La estela de Dan Brown

miércoles 25 de junio de 2008 12:56

Con todo lo mal que he tratado a Dan Brown y su "Código Da Vinci" a lo largo de mi trayectoria bloguera, debo reconocerle al escritor la virtud de haber sabido inculcar la pasión por el misterio y los acertijos a toda una generación de iletrados que difícilmente hubieran llegado a descubrir lo divertido que puede resultar sumergirse en un misterio a gran escala de no ser por su best-seller de referencia. Tal podría ser el caso de Eric Clough, un arquitecto fuera de serie que decidió aceptar un encargo muy especial para un piso de la lujosa Quinta Avenida de Nueva York, historia que plasmó hace un par de semanas el New York Times bajo el titular Misterio en la Quinta Avenida.



El matrimonio Klinsky, sus cuatro hijos y su perra Lulu decidieron mudarse al piso catorceavo de un edificio señorial de la famosa calle neoyorquina, con vistas al Central Park y toda la parafernalia pomposa que rodea a esta clase de apartamentos (desde manteles belgas del s.XVI a toda una variedad de maderas exóticas), aunque con un añadido poco ortodoxo para el arquitecto que aceptara el reto de rediseñarlo: esconder en algún lugar del habitáculo, entre sus paredes y dentro de una botella que pudiera servir como "máquina del tiempo", un poema que el patriarca había escrito dedicado a su familia. Ahí es donde entra en acción Eric Clough, un tipo mucho más romántico e imaginativo que el propio Sr.Klinsky, y la enésima opción arquitectónica que la familia había sopesado. Si al final se decantaron por él fue porque compartía con ellos el deseo de alejarse por completo del clásico diseño pijo que caracteriza a los pisos de esa zona de la ciudad, pero la verdad es que los Klinsky ignoraban que Clough, al aceptar esconder el poema, guardaba más de un as en su manga.



Inspirado por una historia sobre la juventud de Einstein, decidió que enrolaría a la familia en una búsqueda del tesoro por todo el apartamento a través de toda una serie de pistas que se le irían revelando a los habitantes del piso a su debido tiempo. Pero claro, a Clough no le bastaba con un par de acertijos más o menos ingeniosos. Antes de que se dieran cuenta, todos los integrantes de su despacho de arquitectura se hallaron sumidos en una interminable indagación sobre libros de códigos y cifrado, compartimentos secretos y biografías de personajes históricos, desde Francisco I de Francia hasta Mrs.Post. Una de las colaboradoras en el área de diseño, Heather Bensko, terminó incluso escribiendo capítulos de una novela sobre una pareja que va descubriendo estas figuras históricas mientras buscan un tesoro abandonado en un misterioso apartamento. Casi nada. El resultado fue un conjunto de puzzles interrelacionados tan ingeniosos que sería difícil explicarlos en un texto tan corto como este post.



El acondicionamiento del piso duró año y medio, durante el cual tanto Clough como sus múltiples colaboradores trabajaron prácticamente gratis en la confección del misterio, que incluía una novela que se entregaría a los propietarios cuando entraran a vivir (escrita por Jonathan Safran Foer, que se apuntó a la historia al recibir una especie de cubo de Rubik enviado por Clough que, al resolverlo, dejaba entrever un mensaje tan sencillo como "por favor"), toda una banda sonora compuesta por distintos artistas y accesible desde el propio artículo del New York Times, e incluso una escultura de Tom Otterness (uno de los pocos que no trabajó gratis).



El apartamento es perfectamente funcional y aparentemente tan normal como cualquier otro, pero hete aquí que una noche de invierno Cavan Klinsky, uno de los hijos del matrimonio y que cuenta con 11 años de edad, invitó a un amigo a pasar la noche, el cual, observando las letras que decoraban el techo de la habitación del chaval mientras estaba tumbado en el suelo, se levantó de golpe y profirió una exclamación: había descubierto que esas letras aparentemente aleatorias en realidad formaban un código, y que el nombre de Cavan era la primera palabra. Unos días más tarde una de las patas de la cama de matrimonio se partió y una pieza cayó al suelo. Ante la reclamación de la señora Klinsky, que ignoraba que esa pieza debía ser encajada en otro muro de la casa, Clough se limitó a informarle de que todo formaba parte de una historia mucho más amplia y que le sería revelada en su debido momento.



Un año después de la mudanza, en efecto, la familia Klinsky recibió estos crípticos versos como preludio de una carta explicativa:



We've taken liberties with Yeats
to lead you through a tale
that tells of most inspired fates
in hopes to lift the veil.
La misiva dirigía a la familia a un panel oculto en la pared de uno de los dormitorios de la casa, y así se daba el punto de partida en la búsqueda a través del tiempo y de la historia, con la ayuda de la novela de Foer y la música seleccionada para cada etapa.





Dieciocho pruebas en total, dieciocho intrincados acertijos que empezaban desmontando falsos pomos de puerta que al unirlos formaban una pieza que a su vez abría paneles ocultos en el comedor, los cuales revelaban un conjunto de cerraduras, que al ser abiertas mostraban cajones con ciertos símbolos cirílicos y unas tablas destinadas a interpretar el principio de un crucigrama, cuyas respuestas llevaban a otro panel de la buhardilla, que a su vez escondía un cubo magnético, el cual podía usarse para abrir otros veinticuatro paneles, que finalmente revelaban el poema del señor Klinsky. Supongo que no se entiende gran cosa de tan intrincada explicación, pero con que se capte el espíritu del juego ya es suficiente.



Lo curioso del caso es que la propia señora Klinsky, al marcharse de su antiguo apartamento, dejó escondido un reproductor de mp3 bajo un panel de electricidad con las canciones que su familia había disfrutado durante su estancia en esa vivienda. Dos años después, los nuevos moradores le mandaron el aparato por correo con una nota que decía "ni se imaginan dónde lo hemos encontrado"... Para que luego hablen de ironía.



Como colofón a tan singular historia, añadir simplemente que J.J.Abrams, el artífice de series como Lost, Alias o Fringe, y de películas como Cloverfield, ha adquirido los derechos del artículo arriba enlazado para transformarlo en una película de intriga en un futuro próximo. Película que, obviamente, ningún amante del misterio y de los enigmas se dejará perder, poniéndose a la cola durante el fin de semana de su estreno. Yo, desde luego, me apunto.

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