Todo por la pasta

lunes 1 de septiembre de 2008 0:00

Viendo un reportaje sobre el acoso de los paparazzi a los famosos en Los Angeles, me quedo pensando en una frase que suelta uno de los fotógrafos a la cámara, uno de esos tópicos que sólo puede largar alguien que sabe que cobrará más por su material si consigue que el famoso de turno le intente agredir por intentar sacar una instantánea de su hijo llorando. "Para hacer este trabajo hay que ser un hijo de puta", y acto seguido se justifica cínicamente diciendo que él también le tiene que comprar unos zapatos a sus niños. Esta aseveración, que vale tanto para un paparazzo como para un matón del hampa o un director de recursos humanos, es la que marca la frontera entre un tío decente y un lúcido que finalmente ha comprendido cómo funciona el mundo, que si no se encarga él del trabajo sucio habrá mil tíos dispuestos a recoger el testigo, y que no hay ningún atisbo de justicia divina que vaya a dejarte tieso en el futuro por tus malas acciones.

Muchas veces me he parado a pensar si yo sería capaz de hacer esta clase de trabajos, si algún día el "todo por la pasta" se impondrá como leit-motiv personal y me dedicaré a hacer oposiciones para inspector de Hacienda o para policía de tráfico. Desde siempre he querido creer que no, que uno tiene su ética y no es cuestión de convertirse en el malo de la peli sin una buena excusa de por medio, y hasta ahora la cosa ha venido funcionando así, pero mucho me temo que ha tenido más que ver con mis circunstancias vitales que con un convencimiento ético-filosófico profundo. Digamos que si la vida te trata a patadas y pasas por las suficientes putadas al final te conviertes sí o sí en un hijo de puta sin remedio. Pensar lo contrario es de ilusos, y es que cuando falta la suerte y el dinero las convicciones ideológicas suelen ser las primeras en saltar por la ventana.

En eso andaba yo pensando cuando ha aparecido en pantalla un tipo que cobraba 10.000 dólares a la semana por su recopilación fotográfica de famosos. El periodista lo ha entrevistado: "yo antes era un mendigo y me pasaba el día tirado en esa esquina sin que nadie me hiciera el menor caso... Ahora hago lo mismo pero en vez de pedir aguardo con mi objetivo fotográfico a punto, y de paso puedo pagarme un apartamento que antes ni siquiera soñaba". Fíjate, tanto elucubrar y si hubiese esperado cinco minutillos ahí estaba la evidencia empírica de mi tesis.

Reblog this post [with Zemanta]

Etiquetas: , ,



Comentarios »