Confesiones de un interrogador

viernes 5 de diciembre de 2008 1:00

Estaba pensando qué extracto de este artículo del Washington Post resaltar en el post pero al final he decidido que hay que leerlo íntegramente para empaparse de las vivencias en primera persona de este interrogador americano destinado al conflicto en Irak. Básicamente, Matthew Alexander cuenta que cuando aterrizó en el lugar las técnicas de interrogación que se utilizaban con los prisioneros eran calcadas a las de Guantánamo: la tortura por encima de todo. Como eso le suponía un conflicto ético, nuestro hombre decidió utilizar métodos más basados en la psicología que en la violencia física, centrándose en lo que él denomina "cultural understanding". Gracias a este enfoque el equipo de interrogadores que dirigía consiguió cazar ni más ni menos que a Abu Musab al-Zarqawi y ganar bastantes adeptos para su causa de entre los capturados, pero ni por ésas el gobierno americano dio el visto bueno a esta nueva metodología. Bien al contrario, decidieron seguir usando la violencia física para sonsacar información.

Lo cual, según cuenta el autor, resultaba a medio plazo contraproducente, ya que constataba que muchas víctimas de esta clase de interrogatorios se apuntaban tras la experiencia a las guerrillas contra el ejército ocupador, cuando no se convertían directamente en integrantes de ataques suicidas. Al regesar de Irak, Alexander redactó un manuscrito en el que hacía constar sus objeciones y el resultado de sus experiencias para ser publicado bajo la forma de libro, y envió una copia del mismo al Departamento de Defensa. Como no podía ser de otro modo, se lo vetaron, si bien consiguió darle forma tras pasar por la censura.

Al final del texto Alexander se pregunta en qué se han transformado algunos americanos, y la escasa diferencia que les separa de asesinos como al-Zarqawi. Y yo me pregunto hasta qué punto puede uno empatizar con un prisionero para conseguir que "cante", y hasta qué punto no se transforma un interrogador en un monstruo por mucho que tenga las ideas claras bajo el peso de las circunstancias. En cualquier caso, Alexander es un ejemplar único digno de ser escuchado.

Como les decía, una lectura altamente recomendable.

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