Una cuenta de iTunes

martes 25 de marzo de 2008 1:00

La semana pasada lo vi claro, desde el momento en que leí una noticia pescada en Applesfera: por lo visto Apple se está planteando seriamente la posibilidad de ofrecer una tarifa plana para acceder a todo su contenido musical online de forma ilimitada. Piensen bien en lo que quiere decir esto: todo el catalogo de la iTunes Store (creo que sólo le faltan los Beatles y cuatro más para tener el último siglo de música al completo) a su disposición pagando, pongamos por caso, 100 euros al año. Sin necesidad de buscarlo por la mula, o de interminables colas de espera, o de la clásica frustración al comprobar que aquella vieja joya de los ochenta sólo la tienen cuatro gatos mal contados y ninguno se digna a compartirla. Yo mismo, un clásico caso de alergia a pagar por nada que se pueda obtener vía peer-to-peer, debo admitir que me plantearía seriamente la posibilidad de apoquinar la pasta exigida para tener millones de temas a mi disposición con sólo hacer un clic. En parte sería como disponer de una copia de seguridad gigantesca de un disco duro de varios miles de Teras, y bastaría con hacerse a la idea de que el importe que nos cuesta sirve para mantener dicha copia en nuestro espacio virtual personal.

Si decía que lo vi claro es porque hasta el momento las empresas que vendían contenidos culturales en la red habían adoptado la estrategia de ofrecer a precio de saldo elementos unitarios, ya sea canciones, películas, libros o programas. Tal y como está evolucionando el tema (y la noticia enlazada lo confirma), de lo que se tratará en un futuro será de pagar una cuota por acceder a todo lo que queramos sin restricciones de ningún tipo: como pagar por el Digital Plus pero a lo bestia, para que me entiendan. Ellos suministran los contenidos; nosotros accedemos a ellos cómo y desde dónde queramos. Fantástico, ¿verdad?

Pues en parte sí, pero hay algo que me tiene mosca. Miro mis estanterías y están repletas de libros, de películas, de discos... toda una vida recopilando material para legarlo a la posteridad, todo un montón de recuerdos ahí expuestos para que mis descendientes se hagan una idea de quién fui yo en su momento; de qué cosas me gustaban; de qué películas, series, discos o novelas marcaron mi carácter de una forma determinada... todo eso desaparecerá para siempre si el nuevo modelo de negocio internauta termina imponiéndose, y no duden ni por un instante que lo hará. Se acabó el fetichismo de coleccionar obras culturales para saborearlas en la intimidad; ni rastro de aquellas expediciones eternas por las tienduchas de discos de la ciudad en busca de aquel vinilo añejo que tanto significaba para nosotros; nada de pasarse libros de mano en mano hasta que el olor a tinta se desvaneciese a medida que el contenido de esas páginas iba llenando la imaginación de sus lectores... En definitiva, todas nuestras aficiones y gran parte de nuestra personalidad se hallarán embutidos en una pantalla de ordenador, y Dios quiera que no nos corten la luz o se nos caiga el ADSL. Me pregunto qué cuernos les legaré a mis hijos o a mis nietos ahora que toda esa ingente cantidad de material pasará a ser engullida por las multinacionales audiovisuales y almacenada en un rincón diminuto de internet. Supongo que siempre podré dejar mi iPod en herencia, aunque dudo que esté fabricado para durar muchos años. Como último recurso, tendré que decirles a mis nietos que la vida de su abuelo se encuentra embutida en una cuenta de iTunes, ubicada en un lugar remoto a la espera de que el servidor la borre por falta de pago cuando yo ya no esté. Que sigan pagando si quieren que mi recuerdo no se desvanezca para siempre jamás... desde luego, el negocio puede ser redondo si encima nos atacan por la vía sentimental.

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A vueltas con el sistema educativo

viernes 21 de diciembre de 2007 1:00

Xavier Sala-Martín es un economista conocido por muchos como "el loco de las americanas". Los que acudimos al Camp Nou con una cierta regularidad también lo conocemos como "esa manchá fosforita que se vislumbra en el palco", pero ello no es óbice para reconocer que el tío cuando habla la toca, y mucho. Ayer por la noche me tragué enterita la entrevista que Mónica Terribas le hizo en su programa de madrugada y disfrute mucho con los puntos de vista que Sala-Martín aportaba a diversos aspectos de la actualidad. En concreto, me hizo ilusión que coincidiera conmigo en una cuestión, la del porqué del fracaso del sistema educativo español.

Siempre he sostenido que una enseñanza basada en la mera memorización de verdades absolutas proclamadas por el catedrático de turno desde su altar a la larga degenerará en individuos acostumbrados a empollar y a olvidar, ergo absolutamente incapacitados para una mera discusión dialéctica con argumentos e intercambios de puntos de vista, o para tomar una decisión en un momento determinado aunque sea a contracorriente. Pero, aunque ahí también coincidía con Sala-Martín, hay una cuestión más de fondo que marca a los jóvenes desde el mismo momento en que pisan la escuela en este país. Ese problema estructural es el concepto que tenemos aquí de "cultura".

Hace un tiempo en una cena con amigos alguien hablaba de Vigo y uno de los comensales preguntó "¿dónde queda Vigo exactamente?". Lo que siguió fue una avalancha de risotadas a costa de la ignorancia del amigo pero, desafiante como es él, tan tranquilo explicó: "veamos, no tengo ningún interés en ir a Vigo en mi vida por motivos personales, no tengo tratos comerciales con ningún viguense, el Celta de Vigo no me cae bien y si algún día tuviera que aterrizar por esos lares un simple vistazo a internet y el pertinente GPS me enseñarían todo lo que necesito sobre la ciudad". Obviamente el tipo lo hacía para provocar, pero en el fondo tiene razón. En este país creemos que es muy importante localizar las capitales del mundo en un mapa, conocernos de memoria los ríos de la península ibérica o sabernos a rajatabla las fechas de la Revolución Francesa. Así nos va, porque luego en la Universidad este concepto de "cultura general" se aplica a las asignaturas superiores, y todo consiste en memorizar y seguir memorizando.

Preguntaba Sala-Martín: "¿por qué es más importante tener conceptos geográficos en la cabeza que saberse la letra de las canciones de Madonna o de Eminem? ¿Cuál de las dos cosas es más cultura?" Bingo. Justo lo que yo siempre he sostenido. Para mí es muchísimo más importante hoy en día saber manejar un iPhone que amacenar en un rincón de nuestro cerebro la lista de los Reyes Godos. Es más, todo lo que en este país se considera "cultura" para mí no es más que información superflua que una breve consulta en el Google me resolverá en tres segundos si algún día la necesito. Estoy de acuerdo en que el saber no ocupa lugar y en que todo lo que sea cultura general forma a la persona, pero en EE.UU. la mayoría de los alumnos que salen del instituto son incapaces de situar España en el mapa. Eso sí, cuando hay que montar un Microsoft, un Apple, un Google o un Twitter todas las iniciativas salen de allí.

En la entrevista el economista argumentaba que esto es porque aquí medimos el conocimiento en las fases primarias y no al final del recorrido estudiantil. En cambio allí lo hacen al revés, y por eso invierten tanto en I+D y similares. Como se dijo en el programa, es como si quisiéramos medir la altura de la población con niños de ocho años en vez de hacerlo con jóvenes de veinte: las conclusiones obtenidas serían del todo erróneas. Pero lo mejor del caso es que el famoso informe que nos deja en tan mal lugar por comparación con otros países también establece sus baremos a partir de estas premisas. Sin duda EE.UU. quedará en mal lugar si analizamos el estudio, pero eso no quiere decir que a la hora de la verdad no sean los más avanzados. Menos jugar al Trivial Pursuit y más aprender a programar en Python, que es lo que vale a la hora de buscar trabajo.

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El octavo arte

miércoles 11 de julio de 2007 2:00

Hablemos de los videojuegos. Anteayer constatábamos que el cine anda de capa caída y a cada día que pasa parece que interesa menos tanto a las generaciones jóvenes como a las veteranas, aunque justo es reconocer que la televisión goza actualmente de un momento dorado. Los libros se ven como un invento arcaico sólo apto para nostálgicos y todos los esfuerzos del sector del entretenimiento se orientan hacia lo único que da dinero y que parece motivar a los consumidores en el tecnificado mundo de hoy: los ordenadores y los videojuegos. Del tema informático ya hablaré en otro post pues hoy mi intención es tratar el sector del ocio electrónico en la vertiente videojuego, dado que desde hace una semana vienen apareciendo interesantes artículos tanto en prensa escrita como en internet tratando el tema desde un prisma novedoso, considero.

La semana pasada leía en un suplemento cultural lo crudo que lo tenía la literatura en su enfrentamiento con otras formas de entretenimiento mucho más directas, rápidas y que buscan activar los estímulos del cerebro del consumidor con señales mucho más llamativas que las simples páginas de un libro. Estamos de acuerdo en que hay pocas cosas comparables al placer de la lectura sosegada de una buena novela, pero hoy en día la gente anda falta de tiempo y dispone de otras vías de entretenimiento mucho más directas y llamativas que despiertan el interés inmediato del público. Es lógico que resulte más sencillo engancharse a un videojuego, a un partido de fútbol o a una película que a un libro de quinientas páginas, y por tanto las preferencias del consumidor cada vez se orientan más hacia esta clase de productos de ocio.

Lo que resulta llamativo es que mientras que hasta hace poco la alternativa de los videojuegos contaba con el desdén unánime de la mayor parte de articulistas, considerándolos como una forma de entretenimiento "menor" y a años luz del cine o la literatura, de un tiempo a esta parte surge una nueva corriente de opinión que poco menos que considera a los juegos electrónicos como el octavo arte (si entendemos que el séptimo es el cine). Ya en el suplemento cultural que he mencionado se hablaba de las virtudes del videojuego a la hora de mantener despiertas ciertas neuronas cerebrales, distintas por motivos obvios de las que activa la lectura de un libro, pero no por ello menos meritorias. Otros artículos electrónicos que tocan el mismo aspecto desde distintos ángulos serían éste de Canarias24horas o éste de El Comercio. Supongo que las multinacionales del entretenimiento deben pagar lo suyo por este "lavado de imagen" de sus productos en los medios, pero no deja de resultar curioso que de pronto tantas publicaciones se pongan a alabar sus virtudes.

Mención especial merece el artículo de ayer en La Vanguardia titulado "La retórica del videojuego busca teóricos" (y que no puedo enlazar por ser de pago) en el que se especulaba acerca de una mayor complejidad en los argumentos de los juegos y en la posibilidad de que, a medida que su grado de sofisticación aumente, pueda comenzar a hablarse de "videojuegos de autor", como si de David Lynchs electrónicos andara el mundo lleno. A bote pronto semejante teoría provocará más de un arqueo de cejas, pero justo es otorgarle cierta consideración, no en vano el cine en su día fue denostado por los amantes de la literatura y en la actualidad se erige como uno de los pilares fundamentales de la cultura contemporánea "seria".

¿Estamos pues ante el nacimiento de una nueva forma de arte? En la medida en que se consideran arte las obras de la Tate Gallery, seguro. De momento, para jugar en la misma división que sus hermanos mayores el cine, la música o la literatura a los videojuegos todavía les queda un buen trecho por recorrer. Pero ojo a las declaraciones del mandamás de Electronic Arts, uno de los factotums del imperio lúdico-electrónico: "estamos aburriendo a la gente y creando juegos cada vez más difíciles de jugar", señal inequívoca de que desde el propio sector se busca activamente la innovación argumental con vistas a satisfacer a un público adulto y, lógicamente, con mayor poder adquisitivo.

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Subtitula que algo queda

martes 26 de junio de 2007 2:00

Les supongo al tanto de la propuesta de Ernest Maragall, nuestro inefable Conseller de Educació, al respecto de la supresión del doblaje de las películas en TV3. Si no saben de qué les hablo, les hago un resumen: en este país últimamente nos hemos dado cuenta de que somos todos unos paletos en el tema de los idiomas. Ahora que el turismo anda en boga, uno sale a dar una vuelta por el mundo y se da cuenta de que todo Dios habla inglés, muchos francés e incluso hay alguno que domina el alemán o el ruso, no hablemos ya del castellano, idioma que algún que otro guiri que nos visita parece dominar mejor que nosotros mismos. Y claro, eso a nuestros responsables políticos les afecta en lo más profundo de su ser, sobre todo porque ahora los sobornos de las multinacionales que aterrizan por estos parajes no son detectados por el rádar del aparato administrativo (por la sencilla razón de que nuestros funcionarios no dominan el inglés). Así que de un tiempo a esta parte a nuestros estupendos líderes se les ha metido en la cabeza que tenemos que aprender idiomas, cueste lo que cueste y le pese a quien le pese. Como lo del "Follow Me" parece que en su día no dio resultado, y como les han contado que la mejor forma de aprender un idioma pasa por practicarlo (toma descubrimiento), el señor Maragall ha decidido que la mejor forma de adiestrar al vulgo pasa por imitar a nuestros vecinos europeos y cargarse el doblaje de un plumazo.

Tiene su lógica: si ponemos la tele y nos topamos con programas en V.O. subtitulada por cojones acabaremos practicando el idioma. O simplemente cerraremos la tele, que tal y como está el patio probablemente sería lo más razonable. Pero, ¡ah amigos!, ya se ha liado la de San Quintín puesto que los responsables de 'la nostra' se ven en la picota de los gráficos de audiencia (más aún), dado que si ellos son los únicos que emiten en V.O. la mayoría del populacho se pasará a Antonia-3 o Tele-5. Además, dicen, si el objetivo de TV3 era propagar el catalán por todo el territorio, ¿a qué viene ahora que sea el único canal que se pase a la V.O., máxime cuando ya facilitan la opción mediante el sistema dual?

Lógico razonamiento, si bien hay un par de temas que no tengo claros: primero, ¿desde cuándo una televisión pública debe preocuparse por la audiencia?, y segundo, ¿nos están llamando vagos y cenutrios de una manera sibilina? ¿Por qué presuponen que todos cambiaríamos de canal si nos ofrecen un buen producto en V.O.? Algunos usamos internet y nos chupamos esos mismos productos en V.O. (unos cuantos subtitulando, otros no), simplemente porque nuestras parrillas andan atiborradas de artefactos infectos como "Ventdelplà" o "Aquí no hay quien viva". ¿Qué pasa? ¿Que los abuelos (el 90% de la audiencia de TV3) ya pasan de aprender idiomas? Bueno, pues se crea un canal especial para ello y dejemos que la tercera edad se siga recreando con "El Cor de la Ciutat" mientras yo me casco "Shark" en inglés. Porque esta es otra: no se trata de ponerme los "Eastenders" del 87 en V.O., que os veo venir... Aquí hay que meter pasta e invertir en buenas series y películas, o sinó el fracaso de audiencia no será por la barrera idiomática, como alguna mente maliciosa nos intentaría hacer creer en tal caso. ¿Dónde está el problema de crear un canal adicional? ¿No son ustedes el gobierno? Pues creen un decreto-ley al respecto y santas pascuas. Además, ¿no nos taladran todo el día los gerifaltes de 'la nostra' con que son la televisión pública que más innova? Pues innoven de verdad, caramba, y déjense de batallitas lingüísticas que quedan muy bien de cara a los clásicos debates demagógicos pero que no sirven para camuflar nuestra cruda realidad: el analfabetismo lingüístico del españolito medio.

Por suerte, las nuevas generaciones, mucho más versadas en temas tecnológicos que sus predecesoras, ya hace tiempo que se montan su propia parrilla televisiva 'a la carta' (verbigracia, un servidor) y pasan de los canales oficialistas. Si algún día colocan en mi casa un cacharrito de los que mide el 'share', los de Sofres van a flipar con los programas que suelo ver a diario: seguro que alguno ni siquiera ha oído hablar de "Dexter"... Así que cuando los directivos de las emisiones y nuestros responsables políticos se quieran dar cuenta, comprobarán cómo ha llegado una generación de gente que pasa de sus rancios y trasnochados canales, cada uno casposo por razones distintas, y escogen qué programas ver, a qué hora y en qué idioma. Y sin anuncios.

Imagino que para entonces sus audiencias estarán tan bajas que ya ni figurarán en los estudios del 'share'. Sigan pegándose y planteando polémicas estúpidas, que los demás mientras tanto ya sabemos que la mejor forma de aprender idiomas es vía BitTorrent. Ya decía yo que esto de la piratería en el fondo era buena cosa...

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Si toleras esto tus hijos serán los próximos

viernes 27 de abril de 2007 0:00

¿Se han fijado ustedes en que las canciones inglesas no nos llegan tanto como las cantadas en nuestra lengua, hasta el punto de pervertir el significado de las mismas en el uso que hacemos de ellas? Recuerdo que cuando era chaval si ponía en el coche un cassette de "Los Toreros Muertos" o de "Siniestro Total" mi madre me llamaba degenerado y cosas peores, pero en cambio si me daba por hacer sonar a los Blow Monkeys no ponía ninguna objeción, cuando en realidad tras el disfraz de música funky-bailable se escondían unas letras incendiarias y que no tenían nada que envidiar a las de Pablo Carbonell, lenguaje soez incluído. Hace ya tiempo redacté un post sobre lo curioso de que las baladas de Phil Collins se utilizaran siempre con fines romanticones cuando, si uno se para a escucharlas, alguna de estas canciones toca temas bastante durillos. Pero imagino que en el fondo es lógico: aunque entendamos perfectamente el inglés, suele dar pereza detenerse a escuchar la música con el libreto de letras delante para intentar comprender el auténtico significado de lo que oímos.

Ocurre que yo soy curioso por naturaleza y que además me gusta lo críptico, ya sean las películas de David Lynch o los posts del Palacete, y sobre todo me encanta cuando en una canción cien por cien comercial el cantante de turno nos cuela una letra con pinta de profunda pero sin dejar claro su significado. Entonces la escucho una y otra vez hasta que doy con lo que creo que el autor quería decir y me monto mi película cada vez que suena en la radio. Qué le vamos a hacer, soy así. Ahora con internet las cosas son relativamente sencillas pero hace tiempo lograr descifrar según qué jereoglíficos musicales tenía su mérito, no se crean. Y uno de estos casos pre-internet (aunque por los pelos) es la célebre canción de los Manic Street Preachers "If you tolerate this then your children will be next". ¿Sabían que trata sobre la guerra civil española? Escuchen y lean:

Manic Street Preachers - If you tolerate this then your children will be next
(pulsar para escuchar)

The future teaches you to be alone
The present to be afraid and cold
'So if I can shoot rabbits
Then I can shoot fascists'

Bullets for your brain today
But we'll forget it all again
Monuments put from pen to paper
Turns me into a gutless wonder

And if you tolerate this
Then your children will be next
And if you tolerate this
Then your children will be next
Will be next, will be next, will be next

Gravity keeps my head down
Or is it maybe shame
At being so young and being so vain

Holes in your head today
But I'm a pacifist
I've walked La Ramblas
But not with real intent

And if you tolerate this
Then your children will be next
And if you tolerate this
Then your children will be next
Will be next, will be next, will be next


'And on the street tonight an old man plays
With newspaper cuttings of his glory days'

And if you tolerate this
Then your children will be next
And if you tolerate this
Then your children will be next
Will be next, will be next, will be next

Apuesto a que la habían oído mil veces y no se habían fijado en lo de "I've walked La Ramblas But not with real intent", ¿verdad? Según cuentan por ahí, la canción está dedicada a los ingleses que decidieron luchar en la contienda española y de cómo la generación actual rechazaría involucrarse en un conflicto similar, con el autor a la cabeza. Aparentemente el título proviene de una frase utilizada por los comunistas de la época sobre Guernica y las tácticas de blitzkrieg puestas en práctica por Hitler y Mussolini en nuestro territorio: "si toleras esto (Guernica) entonces tus hijos serán los próximos (en morir durante la Segunda Guerra Mundial)". También se supone que alude a la falta de implicación del gobierno británico, que rechazó apoyar a la República española en el conflicto.

En fin, interpretaciones hay muchas, pero a mí la estrofa que me enganchó fue la de "And on the street tonight an old man plays with newspaper cuttings of his glory days"... No sé, hay algo poético en esta imagen; llámenme sensiblero. En cualquier caso, seguro que ahora si un día van conduciendo y por la radio escuchan este tema lo percibirán de un modo distinto.

Pero si hoy justamente les pego el rollo con la cancioncita de marras es porque ayer, mientras volvía del trabajo con el coche, en la emisora que llevaba sintonizada empezó a sonar esta tonadilla y de pronto tuve un 'flash': recordé que precisamente este tema fue el seleccionado para lanzar la campaña publicitaria del diario "La Razón" a finales del siglo pasado. Y me hizo gracia, porque comprendí que esto de no fijarnos en las letras no es una cosa exclusiva de los fans, sinó que a los grandes ejecutivos que elaboran carísimas campañas de márketing el significado de las letras también se les escapa. Porque a ver, a Ansón se le puede calificar con muchos adjetivos, pero posiblemente "republicano" o "comunista" no estén entre ellos...

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Confundiendo el fin con el medio

lunes 26 de marzo de 2007 1:02

Me da la impresión de que hay gente que sólo viaja para contarlo. Hoy en día queda claro que si no pillas un avión como mínimo un par de veces al año ya no eres nadie en tu círculo de amistades. Cuanto más lejos vayas mejor y cuánto más "exótico" el periplo mayor reconocimiento por parte del resto del grupo. Estando así las cosas, es lógico suponer que a muchos de estos viajeros sobrevenidos la idea de cascarse una kilometrada en avión no les apetezca en absoluto pero por el tema de la presión social acceden a ir hasta las Antípodas con tal de lucir las fotos a su regreso. Recuerdo que hace unos años, durante unas vacaciones en Escocia, me encontré con un grupo de catalanes que lo único que hacían era sacarse una foto con un monumento y acto seguido iban corriendo hasta el siguiente para inmortalizar el momento, al grito de "¡éste ya lo tenemos! ¡nos falta aquél!". Ahí lo vi claro: acababa de surgir una nueva especie, la del "turista para terceros" (su existencia sólo se justifica por el relato ante los demás de su viaje), gente que confunde el fin con el medio.

No se trata de un fenómeno que ataña únicamente al turismo, en absoluto. Otro ejemplo lo encontraríamos en los hombres "devoramujeres" que cada fin de semana acuden a la discoteca de moda para lanzar la caña a la primera rubia que les pase por delante. En el fondo a muchos de ellos tampoco les apetece tanto tener sexo con la rubia, pero se mueren de ganas de contarles la experiencia a sus amigos. Otros que confunden el fin con los medios, pues para ellos el sexo no es más que un medio para alcanzar su anhelado fin: fardar ante los amigotes. Es como el chiste del hombre que naufraga en una isla desierta con Claudia Schiffer y, tras pasársela cien veces por la piedra, le pide a la modelo que se disfrace con un sombrero y bigote, sólo para decirle: "¡eh tío! ¡me estoy follando a Claudia Schiffer!" Una vez me relacioné con un grupo de parejas en las que se descubrió que había habido una infidelidad entre los miembros de dos parejas, que habían cruzado sus partenaires sin que los otros dos lo supieran. Pues bien, al final se acabó descubriendo el pastel. ¿La razón? El adúltero sintió la necesidad de contárselo a otro miembro del grupo y a partir de ahí todo se disparó.

Viene todo esto a cuento porque últimamente, cada vez que conecto la televisión me topo de bruces con la ex-señora de Álvarez-Cascos, una tal Gemma Ruiz, cuando no es presumiendo de nuevo novio y proclamando su alegría a los cuatro vientos es llorando a moco tendido por una nueva ruptura sentimental, cuando no es derramando lágrimas de alegría al escenificar en un plató con su acompañante una apoteósica reconciliación es posando enfadada para las cámaras asegurando que el amor se ha ido y que si es por ella ya no volverá. Como yo no estoy muy ducho en el tema de la prensa del corazón al principio no le presté demasiada atención a la interfecta. Simplemente pensaba que se trataba de otra espabilada que acudía a los medios para vivir de las exclusivas sobre su vida privada. Y no digo que no sea así, pero a base de contemplar sus escenitas en directo me he dado cuenta de que lo de esta mujer va mucho más allá de un mero afán de lucrarse gracias a sus miserias personales. Esta señora tiene relaciones sólo para luego poder contarlo. En este sentido su actitud no dista demasiado de los "turistas para terceros" o los gigolós "devorarubias". El sentido último de su existencia es acudir a un plató a contar sus experiencias personales, las cuales no son más que un medio para llegar a ese fin. Ella sólo se siente completa explicando sus amores y desamores, no viviéndolos, y de esta forma las dramatizaciones melodramáticas que presencio a la hora de cenar con esta señora de protagonista adquieren todo su sentido. Sin las cámaras ella no es nadie. Su vida sentimental es como la de cualquier otro, y en ello no hay grandeza ni miseria alguna. La grandeza la otorga su escenificación ante el público, como si de una actriz teatral se tratara. Sólo que en vez de basar sus representaciones en obras ajenas utiliza material sacado directamente de su propia vida privada. Y así, una vez más, asistimos al nacimiento de una nueva especie dentro de la fauna rosa: la de las que viven para pasar a la posteridad (y no a la inversa, como sería lógico: pasan a la posteridad porque viven). Si supieran que nadie iba a hacerles caso, probablemente se suicidarían.

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Los versos satánicos

viernes 23 de marzo de 2007 0:00

La gente es la monda. Basta con soltar una leyenda urbana al aire para que surja una multitud de incondicionales ávidos de seguir el bulo y casi tantos incautos dispuestos a creérselo a pies juntillas. ¿Cuántos de ustedes conocen a alguien que asegura que se topó con un diente de rata en una hamburguesa de McDonalds? ¿Verdad que todos tienen un amigo que a su vez conoce al pringado que se tiró de un quinto piso cuando era niño vestido de Supermán? ¿Y lo de la autoestopista fantasma? Éste ya es más difícil de colar pero aun así con alguno me he topado yo que afirma haberse encontrado con el espectro en una curva del Tibidabo, justo en la que atropellaron a una joven hace unos años... En fin, ya saben a lo que me refiero. Tonterías que algún cachondo se inventa en un día ocioso o durante una noche de borrachera y que, si poseen la suficiente gracia, se propagan como el fuego sobre la gasolina entre la plebe ansiosa de escapar de la rutina de sus tristes vidas. Pues bien, uno de los casos más llamativos en cuanto a leyendas urbanas acaba de ser finiquitado por la vía judicial en USA, y concierne ni más ni menos que a la todopoderosa Procter & Gamble.

¿Ustedes sabían que la multinacional en cuestión había sido acusada de satanismo desde los inmemoriales tiempos de su fundación? Yo no tenía ni idea, pero parece que estos rumores habían alcanzado tal proporción que los directivos de la compañía se han visto obligados a demandar a unos ex-empleados que iban difundiendo y amplificando la leyenda negra desde que dejaron la empresa. Y han ganado, en concreto la friolera de 14 millones de euros, montante que se supone les debe resarcir de las pérdidas que han sufrido por culpa de su asociación con prácticas satánicas. Investigando sobre la materia en internet, uno puede encontrar sin dificultad una alusión al tema en la mismísima Wikipedia, como bien señala el artículo de El País:
el rumor se basaba en un pasaje de la Biblia, en concreto del Libro de las Revelaciones 12:1, que dice: "Y allí apareció una gran maravilla en el cielo. Una mujer se vistió con el sol y la luna bajo sus pies y, sobre su cabeza, una corona de 12 estrellas. Así, el logotipo de P&G era, según la leyenda negra, una burla del símbolo divino. Además, donde la barba se encuentra con el círculo puede verse un enorme 666, el número de la Bestia. Por si esto fuera poco, hay quien ve también dos cuernos de carnero, que representan al falso profeta. Desde que llegaron a sus oídos, estas interpretaciones han sido negadas una y otra vez por la empresa y, a pesar de que jamás se presentó prueba alguna que las vinculara sectas adoradoras del diablo, el rumor siguió creciendo.
O sea, que la cosa va de versos satánicos y de interpretaciones extrañas sobre el extraño logotipo original de la compañía. Yo personalmente me declaro incapaz de detectar los cuernos o el famoso "666" a no ser que sea echándole un montón de imaginación (más bien veo nueves), pero si tanto hablan de ello supongo que algo habrá, ¿no? Juzguen ustedes mismos, les he dejado la imagen al principio del artículo...

Hurgando un poco más me he topado incluso con este curioso vídeo que se cachondea de la tan cacareada leyenda urbana, y cuyo visionado es altamente recomendable como ilustración de hasta donde son capaces de llegar algunos para seguir el juego de un rumor como éste:

[youtube=http://www.youtube.com/watch?v=CKB3zYUmytg]

En fin, mientras la cosa se haga de cachondeo no le veo mayor trascendencia. En algo se tiene que entretener el personal cuando la parienta sufre esas horribles jaquecas, ¿verdad? Lo que sí me parece inaudito es que haya gente que sea capaz de rechazar los productos de una marca sólo porque algún listillo difundió en su día una historia de sobre cómo el presidente de P&G apareció en un show televisivo fardando de ser un siervo de Satán. ¿No será que esto se lo ha inventado el abogado defensor de la compañía para empurar aún más a los ex-empleados que se sentaban en el banquillo durante el juicio? Es más, ¿a quién se le ocurre demandar a nadie por difundir una leyenda urbana? ¡Y encima ganan! Seguramente será el caso de leyenda urbana más lucrativo de la historia. Como cunda el ejemplo y se vaya repitiendo el éxito, al próximo que me asegure que poniendo un disco de Judas Priest al revés se oye al mismísimo Lucifer lo llevo a los tribunales por daños psicológicos. A ver si cuela.

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Perfección numérica

lunes 19 de marzo de 2007 0:02

La semana pasada se celebró el Día de la Mujer Trabajadora y varios blogs se hicieron eco de la noticia, algunos de ellos en tono jocoso y otros aprovechando la efeméride para criticar otros asuntos, aparte de señalar lo inútil de tal onomástica. Es lo que tiene dedicarle una festividad a un colectivo social: que todo el mundo toma partido en función de si siente que la causa vale la pena o de si alberga algún tipo de resentimiento sobre el colectivo en cuestión. Por tanto, surgen detractores y admiradores de la propuesta y al final todo acaba reduciéndose a una polémica estéril de éstas que tan de moda están y que pueblan las tertulias radiofónicas. Imagino que por ello somos muchos a los que esta clase de celebraciones nos la traen bastante floja: más vale que a quien le corresponda el marrón se dedique a tomar medidas reales para solventar la problemática reivindicada y que se olviden los demás de actos simbólicos que a la larga carecen de ningún valor.

En cambio existen otras festividades que, aunque también provoquen la indiferencia generalizada, sí sirven para que algún colectivo freak reivindique la fecha señalada con toda justicia. ¿Saben ustedes qué día fue el pasado 14 de marzo? ¿No se les ocurre? ¿Y si les digo que en el mundo anglosajón esa fecha en números se escribe 03/14? ¿Ya lo tienen? En efecto, el pasado día 14 era el Día Pi. En puridad, uno de los Días Pi del año, pues también hay quien lo celebra el 27 de febrero (la Tierra ha viajado un radián de su órbita desde el principio del año), el 22 de julio (22/7, una antigua aproximación de Pi), el 10 de noviembre (314º día del año) o el 21 de diciembre a la 1:13pm (el 355º día del año, por lo que 355/113 también cuela). Pero el que goza de mayor fama entre la comunidad matemática es sin duda el 14 de marzo por razones obvias, y este año se ha celebrado incluso con la impresión de camisetas especiales. Si a usted, aficionado a las ciencias exactas, le sabe mal haberse perdido la onomástica y no sabía nada de este tipo de celebraciones no se apure: goza de innumerables festividades al uso para poder dar rienda suelta a su vena freaky. Por ejemplo, el día de la Raíz Cuadrada, que tendrá lugar el próximo 3 de marzo del 2009 (por lo de 3 x 3 = 9), así que dispone de tiempo para preparase. Desgraciadamente también se ha perdido el último que se celebró (el pasado 2 de febrero del 2004: 2 x 2 = 4), y no se despiste porque el siguiente no llegará hasta el 4 de abril del 2016 (4 x 4 = 16).

La ventaja de esta clase de días conmemorativos es que nadie les puede negar su vigencia. Lo del día del niño, del SIDA o de la mujer trabajadora es discutible, e incluso habrá a quien le repatee el hígado que se celebren si por ejemplo caen el mismo día de su cumpleaños. Es como llamarse Julio Iglesias o Lola Flores, una maldición que no se la deseo a nadie. Sin embargo, con las onomásticas matemáticas no hay nada que objetar: la perfección numérica impide que ningún detractor pueda poner objeciones a su celebración. La misma frialdad matemática se encarga de justificar por sí sola la existencia de tales fechas señaladas y a quien no le guste dos piedras. Así que si ustedes son unos freakies de cuidado no lo duden y apúntense a una de estas iniciativas. No habrá nadie que se atreva a ponerles un sólo pero.

Y si son muy muy freakies --como yo mismo-- vayan aún más lejos y apúntense al Día de la Toalla. Los aficionados a la ciencia-ficción surrealista se lo agradecerán y además casa bien con la temperatura ambiental pues es el 25 de mayo. Este año cae en viernes pero el que viene será sábado, así que no hay excusa para no largarse a la playa con una toalla enrollada al cuello.

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Cultura oriental

jueves 15 de marzo de 2007 0:02

Si hay algo que me chifla de los chinos y japoneses es esa manía que tienen de hacerlo todo en grupo: en el trabajo, hacen gimnasia todos los empleados juntos en la azotea y los fines de semana los subordinados juegan al golf con los jefazos; fuera del ámbito laboral, son comunes esos eventos en los que se reúnen mil orientales en una plaza para realizar cualquier actividad en común. Ojo, no se me confundan, no "en común" en el sentido de jugar un partido de fútbol. En este caso "en común" quiere decir una reunión de personas que se dedican a tomar café en grupo, o de miles de parejas que se besan al unísono, o alguna de estas cosas. Y es curioso, porque aunque de vez en cuando se intenta plasmar este tipo de costumbres en el mundo occidental (véase a Spencer Tunick y sus instalaciones fotográficas de cientos de personas en pelotas), lo usual es que se trate siempre de chinos y japoneses. Debe de ser algo en su cultura, o quizás algún gen oriental que les impulsa a efectuar en público ese tipo de cosas que los occidentales sólo hacemos en privado. La última muestra de desinhibición nipona a gran escala la he encontrado en este blog y la verdad es que me ha dejado pasmado. Contemplen a cien parejas de Tokyo gozar del sexo en una gran sala y posando para la cámara quién sabe con qué objetivo. A lo mejor se trata de uno de esos experimentos sociológicos que tanto gustan a Mercedes Milá y en breve dispondremos de un Gran Hermano sexual que retransmitirá competiciones amatorias en un inmenso puticlub del que nominarán (y echarán) a todos aquellos miembros que no alcancen el clímax. O a lo mejor es una terapia de grupo para curar el stress, aunque en los comentarios de la página insinúan que se trata del rodaje de una película porno "a lo grande". Tanto da. Sigo pensando que esta afición al exhibicionismo es un factor propio de culturas orientales.

Y tal vez nos iría bien aplicarnos el cuento japonés, en especial en este país en el que vivimos, sometido según la inmensa mayoría de opinadores y tertulianos oficiales a un estado de crispación constante por obra y gracia de nuestros políticos. Yo, la verdad, es que mientras paseo por la calle no veo a la gente especialmente crispada. Hombre, siempre hay el clásico conductor que increpa a otro vehículo que no circula lo suficientemente rápido o que ha cometido alguna infracción, pero por lo general yo percibo tranquilidad en las masas. Aunque bien visto, si los dirigentes del PP, en vez de montar sus manifestaciones multitudinarias en Madrid cada fin de semana se dedicaran a promover eventos sexuales de este calibre, la vida política de nuestro país ganaría en colorido y satisfacción (sobre todo satisfacción), haciéndose de paso con las simpatías de un electorado que vería con buenos ojos una estrategia similar. Después de todo, qué mejor forma de competir con los izquierdistas que berreaban "¡No a la guerra!" hace unos años que a base de una manifestación sexual en el centro de la capital cuyo lema bien podría ser "Haz el amor y no la guerra". ¿Se imaginan? Lo bien que se lo iban a pasar los del Manifestómetro haciendo el recuento... ¿Y las panorámicas aéreas? Sencillamente brutal.

Aunque no sé yo si ciertos sectores de la actual militancia de derechas, en concreto esas señoras con moño y bolso de Louis Vuitton y sus maridos trajeados y luciendo gabán, llegarían a abandonarse a un acto tan poco casto e impuro. Ni que fuera gritando "¡Zapatero dimisión!" en el momento del orgasmo. Pensándolo mejor, posiblemente conviene que sigan como hasta ahora, porque acabo de tener una visión de Rajoy eyaculando sobre su señora y se me acaba de atragantar el carajillo.

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