? Sí, amigos, han acertado: ¡hasta la vista, baby! ¿Ese control presupuestario que le llevó diez horas de su tiempo y del que no guardó copia de seguridad alguna porque para eso está Google? ¡Zas! ¡Desintegrado! En este punto Bob ya consideraba seriamente la posibilidad de agarrar la cuchilla de afeitar y cortarse las venas. Pero aún hay más, y en este punto final imagino que a alguno de ustedes les dará un vuelco el corazón: ¿disponen de un blog en Blogger? ¿sí? Pues ya saben... au revoir, mon ami! Todos esos años de posts elaborados con el sudor de su frente y toda la legión de comentarios pasaron a la historia en un santiamén...

En fin, podría seguir hablándoles de sus álbumes en Picasa, de sus vídeos de Youtube (sí, Google también ha absorbido al gigante de los vídeos), de sus chats en el Google Talk, de sus redes sociales (Orkut, por ejemplo), de sus proyectos de página web en Google Pages, etcétera. Todo se fue al carajo simplemente por responder a un simple correo de phishing. Encantador, ¿verdad? Pues ahora viene lo que yo considero verdaderamente interesante de la historia, aguarden. Resulta que Bob era un tipo con contactos en la industria de internet, y con un par de llamadas telefónicas consiguió lo que usted y yo, querido lector, no lograríamos jamás de la vida: que los chicos de Google le restauraran toda su cuenta gracias a las copias de seguridad que tenían almacenadas en su servidor.

Y ahí es donde yo me acojono en serio, porque: ¿y si resulta que por uno de estos azares yo deseo borrar mi historial en Google voluntariamente? ¿Quién me garantiza a mí que nadie lo podrá recuperar dentro de unos años para chantajearme con aquellos posts subversivos contra la monarquía ahora que me he casado con una Infanta, pongamos por caso? ¿O que en una investigación judicial se demostrará que sí, que yo sí tenía en realidad el teléfono de aquel estafador y que por tanto ando implicado en turbios asuntos? ¿O acaso aparecerán mis citas nocturnas con Marlene, la stripper del Bailén, en aquella agenda oculta a la que en principio mi sacrosanta familia no podía acceder? ¡Ajá! ¿Se dan cuenta del poder que ostenta Google sobre todos nosotros? ¿Ven porque los monopolios a la larga siempre son malos? ¿Entienden ahora porque me he pasado a Wordpress? Lo único bueno es que no voy a tener que borrar a toda prisa todos los puticlubs de mi agenda. Total, los de Google ya hace tiempo que lo saben...

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Tu último mail

martes 29 de enero de 2008 1:00

Ahora que me he enterado que los integristas musulmanes de Barcelona piensan inmolarse en la Línea 3, que yo cojo a diario, o en un centro comercial, y yo vivo a cinco minutos de dos, he comprendido que tengo todos los números de pasar a mejor vida a la que al Yihadista de turno le deje la novia y he decidido tomar cartas en el asunto. En concreto, me estoy planteando seriamente apuntarme al servicio que ofrece The Last Email, una oportunidad única de cagarme de forma póstuma en todo Dios y de desvelar al mundo que por las noches me calzo zapatos de tacón alto. Se trata de una empresa que manda los mails que uno ha redactado en vida a los destinatarios elegidos a partir del momento en que se muerde el polvo, y sus argumentos no podían ser más persuasivos:
It could happen at any time. When it happens to you, will you be ready? Contrary to what you might think, living wills and preparations for the end of life are not only for the elderly. Disaster can hit anyone at any age. The time to make your decisions and write your last words for the future is now -- while you still can. Click here to Subscribe Now!

Si todavía no me he decidido por el momento es porque hay ciertas dudas que me corroen y que me frenan a la hora de efectuar el envío. La principal es la de qué pasaría si la empresa quiebra antes de que yo fallezca, a ver si mis mails confidenciales van a quedar desparramados por ahí, a la espera de que cualquier hacker de tres al cuarto los cuelgue en internet para descojone del personal. La secundaria se basa en mi desconfianza del personal que trabaja a sueldo en estos servicios. Teniendo en cuenta que cuando el contable de cualquier empresa se cabrea con el jefe lo primero que hace antes de que lo echen es joderle todo el sistema de contabilidad, no quiero ni imaginarme qué es lo que podría ocurrir si al administrador de la base de datos de este servicio un día se le cruzan los cables.

De hecho, ¿se dan cuenta de la responsabilidad que tiene el sujeto que maneja estas cuentas? Imaginen que por un casual confunde a dos clientes y le pasa el mail póstumo en el que el finado reconocía su infidelidad con la secretaria a la mujer del cliente equivocado. Las consecuencias para la memoria del cadáver podrían ser nefastas, por mucho que a él ya no pudiera importarle. Pero incluso si obviamos los errores hay que considerar que el tipo que lee todas las misivas debe sentirse como el cura de un confesionario, o mejor, como Dios mismo. Conocer todas las debilidades del prójimo y los rocambolescos secretos y sentimientos ocultos que pululan entre la muchedumbre puede acabar trastocándole, a no ser que se trate de un cínico en toda regla. O a lo peor se trata de un morboso, de alguien que ha montado toda esta campaña con el único fin de enterarse de todo lo que pasa por la mente de sujetos anónimos, con vistas a satisfacer su malsana curiosidad. De ser así seguro que al final ni siquiera manda los mails y se los guarda para sí mismo (total, el cliente tampoco reclamará y dudo que haya confesado a sus amistades que hay un correo que les será mandado desde el Más Allá) o, peor aún, que los sustituye por otros de su invención. Ya me lo veo cambiando las frases sólo para jorobar, y haciendo parecer un santo al putero y un demonio al adorable padre de familia. ¿Saben qué les digo? Mejor lo hago a través de notario. Esas caras amables de las fotos de la web a mí no me engañan.

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