Credulidad internauta

jueves 4 de septiembre de 2008 0:00

El fin de semana pasado, mientras degustaba una suculenta comida con unos familiares, alguien me preguntó si todavía era tan adicto a los Actimels matutinos. Es sabida mi afición a este brebaje de la marca Danone, pues desde que empecé a tomarlo allá por el 2002 mi índice de resfriados anuales, bastante considerable hasta esa fecha, ha descendido espectacularmente. Yo no sé si ha sido por los Actimels, por el cambio climático o porque con tanto estrés ya no tengo tiempo ni de pillar una gripe, pero la cuestión es que como me gusta su sabor he seguido mi rutina matutina hasta el día de hoy. Por tanto, respondí afirmativamente. "¡Ajá! Pues deberías saber que ya has pringado, porque por lo visto tu organismo se ha acostumbrado al L-Casei del Actimel, y la glándula de tu cuerpo que lo produce ha dejado de hacerlo, así que estás condenado a tomarlo de por vida o te resfriarás cada dos por tres". "¿Y tú cómo sabes eso?", pregunté. "Porque me ha llegado por e-mail".

Tampoco quise enzarzarme en una discusión sobre los bulos que corren por internet, pero la cosa desprendía un tufo a mentira vírica que no podía con él. Pensándolo friamente, tal vez los de Danone habían encontrado el truco perfecto para enganchar al consumidor, el caso más espectacular tras lo de la adicción de la nicotina. Ya me puedo imaginar la publicidad a partir de ahora: "si has tomado Actimel durante los últimos años, ya eres nuestro", y acto seguido un incremento de precio del 100%. Pero la opción se me antojaba, como mínimo, rocambolesca. Así que al llegar a casa tecleé cuatro palabrejas en el Google y, como esperaba, me encontré con un PDF oficial de la propia Danone desmintiendo semejante tontería. Yo no sé porqué la gente tiende a creerse todo lo que les llega por correo electrónico, pero parece que basta con que el texto esté más o menos bien redactado y que parezca profesional para que las hordas piquen uno tras otro sin dudar. Será que yo siempre he puesto en entredicho todas las informaciones que me llegan, aunque salgan por el telediario por boca de una presentadora macizorra (no me fío ni de los mails que avisan de la localización de los radares en las carreteras, pues siempre pienso que se trata de un resentido que quiere que nos multen), pero me da que si los mails de alargamiento de pene vinieran firmados por un tal Dr. Barraquer la mitad de la población tiraría de VISA para comprar los chismes anunciados. En general somos así de crédulos.

En realidad a mí también me las cuelan de dos en dos, porque en la misma búsqueda del Google encontré este interesante enlace en el que, en un par de párrafos, tiran también por tierra el mito de los resfriados y el Actimel. O sea que si no me constipo tanto será porque me he hecho mayor o porque el whisky del fin de semana mata los bichos que pululan por mi organismo. O a lo mejor es otro bulo, qué sé yo. El hecho de que este desmentido se halle en un foro de alopécicos ansiosos por recuperar su cabellera me hace sospechar bastante, y es que ya se sabe que no hay nadie más crédulo que un calvo con ansias de recuperar el toupé que lucía en su juventud.
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