Sobre la trascendencia de los blogs
miércoles 4 de junio de 2008 0:00
A propósito de cierto asunto que se ha desatado en un blog paralelo y sobre el que no quiero entrar debido a lo farragoso del mismo (pero ustedes ya sabrán de qué hablo), veo que se respira de nuevo en el ambiente ese aire de trascendentalismo tan propio de la comunidad bloguera, según el cual nuestras bitácoras son la piedra filosofal que mueve al mundo entero. Nuestros textos son leídos por millones de personas que se los toman al pie de la letra, y tenemos todo el derecho a erigirnos en los Mesías del nuevo orden social debido a la importancia de nuestras opiniones, auténticos dogmas de fe para la vil plebe... Ignoro si esta ola de onanismo/narcisismo afecta a todos los que habitualmente plasman sus cuatro tonterías en un blog, pero ya les adelanto que no es mi caso ni de lejos. Por otra parte, dado el blog que escribo, si fuera mi caso tendría un serio problema de orden psicológico.Cuando me preguntan si el hecho de llevar una bitácora de entrada diaria me supone mucho esfuerzo yo siempre contesto que lógicamente no, pues de lo contrario no podría hacerlo. Normalmente invierto entre diez y quince minutos para el redactado del post (y la mayoría de las veces lo simultaneo con conversaciones telefónicas y demás tareas de oficina) y me limito a esperar los mails que me avisan de los comentarios de mis lectores, disfrutando todos y cada uno de ellos si bien sólo respondo ocasionalmente. Un ejercicio de autoterapia light que me sirve para intercambiar opiniones sobre temas anodinos, ahora que me encuentro en una etapa de mi vida en la que me resulta complicado reunir a los cuatro amigos de la infancia para hablar del sexo de los ángeles. En resumen, que yo a mi blog lo llamaría de todo menos trascendente.
Obviamente, circulan por ahí bitácoras de auténticos gurús o de personajes de relevancia en la esfera pública que sí son tenidos en cuenta cuando publican algún post. Son los generadores de opinión, los influenciadores que logran movilizar a las masas simplemente decantándose por un producto o una opción política. Sin embargo, no nos engañemos: esta clase de bitácoras no llegan ni al uno por ciento del total; el resto son como clubs semiprivados sólo aptos para incondicionales o amigotes de toda la vida. Al común de los mortales esta clase de blogs ni les interesa ni les harán cambiar de parecer sobre ninguna cuestión, de ahí que haya que prestar una relativa atención a los comentarios aduladores que pueden hacerle creer a uno que es el nuevo Nobel de literatura en potencia.
Por eso me hace gracia cuando, si por un casual una de las bitácoras que se lleva en petit commité pega el salto a los medios ya sea porque su autor se ha convertido en un personaje público, porque en algún post denunció alguna realidad digna de ser mencionada en un breve de la prensa o porque algún articulista sin ideas ha decidido inspirarse en él para redactar su columna diaria (por la que le pagan lo que jamás cobrará el bloguero), de repente surjan los profetas de la blogosfera de debajo de las piedras augurando la era del dominio de las bitácoras sobre la prensa oficialista. Realmente quien así opine o es muy joven y aún no sabe muy bien cómo funciona el mundo o no se da cuenta de que, en estos casos, el salto de internet al papel impreso suele decir más en contra del periodista oficial que a favor del bloguero vocacional.
Etiquetas: blogs
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