Los hombres que no amaban a las mujeres

jueves 18 de septiembre de 2008 0:00

Stieg Larsson se encerró en su estudio en el año 2001 porque consideraba que, tras una dilatada carrera como periodista de investigación y activista en contra de la ultraderecha, el momento de convertirse en escritor le había llegado. Trabajó duramente durante tres largos años en una trilogía de novelas que iba a conformar el inicio de la saga Millennium (en teoría conformada por siete volúmenes) y a mediados de 2004 le dijo a su mujer, tras cerrar un trato con la editorial Norstedt, que acababa de sellar una jubilación dorada para los dos, tan seguro estaba del éxito de su obra. Lamentablemente, el 9 de noviembre del 2004, por causa de la mala alimentación (ingirió una grande cantidad de comida basura) y las pocas horas de sueño debidas al proceso creativo, sufrió un infarto masivo y pasó a mejor vida antes de poder ver publicadas sus novelas. Instinto no le faltaba, pues se han convertido en superventas en todos los países en los que se han publicado, pero la paradoja del asunto es que su viuda no ha podido ver ni un céntimo dado que los derechos legales sobre la obra de Larsson pertenecen en teoría a la editorial. Hay un litigio en marcha, pero de momento pintan bastos.

Cuando compré Los hombres que no amaban a las mujeres atraído por las elogiosas críticas que pude leer en la solapa imaginé que se trataría del típico caso de "libro mediático" que jamás llegaría a la altura de las expectativas, un poco como "La sombra del viento" o "Los pilares de la tierra", ambos decepcionantes bajo mi punto de vista, aunque entiendo que sus logros les hayan granjeado el favor del público. Así que cuando empecé su lectura a finales de agosto calculé que me llevaría un mes y medio largo terminar con sus más de seiscientas páginas, y eso suponiendo que la historia me enganchara mínimamente. Pues bien, anteayer por la noche, volviendo de un partido de fútbol y de una opípara cena, me senté en mi butaca de lectura preferida sobre las once y media y me dispuse a leer unas cinco o seis páginas de las cien que me quedaban para pulirme el libro, más que nada para conciliar el sueño. Dos horas más tarde me di cuenta de que me lo había terminado enterito y, recuperándome aún de la impresión, maldije a la editorial por no haber sacado todavía la segunda entrega. ¿Tan bueno es? No, es mejor.

Por una vez puedo afirmar que el producto no sólo está a la altura de su rimbombante campaña de marketing sino que supera las expectativas de calle, todo gracias a un argumento redondo, mezcla de relato de intriga policíaca, novela histórica, thriller financiero y love story de acusado toque freak, si bien el mayor logro del autor es haber construido unos personajes entrañables y paradójicamente realistas dentro de los arquetipos de los héroes protagonistas de esta clase de historias. Mención especial para Lisbeth Salander, una atípica investigadora y hacker profesional, compañera de andanzas de Mikael Blomkvist (aparentemente el alter-ego del propio Larsson), que viene a ser -como el mismo autor la define- una especie de Pippi Calzaslargas adulta y totalmente disfuncional. Seguir sus peripecias a lo largo de las páginas de "Los hombres..." constituye un placer sólo igualable a los mejores momentos de Sherlock Holmes, tal es el halo icónico que desprende el personaje. Presten mucha atención a sus apariciones en la historia, al principio a cuentagotas, pues lo mejor es sucumbir a su extraño encanto desde el principio para así gozar más con su forma de ser a medida que avanza la trama.

Desde aquí mi más urgente recomendación a todo aquel que desee sumergirse en una lectura apasionante, a los amantes del género de la novela negra y, en definitiva, a todos los que les gusten las historias bien construidas, basadas en un mundo que cobra vida cuando el lector se sumerge en la lectura, salpicadas por personajes geniales y con un desenlace satisfactorio pero que te deja con (muchas) ganas de más. Chapeau, señor Larsson, donde quiera que se encuentre.



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