Pasando el tiempo

lunes 28 de julio de 2008 0:00

El personaje de Harvey Keitel en la película "Smoke" salía cada mañana de su estanco a la misma hora para hacer una fotografía de la esquina que tenía delante de la tienda, un paisaje urbano de lo más anodino y aparentemente sin interés, pero que al observarlo a través de la evolución de los años ofrecía un curioso testimonio del paso del tiempo en ese barrio neoyorquino. En internet empiezan a circular sitios web de gente que se fotografía frente al espejo cotidianamente nada más levantarse de la cama, con el fin de que se vayan apreciando los estragos que el paso de los años va causando en su físico. Es un procedimiento heredado de algunos artistas, que ya hace bastantes décadas (desde que se inventó la fotografía, tal vez) utilizaban este método para confeccionar metáforas fotográficas sobre el paso del tiempo y demás reflexiones que se puedan derivar de un conjunto de fotografías, y el efecto buscado supongo que es el mismo que el que se obtiene en algunos documentales (en especial los que quieren mostrar la construcción de un edificio, o de una plaza, o de un aeropuerto), que luego van pasando las fotos a cámara rápida y con música de fondo para que apreciemos el proceso en su plenitud.

A mí esta clase de experimentos me deprimen, debo confesarlo. No tanto por lo del "cómo hemos cambiado" ni por ver cómo hasta los más guaperas terminan quedándose arrugados, calvos y con papada, sino porque no hay nada que me parezca más triste que mantener una rutina fotográfica de este tipo a lo largo de toda una vida. ¿Se imaginan tener que hacer esto por narices cada día de su existencia, en un acto de autoexigencia salvaje del que no se pueden librar ni cuando se van de viaje, cuando los han echado del trabajo, cuando acaban de descubrir que su mujer les pone los cuernos o cuando fallece su padre? Total, ¿para qué? ¿Para dejar constancia de algo que ya se ve a simple vista? ¿Para enseñarlo a los amigos cuando vengan a cenar a casa y así ponerse melancólicos todos juntos? ¿Y qué pasa si algún día se declara un incendio en su hogar o viene un caco y les roba las instantáneas de los últimos treinta años? Me dirán que hoy con internet ya no existe el peligro: basta con pagar un plus por un Flickr o un Picassa ilimitados y a jugar (siempre y cuando no quiebre la empresa o se les estropee el servidor, claro), y probablemente todos los que cuelgan esta clase de fotos en internet lo hacen con vistas a pasar a la posteridad cibernética como pioneros de un nuevo arte.

Y ahí viene lo más deprimente de todo: que el trabajo de toda una vida a la postre sirva sólo para que un quinceañero, el día en que se tope con el álbum de fotos por casualidad, ponga un enlace en su Twitter o en su Facebook con la etiqueta "¡cómo mola!" entre la web porno de Pamela Anderson y el Youtube del último vídeo del rapero de turno. Al final para eso habrán servido todas esas piojosas mañanas... Lo que yo decía, una pérdida de tiempo. Menos mal que yo lo único que hago diariamente es escribir en este blog...

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Sant Jordi

miércoles 23 de abril de 2008 11:01



Vía Peluche

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