Jugando con el metalenguaje

martes 15 de julio de 2008 0:00

Hablando sobre los Arcade Fire creo que ya dejé claro que una de las cosas que más me gustan a nivel artístico es la experimentación, esa forma que tienen algunos creadores de empujar los límites un poco más allá de lo que el proceso creativo exige a un nivel convencional. En música hay miles de ejemplos, pero como para muchos se acercan las vacaciones he pensado que hoy sería un buen día para recomendar uno de esos autores que suele pasar bastante desapercibido para el gran público cuando lo cierto es que sus libros atesoran un enorme nivel de calidad, sobre todo si al lector le gusta que le rompan las convenciones de cualquier género y le apasiona (como es mi caso) entrar en un juego de metalenguajes que desafía la lógica interna de una narración a la vez que estimula la imaginación de un modo muy particular.

Entré en el universo de Christopher Priest a través de los Premios Mundiales de Fantasía. Como cada año, me pasé por la web de estos prestigiosos galardones y me apunté la lista de los cinco finalistas y del vencedor de la edición de ese año, 1996, para efectuar los pertinentes pedidos en Amazon. Mi historia personal con estos premios viene ya de lejos, y baste decir que gracias a ellos he descubierto tesoros como Tim Powers (uno de mis autores favoritos de todos los tiempos), Robert Holdstock, Ken Grimwood o George R.R. Martin. Fue así cómo entré en contacto con El Prestigio, y déjenme decirles que si sólo conocen la historia a través de la (notable) película de Christopher Nolan se han perdido un gran rompecabezas y un juego de engaños y de falsos espejos a la altura de los mejores trucos de cualquiera de los dos magos protagonistas. Como en cada una de sus obras, a Priest le gusta manipular la percepción de la historia que recibe el lector, en este caso a través de dos diarios personales enfrentados, cada uno narrando su versión de los hechos. ¿Cuál de los dos narra los hechos verídicos? ¿Cuál de los dos miente o simplemente es presa de los desvaríos de un loco? ¿Son ambas narraciones inventadas? En principio hay un final que ofrece una posible solución, como siempre en los libros de Priest, a través de un Deus ex-machina que interviene en la historia para tomar partido, pero aun así queda la duda de si el narrador final no está tan implicado en los hechos que a su vez vuelve a engañarnos para que, como en todo buen truco de magia, la solución quede fuera del alcance del gran público.

La fijación de Priest por los diversos puntos de vista con los que se puede contar una historia adquiere una especial relevancia en La Afirmación. Este libro es considerado una obra maestra y un tostón sin parangón a partes iguales desde la crítica, pero como es cortito vale la pena darle una oportunidad y adentrarse en uno de los experimentos literarios más extravagantes jamás escritos. Peter Sinclair, el protagonista, pierde a su padre, a su novia, su trabajo y su casa en pocos días. Tan frustrado está por su estado actual, que decide escribir su biografía para dilucidar cómo ha podido llegar a tan desastrosa situación. Tras varios intentos fallidos, llega a la conclusión de que lo mejor será redactar una alegoría biográfica que indirectamente aclare los hechos a través de un relato ficticio, y para ello se inventa un mundo imaginario, Jethra, tan deprimente como su Londres nativo, en el que el Sinclair alternativo gana una lotería muy particular: la que le proporciona la vida eterna, a cambio de borrar su memoria hasta el presente. Para que todo lo vivido no caiga en el olvido, decide antes de aceptar el premio redactar su biografía, también de un modo imaginario: se inventa una ciudad llamada Londres de la cual nadie ha oído hablar, y un tipo al que una serie de desgracias le impulsan a escribir su historia. Se entra de este modo en un relato circular, alternando en cada párrafo la historia de uno y otro, sin que el lector llegue nunca a descubrir qué Peter Sinclair es el auténtico y cuál el ficticio. Ambos relatos terminan de manera subrepticia a mitad de una frase, y el libro, como no podía ser de otro modo, termina... (baste decir que más de un lector creerá que se trata de un error de impresión).

Pero para pérdidas de memoria y puntos de vista diferentes sobre un mismo relato el no va más Priestiano sería El Glamour. Decir que su historia versa sobre un fotógrafo de guerra al que un accidente le resta un par de meses de su vida por vía de una amnesia sobrevenida sería quedarse muy corto. Como ya es habitual en el universo de Priest, Richard Grey se somete en el hospital donde se recupera a una sesión de hipnosis y rememora su versión de esas semanas perdidas. Semanas en las que conoce a Sue, una pasajera con la que coincide en un tren que recorre la costa francesa, y de la que se enamora perdidamente. El único problema es Niall, el actual novio de Sue, una presencia constante en su vida pero que jamás aparece físicamente en el relato. La pregunta que surge es lógica: ¿existe de verdad Niall? ¿Se lo imagina Sue? Las dudas se disparan en la segunda versión de los hechos, la que la propia Sue le cuenta cuando va a visitarle en el hospital: según ella, tanto Sue como Niall y hasta Grey tienen una extraña habilidad llamada "el glamour", consistente en hacerse invisible a los ojos de la gente. No invisibilidad en el sentido de H.G.Wells, sino en el sentido de una habilidad que permite a los que la poseen pasar totalmente desapercibidos entre la multitud. A mayor nivel de glamour, mayor invisibilidad, y parece que Niall se lleva la palma. ¿Pero quién es entonces Niall? Al final del libro uno llega a la conclusión de que Niall puede ser tanto un personaje como el autor del libro o incluso usted, querido lector, tan invisible para los personajes que ellos son incapaces de verlo aunque sienten su presencia a medida que se desarrolla su historia.

Como ven, Priest es un maestro del metalenguaje, suele meter sus libros dentro de los propios libros, cuando no al mismo lector en el interior de la historia, dejando una sensación extraña cada vez que uno termina alguna de sus obras. Seguro que si le dan una oportunidad este escritor no les dejará indiferente. Además, su estilo se lee fácil y bien, y supone una forma narrativa completamente original y distinta de lo que se puede encontrar usualmente en la librería de la esquina. Si tienen ganas de sumergirse en una lectura amena y a la vez apasionante este verano, no lo duden. Yo tengo unos cuantos más en espera, y no veo el momento de empezar a saborearlos.

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