Sin miedo a la vida

jueves 28 de agosto de 2008 0:00

Fearless (1993 film)Leyendo la entrevista a Beatriz Reyes, una superviviente del accidente aéreo de Barajas que salió prácticamente ilesa del mismo, me viene a la memoria la película Fearless de Peter Weir, que aquí se tradujo como "Sin miedo a la vida". En ella Jeff Bridges interpretaba a Max Klein, un tipo con miedo a volar que sufre una experiencia calcada a la de Beatriz, con el toque dramático añadido de que él se salva porque decide cambiar de asiento justo antes de la colisión, sentándose al lado de un chaval aterrorizado por la caída en picado y consolándolo. A partir de ahí, el guión deriva hacia la peripecia vital del Klein post-accidente, un tío que se cree indestructible y una especie de mesías salvador que ha sobrevivido gracias a sus facultades divinas (el chaval del avión se salva igual que él). Empieza a adoptar tendencias suicidas para probar su tesis, tales como hartarse a comer fresas (una fruta a la que es alérgico), pasearse por las cornisas de los edificios y conducir a toda velocidad sin asir el volante del coche. Como no le pasa nada en ningún caso, encarrila la segunda recién descubierta faceta de su nueva vida, y abandona su carrera de arquitecto para dedicarse a atender a los supervivientes de ese accidente y a ofrecerles ayuda psicológica, inmerso hasta las cejas en su papel de redentor.

Ignoro cómo habrá afectado este trágico suceso a Beatriz Reyes; tan sólo espero que no termine tan loca de atar como el personaje de Bridges en la ficción. Muchas veces me he preguntado cómo me afectaría a mí una experiencia así, y salvo que alguien me ofrezca una explicación pseudofantástica como la que Samuel L.Jackson le cuenta a Bruce Willis en El Protegido, mucho me temo que terminaría soltándose el último tornillo que aún resiste en mi sesera. Ya no me pongo en el caso extremo de que falleciera mi familia o amigos íntimos en la colisión mientras yo salía indemne, cosa que muy probablemente me llevaría al borde del suicidio; simplemente me imagino el sentimiento de culpa que me atacaría al ver cómo todo el mundo a mi alrededor sufría una muerte horrible y yo no. Por eso cuando veo las fotografías de Beatriz lo que más me impacta es su aparente serenidad. Una de dos: o se encuentra aún en estado de shock y no ha asimilado al cien por cien lo que le ha ocurrido, o es la persona con mayor temple de todo el planeta tierra. Yo sería incpaz de conceder una rueda de prensa a una semana de la tragedia con tanta serenidad, la verdad.

Permaneceré atento a las noticias que se oigan sobre ella. De momento ya he activado una alerta del Google News con su nombre para que lleguen a mi bandeja de entrada las futuras historias sobre esta mujer. Sería curioso que, dentro de un año, me enterara de que ha sucumbido a una intoxicación por un empacho de fresas, por ejemplo.
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Avisos contraproducentes

miércoles 18 de junio de 2008 0:00

De un tiempo a esta parte observo que en algunos pasos cebra de Barcelona han pintarrajeado en el suelo una inscripción que dice así: "A Barcelona, un de cada tres morts en accidents de trànsit anava a peu. Atenció! Tots som vianants!" ("en Barcelona, uno de cada tres muertos en accidentes de tránsito iba a pie. ¡Atención! ¡Todos somos peatones!"). Se trata de una campaña oficial, impulsada por el Ayuntamiento, a la vista de los resultados de un estudio europeo sobre mortalidad de peatones en accidentes de tráfico, según el cual España ocupa la pole position europea. Sólo en Barcelona parece que palman quince al año, y de ahí la original campaña institucional. Viéndola uno se pregunta si realmente va a surtir efecto, dado que la mayoría de la gente cuando cruza la calle no suele mirar por donde pisa (de hecho, muchos ni siquiera cruzan sobre los pasos cebra), o si incluso producirá el efecto contrario, ya que si andamos mirando hacia el suelo para leer el aviso en vez de vigilar a izquierda y derecha lo más probable es que nos atropelle algún despistado.

Diría que precisamente fue el motivo de la distracción el que dio pie a la normativa que prohíbe los ramos de flores en los lugares de los accidentes de tráfico. Una medida que me parece bastante lógica, dicho sea de paso, porque esta clase de homenajes póstumos no sólo dan mal fario sino que, al estar situadas normalmente en puntos negros para la circulación, propician que el conductor de un vehículo desvíe la mirada momentáneamente y se estampe justo en el mismo sitio. Por eso algunas curvas de autopista parecen auténticos jardines botánicos, y en los casos más espectaculares ya sólo hace falta que coloquen una valla publicitaria con una modelo en pelotas para animar aún más el cotarro e incrementar los accidentes. Aparte que el que va a depositar las flores se juega el tipo de mala manera apeándose del vehículo en un lugar de peligrosidad elevada.

Digo yo que si en el caso de las flores nuestros dirigentes lo tienen tan claro no estaría de más poner en práctica el mismo sentido común en lo que concierne a los pasos de peatones. De entrada porque seguro que se evitan el ridículo de tener que justificar la causa del incremento de víctimas urbanas, y después porque, ahora que ya han borrado la parte de los pasos cebra que colindan con la acera, sólo tienen que echar mano de un poco de pintura verde o azul para hacer de pago el único espacio de la calzada que a estas alturas no se halla al servicio de un parquímetro.

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