El jurado
viernes 19 de septiembre de 2008 0:00
No, hoy no voy a hablar sobre una novela de John Grisham o una película de Gene Hackman (que, vistos mis últimos post, parecería lógico y una deriva hacia un blog de crítica multimedia), sino sobre un texto que he encontrado en internet y que me ha llamado la atención por su pragmatismo sobre la realidad que describe. Como siempre, recomiendo encarecidamente su lectura, pero como está en inglés y me imagino que no todo el mundo tiene ganas de tragarse un tochazo extenso de estas características, mejor les escribo un resumen para que se hagan a la idea (una traducción literal no ha lugar, ya advierto).Básicamente se trata de un manual sobre cómo conseguir que te expulsen de un jurado en EE.UU. basado en la experiencia personal del autor. Les pongo en antecedentes: como es sabido, en Norteamerica se elige a un jurado para cada caso compuesto por doce ciudadanos corrientes, a diferencia del Reino Unido, por ejemplo, donde los que deciden son magistrados profesionales. Ello es susceptible de causar bastantes engorros si te toca la china, como es el caso que nos ocupa. Tratándose de un juicio para la pena capital, el autor veía jodido librarse de unas cuantas semanas de reclusión en un hotel, perdiendo el tiempo y el dinero asociado a su trabajo (aparentemente, se trata de un ingeniero que ofrece asesoramiento in situ, lo que le obliga a viajar constantemente y de manera urgente, so pena de que las instalaciones del cliente se vayan al garete). Dado que el sistema no le ofrecía ninguna vía de escape, se lo tomó como una afrenta personal y les declaró la guerra (legal) diseñando una estrategia para ser expulsado.
Tras inquirir entre sus amistades, la mayoría le aconsejaron que adoptara un punto de vista radical en los interrogatorios previos (del tipo "hay que freír a ese negro, y lo antes posible"), pero con muy buen criterio el protagonista de la historia ya detectó que semejante actitud le acarrearía problemas. ¿El motivo? Pues porque aunque el abogado defensor pretendiera echarle a toda costa del juicio, para la acusación su presencia en el mismo sería una baza a conservar a toda costa. Y lo mismo pero al revés si se declarase rotundamente contrario a la pena de muerte. Existe un proceso de descarte que hace que esta clase de elementos salten antes de conformar el jurado, pero en realidad estos descartes son limitados y al final cada abogado tiene que tragarse algunos sapos. Evidentemente, nuestro héroe no podía permitirse ser uno de ellos, pues los pagos de su hipoteca corrían serio peligro en caso de ser seleccionado.
Así pues, pasemos a analizar su estrategia de descartes argumentísticos de cara al interrogatorio previo:
- Mátalos a todos y deja que Dios los seleccione en el Reino de los Cielos: opción inviable, pues en un momento dado el defensor podría salirnos con un "¿y si el acusado fuera un chaval que se hubiera mezclado con malas amistades y ahora se mostrase sinceramente arrepentido?" o alguna patraña similar. Ante esto, o te conviertes en un monstruo (y ojito que el interrogatorio dura varias horas) o palmas.
- Estoy seguro de que este cabrón es culpable: "¿Pero cómo puede estar tan seguro, si ni siquiera nosotros lo estamos? ¿Acaso conoce al acusado o a su víctima? ¿Sabe algo que nos está ocultando?" Ni de broma, es poco creíble. Y además podríamos acabar en el banquillo de los acusados.
- Estoy seguro de que este cabrón es culpable porque es negro: "¿No puedes ni siquiera nombrar a un negro que sea buena persona? ¿Martin Luther King? ¿Samuel L.Jackson? ¿Obama?" Si no eres un racista convencido, se te verá el plumero. Pasemos al bando contrario, a ver si hay más suerte:
- Estoy convencido de que este pobre chavalín no pudo hacerlo: te pillarán igual que en el punto 2 pero con la estrategia inversa.
- La pena de muerte es moralmente injustificable: un pelín mejor, pero aquí ojito que el defensor intentará convencer al magistrado de que en realidad sí podrías votar a favor de esta pena, con tal de asegurarse tu presencia en la sala. Probablemente en su argumentación te sacará a Hitler y demás fauna, para que confieses que en algunos casos sí es legítimo cargarse a alguien. O peor, te tachará de antipatriota porque acabas de cargarte el fundamento del ejército norteamericano: más vale que te parezcas a John Lennon (Yoko Ono al lado) o tu plan no colará.
- No ponga esa responsabilidad sobre mi cabeza: ajá, esto es astuto. Pero como diría el amigo Harry, "es un trabajo sucio pero alguien tiene que hacerlo". El problema es que la estrategia que seguirán los letrados en el interrogatorio (recordemos que llevan años haciéndolo y que son unos especialistas) va encaminada a anular cualquier complejo de Ponciopilatismo.
Lo mejor del caso es que el crimen que había que juzgar se produjo a tan sólo dos manzanas de donde vivía el autor en esa época (un par de años antes del momento del juicio). Con tal de haber esgrimido eso en el proceso de selección probablemente lo hubieran descartado, pues no podían arriesgarse a que conociera a la víctima o al asesino. En el "probablemente" radica el problema, en todo caso.
Como colofón, apuntar que el acusado ya estaba condenado a cadena perpetua sin posibilidad de salir de prisión. Ese juicio sólo lo montaban para cargárselo. Y lo mejor de todo es que hubo que anularlo por causa del huracán Gustav. Parece ser que ahora quieren montar uno nuevo: el circo no parará hasta que se lo carguen. Si esto es justicia, más vale seguir el ejemplo y bajarse del tren como hizo el narrador.
Etiquetas: justicia, psicología
Comentarios »
-
blog comments powered by Disqus



![Reblog this post [with Zemanta]](http://img.zemanta.com/reblog_c.png?x-id=c3f90531-2984-432a-9241-dc31ab4ad2ad)