Sensacionalismo deportivo

martes 7 de octubre de 2008 0:00

Según el tópico los medios deportivos van de un extremo a otro en función del momento que vive su equipo de fútbol. Lo que una semana es un desastre total se convierte en un juego divino a la siguiente para volver a descender a los infiernos al cabo de quince días; el club que flirtea con las posiciones de descenso pasa directamente a poder ganar todos los títulos que se le pongan a tiro, y los jugadores celestiales se transforman en malditos por un par de malos resultados. La gente se vuelve tarumba pues ya no sabe qué demonios pensar con tantos altibajos anímicos y, como hay que buscar un culpable, acusan a los chicos de la prensa de hinchar y deshinchar globos mediáticos a golpe de portadas hiperbólicas. La cosa tiene su miga porque diría que es la propia afición la que pierde la chaveta sin ayuda de nadie, tal es la necesidad que tienen de proyectar sus deseos y frustraciones sobre los once que visten de corto: que la parienta me ha dejado y el jefe me ha despedido... siempre me quedarán los goles de los míos, ¿no? Que mi hija se droga y mi médico me dice que tengo el hígado destrozado de tanto mamar cerveza... menos mal que les metimos cinco el pasado fin de semana, ¿eh? Y así, jornada tras jornada, vamos llenando nuestra mísera existencia de héroes del balón aupados al olimpo por una simple necesidad de aplicar algo de épica a nuestra experiencia vital.

Con todo, me hizo gracia oír ayer en una tertulia radiofónica a Santi Nolla, editor de un periódico que sigue la actualidad del F.C.Barcelona, defenderse del tópico de ir de un extremo a otro con la excusa de que no son ellos los que provocan tales estados esquizofrénicos, sino que es la naturaleza de este deporte por sí sola la que los causa. Perdonen que se lo diga, pero a esto le llamo yo cinismo de alto voltaje. No sólo porque el amigo Santi sabe que esto no es así, ya que incluso las gestas más apabullantes pueden perfectamente escribirse bajo un prisma realista y austero que probablemente relativizaría el 90% de las mismas, sino porque tiene bastante claro que su negocio se basa precisamente en espolear a las masas haciéndoles subir la adrenalina, tanto de euforia como de rabia. Sin emociones extremas no se venden periódicos, y desde hace ya demasiado tiempo el negocio de la prensa deportiva se viste del sensacionalismo más chabacano para conseguir atraer a los lectores, unos tipos que esperan su dosis de titulares y de artículos de opinión incendiarios como si de heroinómanos ansiosos se tratara.

Yo no censuro a la prensa como hace la mayoría. Como he dicho, ellos simplemente ejercen de camellos, suministrando su producto a una clientela ávida de emociones fuertes, y si les funciona el invento bien que hacen aumentando el voltaje de sus elogios y sus críticas. Yo critico directamente al populacho, que después de tantas décadas de chupar portadas, tertulias, retransmisiones histéricas, de asistir al alzamiento y derribo de tantos y tantos héroes con pies de barro, todavía siguen creyendo en los Reyes Magos y se increpan entre ellos usando los mismos argumentos que leen cada día en letras de imprenta a tamaño gigantesco. Tampoco pido que los hinchas se conviertan en filósofos reflexivos, pero en una época en la que la política, los sucesos, la economía, la cultura y la prensa rosa se han ido de excursión a los barrios bajos de la manera más sucia y barata, para una cosa seria que nos queda sobre la que debatir con un ápice de interés, ¿sería mucho pedir un poco -sólo un poco- de moderación?

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