Llamada perdida

martes 17 de junio de 2008 0:00

La Comunidad Europea pretende aprobar una ley que puede provocar más de una indigestión en caso de que tire adelante: por lo que leo en The Register, la comisaria europea Vivian Reding da el visto bueno a que las operadoras puedan cobrarnos por recibir llamadas en el móvil. Antes de que empecemos con la retahíla de insultos a las compañías de telefonía (perfectamente justificadas), me gustaría analizar el comportamiento de ciertas personas, buitres carroñeros de baja estofa, que consideran que su teléfono móvil existe sólo para recibir llamadas y no para hacerlas. Supongo que todos conocen a alguien que se guía por este patrón de comportamiento, o incluso puede que alguno de ustedes entre en la categoría, en cuyo caso no dejaré pasar la ocasión y aprovecharé estas líneas para afearles la conducta.

Básicamente me refiero al clásico sujeto al que tú llamas constantemente para quedar el fin de semana, o para interesarte por su vida, o para hablar del último partido de Liga, y en cambio él sólo te contesta vía SMS, y eso en el mejor de los casos. Obviamente, lo que el interfecto pretende con tanto tecleo es ahorrarse las cuatro perras que le puede costar la llamadita de turno y considera que al recibir el mensaje (en el colmo de la desfachatez a veces incluso nos escribe "llamame", así, sin acento, que el texto sale más barato) nosotros deberemos contactar con él por vía oral para comentar la jugada. Un caso extremo es el del que no quiere ni gastarse los céntimos del mensajito y entonces efectúa una llamada perdida (estratégicamente la corta antes de que finalice el primer timbrazo para que la operadora no le cobre demasiado) con el fin de que el destinatario se entere de que tiene que marcar su número. Si se nos ocurre no responder al mensajito o a la llamada perdida (mi opción favorita), en función de la urgencia el tipo sucumbirá al derroche presupuestario y nos llamará para cagarse en nuestros muertos. Conozco un caso tan exagerado que me dedico a llamarlo constantemente únicamente cuando viaja al extranjero, sólo para tocarle las narices pues entonces la llamada la paga él. Como no podía ser de otro modo, suele cortarme a toda prisa sacando todo tipo de excusas, y yo me parto desde el otro lado de la línea.

Ignoro si la nueva medida gravará por igual al emisor que al receptor, pero intuyo que a la larga será beneficiosa para los que usamos el teléfono móvil en ambos sentidos. Al cargar un importe al receptor es probable que el emisor no sufra las subidas continuadas de la tarifa como hasta el momento, puesto que las operadoras dispondrán de una fuente extra de ingresos con la que no contaban hasta el momento. En el peor de los casos, soportaremos entre todos las subidas de precio, y espero que la solidaridad económica termine de una vez por todas con las nefastas prácticas de gorroneo que han venido sobreviviendo hasta el día de hoy. Por si acaso, a la que se apruebe la medida lo primero que haré será borrar de todos mis ordenadores el Google Talk, mi programa de mensajería instantánea preferido. Más que nada porque me temo una avalancha de conversaciones virtuales por parte de todos los que habrán apagado el móvil para no tener que recibir ni una sola llamada.

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