Sin perdices

miércoles 1 de octubre de 2008 0:00

Si les digo que un congreso de expertos anda estos días en la localidad bávara de Bad Brückenau debatiendo sobre si es adecuado que los cuentos clásicos acaben con un final feliz probablemente me tacharán ustedes de mentiroso o de pirado, pero como vengo demostrando desde los inicios de este blog a través de los más diversos enlaces, cualquier historia -por increíble que parezca- puede resultar cierta. Mejor lo leen ustedes mismos y así quedan más convencidos:

De haber vivido en el siglo XXI, la Bella Durmiente y Blancanieves ya se habrían divorciado. Pasaron gran parte de su cuento de hadas sumidas en un sueño profundo y, tras despertar al calor del primer beso de amor, se casaron con un completo desconocido, algo que sólo termina bien en la literatura.

Ésa es al menos la tesis del germanista Wilhelm Solms, que hoy presentó una ponencia en el congreso internacional de la Sociedad Europea de Cuentos de Hadas (EMG), en la localidad bávara de Bad Brückenau, que este año aborda el concepto de "final feliz". 
Según explicó a Efe, las parejas que inician su andadura común en esas condiciones, tienen pocas probabilidades de perdurar. "No deberíamos leer los cuentos de forma tan poco crítica, ni dejar que los cuentacuentos nos induzcan al error", asegura. 
A su juicio, los galanes de esas historias lo único que sabían de los seres deseados es que eran "hijas de reyes y guapas", algo en lo que cree que no puede basarse una relación, y además, al conocerlas "tenían los ojos, que son las ventanas del alma, cerrados". "No saben nada de ellas como individuos", agrega. 
Su idea de desmitificar los finales felices proviene de su convicción de que esas bodas de cuentos de hadas quedan grabadas en el subconsciente de los niños -sobre todo de las niñas- que luego se crean unas expectativas "irreales" de sus parejas "reales". "Se crea la ilusión de que el otro debe hacerme feliz a mí y no de que yo debo hacer feliz al otro", explica el germanista, quien afirma haber observado el "desencanto" posterior al enamoramiento en un sinnúmero de ocasiones. Además, para Solms, ser príncipe y tener sangre azul en las venas no es garantía de ser un buen marido. Así se refiere en concreto al enamorado de la Cenicienta, al que define como una suerte de "Casanova barriobajero" pues se rodea de mujeres hermosas para escoger a la más bella y no permite a su pareja bailar con nadie más en toda la noche. 
El artículo sigue, y de momento sólo salva a "Rapunzel", así que ya ven lo mal que pintan las cosas para los literatos clásicos. Supongamos por un momento que la sociedad toma nota de los temas tratados en tan eminente congreso: ¿se imaginan ustedes las consecuencias? Desde reediciones de los DVD Disney en los que se alteraría el final para mostrar a una Blancanieves con quince kilos más fregando el suelo y clamando al cielo ("¡más me valdría haberme quedado con los enanos!") mientras el príncipe se desahoga en un lupanar cercano, hasta las curiosas escenas que podrían darse en las habitaciones de medio mundo cuando, antes de acostarse y tras la rutinaria lectura del cuento, la niña de turno preguntara a su progenitor: "¿papá, qué es un divorcio?¿y violencia de género?" Casi que valdría más la pena pasarles el vídeo de "Blancanieves X y los siete ciruelos" y responder a la pregunta "¿qué es una sodomización?" para así ir ahorrándoles disgustos de cara al futuro.
Con todo, de prosperar las tesis del congreso, amén de conseguir que las nuevas generaciones sean más felices en la vida gracias a la rebaja de expectativas, posiblemente tendríamos un efecto colateral que no nos vendría mal a todos en conjunto: finalmente el populacho vería a los monarcas y a los príncipes tal como son, y en cuatro días mandaríamos ciertas instituciones anacrónicas a tomar viento de una vez por todas.

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