¿Y ese príncipe azul?
miércoles 10 de septiembre de 2008 0:00
Impresionante este artículo basado en leyes matemáticas sobre la probabilidad de encontrar al príncipe azul. La cosa empieza analizando el cuento de la princesa que debe besar a la rana de la charca, calculando cuántos sapos habrá que morrear hasta dar con el bueno, y termina haciendo una analogía sobre las probabilidades de encontrar pareja en el competitivo mundo de hoy. Según el estudio científico, para tener éxito a la hora de pillar cacho habría que evaluar a un 37% de los candidatos (mediante citas, se entiende) y a partir de ahí analizar todo lo que podría salir mal en el mundo real, desde las posibilidades de errar en nuestra evaluación (subestimando o sobreestimando a un candidato, por ejemplo) hasta la triste constatación de que también hemos errado al situarnos a nosotros mismos en la escala de valores (aquí usualmente por sobreestimación). Y esto sin conocer de antemano cuántas ranas hay en la charca (dicho de otro modo, cómo está el mercado del ligue), cosa que en el cuento sí se sabe.Pretender guiar nuestra vida sentimental a través de leyes matemáticas podrá parecer un absurdo, pero yo creo que se podría ubicar la idea en la misma categoría que los análisis econométricos que pretenden predecir el comportamiento de las bolsas o la duración de los ciclos económicos. Si hay asesores que se dedican a implementar estos modelos (cobrando un pastón, dicho sea de paso) para contarnos cuál será el comportamiento de los agentes económicos en el futuro, no veo por qué alguien no podría abrir un consultorio sentimental basado en las ecuaciones diferenciales. Tiene las mismas probabilidades de acertar el uno que el otro, mirándolo fríamente.
Antes de que a alguien se le ocurra soltar que se trata de dos cosas diferentes porque la economía es una ciencia mientras que el noble arte del ligoteo no, déjenme desengañarles: que la carrera se llame "Ciencias Económicas" no implica en absoluto que las economías mundiales se muevan a partir de leyes tan inmutables como la de la gravedad, por ejemplo. También hay una titulación denominada "Ciencias del Comportamiento" y no veo yo que nadie se ponga calculadora en mano a elucubrar las probabilidades de que te caiga una santa leche en una discusión. Es más, en economía el hecho de que existan unas presuntas leyes científicas lo único que consigue es que los agentes del mercado intenten anticiparse a ellas para obtener un mayor beneficio, lo que a la larga conlleva que todos los postulados se vayan a tomar viento por causa de movimientos teóricamente "incorrectos". Y así, buscando todos el dichoso príncipe azul se hunden las bolsas, el mercado inmobiliario, las entidades bancarias y nos dejan a todos debajo del puente y a punto para el divorcio que no nos podremos costear porque la empresa nos acaba de largar. A partir de ahí, utilizar el cálculo estadístico para volver a encontrar cónyuge puede parecer posiblemente la única idea cuerda en un mundo de locos.
Etiquetas: ciencia, economía, relaciones
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