La eterna promesa
martes 16 de septiembre de 2008 0:00
En las relaciones personales mejor ni hablar: el que se lleva a la chica es el que tiene que apoquinar con la hipoteca, los churumbeles, las discusiones diarias, los malos rollos y, una vez por semana y si todo va viento en popa, el polvete sabatino. Pero queda claro que ella se pasará los veinte minutejos del revolcón pensando en aquel tío que le tiró los tejos en la facultad, que se la benefició una noche y que al final se fue para no volver (o ella misma lo mandó a paseo, decisión de la que de tanto en tanto se arrepiente secretamente). Por mucho que Abba vaya cantando que "The winner takes it all", el jabato que pasó al (teórico) olvido ya se ha pasado por la piedra a unas quince féminas desde entonces, y todas ellas le recuerdan con más cariño que con el que piensan en su actual partenaire.
Puestas las cosas en perspectiva, ser el perdedor no está tan mal, ¿verdad? Todo depende del prisma desde el que se mira, pero esto de quedar siempre como "la eterna promesa" otorga sus buenos dividendos a medio plazo, y si no que se lo pregunten a Steve Jobs, un tío que no podrá nunca competir con Bill Gates pero que consigue llevarse a la crème de la crème del mercado con su línea de ordenadores pijos, amparándose en el cuento de la exclusividad que otorga pertenecer a una minoría selecta. Afrontémoslo: si tanta gente habla de los embriagadores efluvios del "encanto del perdedor" por alguna cosa será, ¿no?
Etiquetas: deporte, política, relaciones, sociedad
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