El Palacio del dolor
martes 25 de noviembre de 2008 1:00
Como siempre, una breve recomendación: pierdan unos minutos de su tiempo leyendo esta excepcional descripción sobre el ambiente familiar que reinaba en casa de los Wittgenstein, y pregúntense a continuación por la genialidad de Ludwig, el hijo que más destacó de un clan azotado por todo tipo de traumas. Tan sólo unas pinceladas para que se hagan una idea:
El padre, Karl, era un autócrata brutal, así como un delincuente de consideración. (...) Un magnate del acero fabulosamente rico, Karl amañaba los precios, sangrando a sus trabajadores y haciendo más o menos lo mismo a su timorata esposa Leopoldine. Una vez ella se mantuvo despierta toda la noche, agonizando por causa de una fea herida en su pie, pero aterrorizada pensando que si se movía una pulgada podía inquietar a su irascible marido. Era una madre emocionalmente fría y una obediente y neurótica esposa, a quien cualquier rastro de personalidad individual le fue borrado violentamente.La familia era una olla a presión de trastornos psicosomáticos. Leopoldine estaba afectada por terribles dolores en las piernas y con el tiempo quedó ciega. Sus hijos tuvieron sus problemas también. Helene sufrió una plaga de calambres en el estómago; Gretl sucumbía a constantes palpitaciones del corazón y buscó el asesoramiento de Sigmund Freud acerca de su frigidez sexual; Hermine y Jerome tenían los dedos torpes; Paul caía en episodios de locura, y Ludwig fue apenas el más equilibrado de las almas de la casa. Casi todos los varones de la familia fueron presa de vez en cuando de episodios de una furia incontrolable que bordeaba la locura.
Uno se pregunta si es casual que semejante ambiente generara al filósofo más brillante del siglo XX. Recuerdo que leyendo la Introducción al Tractatus (el Tractatus en sí es sólo para mentes perturbadas) ya se me pasó por la cabeza que unos razonamientos lógicos tan complejos no podían provenir de una mente sana, en el sentido convencional de la palabra. Analizando la biografía de los grandes genios de la historia, existe un rasgo común en la mayoría de ellas, sean poetas amargados o pintores renacentistas: casi todos llevaron una existencia trufada de tragedias. Después de todo, si Mozart hubiera sido un niño normal con una salud de hierro o si Van Gogh no hubiera tenido tendencias suicidas a lo mejor ahora nadie sabría de ellos.
¿El sufrimiento como motor de la creación al más alto nivel?
Etiquetas: filosofía, psicología


