Less is more

jueves 15 de enero de 2009 1:00

Impactante la noticia que acaba de aterrizar en mi bandeja RSS de parte de la AFP: Los bancos italianos se salvaron de la crisis 'subprime' por no hablar inglés. En palabras del ministro de Economía transalpino, "Nuestros bancos sufrieron poco la crisis de los 'subprime'. ¡Son raros aquellos en los que se habla inglés! Su exposición a los activos tóxicos fue en consecuencia muy limitada. Hoy nuestros banqueros no reclaman siquiera que salgamos en su ayuda".

¿Se dan cuenta de lo que significa esto para los currículos de los aspirantes a trabajar en entidades bancarias y otras áreas financieras? Hasta ahora cualquier pelagatos que se hubiera cepillado a una guiri en Lloret ya ponía en su CV "nivel avanzado de inglés" y con ello le ofrecían el puesto de subdirector y un sueldo de tres mil euracos. En cambio, a partir de ahora la tendencia puede ser a la inversa, y el erudito licenciado en Cambridge pasará a exponer en el apartado idiomas "el materno, y mal hablado", y esperará que lo contraten precisamente por su carencia de aptitudes idiomáticas.

Paradójicamente esta nueva tendencia puede resultar positiva tanto para los bancos como para la economía mundial. Teniendo en cuenta la cantidad de listillos que han ocupado puestos de responsabilidad hasta ahora y lo bien que nos ha ido con ellos, no está mal pensar en lo que nos puede ocurrir si una ola de falsa modestia invade a los aspirantes a los cargos de relevancia. Aunque, por otra parte y siendo mal pensado, no sé yo si me inspira mucha confianza que de ahora en adelante los directores de banco se conviertan en unos especialistas en hacerse el tonto. Y ustedes ya me entienden.

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El hombre que tampoco sabía dibujar

miércoles 14 de enero de 2009 1:53

117spider1Ya hace tiempo que esta noticia anda dando tumbos por mi Google Notebook, y la verdad es que no sé qué hacer con ella, si tomármela a chirigota o si enfocarla como un drama social fruto de la desesperación que provoca el verse abocado a la miseria. Tal vez como solución creativa para los tiempos de crisis que corren, si es que alguien está dispuesto a comprarlo. ¿A comprar qué?, dirán ustedes. Pues fíjense en esa simpática arañita que pulula a la izquierda de este párrafo: ¿les parece bonita? ¿chusca? ¿pagarían por un original de su autor? Lean atentamente el siguiente titular: Hombre arruinado intenta pagar una factura con el dibujo de una araña. ¿Pillan por dónde van los tiros?

Si le dan al enlace se encontrarán con el siguiente intercambio de mails:

117davidthorne117davidthornespiderLos que sepan inglés que sigan la conversación. Los que no... bueno, ni se imaginan lo que se están perdiendo...

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Ilusión monetaria

miércoles 24 de diciembre de 2008 1:00

loteria_forgesA estas alturas les supongo tirándose de los pelos porque, un año más, tampoco les ha tocado la lotería de El Gordo. Antes de que corran como posesos al reenganche que supone el sorteo de Reyes, permítanme que les deje mi regalo de Navidad particular y les hable del hecho demostrado que atestigua que la mayoría de los afortunados con premios de lotería suelen estar peor después de la lluvia de millones que antes. Y no sólo monetariamente, sino psicológicamente, socialmente y lo que ustedes prefieran. ¿Y eso?, se preguntarán ustedes. Pues por la sencilla razón de que la mayoría de los seres humanos somos incapaces de asimilar cambios tan importantes y repentinos en nuestras vidas.

Para que entiendan a lo que me refiero, piensen en las pagas extras de diciembre (caso de que ustedes las cobren, claro). ¿Cómo puede ser que después de un mes en el que ingresamos el doble que los otros meses del año venga la tan consabida "cuesta de enero"? En teoría es cuando tendríamos que estar mejor, ¿no? Si eso no es así es por un fenómeno llamado "la ilusión monetaria", que es la que establece que cuanta más pasta tengamos en la cuenta corriente mayor es la imperiosa necesidad de gastarla. Y por eso llegamos a enero sin un duro. Ahora trasladen eso a la lotería e imaginen que les toca un cuarto de millón de euros, por ejemplo. Lo primero que harían es lo que todo el mundo ("tapar agujeros"), pero claro, también es triste que tanta pasta sólo sirva para acabar de pagar la hipoteca y poco más, ¿no? ¿Dónde quedan los coches lujosos, el año sabático y las vacaciones a las Maldivas?

Los beneficiarios de cualquier premio se sienten en la obligación de regalarse algún que otro capricho para hacer honor a la efeméride, y ahí es cuando surgen los problemas: que te haya tocado la lotería no significa que hayas subido en la escala social, aunque la tentación de creerlo es inmensa. Y cuanto mayor sea el premio peor. Sólo al cabo del tiempo caemos en la cuenta de que somos los mismos desgraciados que antes, aunque ahora vivamos en un barrio más lujoso, y encima no resulta fácil superar la presión cuando en el banco volvamos a estar a cero y no podamos mantener nuestro nuevo nivel de vida.

Pero es que además se da la situación parodiada en el famoso chiste: "¡Cariño, haz las maletas, que nos ha tocado la lotería!" "¿Sí?¿Dónde vamos?" "¡Yo aún no lo sé pero tú a la puta calle!" ¿Cuántos matrimonios y amistades se habrán roto por culpa de un premio inmenso? ¿Cuántos enemigos habrán surgido por la envidia? ¿Cuántos miedos aparecen al comprender que uno ya no volverá a ser el mismo de antes? Y lo mejor de todo: ¿cuál es la mejor terapia para afrontar la congoja y los miedos? ¡Gastar! Y así se hunde uno en el pozo sin poder regresar al punto de partida, aunque eso sí, con un Rolex en la muñeca seguimos creyéndonos los reyes del Mambo a pesar de estar arruinados...

Por tanto, olvídense de gastarse todo lo que les ha sobrado de la paga tras los regalos navideños en una inversión en la lotería de Reyes. Da igual, están mejor así. Y cuando vean al clásico cenutrio descorchando una botella de champán por televisión y dando saltos de alegría al ritmo de "¡nos ha tocado!¡nos ha tocado!" aparquen la (sana) envidia a un lado y apiádense de él: el pobre no tiene ni idea de lo que se le viene encima...

Felices fiestas a todos.

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Viviendo infelizmente juntos

lunes 22 de diciembre de 2008 10:32

Cuando me topo con noticias como ésta me pregunto dónde para en realidad el origen del amor. Según el Wall Street Journal, la gente no se divorcia porque la hipoteca puede más que la certeza de que "lo nuestro se ha acabado", y lo cuantifican con cifras. Es decir, que no se trata del típico chascarrillo que hacemos con los amigotes cuando hablamos de la crisis, sino que en verdad existe una realidad social formada por montones de parejas viviendo bajo el mismo techo sin poder soportarse.

Cabe preguntarse si finalmente la dichosa hipoteca terminará por salvar matrimonios, obviamente. Porque claro, como hay que aguantar se sigue conviviendo, y ya se sabe que el roce hace el cariño, que las noches de invierno vienen frías y que "más vale pájaro en mano que ciento volando". Y que todo pasa, incluso las rencillas más agrias entre cónyuges. Por tanto, bien puede darse el caso de que la amante del marido vuele ante la imposibilidad de montarse un nidito independiente, que las discusiones que parecían insondables con el tiempo se relativicen y que los defectos que se apreciaban al otro con el paso de las cuotas se hagan más llevaderos. Si mi teoría se demostrara cierta, propongo que de ahora en adelante las hipotecas, en vez de en la notaría, se firmen en una iglesia y que el que oficie la ceremonia sea un cura con poderes de interventor.

Una nueva definición de "en lo bueno y en lo malo", sin duda.

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Ricos

sábado 20 de diciembre de 2008 3:02

richpoor¡Oh, cómo me gusta Friendfeed! Me pasaría el día sumergido en los debates que genera, a cual más interesante. Me pregunto si el éxito del servicio se debe a que sus posts (y sus comentarios) son obligatoriamente reducidos, lo cual hace mucho más fácil para el lector ocasional seguirlos con una cierta comodidad, pero lo cierto es que esta web está llena de citas cortas que provocan más reflexiones por minuto que la en su día célebre sección de efemérides de la revista Muy Interesante. Cojamos por ejemplo esta pregunta, trivial si se quiere, propuesta por el siempre adictivo Internet Strategist: ¿Por qué todo el mundo quiere ser rico? ¿Conocéis a alguien que de verdad lo sea? ¿Son más felices que vosotros? ¿Qué es lo que REALMENTE queréis?

Aparentemente, estamos ante el clásico debate sobre si "el dinero compra la felicidad", pero si se fijan hay una sutileza importante escondida tras la pregunta. El segundo comentarista argumenta que siendo rico desaparecen las preocupaciones asociadas a la carencia de dinero, lo cual aproxima al poseedor de riquezas a la felicidad, pero como el propio IS replica: "PUEDES escoger: escoger dejar de preocuparte por el dinero, las facturas y la comida". O, dicho de otro modo, la clave de la felicidad no está en desear lo que no se tiene, sino en acomodar nuestros gustos a la realidad de nuestras posibilidades. Ser realistas, vamos.

Si me gusta este matiz es porque precisamente en estas épocas de crisis económica galopante es cuando la mayoría de la gente se plantea esta clase de cuestiones. Serán un topicazo, pero lo cierto es que de un tiempo a esta parte muchos se preguntan si realmente necesitan dos coches (o uno tan grande), una segunda residencia, ir a cenar a restaurantes caros, viajar hasta el quinto pino y salir a esquiar cada fin de semana. Como la necesidad aprieta y no estamos para dispendios innecesarios, observo que la gente se aprieta simbólicamente el cinturón y poco a poco van abandonando costumbres que hasta hace cuatro días parecían del todo irrenunciables. Y lo más cachondo es que no por ello los veo menos felices. Al contrario: será porque se han reencontrado con su nirvana particular o porque ahora admiten que lo que les gusta de verdad es holgazanear, ver el fútbol, tomar unas cañas con los amigotes, leer un buen libro o salir a pasear tranquilamente los domingos por la tarde. Paradójicamente, estas épocas de necesidad hacen que la gente se relaje (los que aún pueden pagar sus facturas, claro está) pues comprenden que pueden ser igual de felices con menos, o mejor aún, que todo lo que hasta ahora les parecía indispensable en el fondo no eran más que caprichitos superfluos.

Mucho tiene que ver en esto la imagen que proyectan los ricos de moda, y no hablo de Paris Hilton o de la Duquesa de Alba. Vean a tipos como Richard Branson, Steve Jobs o el mismísimo Bill Gates: ¿qué imagen proyectan? La de sencillez, la de "con unos tejanos y una camiseta voy más cómodo y además la pasta que me sobra la regalo a beneficiencia". Sí, claro, ellos pueden ir sin afeitar y como les dé la real gana porque los millones les salen por las orejas, pero la cuestión es que muchos mindundis cogen este modelo como espejo y consiguen convencerse de que en el fondo son iguales que ellos. Serán la mar de estirados, seguro, pero por las fotos y el estilo de vida que dejan entrever parecen tipos a los que te podrías encontrar en la cola del supermercado y con los que podrías charlar sobre cualquier tontería. Uno de los nuestros, que diría aquél.

Yo creo que lo que ha pasado es que hemos adaptado nuestros modelos sociales a la realidad de nuestras posibilidades. Ya que nunca podremos conducir un Ferrari e ir de vacaciones dos veces al año a las Maldivas, nos fijamos en los rasgos de los triunfadores que los aproximan a nuestra sencillez. Lo demás lo dejamos para los cuatro esnobs que siguen fardando de Rolex y de bolsos de Louis Vuitton. Poco a poco hemos conseguido aproximar a los pudientes al resto de la clase media, y aunque sepamos que es una gran patraña, en el fondo nos hace sentir bien. Sí, creo que hoy en día somos más felices aunque no tengamos ni un duro. Y que estamos redescubriendo que aunque el dinero tranquiliza bastante el sueño, el topicazo de que "no compra la felicidad" tiene mucho más de cierto que lo que los cínicos están dispuestos a reconocer.

Nada como una buena crisis para encontrarnos a nosotros mismos...

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El método Alemany

lunes 15 de diciembre de 2008 13:49

Déjenme que les ponga en antecedentes: en la Comunidad Autónoma de Catalunya sus habitantes pagan por todo menos por respirar (aunque todo se andará). En comparación con otras comunidades (y con el resto de países de la Unión Europea, ya puestos), por cada euro que pagan los demás nosotros pagamos diez, así a ojo, y en concreto por un inventito llamado "peajes" que provoca que cualquier vehículo que salga del área metropolitana de Barcelona deba pasar por caja dos veces cada diez kilómetros, así a ojo también. Gran parte de este dinero invertido en peajes va a parar al bolsillo de un señor llamado Salvador Alemany, propietario de las concesiones de autopistas, un excelente empresario y mejor ex-directivo del Barça, incluso gran persona según cuentan, pero que debe andar algo justo de millones con esto de la crisis porque la semana pasada propuso un método alternativo de cobro tarifario para los vehículos que circulen por sus carreteras.

A saber, la cosa funcionaría de la siguiente manera: si las autopistas van llenas, se cobra un peaje más caro. Si las autopistas van vacías, el peaje sería más barato. El señor Alemany justifica la medida para que el tráfico se autoregule mejor, y así se evitan las colas de las operaciones salida y llegada de cada año (algo que sucede cuatro o cinco veces al año, me permito añadir, y me pregunto si hace falta tanta revolución para esas fechas concretas). Razonamiento impecable, en cualquier caso, siempre y cuando el conductor pudiera saber de antemano si la autopista va congestionada o no. Porque ésta es otra: si todo el mundo que antes salía de cinco a siete pasa a salir desde que se implante la medida a las diez de la noche, el ciudadano previsor que pretendía ahorrarse unos eurillos se encontrará con que no sólo no se los ahorra sino que encima pasará a pagar más por contribuir a la congestión de la nueva "hora punta". Al final esto se convertiría en un sucedáneo de la "teoría de juegos" económica, en la cual cada uno tendría que anticiparse a los movimientos del resto para intentar que su bolsillo salga lo menos perjudicado posible. O, como decía Quim Monzó la semana pasada en su columna de La Vanguardia, directamente sería una lotería en la que el pobre conductor se vería obligado a apostar y a cruzar los dedos para ganar.

No obstante, lo peor de todo es que me temo que el que decidiría sobre el grado de congestión de la autopista no sería un ente autónomo e independiente de ACESA, sino más bien el propio señor Alemany o alguna de sus compañías subsidiarias. Con lo cual, aunque uno circulara fluidamente, si al pasar por el peaje se topara con la tarifa alta, vaya a saber a quién puede reclamar: por mucho que hiciera una foto con el móvil los responsables del cálculo siempre podrían aducir que veinte kilómetros más atrás hay un atasco de tres pares de narices. Y al final pagaríamos constantemente la franja alta y todos tan contentos, como ya es tradición en este idílico lugar llamado Cataluña.

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La crisis y los cambios sociales - por David El Gnomo

martes 2 de diciembre de 2008 1:00

Les dejo con las aportaciones de nuestro comentarista estrella David El Gnomo sobre el tema más de moda en cualquier tertulia que se precie. Un post muy documentado y con argumentos bien elaborados, en claro contraste con lo que el autor de la bitácora suele perpetrar habitualmente...


(Es un honor para mí escribir en este blog)

Para escribir este post he tratado de documentarme en los hechos históricos acaecidos durante la crisis de 1929 para extraer posibles paralelismos con lo que está sucediendo en la actualidad. No olvidemos en este caso que la crisis del 29 se superó definitivamente tras la II Guerra Mundial.

Baja natalidad, paro, desigualdad en la estructura social, nuevas formas de aprovechar el tiempo libre (más cine, teatro, etc.), aumento de los medios informativos, reconocimiento de los derechos de la mujer debido a su papel productivo durante la II Guerra Mundial.

Como ven, los cambios no fueron todos negativos, y su influencia se deja sentir todavía en la sociedad que nos ha tocado vivir, pero que nos espera a nosotros? A nuestra generación? Elucubremos.

Politica y relaciones internacionales: parece claro que la tendencia es hacia un mundo con varios centros de poder, USA, Europa, China, Rusia, Brasil, India...y eso como poco.

Ser policía del mundo libre, papel desempeñado hasta ahora por los USA, tendrá que ser compartido, por varios motivos: coste, intereseres contrapuestos de las nuevas potencias, ausencia de estados fuertes sobretodo en Africa (el caso de los piratas de Somalia es un claro ejemplo).

Será la ONU el nuevo policía?

Estados más fuertes y militarizados, disminución de los nacionalismos (los países deberán mostrar su fuerza fuera de sus fronteras en un mundo mucho más competitivo).

Neoconialismo: la situación en Africa es insostenible en la mayoría de los países, ausencia de un estado fuerte, infraestructuras, medios, controles, hacen muy apetecibles estos países, con considerables recursos sin explotar, a compañías y estados que los necesiten.

Es el preambulo de acuerdos entre Estados y/o Compañías para establecer concesiones en cuanto a la gestión de un país a cambio de los beneficios de los recursos? Muy recomendable la lectura de Todos sobre Zanzibar de John Brunner (http://tuslecturas.blogspot.com/2006/12/todos-sobre-zanzbar-john-brunner.html)

Democracia: manteniendose en los paises con una tradición al respecto (Europa, Japón, USA) y un giro autoritario en la mayoría de los otros paises (Rusia, China, América Latina).

Tendencia hacia la democracia por internet, certificados personales que permitiran intervenir y dar nuestra opinión sobre la política de nuestros paises.

Se puede dar una pérdida de los derechos individuales a favor de los del estado?

Empresas y ciudadanos: fusiones, enormes compañías multinacionales, influencia sobre las decisiones de los estados, más participación pública? Lo que parece indudable es que se incrementará la competencia para sobrevivir.

Ya en los años 50 del pasado siglo, Frederic Pohl en su libro Mercaderes del espacio http://es.wikipedia.org/wiki/Mercaderes_del_espacio) introduce la teoría de que el ciudadano ya no existe solo existe el consumidor. Existiendo ciudadanos sin derechos, ya que no pueden consumir.

Guerras: los recursos materiales pero sobretodo energéticos marcarán las próximas décadas de guerras en el mundo. Las grandes potencias (Rusia y China sobretodo) están haciendo movimientos en este sentido.

Tecnología: Red para todos en el primer mundo, acceso universal para reducir costes de las administraciones, la genética como corrector de enfermedades, pero también como mejora del ser humano (a que han oido como afectará a la correción de enfermedades pero no a la mejora? Curioso no?).

Como ven intensos cambios se avecinan.

Opinen opinen.

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La pirámide de Lebedev

domingo 30 de noviembre de 2008 17:32

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La realidad patente en cualquier organización, empresa o comunidad (via Lebedev Studio)

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¿Se basa la economía en la fe?

sábado 29 de noviembre de 2008 1:00

Es lo que se pregunta Jay Deragon en este interesante post.

Con una inquietante conclusión, además:
En otras palabras, la falta de fe se está extendiendo como un reguero de pólvora y la situación sólo podrá cambiar cuando los dirigentes proporcionen información real, veraz y confiable. Cuando los dirigentes actúen de manera responsable y no irresponsable es cuando la fe se restaurará. Entonces y sólo entonces la gente comenzará a creer que las cosas sólo pueden mejorar y volverán a tener algo de confianza. Actualmente la gente sólo se fía de lo que dicen los amigos, lo que su propia red publica y hace caso omiso de las noticias tradicionales y los medios de comunicación, pues la fe en estos recursos ha sido dañada considerablemente con el tiempo. En otras palabras, tenemos fe en nosotros, pero poco en los que se supone que nos dirigen.

Hasta que estas cosas cambien no tendremos una crisis económica sino una crisis de fe.

Si lo que vivimos es en realidad una crisis de fe, esto nos pasa por descreídos. Una bofetada en toda regla contra el escepticismo.

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Depresión Colectiva

lunes 20 de octubre de 2008 0:00

Mucho se está hablando de la responsabilidad de los medios en la actual crisis económica. Hay quien piensa que si en vez de alarmar a la sociedad con portadas catastrofistas se dedicaran a hablar de los líos políticos de siempre, si en los noticiarios se tratara la crisis en la sección de economía y se abriera con la cría del salmón escandinavo, o si en las tertulias radiofónicas dedicaran todo el tiempo que emplean en ilustrarnos sobre la economía a charlar sobre fútbol la gente no se acojonaría tan fácilmente, saldrían a gastar el fin de semana, saquearían como siempre los grandes almacenes (aunque luego no les llegara para la hipoteca) y por consiguiente las empresas no se verían obligadas a despedir al personal o a cerrar sus plantas.

Desconozco la influencia real que las noticias tienen sobre la psique colectiva, pero lo que está claro es que las malas noticias venden. En realidad, mucho antes de que empezara la crisis económica los telediarios estatales ya venían anunciando el apocalipsis por distintos motivos desde hace años. En orden cronológico inverso tendríamos la sequía en Cataluña, el incivismo, el cambio climático, el terrorismo islamista, la guerra de Irak, la enfermedad de las "vacas locas"... y así hasta remontarnos a las profecías de Nostradamus. Cualquier problema que pueda usarse como cebo para atrapar a la audiencia vale: se machaca cotidianamente, se amplifica, se buscan presuntos expertos para opinar del tema y así hasta la prueba final, que no es otra que la de ver si se habla de ello en las barras de los bares. Si se consigue, ¡bingo! Ya tenemos fuente de ingresos para el cuarto poder durante unas cuantas semanas.

El otro día oí a un experto (no me pregunten el nombre porque lo he olvidado) opinar por televisión que la sociedad va a peor desde hace décadas. Por lo visto antes había una cierta ilusión, incluso en épocas jodidas la gente sacaba fuerzas de flaqueza y miraba al horizonte con algo de esperanza. Poco a poco, la población se ha ido volviendo pesimista, depresiva, con pocas ilusiones y se encierra en su burbuja de problemas, arrastrándose por la vida temiendo los reveses que les deparará el futuro. Cabía preguntarse el origen de tanta mala leche generalizada, y aquí es donde yo creo que entran los medios de comunicación. Si es cierto que las malas noticias provocan que se acelere la crisis, ¿no serán también las responsables de la depresión colectiva? De tanto en tanto me topo con alguien (normalmente se trata de gente de avanzada edad) que me confiesa que ya no compran el periódico "porque están hartos de leer desgracias". Yo me los miro y me pregunto si son más felices que el resto. A decir verdad lo ignoro, pero sí que se les nota una cierta actitud despreocupada. No sé si es un síntoma que demuestra la teoría, pero si yo fuera el director de un periódico me andaría con cuidado por si acaso: a ver si con tanto asustar al personal al final la gente va a decidir que ya no están ni para comprar la prensa...

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Lecciones de la crisis: tropecé de nuevo con la misma piedra

miércoles 15 de octubre de 2008 0:00

Nada mejor para finalizar mi trilogía sobre la actual crisis financiera (mañana cambio de tema, lo prometo) que echar un vistazo a la biografía del actual Secretario del Tesoro norteamericano, Henry Paulson. En realidad la única parte de su currículum que me interesa es su relación con Goldman Sachs, entidad bancaria de la que fue un alto directivo desde 1974, alcanzando el estatus de Jefe de Operaciones desde 1994 a 1998. En el 2005 lo largaron de la empresa cobrando un pastón en compensaciones (se calculan unos 37 millones de dólares más unos 16 de propina al cabo de un año, amasando una fortuna estimada de 700 milloncejos al concluir su carrera en el sector privado, dólar arriba dólar abajo). Luego lo fichó Bush para Secretario del Tesoro, y desde tan alta palestra intenta capear la tormenta financiera a base de incentivar la intervención estatal en los bancos que se han cubierto de gloria comprando y vendiendo paquetes de hipotecas 'subprime'. Lo más curioso del caso es que, mientras capitaneaba Goldman Sachs, nuestro amigo Paulson fue el impulsor de la abolición de la net capital rule, una ley estatal que pretendía limitar el riesgo de quiebra de las entidades financieras obligándolas a mantener una cantidad de reservas bastante respetable. Como por aquel entonces esta medida debía jorobarle el negocio, Paulson contribuyó decisivamente a dejar vía libre a los bancos y ya hay quien le acusa de haber abonado el terreno al actual desastre financiero. Otro dato a tener en cuenta para completar el cuadro es que Goldman Sachs no se ha caracterizado durante los últimos tiempos precisamente por llevar una hoja de expediente impecable en cuanto a corruptelas, y mejor ni hablamos del paquete de acciones 'subprime' que vendieron justo a tiempo para capear la crisis y que les otorgó pingües beneficios (mientras los compradores caían cuales soldaditos de plomo...)

Nada más lejos de mi intención que acusar al muy honorable Henry Paulson de haberse lucrado con todo este tinglado, pero en todo caso no deja de ser curioso que uno de los presuntos responsables del mayor marrón financiero de la historia moderna se encuentre ahora al otro lado haciéndose con las entidades quebradas para administrarlas a su antojo desde su poltrona estatal. La cuadratura del círculo, que diría aquél. Y la evidencia palpable de que el hombre vuelve a ser el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, otorgando desde el sector público el control del sistema financiero a dirigentes que lo llevaron a la ruina (siempre presuntamente) cuando corrían por el sector privado. ¿Alguien piensa que ahora tomarán las decisiones acertadas?

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Lecciones de la crisis: de la teoría a la práctica

martes 14 de octubre de 2008 0:00

Otro de los comentarios recurrentes (tanto en tertulias radiofónicas como en columnas de opinión) a propósito de la actual crisis financiera versa sobre la mala preparación de los economistas, tanto los que se supone que deben prevenir esta clase de situaciones como los que se han convertido en agentes activos del mercado, comprando y vendiendo en la bolsa o haciéndose con hipotecas de dudosa procedencia desde las más prestigiosas entidades financieras. Irremediablemente todo lleva a la cuestión: ¿de qué han servido todas estas titulaciones de Económicas si al final  los titulados son los que nos han llevado al desastre?

No iré tan lejos como para decir que los títulos de economista los podrían regalar en las tómbolas, que total terminarían haciendo el mismo servicio a la sociedad, pero ciertamente algo de esto hay. Siempre he pensado que en las universidades se enseña demasiada teoría y demasiada poca práctica. Para que nos entendamos: reduciendo las carreras a la mitad seguro que los resultados a nivel laboral serían invariables. Es más, si ponemos a un mandril vestido de traje y corbata en Wall Street y le damos un mando con dos botones (uno para comprar y otro para vender) me jugaría el cuello a que a la larga sus resultados no distan tanto de los de los supuestos expertos en bolsa. Vale, esto es una exageración, pero para mí está claro que la auténtica enseñanza se adquiere con la práctica, y eso me vale para todas las titulaciones, incluso las más peliagudas, como la de cirujano o arquitecto. Ponga a un tío sin estudios pero con ganas de aprender en un taller de arquitectura y verá cómo con los años y un buen Autocad le puede parir la casa de sus sueños; coloque a un manitas sin experiencia al lado de un cirujano plástico y en cuatro días le está haciendo unas liposucciones de lujo. Bueno, eso son dos exageraciones más, pero si tengo que escoger entre un tío sin estudios pero con años de experiencia como asistente y uno recién salido del MIR les aseguro que en caso de operación a corazón abierto me pongo en las manos del primero.

¿Quiere esto decir que las carreras no sirven para nada? Tampoco tanto, pero existe una clara sobrevaloración del título académico por encima de las horas de práctica en la sociedad actual. El sistema se perpetúa gracias a profesores vitalicios con vocación funcionarial, becarios ansiosos de jubilarse en un entorno académico y figuras de cada campo que en la mayoría de las veces hace lustros que no sacan una idea nueva. Lógicamente, el resultado final dista mucho de ser perfecto. Si me apuran, los títulos aún son válidos para los ingenieros de caminos, los arquitectos, los médicos o los abogados. Después de todo, si se cae un puente, se derrumba un ala de la mansión, palma un tío en la mesa de operaciones o se condena a la silla eléctrica a un inocente alguien tiene que perder su título, como cuando te saltas tantas normas de circulación que te retiran el carné. Pero en el caso de los economistas... ¡anda ya!

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El punto de equilibrio

lunes 13 de octubre de 2008 0:00

Ahora que toda la economía mundial -dicen- se irá a tomar viento en unas pocas semanas, aparecen las voces críticas con los liberalistas a ultranza, los partidarios del laissez-faire et laisser-passer, los amigos de la mano invisible del mangante Adam Smith, y en definitiva contra todos los que creen que el mercado se regula solito hasta que encuentra un punto de equilibrio en el cual las cosas vuelven a funcionar con normalidad. Como parece que los gobiernos de los principales países occidentales van a tener que rascarse el bolsillo para rescatar a las entidades financieras de la quiebra, los amigos del intervencionismo se regodean y advierten que ellos ya lo dijeron hace tiempo, además de señalar la perversión intrínseca del sistema capitalista a ultranza. Leyendo las principales columnas de opinión de los rotativos de todo el mundo parece que sí, que los liberales metieron la pata hasta el fondo y que ahora tiene que intervenir el "papá Estado" para arreglar la situación.

De momento los artículos que defienden el liberalismo caen a cuentagotas, como si los defensores de esta doctrina hubiesen escondido la cabeza bajo el ala, y pocos son los que se atreven a decir en estos momentos que el sistema económico se arreglará solito. Pues bien, como a uno le gusta nadar a contracorriente en ciertas cuestiones y como no me suele gustar que todas las voces se pongan de acuerdo en cualquier historia que como mínimo tenga dos caras, creo que es el momento de jugárselo el todo por el todo y comprobar hasta qué punto las tesis liberalistas son acertadas. Es más, diría que la oportunidad es de oro: jamás ha habido un momento tan crucial en la historia económica reciente como el de ahora para poder refutar la doctrina o apoyarla con todas sus consecuencias. Total, ¿qué es lo peor que puede pasar? ¿Que se arruine medio mundo, quiebren el 90% de las empresas, los accionistas de Wall Street se arrojen por la ventana y terminemos todos pasando hambre? Pues nada, llegados a este punto que alguien levante la mano y diga: "definitivamente, la doctrina liberal estaba equivocada". Pedimos entonces ayuda a los chinos y a los rusos y santas pascuas. En todo caso, seguro que las borracheras de vodka nos saldrán más baratas.

Aunque no sé... Me da en la nariz que ni en una coyuntura como la descrita los amigos liberales reconocerían que la han pifiado. Recordemos que ya hace siglos un tal Malthus decía que en caso de sobrepoblación ya vendría una plaga cualquiera a cargarse los excedentes humanos y a reequilibrar la población en función de los recursos... A ver si cuando estemos todos en la miseria y palmando como moscas aún saldrá el liberalista de turno y nos dirá que, una vez hayamos pasado todos por la piedra, el mercado por fin habrá encontrado el punto de equilibrio necesario para restablecer la economía.

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Cracks a destajo

jueves 9 de octubre de 2008 11:16

En estos tiempos convulsos para la economía, no hay día en el que no amanezcamos sin una portada estremecedora sobre los derrumbes bursátiles y las quiebras bancarias en cualquier punto del globo. La primera vez que leímos la palabra "Crack" en letras gigantescas en las primeras planas de los periódicos nos entró un acojone tan grande que muchos pensamos que esta vez sí que iba en serio, que nos íbamos a tomar por saco definitivamente y acabábamos todos bajo un puente víctimas de un corralito financiero a la europea. Encima, por todas partes aparecían las comparaciones con la gran depresión del 29 y quien más quien menos tuvo un 'flash' de la película aquella de Russel Crowe en la que ejercía de boxeador en horas bajas. Un horror, vaya.

La segunda vez que leímos que todo se iba al carajo ya nos lo tomamos con un poco más de recelo, pues aunque ciertamente las señales preocupantes existían observábamos que el índice de mendicidad en las grandes urbes se mantenía estable. Para la tercera todos teníamos bastante claro que las comparaciones con el 29 eran más producto del sensacionalismo barato (y van tres posts sobre el mismo tema) que del reflejo fiel de nuestra realidad. Ahora, cuando por la radio oímos al locutor hablar de la debacle de cada día en Wall Street no es que nos echemos a reír, pero por mucho que el que habla ponga un tono de película de terror la verdad es que no le hacemos ni puñetero caso. Es en estos momentos cuando me imagino al típico inversor deprimido que ve cómo su última jugada en bolsa lo ha dejado arruinado. El tío debe andar desorientado con tantas falsas alarmas. Si viviéramos en 1929, jamás habría dudado y se habría arrojado por la ventana sin dudar. En cambio, ¿ahora qué hace? ¿Se tira hoy del decimoctavo piso cuando lo más probable es que al día siguiente las bolsas reboten y vuelva a la casilla de salida? ¿Espera a que la palabra "Crack" figure en las portadas de los rotativos en letras rojas? ¿Aguarda a que el banco en el que tiene todos sus ahorros quiebre definitivamente, o tal vez vendrá el gobierno de turno a reflotarlo con una inyección de fondos? Admítamoslo: corren malos tiempos para los inversionistas suicidas. Con tanta noticia exagerada y tanto periodista embaucador, no hay forma de saber a ciencia cierta qué día es el adecuado para cortarse las venas.

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¿Vuelve la Gran Depresión?

jueves 25 de septiembre de 2008 0:00

Miren, yo no había nacido en el 29 y además confundo esa época con los estragos de las dos primeras guerras mundiales cuando veo documentales en blanco y negro, pero como que desde que hemos vuelto de vacaciones todo el mundo se empeña en comparar la actual crisis económica con la Gran Depresión que se vivió a principios del siglo pasado me he puesto a escarbar en mis recuerdos (básicamente cinematográficos) para hacerme una idea de lo que nos espera. Y el resultado no puede ser más desalentador: gente muriendo de hambre, pasando frío, moviéndose a pie de aquí para allá, mendigando trabajo en cualquier fábrica grasienta... la debacle absoluta del Estado del Bienestar, y de largo, vaya. Prepárense a que les acribillen por un mendrugo de pan y a ver cómo la abuela tiene que prostituirse para tirar adelante la familia, porque si la comparación resulta mínimamente acertada esto se va a convertir en el Far West en cuatro días.

Por tanto, conviene elaborar un plan de choque que nos permita superar semejante escollo antes de que sea demasiado tarde. Lo primero es hacerse a la idea de que los bancos van a quebrar. Hay que saquearlos antes de que la gran masa se dé cuenta de lo que va a ocurrir: mañana mismo acudimos a nuestra sucursal bancaria más cercana y retiramos todos nuestros ahorros, incluso el plan privado de pensiones del que en teoría no podemos sacar un euro hasta el 2040. A la mierda, si hay que pagar penalización la pagamos. Acto seguido, pedimos prestado a los familiares y exigimos a los amigos gorrones que nos devuelvan toda esa pasta que nosotros hemos invertido en ellos bajo la forma de cervezas, aperitivos y juergas nocturnas de diversa índole, aduciendo que vamos justos de pasta y que creemos que el jefe nos va a largar de un momento a otro. Una vez el dinero en nuestro poder, urge una visita al supermercado, pues todo el mundo sabe que en una supercrisis lo primero que se agotan son los alimentos. Hay que ser listos y hacerse con productos poco perecederos (no me compren una tonelada de Bios que caducan en quince días), tipo galletas, pastas y demás, que puedan conservarse mínimamente bien cuando nos hayan cortado la electricidad y la nevera se haya ido al carajo. No está de más hacerse con un generador eléctrico por si las moscas. Una vez cubiertas las necesidades alimentarias, pasaremos a vaciar los grandes almacenes de ropa de abrigo. No sé porqué, pero en todas las películas sobre la Gran Depresión la gente va tiritando por la calle con unos guantes llenos de agujeros y unos zapatos sin suela. Ignoro si habrá que ir a Cracovia a buscar curro, por lo que conviene estar convenientemente abrigados para cuando llegue "la gran marcha". Lo cual me lleva a la gasolina, claro. A no ser que pretendan recorrer distancias de mil y pico kilómetros a pie, más les vale tener algún vehículo que funcione. Y ahí una de dos: o son ustedes miembros del club de polo y tienen un par de caballos a su disposición, o poseen grandes reservas de combustible (lo del Bicing no creo que sea conveniente para llevar a la prole hasta la frontera alemana, por poner un caso). Como hay que descartar la compra de gasolina con fines ahorrativos, sólo nos queda robarlo de los demás vehículos con el viejo truco de la manguera e ir chupando. Una vez unos cuantos bidones llenos, ya podemos cargarlos en el maletero de la tartana (no conviene pasearse en un Mercedes cuando la gente es capaz de matar por un trozo de carne de perro) y confiar que nos va a llegar para el trayecto.

No sé si me dejo algo, pero diría que con esto las principales necesidades quedan cubiertas. Si se les ocurre alguna cosa más, no duden en ponerlo en los comentarios de abajo que en cualquier momento peta todo y nos vamos a tomar por saco sin darnos cuenta.

¿Que exagero, dicen? ¡Qué va! ¿Acaso no han leído la prensa económica los últimos días? A ver si los que exageran van a ser ellos...

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Jubilaciones anticipadas

martes 23 de septiembre de 2008 0:00

No hay directivo o cuadro intermedio de cincuenta años con el que hable que no esté ya suspirando por la prejubilación. Me parece bastante curioso, porque cada día oigo más voces que profetizan que para los de nuestra generación la edad de jubilación va a atrasarse como mínimo un lustro, lo que me lleva a pensar que estos tipos creen que serán los últimos privilegiados que podrán gozar de jubilaciones anticipadas con pensiones de infarto. El otro día mi enlace bancario se despidió de mí diciendo "¡me han prejubilado! ¡a partir de ahora cada mañana al gimnasio!" con una sonrisa de oreja a oreja, y sólo le faltaba ponerse a bailar el Limbo Rock sobre la mesa de la oficina para demostrar a las claras cuál era su estado de ánimo tras conocer la noticia.

El filósofo Saul Smilansky opina que mucha gente tiene la obligación moral de jubilarse a la que puedan, argumentando que si las personas tienen un cupo limitado de talento, que el talento se retribuye en el salario, que el número de puestos de trabajo se mantiene invariable y que hay muchos aspirantes haciendo cola para cada puesto, lo normal es que a partir de una cierta edad los trabajadores puedan ser sustituidos por otros más jóvenes y con más talento. Por tanto, si tú estás por debajo del talento medio debes jubilarte, dado que tu puesto puede ser importante para lo sociedad y mientras lo ocupes se está desperdiciando.

Interesante argumento dada la mediocridad que corre por todas partes hoy en día, pero los chicos de Marginal Revolution, muy hábilmente, ya le han puesto unos cuantos "peros" al asunto. De entrada, yo esgrimiría los costes económicos para la sociedad que se derivarían de un incremento brutal del número de prejubilados, pero como se discute el sistema en EE.UU. y ahí no existe la Seguridad Social obviaremos este detalle e imaginaremos que nos hallamos en un mundo liberal al cien por cien. Como dicen en el blog, si todo el mundo por debajo de la media se da de baja posiblemente se rompería el equilibrio entre vacantes y personal disponible (ya he dicho que el personal es de un mediocre que tira de espaldas): mucho más lógico sería una reestructuración salarial acorde con el nivel de cada trabajador (sí, ya sé que es utópico pensar que a alguien va a aceptar una rebaja salarial con el simple argumento de que "es tonto", pero si la economía fuera realmente liberal la alternativa pasaría por largarlo sin cobrar un duro, así que como mínimo el afectado se lo pensaría dos veces). Es más, si apareciese un candidato mejor preparado para el puesto, lo lógico sería degradar al actual ocupante y dejar que el aspirante se convirtiera en su jefe. Así de fácil (en teoría). Al final, todo pasaría por que el mercado se reajustara y recolocara al 'okupa' a un puesto de menor categoría y sueldo que le retribuyera justamente en función de su (escaso) talento.

Bueno, al menos esto es lo que dicta la teoría económica. Evidentemente aquí y ahora un postulado como el del párrafo anterior es inviable, y más en con la mentalidad funcionarial de nuestra fauna de currantes. Sin embargo, estaría bueno que este debate se plantease en serio en algunas empresas e incluso a nivel gubernamental, sólo por ver qué cara se le pondría a mi enlace bancario, cuando en vez de suspirar por sus mañanas de aerobic se viera abocado a pegar sellos durante los próximos quince años.
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¿Y ese príncipe azul?

miércoles 10 de septiembre de 2008 0:00

Impresionante este artículo basado en leyes matemáticas sobre la probabilidad de encontrar al príncipe azul. La cosa empieza analizando el cuento de la princesa que debe besar a la rana de la charca, calculando cuántos sapos habrá que morrear hasta dar con el bueno, y termina haciendo una analogía sobre las probabilidades de encontrar pareja en el competitivo mundo de hoy. Según el estudio científico, para tener éxito a la hora de pillar cacho habría que evaluar a un 37% de los candidatos (mediante citas, se entiende) y a partir de ahí analizar todo lo que podría salir mal en el mundo real, desde las posibilidades de errar en nuestra evaluación (subestimando o sobreestimando a un candidato, por ejemplo) hasta la triste constatación de que también hemos errado al situarnos a nosotros mismos en la escala de valores (aquí usualmente por sobreestimación). Y esto sin conocer de antemano cuántas ranas hay en la charca (dicho de otro modo, cómo está el mercado del ligue), cosa que en el cuento sí se sabe.

Pretender guiar nuestra vida sentimental a través de leyes matemáticas podrá parecer un absurdo, pero yo creo que se podría ubicar la idea en la misma categoría que los análisis econométricos que pretenden predecir el comportamiento de las bolsas o la duración de los ciclos económicos. Si hay asesores que se dedican a implementar estos modelos (cobrando un pastón, dicho sea de paso) para contarnos cuál será el comportamiento de los agentes económicos en el futuro, no veo por qué alguien no podría abrir un consultorio sentimental basado en las ecuaciones diferenciales. Tiene las mismas probabilidades de acertar el uno que el otro, mirándolo fríamente.

Antes de que a alguien se le ocurra soltar que se trata de dos cosas diferentes porque la economía es una ciencia mientras que el noble arte del ligoteo no, déjenme desengañarles: que la carrera se llame "Ciencias Económicas" no implica en absoluto que las economías mundiales se muevan a partir de leyes tan inmutables como la de la gravedad, por ejemplo. También hay una titulación denominada "Ciencias del Comportamiento" y no veo yo que nadie se ponga calculadora en mano a elucubrar las probabilidades de que te caiga una santa leche en una discusión. Es más, en economía el hecho de que existan unas presuntas leyes científicas lo único que consigue es que los agentes del mercado intenten anticiparse a ellas para obtener un mayor beneficio, lo que a la larga conlleva que todos los postulados se vayan a tomar viento por causa de movimientos teóricamente "incorrectos". Y así, buscando todos el dichoso príncipe azul se hunden las bolsas, el mercado inmobiliario, las entidades bancarias y nos dejan a todos debajo del puente y a punto para el divorcio que no nos podremos costear porque la empresa nos acaba de largar. A partir de ahí, utilizar el cálculo estadístico para volver a encontrar cónyuge puede parecer posiblemente la única idea cuerda en un mundo de locos.

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Un mundo material

lunes 25 de agosto de 2008 0:00

Que la clase no se compra con dinero es una evidencia sobre la que no hay que dar más vueltas. Que la inteligencia no tiene nada que ver con el estatus social es otra perogrullada de las que hacen época. Que el dinero no compra la felicidad dicen que está demostrado, aunque imagino que dependerá de los casos. Que el físico es un factor aleatorio también queda bastante claro. Por todo ello, habría que asumir que, sobre todo a la que la gente se va haciendo mayor y va teniendo las ideas más claras, el factor monetario no debería intervenir para nada a la hora de juzgar favorable o desfavorablemente a las personas. Sin embargo, ocurre justamente al contrario: cuanto mayores nos hacemos, más alardeamos de nuestras posesiones materiales (los que las tengan) y más ninguneamos los aspectos "espirituales", por llamarlos de algún modo.

Santiago Segura dice que prefiere que las mujeres vayan con él por su pasta antes que por su físico, puesto que lo primero se lo ha ganado con su trabajo mientras que lo segundo viene de un orden genético sobre el que él no pudo ejercer ninguna influencia. Eso lo puede decir él porque es feo de narices y porque, efectivamente, si tiene la cuenta corriente bastante abultada es por las películas que ha rodado. Pero cuando pienso en los ricos herederos que no han pegado palo al agua en su vida no puedo evitar preguntarme qué es lo que hace que el personal los admire tanto. Y no hace falta ir tan lejos: pongamos a un mindundi más o menos acomodado que, con el sudor de su frente y pagando una hipoteca, consigue adquirir una segunda residencia. ¿Qué es lo primero que hace? Enseñarla a todas sus amistades. ¿Para qué? Para fardar, sin duda. Porque sabe que lo van a envidiar. En cambio, que el mismo mindundi sea capaz de entender al cien por cien el Tractatus de Wittgenstein no le otorga la más mínima ventaja frente a la mayoría de los mortales. Bien al contrario, seguro que lo consideran un freak sin remedio.

Lo paradójico del caso es que uno va preguntando y se encuentra con que nadie, pero absolutamente nadie, reconoce que el factor monetario pesa a la hora de escoger sus relaciones sociales. No sólo eso, sino que encima suele criticarse al pudiente a la que asome un mínimo punto débil ("mucho dinero pero es idiota", "se ha casado con una pelandusca", "qué mal gusto al decorar la casa", etc). Eso sí, a la que esta clase de personas convocan una fiestorra en su redil hay cola larga para apuntarse y todos le ríen las gracias. De lo cual se desprende que somos todos unos hipócritas de cuidado y que andamos metidos en una carrera de galgos sin remedio para ver quién llega a la meta con el mayor número de billetes verdes en el bolsillo. Teniendo en cuenta que al final sólo unos pocos lo lograrán, ¿no sería más lógico, aunque fuera por interés propio, dejar de admirar a los ricos y centrarnos más en los demás aspectos del individuo? O, puestos a ser materiales, quedémonos en la belleza física, que al menos es interclasista. Por mi parte, yo ya he tomado unos pasos para el cambio de mentalidad: ahora ya no me fijo en las pijas, salvo que tengan las tetas gordas.
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Una crisis parando a otra

viernes 18 de julio de 2008 0:00

Desde hacía unos años era vox populi que el crecimiento de la economía basado únicamente en el tocho no sería sostenible durante demasiado tiempo, y a la que la crisis ha asomado su hocico no han tardado las inmobiliarias (grandes y pequeñas) en morder el polvo. Ahora la duda está en si el PIB y el país entero irá detrás por el precipicio o si tenemos bastante turismo e industria alternativa como para mantener el tipo con algo de dignidad (las apuestas no son muy favorables, que digamos). La lección a extraer parece clara: hinchar los precios de cualquier producto simplemente porque en un momento determinado la demanda es excepcionalmente alta y vivir al ritmo de estos dividendos sobrevalorados lleva irremediablemente a la ruina a la que el tirón afloja y el empresario no ha sido capaz de guardarse unos ahorros para parar el golpe.

Pensaba yo en este proceso el otro día cuando leía que TVE y las autonómicas han pagado un total de 65 millones de euros por hacerse con los derechos de la retransmisión de la Liga de Campeones durante el trienio 2009-2012. Ya se sabe que el fútbol es el opio del pueblo y que no hay nada que barra más audiencias que la competición europea, sobre todo si algún equipo nacional se juega los cuartos hasta las últimas fases. Imagino que en la subasta los pujantes han tenido muy presente la potra que ha tenido Cuatro, que para una vez que retransmite la Eurocopa a ritmo del "¡Podemos!" va el combinado nacional y se lleva el trofeo, con la consiguiente lluvia de millones para la cadena privada. Pero, al igual que con la construcción los precios se salían de madre, empiezo a creer que en una época de crisis como la actual ofertar según qué cantidades para un acontecimiento de final incierto puede acarrear daños colaterales a los canales televisivos pujantes. Dios no quiera que nuestros contendientes caigan en un par de ediciones a las primeras de cambio, o que la Liga pierda emoción y calidad al ritmo en que lo viene haciendo los últimos años, o que los chinos no consigan mejorar la televisión P2P, o que Alonso vuelva a arrasar en la Formula-1, o que Nadal se mantenga en el primer puesto de la ATP, o que Pedrosa se dispute el mundial de motos con Il Dottore, o que Risto Mejide aumente el nivel de sus puyas televisivas, o que el Doctor House consiga mantener la calidad de sus guiones televisivos. Demasiada oferta para un consumidor ávido de deportes, sí, pero que se ve obligado a negociar con la parienta la cantidad de horas invertidas en el visionado de las retransmisiones, y que probablemente tenga un par de crías en edad adolescente abonadas a los culebrones.

Si el proceso habido en la construcción se repite, sería curioso observar cómo se desarrollarían los acontecimientos en el sector futbolero: impago de televisiones, los clubs sin poder fichar las estrellas del momento, la audiencia bajando en picado, equipos enteros en suspensión de pagos y desapareciendo del mapa... Una espiral que se puede precipitar en cualquier momento, en el momento en que la "burbuja televisiva", al igual que la inmobiliaria, reviente y lo mande todo a tomar por saco. Pero me da a mí que la dichosa burbuja está aún a bastantes años de reventar, y que en todo caso los canales televisivos cuentan precisamente con que la crisis actual les ayude a cubrir gastos. Puede parecer una paradoja, pero si no hay dinero para nada más lo único que le queda al españolito de a pie es quedarse en casa bebiendo cerveza y tragando fútbol. Bienvenidas las crisis, deben pensar los señores de la FORTA.

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Soluciones para los tiempos de crisis

lunes 23 de junio de 2008 0:00

Ahora que parece que lo de la crisis va en serio surge una iniciativa para todos aquellos que desean seguir exhibiendo su buen ritmo de vida de cara a la galería aunque en realidad están pasando penurias. Varios periódicos han hablado ya del fenómeno, que consiste en el alquiler de artículos de lujo para los que no tengan posibilidades monetarias de compra. Por ejemplo, bolsos de Louis Vuitton o de Chanel, posibilidad ofrecida por la empresa Look and Stop. El mismo método es aplicable a automóviles, viviendas, ropa, joyas y todo el sinfín de complementos que permite a los clientes potenciales distanciarse de la plebe, con el fin de poder lucirlos en una velada especial sin que sus amigos del alma sepan que en realidad no llegan a fin de mes. Interesante idea, que demuestra que los negociantes se las ingenian como pueden para seguir sacando al mercado productos que en épocas como la actual no tienen demasiada salida, y que pone en evidencia la psicología del populacho de una manera diáfana.

Ya me estoy imaginando la fiesta en el chalé con piscina de la Cerdanya (todos los pijos van a la Cerdanya hoy en día) que algún fanfarrón montará en pleno mes de agosto, a sabiendas de que ninguna de sus amistades sabrá que una vez concluida la velada el "propietario" tendrá que devolver las llaves y regresar a su morada habitual bajo un puente cualquiera. Idea redonda y solución de emergencia, aunque me surge una pequeña duda cuando pienso en el sistema: intuyo que este tipo de negocio tendrá cierto éxito en grupúsculos muy concretos de la sociedad, aquellos que el resto de la gente denomina "fantasmones". ¿Acaso no podría suceder que dos amigos del mismo círculo alquilaran la misma casa, el mismo coche o el mismo bolso en fines de semana distintos, por aquello de la necesidad imperiosa de fardar ("si el otro tiene una casa chachi yo también")? Sería una escena impagable la del sujeto que arrendara el chalé de la Cerdanya, mandase las pertinentes invitaciones a todo su grupo de amistades y, al presentarse para montar las bandejas de canapés, se encontrara con la sorpresa de que la casa es exactamente la misma en la que hace quince días su vecino montó su fiesta de "bienvenida del verano". Ante la pregunta de algún invitado impertinente: "oye, ¿pero esta choza no era de Antonio?", el cliente apurado siempre podría inventar una historia del tipo "sí, me gustó tanto que se la compré nada más terminar la fiesta". Y a ver si Antonio, que con toda seguridad rondará por allí, tiene las narices de contar la verdad al resto de invitados.

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