Máquina total
viernes 13 de junio de 2008 0:00
Debatíamos ayer en otro rincón sobre la pérdida de vistosidad del tenis en las últimas décadas. Tal vez se trate de un tema nostálgico, pero yo considero que el deporte en general ha abandonado la humanidad de un tiempo a esta parte. No sólo en las pistas con red, hoy presididas por auténticos Terminators de la raqueta, o en cualquier otra modalidad en la que se requiera una condición física extrema, sino incluso en prácticas tan aparentemente relajadas como el golf. La profesionalización del deporte ha convertido en auténticas multinacionales a sus protagonistas, unos sujetos obligados a rendir al máximo para competir despiadadamente por su puesto en el Olimpo. Ya no basta con darle una pelota al chaval cuando tiene cinco años y, si vemos que posee aptitudes, hacer que practique en horario extraescolar: ahora los padres regalan a sus hijos una raqueta o un palo de golf a la que el enano ya empieza a andar, y a partir de ahí se le martiriza con una maratón de entrenos que hace pasar a un segundo plano todo lo demás. La recompensa por ingresar en la élite se lo vale, así que si sólo entrenas quince horas semanales debes ser consciente de que nunca llegarás lejos en ningún deporte, pues hay miles de críos dándole ochenta horas a la semana desde que aprendieron a decir "papá".La corrupción de los principios deportivos creo que viene desde el momento en que se profesionaliza, porque si lo pensamos bien los términos "profesional" y "deporte" no se llevan bien. Es más, en muchos casos (pienso en el fútbol) el adjetivo "profesional" se utiliza con claros tintes peyorativos, como eufemismo de "mercenario", atribuyendo a su destinatario la dudosa virtud de venderse al mejor postor o de jugar sólo por la pasta. Aunque resulte inevitable que las cosas se profesionalicen cuando hay dinero de por medio, el espíritu deportivo, el que impulsa a jugar por diversión y porque realmente te gusta lo que haces, se resiente y echando la vista atrás creo que algo se ha perdido por el camino. A veces, viendo entrevistas con los astros de sus modalidades deportivas, llámense Alonso, Nadal, Woods o Ronaldinho, no puedo evitar tener la sensación de que en el fondo están a disgusto con lo que hacen. Será algo en su semblante serio, en sus expresiones repetitivas y monocordes, en su vocabulario plano... Aunque claro, como van a tener riqueza de vocabulario si dejaron arrinconados los estudios a la que se vio que destacaban por encima de la media en su ámbito, a la edad de siete u ocho años, supongo.
Así que lo que tenemos ahora en las páginas deportivas de los periódicos es a una especie de androides programados para tener la maquinaria siempre a punto y en óptimas condiciones, para poder ganar esa milésima de segundo de velocidad o ese plus de resistencia o de fuerza que les haga reinar mientras el cuerpo aguante. Normalmente, un par de años o tres. Después viene otro más joven, con un físico momentáneamente superior, les arrebata el trono y se prepara para un corto reinado a la espera de que llegue el siguiente. Por el camino, se llevan unas cantidades indecentes de dinero y traicionan la esencia de lo que el resto del populacho entiende por deporte. Cuando les veo alzar sus trofeos satisfechos y exhibiendo el descaro de saberse los mejores, no puedo evitar pensar en todos los que se quedaron por el camino, hoy en día androides sin cerebro y sin recursos por haber apostado todo al rojo cuando salió negro. A algunos de estos los podemos ver en los reality shows televisivos o quemando su frustración en cualquier gimnasio. Siempre les quedará "Operación Triunfo".
Etiquetas: deporte
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