La vida imitando al arte

sábado 15 de diciembre de 2007 1:00

Todas las historias ya han sido contadas, dicen. Cuando uno ve una película o lee un libro en realidad está reviviendo por enésima vez alguna variante de una de las cuatro líneas argumentales básicas que existen. Por eso es tan difícil encontrar una historia verdaderamente original en los tiempos que corren: todas, en mayor o menor medida, las hemos visto o leído cientos de veces. El ejemplo clásico sería el del argumento romántico: "chico conoce chica", "chico y chica se enamoran", "chico y chica se cabrean y se separan", "chico y chica se reconcilian y viven felices para siempre". ¿Cuántas variaciones de esta fórmula nos hemos tragado a lo largo de nuestra existencia? Lo extraño es que aún sigan funcionando, pero supongo que la cuenta corriente de Meg Ryan lo agradece profusamente.

La razón por la que nos sentimos todos tan atraídos hacia estos estereotipos (ya sea el género romántico, el de misterio, el de aventuras o el histórico) debe ser porque al refugiarnos en estos terrenos exóticos pero conocidos proyectamos la mediocridad de nuestras vidas y anhelamos convertirnos en los protagonistas de alguna de estas historias. A pesar de que sabemos que la vida no es esto, y que si fuéramos los protagonistas en el mundo real de la próxima película de 007 nos matarían a la primera escena, seguimos viéndonos como un reflejo algo distorsionado del héroe de ficción. He ahí el origen de tantos desengaños y de muchas frustraciones. Simplemente no estamos preparados para comprender que, muy probablemente, viviremos sin jamás haber tenido esta clase de experiencias. Lo paradójico del caso es que si nos tocara pasar por alguna de ellas la rechazaríamos en el momento en que se produjera.

Estando así las cosas, deduzco que los más felices son aquellos que han comprendido que la vida jamás podrá imitar al arte, al menos no como una fotocopia. Aquellos que aceptan su propia mediocridad, incluso en los casos más exitosos, y se resignan a navegar por el río de la vida contemplando el paisaje y gozando de la brisa (¡toma metáfora cursi!). El problema es que si bajamos el listón y nos dejamos llevar por la corriente probablemente terminaremos desembocando en alguna cloaca infecta, rodeados de desarraigados. Por tanto, parece saludable mantener un ápice de inocencia y seguir creyendo que, en algunos casos, nuestra vida puede efectivamente imitar el arte, que hoy puede ser un gran día y que la felicidad, como dijo aquel al que lo dejó la novia y se arruinó en un mismo día, está en las pequeñas cosas. Y, qué coño, a veces ir a trabajar con la camisa por fuera, sin afeitar y soltarle un moco (suave, eso sí) al jefe nos puede hacer sentir como el Dr. House de turno. Aunque no cojeemos.

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Un día llegué media hora tarde a la oficina con la camisa por fuera y sin afeitar. Llamé a la puerta del jefe, me asomé y le dije: “Buenos días, mamón, llego media hora tarde porque me ha pasado por los cojones”. Di un portazo, me fui tranquilamente hacía mi mesa, puse los pies encima y encendí con parsimonia un Robayna que guardaba para la ocasión. Después de una larga, profunda y húmeda chupada, me rodeé de aquel humazo blanquecino y de aquel inconfundible aroma que tan bien conocía y sonreí beatíficamente a mis asustados compañeros mientras descolgaba el teléfono que sonaba desde hacía unos segundos. No era mi jefe, me llamaban desde Personal: “Fernández, baja a Personal y ve a ver al señor Palenzuela, por favor”. Hice un simpático gesto de complicidad con mis cejas a mis compañeros, bajé a Personal y entré en el despacho de Palenzuela. “Buenos días, cabronazo”, le solté así de entrada. Sin inmutarse, Palenzuela consultó su reloj y mirando fijamente el cuadro de aquellas dos mallorquinas bailando una jota que tenía colgado en la pared que quedaba a su derecha, me dijo: “Mira Fernández, ahora son las 9,45, vuelve a tu mesa, recoge tus objetos personales, vuelve a bajar a las 10,45, ve a ver a Telésforo, firma el finiquito que te presentará, recoge el talón, lárgate y no vuelvas a aparecer jamás por aquí”.
Le enseñé los colmillos, le solté un “orc, orc, orc”, di un poco de juego al Robayna que seguía quemando de maravilla y salí dando un portazo.
Subí en el ascensor con Lucas. Solo entrar y tras un hola-hola neutro, nueva fumada, un largo erupto seguido de un sonoro pedo y, tras ayudarle a levantarse, me despedí cojeando graciosamente con el inevitable “hasta luego, Lucas”.
Llegué a mi mesa rodeado de expectación, recogí mis cuatro cosas y la raqueta, estampé la taladradora contra la pantalla del ordenador, fui a la mesa de Fontanals, cogí aquella montaña de fichas que llevaba ordenando pacientemente desde hacía días y las lancé al aire riendo como un loco, me fui a la mesa de Fabrizio, le di un ostión en todos los morros con la raqueta y un poco cansado ya me fui dando, como no, un portazo.


No sigo.
Hoy he tenido un almuerzo de empresa con unos señores muy serios y ahora acabo de llegar de una cena de amigos-de-empresa, nada, pero es que nada serios.
¿Quién no ha soñado-imaginado cosas parecidas?
Anonymous JoanCG, @ 15 de diciembre de 2007 1:38  
Cada día, Joan, cada día...
Anonymous Raimon, @ 15 de diciembre de 2007 2:16  
Yo busco mecenas adinerado/a para vivir como un auténtico Bohemio, ese es mi sueño....mientras a seguir con lo que hay y a mirar adelante. Mis "ex" nunca se han reconciliado conmigo, no tengo carácter. La semana pasada saboreando un Bollinger me sentí un poco 007 y ojalá pudiera ir un día con la camisa fuera y sin afeitar al trabajo, creo que soñar es de humanos y yo soy muy humano. La clave es EXACTAMENTE lo que usted dice. aceptarnos cada uno como somos, simplemente eso, y disfrutar cada momento con todas sus mediocridades. Será mejor o peor pero nunca dejará de ser NUESTRO.....y a vivir que son 2 días....leches !!!
Anonymous Orbison, @ 15 de diciembre de 2007 9:18  
Creo que lo comenté donde KiM
De un tiempo a esta parte he decidido hacer lo que me proponga la vida, sin pensarlo, sin reflexionarlo, bueno, si no es muy muy muuuuy bestia

Y no me afeito para ir al trabajo ;)
Anonymous Lula, @ 15 de diciembre de 2007 9:26  
¿Estamos o no estamos de acuerdo con que Joan CG debe abrir un blog YA?
Anonymous Dr. J, @ 15 de diciembre de 2007 9:36  
El día en que vea una película en que el Bourne de turno se mate a los diez minutos saltando de un edificio, o que al mínimo crujir de la casa fantasma la gente haga las maletas y la ponga a la venta, me lavantaré y aplaudiré en el cine. Vale, habré pagado por solo diez minutos de película, pero al menos podré decir "esto no me lo esperaba"

@ Joan CG, a sus pies. YA.

Quizás hoy sea un buen día para hacer caso a su consejo y al de Joan, pues me toca la infame comida de empresa (en mi caso almuerzo) y además tengo que llevar a todos mis compañeros (ergo, toca ser el sobrio). Veamos como lo preparo para que no me vuelvan a invitar.
Anonymous el cautivo, @ 15 de diciembre de 2007 9:55  
Le acompaño en el sentimiento, cautivo.

No sea demasiado duro con ellos.
Anonymous Dr. J, @ 15 de diciembre de 2007 10:10  
Que sí, que sí...que es como lo de los Reyes Magos...aunque sea mayor , me hacen ilusión igual...

En cuanto a lo que comenta Joan...jejeje y tanto que imaginamos situaciones así...el problema es que a veces lo estás pensando y sin querer sueltas la barbaridad en voz alta.
Anonymous Penélope, @ 15 de diciembre de 2007 11:01  
vaya ... que dura debe ser la vida de los tristes asalariados.
Os han maltratado de pequeños? os han explotado sexualmente a los 10 años? vivis en un pais donde a duras penas puedes ponerte un plato de arroz en la boca? habeis tenido que empezar a trabajar a los 6 años? o peor aun, os han alienado vuestros derechos fundamentales (los amparados por la constitución y la declaración de los derechos del hombre) alguna vez?
vamos señores, no me jodais, seamos realistas .... os quejais por vicio.
felices fiestas.
Paaaaam, ven para aqui, que echo chispas!
Anonymous maikelnait, @ 15 de diciembre de 2007 12:07  
¡Maikel, demagogo!
Anonymous Dr. J, @ 15 de diciembre de 2007 14:11  
Señores... a estas horas de la tarde puedo decir que he sobrevivido a la comida de empresa. Mi intento de lanzar sibilinas indirectas iba bien hasta que, llegados a la botella de Cardhu, a uno se le ha calentado la boca y ha empezado a soltarlo todo a diestro y siniestro. Otro plan frustrado
Anonymous el cautivo, @ 15 de diciembre de 2007 20:03  
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