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martes 10 de febrero de 2009 15:28
Pueden seguir mis aventuras blogueras en Jordi's Blues, un experimento un tanto anárquico basado en el impactante nuevo sistema de publicación vía mail Posterous. Nos vemos allí, hasta que me decida a recuperar esta página.Nunca digas adiós
martes 20 de enero de 2009 1:00
Bueno, ya hemos llegado a otro punto de saturación bloguera, de esos que me cogen de tanto en tanto. El último fue en abril pasado, cuando cerré doctorjota, y a trancas y barrancas he alargado la bitácora casi un año más, dando tumbos aquí y allá. Ahora estoy de nuevo sumido en plena crisis creativa, supongo que debido al estrés de mi vida cotidiana y a la falta de ideas en un mundo en el que ya casi todo lo comentable está comentado. Además, cada vez me gusta más hacer pequeñas anotaciones, ya sea en Twitter, en Friendfeed, en un tumblelog o en mi Facebook, y menos largar parrafadas extensas sobre temas profundos. Como también creo que hemos llegado a una época en la que los blogs dejan de tener relevancia en un universo internauta cada vez más fragmentado y más diversificado, con mayor tendencia a salpicar los portales con pequeñas frases e ideas sueltas más que con temáticas sesudas y trascendentales, considero que es un buen momento para escribir un punto... y seguido.Digo bien "y seguido" porque me conozco. Sé que en cuatro días me volverá a entrar el mono y tendré ganas de soltarme en algún sitio, y esta bitácora (o cualquier otra de las que tengo abiertas) servirá para ese propósito. De momento podrán encontrarme en Twitter, en Friendfeed y dejo mis tumblelogs abiertos para que comenten mis escuetos posts si les place. Aquí atrás encontrarán mis posts de hace quince días en el que describía mi actividad cotidiana en la red, aunque también les bastará con visitar los enlaces que tengo al final de la barra lateral. Conserven los RSS de este blog por si algún día aparece un nuevo post reanudando el contenido o redirigiéndoles a la otra punta de la blogosfera (ya saben que conmigo todo es posible), y hasta entonces confío en que lo pasen bien en los otros rincones de internet que frecuentan.
Como he dicho tantas veces "adiós" y al final siempre ha sido un "hasta luego", en esta ocasión no me atrevo a decir nada más. Por si las moscas, les diré que hasta el momento presente este viaje ha sido un placer. A lo mejor en dos días vuelvo a escribir algo, ya saben cómo va esto... ;)
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Mañana de Año Nuevo
jueves 1 de enero de 2009 15:24
Me gusta pasear la mañana de Año Nuevo porque te encuentras deambulando por la calle a los madrugadores que decidieron que ayer no era una noche para salir, gastarse una pasta indecente y pasar un obligado mal rato, y los que regresan resacosos de la macrofiesta de turno con las serpentinas colgando del traje y la corbata del revés. No suele presentarse un contraste tan claro en el resto de las mañanas del año (ni siquiera en San Juan, pues ahí todo el mundo va en manga corta y bañador, tanto si se han pegado la gran juerga como si vuelven de un chapuzón tempranero), pero aun así cuesta a veces reconocer cuáles forman parte de un grupo y cuáles del otro. En cualquier caso, un paseo matutino en un día soleado y tranquilo como hoy por las calles semidesiertas de la ciudad siempre es un placer, y más cuando queda por delante la perspectiva de un nuevo ciclo, con todos esos nuevos propósitos que tardan poco menos que dos semanas en desvanecerse.Dicen que el 2009 será una porquería. Me resisto a ser tan derrotista, al menos de entrada...
Otrosí: para que luego hablen de los niños malcriados.Etiquetas: general
El Doctor ha vuelto
lunes 24 de noviembre de 2008 14:06
A veces me pasa que me planto delante del espejo y la sonrisa de Peter Sellers me devuelve la mirada. No sabría decir cuándo empezó el curioso fenómeno, pero imagino que en parte se debe a esa manía que tienen ustedes de seguir llamándome "jota" o "doctor" a todas horas, aun cuando hace casi un año que abandoné esa identidad en el universo internauta. De hecho esta aseveración tampoco es del todo cierta: en muchos foros sigo saludando a la afición con las gafas oscuras y la jeta de maníaco de la conocida fotografía en blanco y negro, con lo cual supongo que en parte me lo he buscado. Mi identidad real se confunde con la ficticia y diría que estoy sucumbiendo a un trastorno de personalidad bloguera de los que no tienen vuelta atrás. Noto que a veces se me dispara el brazo derecho hacia arriba, como el biónico del Dr.Strangelove en la película homónima, y mi entonación ha adquirido un prrrreocupante deje gerrrrmánico de un tiempo a esta parte. En breve intuyo que me azotarán las ansias megalomaníacas de invadir medio mundo, y si algún día sucede alguna desgracia les comunico que en parte ustedes tendrán la culpa, por obligarme a calzar de nuevo estos zapatos.Así que cojo el escalpelo, el bisturí, me enfundo los guantes y desempolvo la vieja personalidad que se resiste a quedarse quieta en el armario.
Amigos, el Doctor ha vuelto. Para quedarse.
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Requiem
lunes 27 de octubre de 2008 0:00
Mis pensamientos y yo hemos encontrado otro desiderato.Nos vemos allí.
Les propongo un juego
jueves 2 de octubre de 2008 0:00
Mi post de hace dos días me hizo reflexionar hacia dónde va todo este tinglado de los blogs y demás historias, porque es cierto que con tanto Facebook, tanto Twitter, y tanto RSS al final la presencia de uno anda tan diseminada por internet que resulta dificultoso seguir a una persona en concreto desde una sola página web. A mí bloguear me gusta mucho, lo llevo haciendo desde hace cuatro años y aunque hay días que me cansa bastante la verdad es que se ha convertido en un vicio difícil de abandonar a estas alturas (como dan fe mis repetitivos intentos lastrados). Pero mantener un ritmo de posteo diario con unos mínimos de calidad resulta cada vez más dificultoso, en parte porque no cada día hay cosas interesantes sobre las que hablar y en parte porque con el nivel de trabajo que inunda mi existencia rescatar unos minutillos para dedicarle a esto se convierte poco a poco en una misión imposible. La calidad de esta bitácora se va desvaneciendo lentamente y me fastidia bastante, porque hasta ahora había intentado cuidar este aspecto lo máximo posible, intentando dotar a mis entradas de un cierto estilo irónico-periodístico que no siempre puedo mantener.Así que llega el momento de reorientar un pelín las cosas. Obviamente, no voy a abandonar este blog (ya no se creería nadie mi amenaza), pero sí voy a espaciar las entradas para que, cuando realmente tenga algo que decir que sea interesante, lo pueda plasmar de la manera adecuada. Ignoro si esto será cada dos días, una vez por semana o una al mes, pero lo que es seguro es que cuando este blog se actualice será por una razón en concreto, y no "porque toca". Lo cual nos lleva a la siguiente cuestión: ¿dónde va a parar mi actividad cotidiana en la red? Damas y caballeros, permítanme que les presente mi Friendfeed. Enlazando con el inicio del post, decir que Friendfeed es un agregador de actividades que recoge todos los movimientos de un usuario en su blog, en su tumblelog, en su Twitter, en su Google Reader, en su Flickr o Picasa, etcétera. Un sitio donde colgar todas esas chorradas que pueblan el trayecto diario de cada uno en internet y que se van perdiendo por tantas páginas que al final resulta útil tenerlas todas ordenaditas en un único sitio. Cada historia que se publique ahí se puede comentar (como si de un vulgar blog se tratara) y en cuatro días se monta una red social de enlaces interesantes que ríanse ustedes de la chorrada del Facebook. Además, permite redactar mini-posts, y ahí es donde quiero ir a parar.
A partir de ahora intentaré cada día generar un minipost improvisado (al margen de todas las demás tonterías que vayan apareciendo por mi perfil) para que el que quiera pueda comentar. Un poco al estilo de lo que vengo haciendo aquí, pero mucho más corto y sin cuidar demasiado el estilo (con la peculiaridad de que el post será el primer comentario del enlace publicado). "No es lo mismo", ya oigo las voces de fondo, y ciertamente no lo es, pero se trata de un complemento perfecto para esta bitácora que a partir de ahora recopilará sólo textos medianamente trabajados. El Friendfeed para la chicha diaria y el blog para las cosas más serias. Les parecerá una frivolité más que añadir a mi ya largo periplo de despropósitos blogueros (y lo es), pero si aceptan jugar seguro que les acaba enganchando y me abren una cuenta en cuatro días. Si a la larga no funciona volvemos al sistema tradicional. Pero, sinceramente, cuando Dave Winer y Robert Scoble están apostando por este nuevo formato en detrimiento de sus propias bitácoras...
¿Hay alguien ahí?
miércoles 20 de agosto de 2008 0:00
Estoy de vuelta.Mañana empezamos, así que ya pueden ir poniéndose al tajo y abandonando sus aficiones sustitutivas:

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Epílogo
lunes 7 de abril de 2008 13:26
De pronto, en la otra punta del universo...Etiquetas: general
Cierra la consulta
martes 1 de abril de 2008 2:00

Para que me entiendan, a veces me siento como el tipo de la foto. El que está en el suelo, no el que lo arrastra hasta el coche. Esto de llevar un blog te obliga a vivir con el piloto automático puesto las veinticuatro horas del día, cazando frases en conversaciones ajenas, tomando apuntes mentales al leer la prensa, rumiando mientras conduces y manteniéndote alerta durante el periodo vacacional. Todo para recopilar ideas que luego se puedan plasmar en un post más o menos decente de medio millar de palabras arriba o abajo. Uno no se da cuenta de que lleva el modo bloguero ON permanentemente encendido hasta pasados unos meses, pero para entonces el proceso ya es irreversible y, aunque lo disfrutas enormemente, es justo en ese instante cuando por primera vez surge la funesta idea que a todo bloguero de pro le ha atizado la sesera más tarde o más temprano: "un día de éstos lo dejo". Pero como te gusta, y sobre todo por respeto a tus comentaristas habituales, pospones la idea y sigues hasta la extenuación.
Cuando empecé esta bitácora en la otra punta de la blogosfera me concedí un plazo de tres años para ver hasta dónde llegaba. La cosa fue en abril de 2005 y por aquel entonces ya calculé que no sería ni rico ni famoso al cumplirse la fecha, aunque me prometí a mí mismo que si lograba fidelizar a una audiencia fija a lo largo de este periodo me mantendría en activo como mínimo hasta abril del 2008 y entonces decidiría. Y, lo que son las cosas, el tiempo vuela y parece que el momento ha llegado: personalmente tengo la sensación de fin de ciclo, o de haber quemado una etapa. A lo largo de estos tres años aquí se ha hablado de lo divino y de lo humano, de lo trascendental y de lo intrascendente, de las cosas serias y de las cosas frívolas; se han comentado noticias curiosas, absurdas y directamente demenciales; se han abordado casi todos los temas de forma irónica (en alguna ocasión habrá salido un post semiserio); hemos pasado buenos ratos y se han montado debates de envergadura. Al final lo que queda es un puñado de escritos (la mayoría malos, algunos pasables y uno o dos bastante potables) y un montón de buenos amigos, pero seguir dándole vueltas a lo mismo una y otra vez termina por perder todo el sentido, porque mis puntos de vista son de sobra conocidos. En otras palabras, que tengo la sesera vacía, que me ha abandonado la musa o que siento que este blog se está muriendo lentamente y no hay nadie en la UVI con los santos cojones de desconectar la máquina.
De un tiempo a esta parte ya no me inspiran las noticias, las conversaciones no me ofrecen material de debate y cuando conduzco mi mente divaga entre cuestiones filosóficas que difícilmente entrarían en esta bitácora, y además ustedes no han hecho nada para que les dé el coñazo de una forma tan insufrible. Sé que muchos se pasan por aquí a diario, sé que algunos incluso comentan obligados por la cortesía y me consta que muchos otros leen en silencio y me enlazan desde la distancia. A todos, gracias. El camino llega a su fin y éste no es el típico post de "oye que lo dejo" para que ipso-facto surjan treinta comentarios animándome a continuar y yo me ponga en plan "bueeeeeno, vaaaaa, mañana seguimos". Esta vez no. La decisión ha sido meditada y además ahora sí me falta el tiempo para bloguear, cosa que antes no sucedía. Mi jornada cada día anda más llena y el blog me resta horas para hacer las cosas que más me gustan, entre ellas leer. Y claro, si no lees se te agota la fuente de la inspiración y ya no escribes. Por tanto, toca frenar y volver a recuperar aquellos placeres que en su día me llevaron a abrir esta página, porque ahora mismo el pozo anda más seco que un pantano del Pallars.
¿Y ahora qué sucederá? De entrada, que a este blog le caducará el dominio en octubre de este mismo año. Cuando doctorjota.com pase a la historia quedará almacenado en pococriterio.wordpress.com (donde también pueden encontrarlo actualmente: les recomiendo que fijen sus "favoritos" ahí si pretenden conservarlo ad eternum) para quien le guste tirar de hemeroteca y recordar los buenos momentos. Como no pienso borrarlo, aquí lo tendrán para que puedan enlazarlo como mejor les plazca y para que sigan añadiendo sus comentarios en las entradas que consideren que valgan la pena. Doctor Jota morirá, pero no su alter-ego en el mundo real al que, conociéndole, seguro que un día no muy lejano abrirá una nueva bitácora tan buen punto le vuelva a entrar el gusanillo. Una bitácora sin presiones, con pocas visitas, donde volver a comenzar el periplo con la ilusión de un principiante hasta que logre consolidar un nuevo estilo. Les mantendré informados si eso sucede, pero de momento aquí lo dejo. Mis conclusiones tras estos tres años son:
- Un post diario con un cierto contenido es un coñazo sólo apto para enfermos.
- Lo mejor de la blogosfera son los comentaristas: el blog a la larga se convierte meramente en una excusa.
- Ahí fuera hay un mundo repleto de personas reales con el que comentar todas estas tonterías en voz alta: búsquenme por ahí, que si me encuentran organizaremos una tertulia de narices, y sin pulsar el F5.
Cuídense, tengan salud y gracias por participar. Nos volveremos a ver, seguro, pero mientras tanto no se olviden de estas tres temporadas, porque tal vez en un futuro nos topemos por azar y riendo comentaremos aquello de "yo era de los del Doctor Jota".
¡Tu padre!
viernes 14 de marzo de 2008 1:00

El dibujante Paco Roca ha soltado una de esas frases que te deja medio tonto si te la lees con tranquilidad y reflexionas sobre ella (la he recuperado de Jam Sessions):
Dicen que cuando te miras en el espejo y empiezas a parecerte a tu padre es que ya te estás haciendo mayor. Mi reflejo empieza a parecerse a mi padre y mi padre se parece ya a la imagen que recuerdo de mi abuelo.
Lo que me gusta de ella no es tanto lo obvio sino lo que deja leer entre líneas. ¿Cuántos de ustedes, queridos lectores, empiezan no ya sólo a parecerse a sus progenitores físicamente sino incluso a pensar como ellos? ¿Cuántos de ustedes veían a sus mayores como unos carcas y ahora creen que los jóvenes son demasiado liberales? ¿Cuántos de ustedes, si son padres, juraron en su época de juventud que "a mis hijos jamás les prohibiré hacer tal y cual" y ahora han caído en lo mismo? En definitiva, ¿cuántos de ustedes han madurado? Yo me di cuenta de que sucumbía al fenómeno cuando comencé a identificarme más con Homer que con Bart, y desde entonces todo ha sido cuesta abajo.
Es curioso esto de parecerse a tu padre. Con el mío me pasa que en principio somos figuras antagónicas en muchos aspectos pero al final resulta que pensamos lo mismo en las cuestiones fundamentales de la vida. Será fruto de la educación recibida, imagino, pero me cuesta entender cómo dos personas que se criaron en dos mundos tan diferentes pueden parecerse tanto con los años. Como la sangre que corre por mis venas es la misma que la suya tampoco me pienso comer demasiado el coco con ello, pero me hizo gracia el otro día, cuando en plena discusión (amistosa) con un tipo de mi quinta sobre ciertos temas de actualidad, al ver los argumentos que utilizaba para defender mis tesis el hombre se puso nervioso y al final me envió al carajo con un contundente: "¡Tu padre!"
"Eso mismo", pensé yo. Y lo miré con cierta envidia, no en vano él conservaba todavía el punto de vista primigenio. La figura paterna aún no lo había corrompido del todo...
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Cazadores de música
lunes 25 de febrero de 2008 1:00
Cuando era un adolescente y nadie había tenido la decencia de inventar aún el eMule (o internet, ya que estamos), solía recopilar la música que me gustaba en cintas de 60 minutos grabadas de las radiofórmulas del momento ("Radio Barcelona" -luego "40 principales"-, "Radio Minuto" -muy buena para intentar cazar las canciones enteras-, la recién difunta "Radio Club 25" y otras que ya ni recuerdo). Las cintas eran formato "normal", las de cromo llegarían después (TDK de 90'', un lujazo sólo apto para grabar vinilos selectos), y recuerdo lo difícil que era encontrar el punto exacto para empezar a grabar el tema (justo cuando el locutor había concluido su introducción, aunque el muy mamón siempre se dejaba una coletilla para el final que te obligaba a suspender la grabación y a esperar a que volviera a sonar esa canción en concreto) o el punto final de interrupción (había que escuchar la cinta varias veces hasta encontrar el fragmento exacto en que el corte quedara "limpio" y pudiese empalmarse sin problemas con el siguiente).De la búsqueda para encontrar la canción exacta mejor ya ni hablo: horas sentado navegando por el dial rezando para que en la emisora en la que te encontrabas sonara ese tema que tantas ganas tenías de oír y que habías cazado fugazmente, sólo para descubrir desesperado cuando movías la ruedecilla de la radio que estaba concluyendo en la emisora de al lado. Luego, cuando desistías desesperado y te metías en la ducha o te ibas en el coche de tus padres, la Ley de Murphy se materializaba bajo la forma de machaque constante por todos los rincones del dial del mismo tema que andabas persiguiendo como loco.
Finalmente llegaba el momento ansiado: habías logrado recopilar en tu cinta de 60 todas las canciones del momento que te gustaban, algunos cortes te habían salido chapuceros pero en general la cosa solía quedar bien. Decir que el resultado se asemejaba a una obra de artesanía puede parecer exagerado, pero para todos los que vivimos una época concreta y ejercimos de DJ's improvisados con el 'loro' del papi en el comedor de casa sabemos que confeccionar una cinta de estas características costaba Dios y ayuda. Una vez enterita, ¡hala! ¡a machacarla a todas horas! Si la cinta había quedado lo suficientemente lograda, circulaba entre los amigos y algunos incluso se hacían copias. Puede parecer ridículo la imagen de un grupo de chavales haciendo circular grabaciones directas de la radio con canciones sin principio ni final, mezcladas al más puro estilo "Max Mix Casero", pero para todos los que vivimos esa época aquello era lo máximo: nuestros bolsillos no daban para adquirir todo lo que sonaba por la radio. A fe mía que yo intenté comprar un sinfín de LP's, maxi-singles, singles y cassettes "oficiales", pero mi semanada no daba para tanto, y además había que ahorrar para los tebeos y la entrada del cine.
Sé que este post suena a "abuelo Cebolleta". Sé que los más jóvenes pensarán que soy un colgado. Pero, lejos de ello, debo confesar arrinconando la modestia por unos instantes que en su día yo fui un gran "cazador de canciones", y que mis cintas tenían bastante éxito entre mi círculo de amistades. Si usted, querido lector, ahora tiene menos de veintisiete años (más o menos) supongo que no tendrá ni idea de lo que estoy hablando, pero deje que se lo aclare: es usted un jodido privilegiado. Fórceps llama a su situacion el factor eMule; yo le llamo el PPT. Puto Paraíso Terrenal. Sólo para melómanos, claro.
Etiquetas: general, música, opinión
Mal de muchos
lunes 4 de febrero de 2008 1:00
Es lunes, empieza la semana y muchos contemplan el lejano viernes tarde más o menos como los chinos que pusieron la primera piedra de la Gran Muralla veían la paga extra que les prometieron para cuando la terminaran. Queda todavía un viacrucis por recorrer y también es lástima que para una cosa a la que dedicamos un porcentaje tan alto de nuestro tiempo tenga que ser la más tediosa, monótona y desagradable que nos pudiéramos encontrar. Me estoy refiriendo, cómo no, al trabajo que nos proporciona el sustento a la par que nos ennoblece el alma. Si nos hubieran dicho de qué iba esto cuando estábamos estudiando "para ser hombres de provecho", algunos habríamos repetido treinta veces COU. Pero como ya me dediqué la semana pasada a despotricar sobre la insatisfacción que proporcionan las ocupaciones de todo tipo a medio plazo, y como ya llegamos más o menos a la conclusión de que todo depende del ánimo con el que se enfrente uno al asunto, déjenme que les relate una pequeña anécdota que me ha venido a la mente al ver una foto en uno de los blogs que sigo habitualmente. Se trata de este célebre retrato, que ilustra un receso de los trabajadores que construyeron los primeros rascacielos de Nueva York:
Dicen que si uno va a la enciclopedia y busca "trabajo de mierda" ésta es la foto que aparece justo debajo de la definición. Cosa que no me extraña, la verdad, pues ya ven ustedes las condiciones en las que se encontraban esos privilegiados de la sociedad (imagino que los padres de los chupópteros que inventaron la ISO y la prevención de riesgos laborales aún no habían ni nacido). Los que sentían vértigo tenían que ir a las minas, perspectiva tampoco nada halagüeña, pero lo cierto es que por aquella época todos acudían al tajo como los enanitos de la película de Blancanieves: cantando "aijó, aijó, qué ganas de currar" y gastando bromas por doquier, con el ánimo bien alto. Es lo que tiene haber vivido una de las crisis económicas más salvajes de la era moderna, que todo se pone en perspectiva.
La cuestión es que yo hace años, antes de mudarme a mi actual residencia, llevaba el coche a reparar al mecánico que había debajo de mi casa. El tipo tenía justamente esa foto enmarcada y colgada en la pared del habitáculo en el que hacía sus trabajos, y una vez le pregunté cuál era el motivo de haber escogido precisamente esa imagen como motivo decorativo para el taller, en vez de la clásica maciza luciendo glándulas mamarias bajo el logotipo de la Pirelli. "Es que me recuerda que los ha habido mucho más puteados que yo", me decía mientras apuraba su pitillo, y en verdad que al tío le levantaba la moral tener ese cuadro ahí, pues justo después de echarle un vistazo siempre se reía y silbando se colocaba de nuevo debajo del automóvil de turno. Realmente es cierto que el carácter de cada uno es el que nos permite afrontar la rutina laboral con mayor o menor optimismo, y aunque en el caso del mecánico su reconfortante sensación se basaba únicamente en el "mal de muchos", ahora que pienso en él y medito sobre lo que hablamos la semana pasada me doy cuenta de que sí, de que esto de que sea lunes tampoco está tan mal y que el trabajo, aunque asqueroso en sus múltiples vertientes, tampoco es algo tan lamentable como solemos pensar en mañanas como las de hoy. Tampoco llegaré al punto de decir que ennoblece el alma, pero al menos a mí si se me atraganta el desayuno y me dan una palmada en la espalda no me desplomo desde una altura de sesenta pisos hasta quedar despachurrado en el frío asfalto de la Gran Manzana.
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El curioso fenómeno del dependiente inepto
viernes 25 de enero de 2008 1:00
Esta historia sucedió, sucede y sucederá en un "Corte Inglés" cualquiera, pero es susceptible de ser replicada en cualquier centro comercial o tienducha de barrio, en función del criterio de contratación del personal. Podría empezar haciendo una comparación con un concesionario de automóviles, por ejemplo, lugar en el que el vendedor te informa diligentemente de las prestaciones básicas del vehículo por el que puedas mostrar interés, tales como el consumo medio, los caballos, los dispositivos de seguridad e incluso el número de altavoces repartidos por el interior del habitáculo. Pero no vale la pena, ciertamente, pues todos sabemos que estos lugares son de los pocos que intentan dar una cierta formación a sus dependientes.El problema surge en la época navideña, por ejemplo, cuando uno acude a los grandes almacenes para hacerse con un, pongamos por caso, dispositivo electrónico. Aparece un niñato con la cara surcada por el acné y pinta de haber repetido varias veces tercero de Básica. "Buenas tardes, estaría interesado en comprar un buen ordenador portátil, ¿cuál me recomienda?" Cara de pánfilo por respuesta. "Er... esto... éste de aquí está bien". "Ajá, ¿y cuál es la diferencia con el de al lado, que veo que tiene un precio superior?" "Hombre, es que el de al lado es mejor". "Vaya, ¿y entonces por qué no me ha recomendado directamente este otro, si es mejor?". "Porque es más caro". Aquí se impone un gesto de incredulidad. Hay como una necesidad de preguntar "¿pero usted no va a comisión?" aunque a estas alturas empieza uno a dudar que el dependiente entienda el significado de la palabra "comisión". Al final se opta por un simple: "bueno, a ver, ¿y qué ventajas tiene éste respecto al otro?". "Bueno, no sé, más disco duro"... Ahí uno desiste.
La misma prueba puede hacerse en el departamento de al lado, con una sencilla pregunta: "¿Tienen iPods Shuffle?". Señorita de sonrisa exquisita: "No, lo siento, se nos han agotado". "Ah, vale, sólo una pregunta: ¿estas cajas del mostrador qué son?". Ceño fruncido: "pues no lo sé". "Yo se lo diré: un montón de iPod Shuffles". Yo no soy un experto tecnológico, y por eso cuando voy a comprar algún chisme en cualquier tienda espero que la persona que me atiende sepa asesorarme como es debido. Pero cuando llego a los sitios y me doy cuenta a las tres frases de que yo domino más que el encargado, me despido con educación, vuelvo a casa, conecto el ordenador, busco en cuatro foros y termino comprando on-line. ¿Ventajas? Todas: tienes cuenta de cliente abierta (con lo cual el fabricante sabe si eres buen o mal cliente), te dan la información adecuada, tienes un servicio post-venta impecable (no como aquella vez que, recién comprado un monitor en una tienda, volví a reclamar porque tenía un botón que no funcionaba y me dijeron que "tenía que llamar al servicio técnico de HP, porque ellos no se responsabilizaban") y te ahorras los gastos del intermediario.
Claro, en los grandes almacenes los productos se venden solos. El 'freak' que desea información pormenorizada para establecer una comparativa adecuada se ve obligado a buscarse la vida por otro lado, puesto que ahí sólo compran los que no tienen ni idea, o los que siguen pensando que el precio determina siempre la calidad final. "Yo voy a comprarme un ordenador de 1.500 €" y se llevan el primero que pillan. Perfecto, nada que objetar, si yo fuera el gerente posiblemente haría lo mismo: contratos basura y a dejar que se me lleven los artículos de las manos.
Pero entonces que, por lo menos, no tengan las santas narices de hacer un anuncio en el que se ve al vendedor de turno respondiendo a las preguntas más inverosímiles sobre un catálogo de música, rematándolo con un eslogan del tipo "FNAC, encontramos lo que nos pides, por raro que sea". Aún recuerdo aquella vez que me dirigí precisamente a esa tienda con una sencillísima pregunta que me permitiera leer despreocupadamente durante unas cortas vacaciones: "¿me recomienda un buen thriller?" Con total decisión, el dependiente me lleva hacia una estantería, me suelta "éste es buenísimo, a mí me encantó" y me entrega un ejemplar de "El diario de Bridget Jones".
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Desprenderse del pasado
viernes 18 de enero de 2008 1:00
Una vez ya hablé de los trastos. Llegué a la conclusión de que en cierta medida forman parte de nuestra vida tanto si nos gustan como si no, y que desprenderse de ellos es como si te arrancaran un cachito de pasado, por insignificante que éste sea. Ahora bien, que piense así no quiere decir que renuncie a ello, y en más de una ocasión me he visto obligado a efectuar amputaciones dolorosas de mi memoria histórica personal, en particular aquella vez que tiré a la basura todos mis apuntes de colegio hasta la universidad por falta de espacio. Tanto me fastidia hacer el sano ejercicio de limpieza que de hecho ahora renuncio a acumular más cosas en mis cajones y armarios, para así evitarme el disgusto de tener que eliminarlos después. Tal como entran salen, y sólo así, manteniendo el equilibrio constante entre las bandejas de "in" and "out" consigo erradicar el síndrome nostálgico asociado a las tareas de exterminio.Pero por más cosas que haya liquidado a lo largo de mi existencia ha habido siempre dos tipos de objeto a los que una y otra vez he renunciado a eliminar de mis estanterías: mis discos de vinilo y los tebeos de la infancia. En parte es lógico, porque ellos me ayudaron a crecer a lo largo de las primeras fases de mi vida y en ellos me apoyé en los momentos difíciles, en los divertidos y en los aburridos. No exagero si digo que muchos de ellos me hicieron tal como soy hoy, y aunque pocas veces los uso me reconforta saber que siguen ahí, escondidos en lo más profundo de un armario y esperando a ser rescatados. Los tebeos aún los hojeo una o dos veces al año, cuando indefectiblemente tomo la resolución de hacer limpieza, pero los vinilos andan ahí acumulando polvo a la espera de que algún día me decida a adquirir un tocadiscos para conectar a la cadena del comedor, actualmente auténticas piezas de museo ya.
El otro día, mientras conducía de regreso del trabajo, oí por la radio que hay coleccionistas de vinilos que pagan auténticas fortunas por algunos ejemplares antiguos, digamos de la década de los ochenta. Y claro, inmediatamente vi la oportunidad de hacer negocio. Porque yo no sólo acumulé los clásicos elepés que todo el mundo más o menos tiene en su discoteca casera, sino que a lo largo de varios años y siendo un adolescente imberbe, destiné mi paga semanal a la busca y captura de rarezas, maxis en edición limitada y demás ejemplares que ya en su momento me costaron Dios y ayuda localizar. A la vista de las cifras que se mencionaban en ese programa, pasé de semáforo en semáforo haciendo números de cabeza y llegué a la conclusión de que con que sólo consiguiese colar un tercio de mi colección me podría pegar unas vacaciones de lujo una temporada de éstas. Y entonces me detuve, cayendo en la cuenta de que por primera vez me había planteado seriamente borrar de la faz de la tierra una suma de objetos que en su día llegué a solicitar (en broma) que me enterraran con ellos. Debe ser cosa de la edad, pero me he dado cuenta de que casi cambio mis raíces por unas estúpidas vacaciones en el Caribe. Joder, qué bajo he caído...
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Objetivos para el 2008
lunes 31 de diciembre de 2007 1:00
El 2008 será mi tercer año consecutivo en la blogosfera. Recuerdo bien que el día en que abrí el blog (con otro nombre y en la otra punta de internet) me concedí un plazo de tres años para ver dónde llegaba. Me dije a mí mismo: "si conservo una audiencia más o menos fiel y consigo mantener el ritmo es que habré triunfado. Si me pierdo en el olvido del marasma de bitácoras que saturan la red es que a nadie le interesa lo que tengo que decir". Bueno, pues en abril se cumple la onomástica y considero que la cosa ha salido bastante bien. No tan sólo he cumplido el objetivo inicial sino que he conocido a un montón de gente interesante que me ha hecho reflexionar sobre sus puntos de vista, a menudo en las antípodas del mío, y que han contribuido en la mejora del contenido de mi bitácora. Y claro, llegados a la primera meta hay que encarar el futuro con alguna aspiración de calado superior que ayude a mantener la llama, porque a veces las fuerzas flaquean y si no tengo la zanahoria delante me cuesta avanzar a buen ritmo.Es por ello que hoy pido la colaboración de los lectores. Tiene narices pedirla precisamente hoy, que sé que no hay ni Dios colgado del ordenador, pero como el post seguirá ahí cuando muchos vuelvan de vacaciones aguardaré pacientemente a sus sugerencias. Total, hay tiempo hasta abril. Lo que a mí me gustaría saber es hacia dónde debo llevar el blog de ahora en adelante, y qué cosas y funcionan y cuáles no. ¿Le gusta al personal el contenido de mis posts en general o hay mejores temas que tratar? ¿Prefieren posts largos o cortos? ¿La periodicidad es la adecuada o tal vez sería mejor uno o dos por semana pero más trabajados? ¿Lo leen vía RSS (en cuyo caso la plantilla y los comentarios se la traen al pairo) o se mueven por la página por lo que desean una mejor navegabilidad? ¿Prefieren Wordpress o Blogger? ¿Alguna sección que valdría la pena abrir? En resumen, quiero orientación y críticas, sobre todo muchas críticas, porque es lo único que me ayudará a mejorar. Paso de los típicos comentarios del palo "gran post", "lo haces perfecto" o similares: van bien para el resto de los días pero no para hoy. Hoy quiero saber qué cuernos falla y si a alguno ya le empieza a cansar esta bitácora o considera que habría que modificar alguna cosa. No necesito hinchar mi ego (ya me lo hincho yo solito) sino que necesito saber en qué la cago, ¿de acuerdo?
Este es un tipo de feedback que en mi blog no suele darse y que a mí me interesa particularmente. Observando a mi alrededor, caigo en la cuenta de que los únicos que mejoran son los que innovan y los que corrigen sus propios defectos. De ahí esta entrada, que espero que tenga una alta participación, en especial de los comentaristas no habituales, que sé que los hay y que alguna cosa deben pensar de todo esto. Objetivos, señores, denme objetivos que si no esto va a decaer y en breve nos aburriremos todos como ostras. Y eso jamás.
Ah, sí, me olvidaba: feliz año nuevo, caramba.
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Generar ‘flashbacks’ para momentos futuros
jueves 27 de diciembre de 2007 1:00
Yo no sé si a ustedes les pasa, pero yo suelo ser bastante consciente de cuándo estoy viviendo un momento que me quedará grabado en la memoria para siempre jamás. Allí estoy yo, haciendo cualquier animalada o simplemente contemplando una puesta de sol, y me digo a mí mismo: "esto lo recordaré cuando sea viejo", e ignoro si es precisamente por eso que realmente termino almacenándolo en la memoria o no, pero lo cierto es que la cosa no suele fallar: diez años después sigue el recuerdo tan vivo como el primer día. En cambio, cuando me suceden cosas a tal ritmo frenético que no me deja ni respirar los días pasan como si no hubiesen existido nunca, como si los recuerdos de esos momentos de ajetreo fuesen engullidos por la propia vorágine de los acontecimientos. Por eso siempre he sido partidario de la teoría de que si uno quiere revivir el presente lo mejor que se puede hacer es intentar detener el tiempo, como en el anuncio de "Kit Kat", sentarse en una silla y observar sin prisa lo que sucede a nuestro alrededor.Les pondré un ejemplo: hace década y media me hallaba sumido en la efervescencia de las primeras juergas, las más genuinas y las más auténticas, las de verdad (no las de cuando se tienen quince años, que parecen muy buenas pero en realidad sólo estamos tanteando el terreno), y viviendo una serie de momentos que quedarían grabados en la piedra de la posteridad. Bueno, mi amigo Roy diría que esos momentos terminarán por perderse en el tiempo como lágrimas en la lluvia pero déjenme que me haga la ilusión de que son eternos. Para mí al menos lo son y con eso me basta. La cuestión es que aquella madrugada de finales de verano salíamos de una discoteca costera y nos apalancamos en un chiringuito a tomar los primeros churros con chocolate de la mañana (nada como un copioso desayuno antes de ir a dormir para prevenir la resaca). Sentados alrededor de una mesa, engullendo como cafres y dejando que los primeros rayos de sol nos provocaran el consabido dolor de cabeza, uno por uno íbamos diciendo dónde estaríamos dentro de diez o veinte años. Pueden imaginarse la cantidad de tonterías que se dijeron en aquellos instantes, sobre todo teniendo en cuenta que éramos un grupo de amigos recién entrados en la veintena y con lo que en las películas llamaban "toda una vida por delante", pero la cosa iba más o menos así:
-Yo montaré un negocio de fulanas y con lo que me saque me compraré un velero.
-Yo me casaré con la rubia de la tarima.
-Yo dejaré de beber.
Y así. Bueno, la conversación tampoco daba para mucho más, la verdad, pero en un momento dado el tiempo se paró para mí. A lo mejor fue el sol que me dio de pronto en los ojos, o a lo mejor se hizo uno de esos silencios que normalmente suelen achacarse al paso de un ángel, pero lo cierto es que me encontré viéndonos a todos como si alguien hubiera tomado una instantánea de ese preciso milisegundo y me la estuvieran mostrando como diciendo: "fíjate bien, pues cuando des con tus huesos en el asilo la verás cada día y te pondrás a llorar". Porque ésa es otra: teniendo en cuenta lo acertadas de las predicciones a quince años vista (quién te ha visto y quién te ve), cuando estemos a un paso de la tumba ese recuerdo será como para echarse a llorar. Y es que incluso mientras estoy generando el 'flashback' para ese momento futuro me doy cuenta de que a partir de ahí todo es una cuesta abajo simbólica y una extraña sensación de melancolía me embarga a la que el momento empieza a escaparse de entre mis dedos. Casi mejor no darse cuenta, ¿verdad? Carpe Diem.
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Ese bonito post de Navidad
martes 25 de diciembre de 2007 1:00
Alguno sostendrá que escribir un post para hoy es la cosa más inútil del Universo. ¿Quién cuernos se dedica el día de Navidad a vagar por la blogosfera? Hoy es un día para abrir regalos, para disfrutar con los pequeños de la casa, para ir a misa, para reunirse con la familia y engullir platos pantagruélicos uno tras otro intentando dejar un hueco para la fastuosa comida del día siguiente, para escuchar las batallitas de la abuela, para discutirse con el suegro, para intentar hacer bajar las calorías paseando por las gélidas calles de nuestra ciudad, para disfrutar de los regalos que nos ha traído el barbudo del gorro rojo (si no son colonias ni corbatas, claro está), para deprimirse si uno celebra la Navidad solo o faltando alguien importante, para odiar estas fechas con todas sus fuerzas... En fin, para todas esas tradiciones asociadas al día 25 de diciembre. Hoy es día para todo eso y mucho más, pero no es un día para bloguear, en principio.Pero si algo me demuestra la experiencia de años anteriores es que la gente disfruta de la rutina incluso en fechas tan señaladas como ésta, y que el personal siempre encuentra un minuto o dos para pasarse por sus blogs de cabecera y soltar algún comentario o felicitación navideña. Así que, en honor a todos los que me han escogido como blog digno de ser visitado precisamente el día de hoy, este post viene con dedicatoria para ustedes. Me importa un carajo si han sido buenos o malos, si han acudido a la Misa del Gallo en plan devotos o si han robado el dinero de los donativos para la reconstrucción de la estatua de la Virgen, si celebran la Navidad, el Ramadán o la Pascua Judía, si se entregan los regalos con los suyos hoy o si lo dejan para los Reyes Magos... De verdad, me la sopla. Aquí todos somos una gran familia (de blogueros) y estoy convencido de que muchos preferirían que fuéramos a comer todos juntos antes que reunirse con los plastas de los primos y del sobrino cabrón que nos riega con el sifón a la hora del aperitivo. Por todo ello, ¡feliz Navidad a tutti quanti!
Si a pesar de todo encuentran esta página más desierta de lo normal y al no poder entablar nuestro sano diálogo bloguero de todos los días necesitan urgentemente una justificación para matar el tiempo frente al ordenador y así librarse de los postres, aquí les dejo una bonita selección de juegos navideños un tanto "atípicos". Entretienen lo suyo y probablemente les salvarán de tener que aguantar a los parientes borrachos:
Sneaky Santa
Santa's Vengeance
Santa Fighter
Defend the North Pole
Santa's Gift Jump
Santa Launch
Eso sí, mañana no hay post. Tengo que configurar el regalo que me ha traído el gordo de la barba blanca, y no voy a tener mucho tiempo...
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La vida imitando al arte
sábado 15 de diciembre de 2007 1:00
Todas las historias ya han sido contadas, dicen. Cuando uno ve una película o lee un libro en realidad está reviviendo por enésima vez alguna variante de una de las cuatro líneas argumentales básicas que existen. Por eso es tan difícil encontrar una historia verdaderamente original en los tiempos que corren: todas, en mayor o menor medida, las hemos visto o leído cientos de veces. El ejemplo clásico sería el del argumento romántico: "chico conoce chica", "chico y chica se enamoran", "chico y chica se cabrean y se separan", "chico y chica se reconcilian y viven felices para siempre". ¿Cuántas variaciones de esta fórmula nos hemos tragado a lo largo de nuestra existencia? Lo extraño es que aún sigan funcionando, pero supongo que la cuenta corriente de Meg Ryan lo agradece profusamente.La razón por la que nos sentimos todos tan atraídos hacia estos estereotipos (ya sea el género romántico, el de misterio, el de aventuras o el histórico) debe ser porque al refugiarnos en estos terrenos exóticos pero conocidos proyectamos la mediocridad de nuestras vidas y anhelamos convertirnos en los protagonistas de alguna de estas historias. A pesar de que sabemos que la vida no es esto, y que si fuéramos los protagonistas en el mundo real de la próxima película de 007 nos matarían a la primera escena, seguimos viéndonos como un reflejo algo distorsionado del héroe de ficción. He ahí el origen de tantos desengaños y de muchas frustraciones. Simplemente no estamos preparados para comprender que, muy probablemente, viviremos sin jamás haber tenido esta clase de experiencias. Lo paradójico del caso es que si nos tocara pasar por alguna de ellas la rechazaríamos en el momento en que se produjera.
Estando así las cosas, deduzco que los más felices son aquellos que han comprendido que la vida jamás podrá imitar al arte, al menos no como una fotocopia. Aquellos que aceptan su propia mediocridad, incluso en los casos más exitosos, y se resignan a navegar por el río de la vida contemplando el paisaje y gozando de la brisa (¡toma metáfora cursi!). El problema es que si bajamos el listón y nos dejamos llevar por la corriente probablemente terminaremos desembocando en alguna cloaca infecta, rodeados de desarraigados. Por tanto, parece saludable mantener un ápice de inocencia y seguir creyendo que, en algunos casos, nuestra vida puede efectivamente imitar el arte, que hoy puede ser un gran día y que la felicidad, como dijo aquel al que lo dejó la novia y se arruinó en un mismo día, está en las pequeñas cosas. Y, qué coño, a veces ir a trabajar con la camisa por fuera, sin afeitar y soltarle un moco (suave, eso sí) al jefe nos puede hacer sentir como el Dr. House de turno. Aunque no cojeemos.
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Despreocupado (y algo gorrón)
viernes 14 de diciembre de 2007 1:00
Un amigo me decía no hace mucho que salía a la calle sólo con un billete de veinte euros en el bolsillo. Ni cartera llevaba, simplemente el billete azul y el DNI en el bolsillo trasero de sus pantalones. "Es que así me evito gastar en cosas inútiles y nadie me puede robar la cartera. Los veinte euros son por si un día estoy cansado y quiero volver en taxi". Política austera la suya, pensarán ustedes, pero en realidad la cosa va mucho más allá. El otro día me di cuenta de que no llevaba reloj de pulsera y le hice un comentario al respecto. "Bueno, con el móvil ya tengo suficiente: me da la hora, sustituye a mi iPod y encima puedo llamar". "¿Pero no es más cómodo consultar la hora con un leve gesto de muñeca?", inquirí yo. "Ya, pero así me quito trastos de encima y me evito que los pesados me pregunten por la calle, sobre todo en verano". Puede ser, ciertamente, pero cuando al poco tiempo lo pillé otra vez con reloj me dije: "¡Ajá! ¡Ésta es la mía!", y le solté un comentario chistoso. "¿Qué? Ya te has dado cuenta de que es mejor llevar reloj, ¿eh?", sorna evidente en la entonación. Para mi sorpresa, él tan pancho respondió: "¡Qué va! Es que como es fin de semana me dejo el móvil en casa y así no tengo llamadas del trabajo. Por cierto, ¿me invitas a un cortado? Es para no descambiar los veinte euros, ya sabes, la calderilla..."Ahora ya no sabía si me estaba tomando el pelo, pero confieso que me da miedo preguntarle por los calzoncillos no sea que me suelte que con unos vaqueros ajustados ya es suficiente... Tanto minimalismo empieza a tocarme las pelotas, francamente, y no es el único caso en el que noto que la gente adopta la moda de ir con lo mínimo por la vida y sin complicarse para nada la existencia. La misma actitud la adoptan en el trabajo, en sus relaciones personales, a la hora de planificar sus vacaciones o en su mentalidad cuando afrontan las adversidades de la vida. Despreocupación absoluta, ante todo. "Menos es más", dicen ellos, pero tampoco hay que llevar las cosas al extremo, caramba.
Porque la vida en el fondo es un juego de equilibrios, llámenles yin y yan, karma o efecto mariposa. Cuando a uno le van bien las cosas es porque a otro le van mal. Si uno gana en las quinielas miles de otros han perdido. Si uno asciende en el trabajo otro se queda detrás y puteado. Si tú te llevas a la rubia tu amigo termina cascándosela en el retrete. Y así. Por tanto, si tú te despreocupas es porque alguien a tu alrededor termina por preocuparse el doble de lo que le tocaría: por sí mismo y por ti. Yo le pagué el cortado gustosamente, pero no quiero que un día se me presente en casa reclamando un techo temporal en el que vivir porque, total, ya ves tú qué cosas, ese trabajo tan relajado que tenía no le permitió pagar el alquiler. De la despreocupación al gorroneo hay un simple paso.
El test de “Roxanne”
martes 11 de diciembre de 2007 1:00
A veces no me aclaro sobre si soy optimista por naturaleza o un pesimista irredento. Como todo el mundo, depende del estado de ánimo del día en cuestión pero diría que la tendencia general es a ver las cosas por el lado bueno. Tampoco es que sea de los que le ponen una sonrisa a todo (actitud sólo apta para ignorantes, y más después de haber acumulado cierta experiencia en la vida) pero suelo encajar bien los golpes y me cobijo a menudo en lo de "a mal tiempo buena cara", intentando hacer acopio de fuerzas para encarar el futuro bajo un prisma positivo.Hablando con un amigo del tema llegamos a la conclusión de que para saber más o menos de qué pie calza cada uno había que someter a la gente a un test emocional de forma subliminal. Como siempre en estos casos no vale con hacer la pregunta directa sino que resulta preferible trazar un pequeño rodeo para tratar de cazar a la presa sin que ésta se dé cuenta. El ejemplo que se nos ocurrió fue coger la canción de "Roxanne" y preguntar a la potencial víctima sobre la moraleja que extraía de la misma. Ya saben, el tema de The Police habla sobre una puta y de los intentos de un hombre por sacarla del mundo de la prostitución: "no debes poner el farolillo rojo esta noche, estos días se han acabado, no debes vender tu cuerpo a la noche". Imagino que se trata de un pretendiente o de un cliente satisfecho embriagado de amor, tanto da, pero la cuestión radica en saber qué sucede justo cuando concluye la última nota.
"¿Tú que piensas?", le pregunté a un amigo. "¿Consigue librar a la puta de su destino y viven juntos y felices para siempre o crees que es una causa perdida?" "Me parece que se trata de un tío con pasta que termina por retirarla", me contestó. Y ahí estaba un optimista al cien por cien, deduje. "No tiene nada qué hacer: Roxanne lleva tanto tiempo viviendo como una puta que ya no se adaptaría a otro modo de vida", me respondió otro. "Menudo pesimista", pensé para mis adentros. Y así.
Alguno dirá que este test es un tanto rudimentario y que pocas cosas aclarará sobre la verdadera naturaleza de un ser humano. No digo que no, y yo de hecho pensaba más o menos lo mismo, pero justo el otro día se lo colé a un amigo mío, empresario de éxito en la vida y hombre con pocos escrúpulos que suele mirar de cara a la pela. ¿Su respuesta? "¿Pero es que no lo ves? El tío éste es un chulo de la competencia que planea hacerse con los servicios de la mejor puta del barrio para montar su propia red de putas de lujo y crear un imperio". Yo que buscaba diferenciar entre optimistas y pesimistas y al final creo que he dado con la piedra filosofal del comportamiento humano.



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