Un mundo de (falsas) ilusiones

jueves 24 de julio de 2008 0:00

¿Saben cuando les dicen que por muy deprimido que se pueda sentir uno o que por muy mal que anden las cosas siempre habrá alguien que estará peor, lo cual es objetivamente cierto (y lo saben), y aun así no consiguen levantar el ánimo? Si alguna vez se preguntan porqué les ocurre simplemente es porque, como decía Einstein, todo en la vida es relativo. Si se paran a pensarlo comprenden que sí, que ese chaval tercermundista que no tiene un mendrugo de pan que echarse a la boca está diez mil veces más jodido que ustedes, pero sin embargo se sienten igualmente desdichados. Todo depende del punto de referencia que se tome, pero obviamente es difícil pensar en el niño moribundo cuando tu vecino se pasea en un Cayenne o un conocido te manda por mail sus fotos de las vacaciones en las Seychelles mientras tú estás sudando la gota gorda en la oficina. Al niño no lo conoces de nada, pero en cambio al hijoputa del Cayenne lo tienes que soportar a diario y del cabronazo de las Seychelles te sabes hasta su talla de paquete (obviamente, dos palmos más que el tuyo). Lo mismo vale para el soltero que tiene que soportar cómo su amigo se está repasando a una rubia de infarto cada fin de semana, para el parado al que su cuñado le cuenta lo mucho que lo han ascendido, o para la que no consigue quedarse embarazada mientras que su hermana espera el tercero.

Hay un refrán que dice "ojos que no ven corazón que no siente" pero resulta que no hay forma de librarse de los triunfadores de la vida mientras que a los desgraciados no los encuentras ni debajo de las piedras. A los únicos a los que no ven tus ojos es a los que les va jodidamente mal: los demás ya se encargan de restregártelo por la cara.

Si usted se siente bajo de moral por alguna de estas causas y su autocompasión le flagela el subconsciente con un reiterativo "¿por qué me pasa esto a mí?" desengáñese y sepa que está usted viviendo en un mundo de ilusiones. Efectivamente, los demás jamás les contarán sus miserias pero en cambio resaltarán siempre cualquier aspecto positivo de su existencia, por nimio que sea, para darse lustre. Por favor, resista estas burdas campañas de márketing, aplique el "dime de lo que presumes" y comprenda que el fantoche con el que está hablando probablemente tenga tantos esqueletos en el armario como usted. La gente tiende a venderse muy bien, demasiado diría, y rara es la persona que es capaz de contarle lo jodido que está por cualquier motivo con total sinceridad.

Una vez llegó a mis oídos la historia de una amistad tan competitiva que mientras uno de ellos estaba muriéndose (literalmente) en la cama de un hospital todavía le restregaba al otro sus ligues de juventud y lo feas que siempre habían sido las novias del otro. Historia con moraleja, o si lo prefieren un cuadro pictórico del material del que está hecha el alma humana. Muéstrenme a un tipo que sea capaz de contarles su realidad sin un miserable velo de artificial pomposidad para el escaparate y yo les mostraré a un amigo para toda la vida. Arriba esos ánimos, carape, que últimamente todo el mundo me cuenta lo mal que lo pasa y lo jodidas que están las cosas.

Estoy de suerte: será que tengo muchos amigos de los de verdad.

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