Una oferta irresistible

jueves 12 de junio de 2008 0:00

No hace mucho vi una película llamada Sentencia de muerte. Un bodrio, para qué nos vamos a engañar, pero debo admitir que el argumento tenía su gancho: un padre de familia modélico y con un buen trabajo en la multinacional de turno ve cómo uno de sus dos hijos es asesinado por una pandilla callejera ante sus ojos mientras están repostando en una gasolinera. Destrozado, decide tomarse la justicia por su mano y cual Charles Bronson encorbatado liquida a navajazos al culpable unos días después. La pandilla toma represalias y ejecutan a su mujer y a su otro hijo y a partir de ahí nuestro héroe pierde la chaveta y se convierte en un delincuente de armas tomar, y nunca mejor dicho. Al margen de que la moraleja del asunto pueda desprender un cierto tufillo fascistoide, me llamó la atención el detalle de que la muerte del chaval se produjera, por enésima vez en las películas americanas, en una gasolinera.

¿Qué tienen las gasolineras americanas que dan la sensación de ser el lugar más inseguro del planeta? Según Hollywood, si circulas por una carretera desierta y decides parar a repostar en el clásico tugurio polvoriento y destartalado, tienes muchas probabilidades de que:
  1. Aparezca Javier Bardem con una pistola de aire comprimido y te agujeree el cerebro
  2. El propietario del local sea primo-hermano de Leatherface
  3. Seas víctima de un atraco común con un baño de sangre a lo Tarantino en el que tú te llevarás la peor parte
El tema es delicado y bien que lo saben los propietarios de las gasolineras y de la industria automovilística, y si no me creen observen la oferta que el establecimiento de vehículos usados Max Motors de Butler ofrece a sus clientes: llévese un coche y le obsequiamos con un pistolote. Nada más lógico que circular con un rifle de repetición en el maletero o con un Smith & Wesson en la guantera, dado el elevado índice de peligrosidad en las carreteras norteamericanas. La oferta en realidad deja escoger a los compradores entre la posibilidad de llevarse 250$ en gasolina o una pistola, pero no hace falta ser un lince para deducir que todos se van a inclinar por la segunda opción: a ver quién es el guapo que va a cobrarse el vale en la gasolinera más cercana sin tener un arma a punto. Es más, teniendo en cuenta el ritmo al que va subiendo el precio del combustible, casi saldrá más a cuenta entrar a saco en la gasolinera y llevarse los 250 dólares a punta de pistola. Total, por uno más, seguro que el gasolinero, de tan acostumbrado que está, ya ni siquiera llama a la policía.

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