El síndrome de James Dean
jueves 19 de junio de 2008 0:00
Nunca he entendido la obstinación de algunas personas con los temas que claramente los perjudican. "Me hace daño pero la quiero", "no me fío de estos políticos pero los voto", "este año no ganamos nada pero el domingo voy al partido" y un largo etcétera de ejemplos cotidianos que demuestran que el hombre no sólo es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, sino que también es al que más le gusta darse de cabezazos contra la pared hasta que asome la masa encefálica. Dada nuestra tendencia al masoquismo y la poca fiabilidad de nuestras promesas utópicas y nunca cumplidas ("mañana la dejo", "votaré a los otros", "me borro del fútbol") me pregunto si no será esta misma actitud la que nos llevará a nuestra extinción como especie. Como individuos lo tengo claro: fumamos y bebemos aunque sabemos que aumenta nuestras posibilidades de palmar pronto y mal, trabajamos una indecente cantidad de horas a la semana y nos comemos todos los marrones habidos y por haber aun siendo conscientes de que la empresa nos sustituirá por un becario imberbe a la que nuestro sueldo se salga de su presupuesto, nos autoengañamos con relaciones personales que no llevan a nada a pesar de que todos los indicios apuntan al desastre, corremos por la autopista sin cinturón de seguridad mientras hablamos por el móvil, compramos pisos a sabiendas de que no podremos hacer frente a las hipotecas...A nivel genérico hay quien dice que nos estamos cargando el planeta pero nos da igual y otros sostienen que se acerca una guerra de civilizaciones y lo máximo que hacemos es entrenarnos con los First Person Shooters de la Playstation. Estas aseveraciones las pongo en duda porque ya no me fío ni de mi padre, después de que los agoreros de turno nos sablearan con la gripe aviar, con el efecto dos mil y con la sequía galopante hace tan sólo tres meses y los resultados a la vista están. Pero eso sí, intuyo que algo de cierto debe haber cuando tantas voces se ponen de acuerdo para sermonearnos día sí y día también. Vistas nuestras tendencias autodestructivas, no sería descartable que colectivamente la raza humana sea presa sin saberlo del conocido "síndrome de James Dean", a saber, el que dio origen a la lapidaria frase "vive deprisa, muere joven y deja un bonito cadáver". Estamos programados para vivir el presente, y cualquier cosa que suponga pensar en nuestro futuro, aunque sea a cinco minutos vista, nos trae sin cuidado o lo relativizamos de tal modo que parece que nunca vaya a suceder. ¿Cuántos de ustedes son plenamente conscientes de su propia muerte? ¿Acaso no tienen la sensación de que, en el fondo, vivirán eternamente? Es irracional, sí, pero nuestra escasa imaginación nos impide de algún modo visualizar un universo en el que ya no existamos como individuos. Trasladando este razonamiento a escala planetaria, tal vez lo que nos convenga, dado que según muchos ya hemos llegado a un punto sin retorno, sea emular a Dean y pegarnos unas cuantas juergas hasta ver salir el sol, acelerar a fondo y aguardar al trompazo final. Puestos a palmar y dado que no tenemos remedio, al menos que sea con una sonrisa en el rostro, habiéndonos fumado el Amazonas y acabado con todo el hielo del Ártico a base de Martinis on the rocks. Eso sí, si puede ser que el leñazo cósmico se lo peguen nuestros tataranietos. No hay nada que siente mejor que ser un cortoplacista.
Etiquetas: autodestrucción, opinión
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