El fin último de un blog
lunes 14 de julio de 2008 0:00
Si uno mira los blogs que más éxito tienen alrededor del mundo se encontrará con que la mayoría son tecnológicos. Luego vienen los de paridas, chistes y tonterías internautas (como el del videoclip del gordito que hace de ninja), y finalmente los deportivos y los políticos. Las bitácoras personales como ésta se hallan a años luz de cualquier hit-parade del momento, algo lógico pues normalmente sólo interesan al que las escribe y a su círculo íntimo de amistades, o en el mejor de los casos a un grupo más o menos amplio de personas que comparten características comunes, ya sean gustos literarios o cinematográficos, lugar de residencia o afiliación al mismo club de fútbol. Sin embargo, creo que con el tiempo estos blogs "corredores de fondo" son los que más interesarán a la gente de aquí a unos años.A nivel personal, la cosa está clara: una bitácora como la que yo escribo puede tener incluso un cierto valor sentimental para mis descendientes, haciendo las veces de memoria escrita y como testamento vital de una manera de vivir y de pensar. Si alguna vez un nieto mío siente curiosidad por saber cómo era su abuelo y se deja caer por aquí (¡hola, chaval! Si tienes quince años sal de esta cochambrosa bitácora y vete a cualquier web porno, que así no perderás el tiempo inútilmente) comprobará que, probablemente, tampoco soy tan distinto a él a pesar de la diferencia temporal, y con toda seguridad apreciará que todos tenemos las mismas inquietudes a lo largo de las diversas etapas de nuestra existencia. A nivel genérico, sin embargo, un blog que comenta noticias y/o extravagancias de forma cotidiana puede tener también su valor como crónica de una época, e incluso para saber qué es lo que pensaba el pueblo llano sobre ciertos eventos históricos que se produjeron en su momento y que, de no ser por estos saludables intercambios de opiniones online que sirven como prueba, podrían caer en la burda manipulación de los historiadores, siempre tendiendo a creer que la masa está inequívocamente a favor o en contra de ciertos hechos sin caer en la cuenta que la mayoría en realidad pasan de todo, cuando no se chotean directamente a la cara de las desgracias que les ha tocado vivir.
Siempre me he preguntado cómo sería una bitácora (de haber existido) en la época del Imperio Romano, o cuando se construyeron las pirámides, o durante la Revolución Francesa, o cuando el hombre pisó la luna (seguro que habría treinta mil blogs diciendo que todo es un montaje, al más puro estilo 11-S)... Resultaría impagable leer en algún viejo papiro al avatar Tutatis cagándose en el César de turno por haber prohibido la prostitución en su barrio, o al comentarista Osiris desovarse de risa por lo mucho y bien que trabajan los esclavos bajo el sol, o la bitácora de julio de 1794 de un tal Gaston que asegura haber visto a unos niños en una callejuela cercana a la Place de la Révolution jugar al fútbol con la cabeza de Robespierre... En fin, ya ven a qué me refiero.
Por comparación, los blogs tecnológicos y demás sprinters blogosféricos quedarán a la altura del betún, y servirán como mucho para que algún freak de los gadgets del futuro se parta el pecho de risa al ver que en el año 2008 había un montón de colgados haciendo cola frente a los escaparates de Movistar para hacerse con un trasto que se llamaba iPhone, o de la cantidad de tonterías que se decían día sí y día también sobre la web 2.0, algo bastante cutre visto desde un futuro en el que los niños nacerán con internet implantada de serie en el cerebro.
Así que, cuando debo enfrentarme a la inevitable pregunta "¿y tú?¿por qué blogueas?", ya sea pensando en mi díscolo nietecito o en los historiadores del futuro, suelo responder con un conciso y escueto: "para la posteridad".
Etiquetas: blogs
Comentarios »
-
blog comments powered by Disqus


