Soluciones para los tiempos de crisis
lunes 23 de junio de 2008 0:00
Ahora que parece que lo de la crisis va en serio surge una iniciativa para todos aquellos que desean seguir exhibiendo su buen ritmo de vida de cara a la galería aunque en realidad están pasando penurias. Varios periódicos han hablado ya del fenómeno, que consiste en el alquiler de artículos de lujo para los que no tengan posibilidades monetarias de compra. Por ejemplo, bolsos de Louis Vuitton o de Chanel, posibilidad ofrecida por la empresa Look and Stop. El mismo método es aplicable a automóviles, viviendas, ropa, joyas y todo el sinfín de complementos que permite a los clientes potenciales distanciarse de la plebe, con el fin de poder lucirlos en una velada especial sin que sus amigos del alma sepan que en realidad no llegan a fin de mes. Interesante idea, que demuestra que los negociantes se las ingenian como pueden para seguir sacando al mercado productos que en épocas como la actual no tienen demasiada salida, y que pone en evidencia la psicología del populacho de una manera diáfana.Ya me estoy imaginando la fiesta en el chalé con piscina de la Cerdanya (todos los pijos van a la Cerdanya hoy en día) que algún fanfarrón montará en pleno mes de agosto, a sabiendas de que ninguna de sus amistades sabrá que una vez concluida la velada el "propietario" tendrá que devolver las llaves y regresar a su morada habitual bajo un puente cualquiera. Idea redonda y solución de emergencia, aunque me surge una pequeña duda cuando pienso en el sistema: intuyo que este tipo de negocio tendrá cierto éxito en grupúsculos muy concretos de la sociedad, aquellos que el resto de la gente denomina "fantasmones". ¿Acaso no podría suceder que dos amigos del mismo círculo alquilaran la misma casa, el mismo coche o el mismo bolso en fines de semana distintos, por aquello de la necesidad imperiosa de fardar ("si el otro tiene una casa chachi yo también")? Sería una escena impagable la del sujeto que arrendara el chalé de la Cerdanya, mandase las pertinentes invitaciones a todo su grupo de amistades y, al presentarse para montar las bandejas de canapés, se encontrara con la sorpresa de que la casa es exactamente la misma en la que hace quince días su vecino montó su fiesta de "bienvenida del verano". Ante la pregunta de algún invitado impertinente: "oye, ¿pero esta choza no era de Antonio?", el cliente apurado siempre podría inventar una historia del tipo "sí, me gustó tanto que se la compré nada más terminar la fiesta". Y a ver si Antonio, que con toda seguridad rondará por allí, tiene las narices de contar la verdad al resto de invitados.
Comentarios »
-
blog comments powered by Disqus


