Un cúmulo de referencias
miércoles 11 de junio de 2008 0:00
Poca gente sabe que el Cherry Lips de Garbage está inspirado en la vida de JT Leroy, un escritor supuestamente nacido en 1980 en West Virginia (según mamá Wikipedia), hijo de una prostituta y drogadicto casi desde el día en que vino a este mundo, y que halló en la literatura una vía de escape para su historial de traumas y abusos infantiles. En sus apariciones públicas se mostraba siempre vestido de mujer (vean los resultados del Google Images), algo tímido y acongojado por el éxito de crítica y público que tuvo su novela de debut, Sarah, escrita a sus 19 añitos. Cómo no, el libro iba sobre un chaval de 12 años que cambiaba de sexo y de nombre a raíz del consejo de su madre, una puta que tenía como lema "todo en esta vida resulta más sencillo si eres una chica guapa". Muchos vieron en esta truculenta novela los obvios rasgos biográficos del autor, y Shirley Manson le dedicó una canción por lo impresionada que quedó tras la lectura. Supongo que la tituló "Cherry Lips" en homenaje al color de labios tanto de Sarah como de su autor cuando salían a la calle vestidos para matar.Lo mejor de todo es que JT Leroy jamás existió. En realidad se trata de un seudónimo de la escritora Laura Albert, que se inventó una biografía impactante para publicitar la famosa novela, y se ayudó de una amiga, la diseñadora Savannah Knoop, para personificar las apariciones públicas de Leroy y hacer más creíble la ficción. Ignoro si cuando los Garbage compusieron el tema estaban al corriente de todo o si simplemente los embaucaron como al resto de la humanidad, pero tanto cúmulo de referencias literarias me hace suponer que más de un listillo se habrá pillado los dedos con la historia de esta canción. Precisamente, si yo estoy al corriente del asunto es porque cuando el tema entró en las listas de los más vendidos de medio mundo leí un artículo sobre el torturado escritor en un periódico de prestigio. En el texto lo daban como personaje real, algo lógico dado que no hace más que un par de años que el New York Times destapó todo el asunto, impulsado por las suspicacias que la figura de tan extravagante autor había levantado en determinados medios. De haberme guiado por lo que leí en su momento, posiblemente habría hecho el ridículo en una tertulia literario-musical de nivel (por suerte no frecuento círculos elitistas).
Sirva esta curiosa anécdota para ilustrar los miles de detalles que pueden esconderse tras las crípticas letras de una canción pop al uso, un fenómeno que debo admitir que siempre me ha intrigado, sobre todo cuando en los conciertos veo a la gente emocionada corear los versos de la canción-emblema del grupo que han ido a ver (algunos incluso llorando). Siempre me pregunto a qué viene tanta emoción, si en la mayoría de los casos no deben tener ni idea de qué cuernos es lo que están cantando. Lo mejor es cuando alguno intenta ponerte la piel de gallina explicándote el profundo significado de alguno de estos temas. No hace mucho me pasó, y aunque asentía con la cabeza a todas las figuras poéticas que mi interlocutor me estaba detallando, interiormente me reí recordando la historia de los Garbage y JT Leroy. Si ellos supieran...
Etiquetas: literatura, música
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