Un bello suicidio

sábado 19 de julio de 2008 0:00

El primero de mayo de 1947 Evelyn McHale saltó desde el observatorio del Empire State Building, justo tras romper con su prometido, estrellando su cuerpo contra una limusina aparcada. En su nota de despedida escribió "Está mucho mejor sin mí... no sería una buena esposa para nadie". El fotógrafo Robert Wiles tomó esta foto del suceso unos minutos tras el impacto, una mezcla perfecta de belleza y tragedia, que se publicó una semana más tarde en la revista Life.





En 1962 Andy Warhol se apropió de la imagen para confeccionar una de sus célebres composiciones:





La historia completa aquí.

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Maestro en fugas

martes 18 de marzo de 2008 1:00

[youtube=http://www.youtube.com/watch?v=lhepAvTCie4]

Pocos personajes históricos llaman tanto la atención a los amantes de las artes escénicas como el escapista Harry Houdini. Vean el vídeo de ahí arriba y díganme si no les parece insuperable el sentido del espectáculo que este mal llamado "mago" confería a todas sus actuaciones, y eso en una época en la que al marketing como concepto aún le quedaba mucho para ser inventado. Pero la cuestión es que ese hombre lograba reunir a grandes masas en todas sus actuaciones, cada una más espectacular si cabe que la anterior.

Y así hasta llegar al momento de su muerte, todavía un misterio hoy día, de la cual lo único que se sabe a ciencia cierta es que decidió realizar una última actuación tras un ataque de apendicitis (causado por una paliza o por un envenenamiento, dependiendo de las fuentes) y a cuarenta de fiebre. Lejos de acabar ahí su carrera y sus trucos, el tipo aún consiguió un tour de force más espectacular si cabe al revelar a su mujer un código secreto que le serviría para contactar con ella desde el Más Allá. Lo curioso del asunto es que Houdini se había pasado media vida denunciando a los más variopintos mediums y espiritistas de la época, lo cual le costó la amistad de Sir Arthur Conan Doyle (el creador de Sherlock Holmes), su antagonista en la vida pública sobre estos temas. Así que, para evitar que otros espiritistas se beneficiaran de su figura una vez fallecido, Houdini extrajo diez palabras precisamente de una carta de Doyle y se las confió a su mujer antes de morir: le dijo que cualquier ectoplasma que intentara ponerse en contacto con ella debía pronunciar esas palabras para verificar su autenticidad. Y parece que lo consiguió, a tenor de una carta de Bess Houdini (su mujer) tras una scéance con el espiritualista Reverendo Arthur Ford: "Regardless of any statements made to the contrary, I wish to declare that the message, in its entirety, and in the agreed upon sequence, given to me by Arthur Ford, is the correct message pre-arranged between Mr. Houdini and myself." Hubo bastante controversia al respecto, pues algunos medios hablaron de una confabulación entre Ford y la viuda de Houdini, pero lo que es innegable es que Harry Houdini tenía una visión para promocionar su negocio muy adelantada a su tiempo. Tanto, que aún hoy se habla de él como "el mago más grande de todos los tiempos".

Yo siempre he creído que de hecho su éxito se debía a que sabía venderse muy bien al público. Ya saben, si el envoltorio resulta lo suficientemente atractivo al final tampoco importa tanto lo que se vende. Repasando el vídeo del principio del post queda claro lo que digo, pero también reconozco que lo que logró este hombre tuvo mucho mérito. Y además, ayer me topé con el vídeo justo tras leer un párrafo de un libro en el que Houdini tiene una relevancia especial. ¿Coincidencia? Tal vez algo de mago sí que tuvo, y ahora mismo me imagino a su espíritu tronchándose a mi lado y plenamente satisfecho por ver cómo su campaña de marketing anticipado me está obligando a dedicarle este post.

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Si esto es arte, yo soy torero

miércoles 13 de febrero de 2008 1:00

Recuerdo que de pequeño mi madre me llevó un soleado domingo por la mañana a la Fundació Miró, allá en la montaña de Montjuïch. Era por la época en la que decidió que el niño tenía que culturizarse como fuera y me arrastraba los fines de semana a museos, exposiciones y demás. Debía tener unos once años, no muchos más, y nunca se me borrará de la memoria el momento en el que entramos en una gran sala y me encontré con un lienzo que cubría toda una pared de grandes dimensiones y en el cual no había dibujada más que una enorme línea en diagonal, de abajo arriba. Lo primero que pensé fue que Miró debía haber pintado esa línea cuando ya contaba con una cierta edad, pues el pulso tembloroso del trazado denotaba el clásico Parkinson que ataca a las personas que ya han entrado en la vejez. Después especulé con la probabilidad de que el dibujo lo hubiera en realidad hecho su nieto y entonces lo del trazado tembloroso tendría justamente la explicación opuesta. No sé porqué pensé lo del nieto, supongo que por aquella manida frase que dice que "esto lo hace hasta un niño de tres años", aplicable siempre al arte moderno. De todas maneras la frase que me quedó grabada en el cerebro fue la que pronunció un tipo que había a mi lado contemplando el cuadro, que girándose a mí me dijo "si esto es arte, yo soy torero" y acto seguido me guiñó un ojo y se fue. Ignoro porqué recuerdo la frase en cuestión, pero debió hacerme gracia pues me ha acompañado a lo largo de mi existencia.

Unos años después, apoyado en la barra de una discoteca un verano cualquiera, observaba cómo un colega que iba hasta las cejas de whisky barato intentaba tirar la caña a una extranjera jovenzuela, con ganas de marcha, y mucho más bebida que él. Parecía que sus intentos llegarían a buen puerto en breve y un amigo mío, que también supervisaba las maniobras de aproximación, riendo me dijo "¡qué arte que tiene!". Como yo consideraba que el éxito de la operación iba a deberse mucho más a los efectos del alcohol, tanto en el organismo de él como en el de ella, que a las dotes de seducción de mi compañero, no pude reprimirme y le solté la famosa frase: "¡si esto es arte yo soy torero!" "¿Ah, sí? ¡Pues sal a torear a la plaza, compadre!" Y ahí me la envainé y callé: ni me gustaba la guiri ni me sentía con ganas de hacer el clásico numerito de "Don Juan de las cinco de la mañana".

En el fondo siempre he creído que lo del arte es tan subjetivo que en la práctica tienen razón tanto los que lo critican como los que lo apoyan. Es aquello de que "la belleza reside en los ojos del observador", supongo. Sólo así se explican los encarnizados debates dialécticos que a lo largo de los años se reproducen en las tertulias artísticas, en especial a raíz de las obras merecedoras del premio anual de la Tate Gallery. Como el último caso que presencié, justamente en el Camp Nou hará cosa de dos semanas, cuando saltó al césped el otrora astro azulgrana Ronaldinho, en la actualidad abonado a los minutos basura de las segundas partes. Nada más aterrizar en el campo realizó un regate en la banda que a punto estuvo de quebrar la cintura del rival. Obviamente empezarón a oírse los "oh" del público y un hombre de la fila de abajo gritó "¡tú sí que tienes arte!". Lástima que, como viene siendo habitual, el grácil movimiento quedó en nada cuando la pelota rebotó en un rival y terminó a los pies del enemigo, justo en el momento en el que el jugador brasileño caía de culo sobre la hierba. Juraría que alguien replicó al ferviente admirador del brasileño una frase parecida a la que titula este post, sólo que con un pelín más de mala leche. Ya ven, ni los críticos más exigentes se ponen de acuerdo a la hora de juzgar el arte con mayor o menor benevolencia.

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Un acto de amor

viernes 27 de julio de 2007 2:00

Patidifuso me he quedado al leer que un simple beso puede ser considerado una violación en toda regla, y que la mujer que lo dio ha sido detenida y se enfrenta a una dura sanción económica. Aunque bien es cierto que se trata de un beso atípico, pues no lo estampó en la mejilla de nadie sino en un objeto. En un cuadro de arte moderno, para ser más exactos, que estaba expuesto en Aviñón. Ella tiene su justificación:
Sam Rindy, de 30 años y residente en la región de Aviñón, fue detenida el jueves después de besar la obra y fue citada para el 16 de agosto al tribunal de Aviñón para ser juzgada por degradación de obra de arte. "Encontré el cuadro todavía más bello" después, dijo la acusada.

Por su parte, la parte acusadora también esgrime sus argumentos:
"Se trata de vandalismo, una violación", declaró Mézil a la AFP. "Ella habla de amor, pero es una violación, es necesario que comprenda lo que es la propiedad intelectual de un artista". "Esta mujer ha efectuado un acto vandálico en perjuicio de la obra al realizar una especie de acto", enfatizó.

Mézil comentó que "hay muy pocas posibilidades de poder restaurarla, el artista está abatido". "El pintalabios contenía materias grasas, productos químicos y se trata del color más violento: este rojo es indeleble", explicó.

Y aquí es donde nos topamos con el eterno conflicto entre partidarios y detractores del arte moderno. ¿Ustedes creen que la mujer, por muy apasionada que se sintiera, autografiaría una obra de Goya o de Rembrandt con un morreo en toda regla? Yo creo que no, pues los artistas clásicos inspiran respeto y la admiración que despiertan sus obras se expresa en silencio y a una prudente distancia. En cambio, con los artistas modernos todo el mundo se atreve. Desde que alguien acuñó la célebre frase "esto lo haría hasta un niño de tres años" la chanza y el desdén forman parte del universo del arte contemporáneo, por lo que no es de extrañar que la protagonista de nuestra historia opine que con su beso la obra en cuestión gana en color y calidad final. Cuestión de gustos, pensará ella.

Lo que ya me resulta algo más grotesco es que el representante del artista sostenga que el cuadro, que en principio estaba valorado en la friolera de dos millones de euros, no puede ser restaurado y que por tanto el perjuicio económico será considerable. Aun sin haber visto el cuadro de marras se me antoja como bastante inverosímil que alguien pague esa morterada de dinero por cuatro garabatos y que, por culpa de este acto de amor injustificado, de repente ya sea imposible colocarlo en el mercado. Digo yo que si el comprador existía antes del incidente, con que se le haga una rebajilla de medio kilo se podrá negociar, ¿no? En todo caso, si Cy Twombly, el artista vilipendiado, necesita dinerillo extra para pasar las vacaciones no tiene más que pintarrajear cuatro garabatos más y vender su nueva creación por un montante similar. Y si no que no se preocupe, caramba, que yo conozco a un manitas que repasa con el rodillo cualquier estropicio hecho en la pared de casa por un precio bastante decente. Es más, si Twombly promete darme comisión (con cien mil euros me conformo) ya lo pinto yo mismo. Total, el fondo es blanco, ¿no? Creo que el bote de Titanlux blanco no pasa de veinte euros.

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