Los huevos por corbata

martes 8 de julio de 2008 0:00

Decididamente estúpido el debate corbata sí/corbata no que ha derivado en el no menos estúpido del ahorro de energía a raíz de la decisión del diputado socialista Miguel Sebastián de prescindir de tan protocolaria prenda en los debates del parlamento. En Catalunya ya tuvimos un precursor en la figura del ex-Conseller en Cap Josep Bargalló, que ya en su día tuvo que soportar las quejas de los fabricantes de corbatas por no llevarla a los plenos (aquí somos así: siempre hay un sindicato o un gremio dispuesto a batirse en duelo a la que el político de turno cometa un paso en falso), por lo que ya sabemos de las encendidas pasiones que un debate de tanta envergadura puede provocar en el hemiciclo. Pero en Madrid parece que el asunto les ha pillado desprevenidos, y ahora andan todos a la que salta, con Bono afeándole la conducta a su compañero de partido desde la tribuna y con Celestino Corbacho, ex-alcalde de Hospitalet y flamante Ministro de Trabajo, solidarizándose con Sebastián en el penúltimo capítulo de tan curioso culebrón.

De todos los peculiares matices de esta historia diría que el que se lleva la palma es lo de hacer servir el ahorro de energía como excusa. Señorías, lo siento pero no cuela: el frío o el calor no valen como justificación para quitarse la corbata. Déjense de tonterías políticamente correctas de cara a la galería y afronten con narices el verdadero quid de la cuestión, que no es otro que el hecho de que las corbatas hace tiempo que han pasado de moda. Aquí en Barcelona desde hace años que ni siquiera los empresarios más exigentes las llevan, y prácticamente han quedado reducidas a los consultores financieros y demás mileuristas con ínfulas de grandeza y despachos con vistas a la Diagonal o al Paseo de Gracia. En EE.UU. las nuevas generaciones empresariales, con los chicos de Google a la cabeza y con Steve Jobs y Bill Gates pisándoles los talones desde la anterior, no han llevado corbata en su vida, y es sólo cuestión de tiempo que este mal atice a la clase política (a Obama se le ve con ganas, pero de momento sigue llevando una corbata negra finísima en todos sus actos, aun cuando se pasee por el estrado en mangas de camisa). Sin embargo, que este dilema llegue a las altas esferas de la capital del reino merece como mínimo una pequeña reflexión. Desde siempre el Madrid de los negocios ha sido la ciudad de las americanas, de las camisas a rayas verticales, de las iniciales bordadas en el bolsillo, de los gemelos, de la gomina y... de la corbata. Que incluso allí se estén planteando la conveniencia de llevarla o no es el síntoma más claro de que esta prenda tiene los días contados, y a estas alturas de la película lo único que me sigue pareciendo curioso es que, en el seno de un partido donde se toman iniciativas tan modernas y rompedoras como la de los matrimonios homosexuales sin pestañear, ahora anden a la greña por una chorrada como lo de la corbata. Anímense, salgan del armario y quítensela: éste sí sería un auténtico avance si quieren hacerse definitivamente con el voto joven, que lo de la iglesia (otra moda que está a punto de pasar a la historia) de tan sobado que está ya no surte efecto. Además, en un mundo en el que los genios del márketing abogan por la diferenciación de producto si se pretende abarcar un amplio nicho de mercado, ¿qué mejor forma de marcar diferencias con el PP?

Etiquetas: , ,



Comentarios »