Cracks a destajo

jueves 9 de octubre de 2008 11:16

En estos tiempos convulsos para la economía, no hay día en el que no amanezcamos sin una portada estremecedora sobre los derrumbes bursátiles y las quiebras bancarias en cualquier punto del globo. La primera vez que leímos la palabra "Crack" en letras gigantescas en las primeras planas de los periódicos nos entró un acojone tan grande que muchos pensamos que esta vez sí que iba en serio, que nos íbamos a tomar por saco definitivamente y acabábamos todos bajo un puente víctimas de un corralito financiero a la europea. Encima, por todas partes aparecían las comparaciones con la gran depresión del 29 y quien más quien menos tuvo un 'flash' de la película aquella de Russel Crowe en la que ejercía de boxeador en horas bajas. Un horror, vaya.

La segunda vez que leímos que todo se iba al carajo ya nos lo tomamos con un poco más de recelo, pues aunque ciertamente las señales preocupantes existían observábamos que el índice de mendicidad en las grandes urbes se mantenía estable. Para la tercera todos teníamos bastante claro que las comparaciones con el 29 eran más producto del sensacionalismo barato (y van tres posts sobre el mismo tema) que del reflejo fiel de nuestra realidad. Ahora, cuando por la radio oímos al locutor hablar de la debacle de cada día en Wall Street no es que nos echemos a reír, pero por mucho que el que habla ponga un tono de película de terror la verdad es que no le hacemos ni puñetero caso. Es en estos momentos cuando me imagino al típico inversor deprimido que ve cómo su última jugada en bolsa lo ha dejado arruinado. El tío debe andar desorientado con tantas falsas alarmas. Si viviéramos en 1929, jamás habría dudado y se habría arrojado por la ventana sin dudar. En cambio, ¿ahora qué hace? ¿Se tira hoy del decimoctavo piso cuando lo más probable es que al día siguiente las bolsas reboten y vuelva a la casilla de salida? ¿Espera a que la palabra "Crack" figure en las portadas de los rotativos en letras rojas? ¿Aguarda a que el banco en el que tiene todos sus ahorros quiebre definitivamente, o tal vez vendrá el gobierno de turno a reflotarlo con una inyección de fondos? Admítamoslo: corren malos tiempos para los inversionistas suicidas. Con tanta noticia exagerada y tanto periodista embaucador, no hay forma de saber a ciencia cierta qué día es el adecuado para cortarse las venas.

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