¿Estamos preparados?

domingo 7 de septiembre de 2008 0:00

De vez en cuando surge una noticia más propia de la ciencia-ficción que de nuestra realidad cotidiana. Esta semana le ha tocado al presunto fármaco de la inmortalidad, que aunque parece que aún está lejos de aterrizar en su farmacia más cercana actualmente ya se baraja como hipótesis de investigación científica seria. Leamos de qué va el asunto:

Nadie diría hoy que ser viejo equivale a estar enfermo, aunque ningún fármaco puede evitar las canas y las arrugas, ni la pérdida de agilidad y vigor. Pero la agencia del medicamento estadounidense, la FDA, ya ensaya medicamentos en animales para retrasar el envejecimiento. No es que la píldora de la eterna juventud esté al caer, ni mucho menos, pero el interés de las compañías farmacéuticas por buscar una cura para el deterioro físico es cada vez mayor. La razón es que los científicos se han dado cuenta de que envejecer no es un imperativo de la evolución, sino un proceso alterable. ¿Sería posible retrasarlo mucho? ¿Incluso evitarlo? Son preguntas hasta hace poco dentro del ámbito de lo fantástico, pero que hoy generan investigaciones de primera línea. Los hallazgos de los últimos años han hecho que hasta los científicos más ortodoxos, los mismos que ven en las proliferantes terapias antiedad sólo un producto de mercadotecnia, se planteen cómo prolongar la vida humana.

Hace año y pico ya escribi mi visión sobre este particular tema en este post, del cual destacaría el siguiente párrafo:

Como siempre, el pragmatismo y la ética chocan con una hipótesis tan sugerente. De entrada, imaginen una sociedad en la que todos sus miembros vivan eternamente y se conserven jóvenes. ¿Se dan cuenta de las implicaciones que ello tendría para el comportamiento humano? No tendría sentido la religión, ni las cadenas perpétuas, ni siquiera el matrimonio ("hasta que la muerte nos separe", ¡ja!), ni la jubilación, ni la escuela (¿para qué educar a un niño si lo puede hacer voluntariamente cuando tenga, por ejemplo, mil ciento sesenta años?), ni las pólizas de seguro, ni...

En efecto, dudo mucho que estemos preparados para un brebaje milagroso de estas características a nivel social, y eso sin contar con que este planeta se nos quedaría corto en cuatro días a la que la gente dejara de palmar. ¿Dónde los metemos a todos? ¿Y a sus residuos en forma de basura? ¿Y a sus coches contaminantes? Vaya, que aun en caso de que alguien lograra dar con la pócima milagrosa me temo que los poderes fácticos ya se encargarían de mantenerla a buen recaudo para evitar que nos fuéramos perpetuando descontroladamente, y encima deshaciéndonos de conceptos tan inútiles (en este caso) como la religión (¿quién la necesita si nunca iremos al cielo o al infierno?) y demás patrañas metafísicas (adiós apariciones ectoplásmicas).

Además, después de la fuente de la eterna juventud ya sólo nos quedaría el viaje en el tiempo como gran meta paracientífica a alcanzar. ¿Qué sería de nosotros, fans acérrimos de la ciencia-ficción, si de repente todos estos conceptos pasaran a ser moneda de uso común? Decididamente, mejor quedémonos como estamos y palmemos a gusto, que todo se hace aburrido a la larga. Incluso vivir eternamente.

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