Creo que les debo una explicación. Hace mes y medio cerré Doctor Jota por un exceso de saturación y por falta de ideas pero, animado por ciertas misivas electrónicas que fui recibiendo tras la clausura, decidí retomar la actividad bloguera en esta bitácora por aquello de no perder el contacto y de ir matando el gusanillo escribiendo un post de tanto en tanto. Si opté por regresar a Blogger a pesar de ser un fan de Wordpress fue simplemente por vagancia: ya tenía un dominio abierto y además soy un "usuario total" de Google, con lo que me ahorraba ir cambiando de contraseñas y dar de alta direcciones de correo paralelas que me obligaban a registrarme continuamente, pequeñas molestias que en principio pueden parecer poca cosa pero que con el tiempo se convierten en un engorro considerable. El plan era olvidarme de las entregas diarias (en el momento de la transición pasaba por una crisis creativa considerable) y postear sólo cuando me apeteciera, por un lado quitándome la presión de encima y por el otro dejando la nueva aventura en petit commité, pues sólo avisé de la apertura del chiringuito a los cuatro amigos que verdaderamente parecían interesados en el tema. Una etapa previa a la extinción total, llámenle purgatorio si quieren.
La cosa es que ahora resulta que me encuentro más cómodo en el "purgatorio" que en mi concurrido blog oficial. Paradójicamente, a menor número de lectores mejor para mi creatividad, supongo que porque me corto menos a la hora de escribir sobre lo que me da la gana, puedo adoptar mi verdadera identidad sin seudónimos sabedor de que los que aquí entran ya conocen bien el percal, y me evito los comentarios "obligados" que generan una rueda rutinaria sin sentido (yo escribo un post a desgana, el lector que se siente "obligado" me hace un comentario con aún más desgana, y al final terminamos todos en un círculo vicioso de difícil escapatoria). Así que mandé mis mails, coloqué un enlace en mi otro blog, y ahora tengo la certeza de que los cien tíos que aquí entran lo hacen porque tienen ganas (aún no le ha dado tiempo a Google de indexarme como es debido, con lo que de momento no aparezco como resultado en la búsqueda "caca-culo"), y los que comentan no se sienten observados por miles de ojos prestos a censurarles sus opiniones a las mínimas de cambio. La experiencia me dice que, contra lo que todo el mundo pueda pensar, en esto de los blogs más vale ser pocos y bien avenidos que ciento y la madre y todos pegándonos de leches.
Total, que me he ido animando y, volviendo a mis orígenes, suelto la primera tontería que se me pasa por la cabeza, la desarrollo sin romperme demasiado los cuernos y la saco a la luz pública para los cuatro comentaristas habituales: un lujo, oigan, mi "purgatorio" se ha convertido en un oasis entre la estresante multitud bloguera. Lo de quitarme la careta también me ha ayudado, pues la imagen de Peter Sellers distorsionaba bastante la figura que se encuentra tras el teclado y provocaba expectativas desorbitadas. Finalmente, ha habido un factor inesperado que me ha hecho aumentar la regularidad de los posts: la posibilidad de programar las entradas, una cosa que Blogger no ofrecía hasta hace un mes (parece que me estuvieran esperando), y que desde siempre ha sido uno de los puntos fuertes de Wordpress. Ahora puedo volver a redactar los textos al mediodía y hacer que se publiquen puntualmente a medianoche, just like the good old times, aunque me evito los del fin de semana y alguno que otro que caía en lunes, que el ritmo era excesivo y la siesta sabatina se resentía. De ahí mi recuperada productividad. Aún hay algunos detalles que no me gustan, como la plantilla (¡Alex, help me!) o el sistema de comentarios, pero todo se andará, que en Blogger in Draft publican novedades a diario y entre ellos y yo nos hemos puesto las pilas para que las ansias blogueras retomen el vuelo. No prometo nada, pero de momento parece que la cosa va viento en popa y a toda vela. Tal vez termine por extinguirme, pero la espera la pasaré matando el vicio, que total no es peor ni mejor que los muchos otros que ya tengo.
viernes 16 de mayo de 2008
Un vicio como cualquier otro
jueves 15 de mayo de 2008
Efectos perniciosos del marketing
El marketing, también conocido como mercadeo o mercadotecnia, es la disciplina que se preocupa de estudiar, teorizar y dar soluciones sobre los mercados, los clientes o consumidores (sus necesidades, deseos y comportamiento) y sobre la gestión del mercadeo (o gestión comercial) de las organizaciones (principalmente las empresas, pero no de forma exclusiva). Su objetivo fundamental es retener a los clientes mediante la satisfacción de sus necesidades.Esta parrafada, extraída de la Wikipedia, define la teoría de una de las "ciencias" que más marca nuestro devenir cotidiano en la sociedad actual. Que levante la mano el que se atreva a defender que no ha sido víctima de ninguna estrategia publicitaria en toda su vida y yo ipso-facto le llamaré mentiroso... Desde nuestras aficiones más básicas (fútbol, gustos culinarios, música, cine, literatura), pasando por la moda, los automóviles, la electrónica, y llegando incluso a incidir en nuestros gustos por el sexo opuesto, las campañas promovidas por las grandes empresas nos definen hasta cierto punto como personas, debido a esa imperiosa necesidad que tiene el individuo de englobarse en una tribu social.
No tengo nada en contra de una buena campaña de marketing, al contrario: si algún ejecutivo es capaz, desde su despacho del piso cuarenta, de marcar cuáles serán mis gustos dentro de tres o cuatro años yo no puedo menos que quitarme el sombrero ante su audacia. Además, en la mayoría de los casos uno es bien consciente de que está picando el anzuelo y se sumerge en la vorágine consumista sin mayores problemas. Total, de algo hay que morir. Lo que me joroba y bastante son las estrategias de marketing mal hechas, entendiendo por tales las que pretenden modificar mis gustos tanto si quiero como si no, arrinconándome y señalándome con el dedo por no seguir los designios de un dios superior al cual todos parecen sucumbir sin un solo atisbo de duda. Si hablo de malas estrategias es porque pretenden doblegar la voluntad del consumidor en contra de su criterio, haciéndole parecer un bicho raro si no cede a la presión publicitaria. En lugar de seducir buscan obligar, y eso debería ser intolerable desde el punto de vista del ciudadano. "¿Cómo?¿Que no has probado la Nespresso?" Pues no, oiga, ¡que a mí me va el café carajillero de toda la vida, y no el que tiene sabor a arándanos!
Con todo, lo peor que le puede ocurrir a un consumidor es que un buen día alguien decida modificar sus gustos de manera exógena y encima restarle toda alternativa viable en el mercado. Tomemos por ejemplo la marca de helados Häagen-Dazs: desde década y media yo he sido un ferviente devorador de estos helados, en concreto los de vainilla. Decir que me encantan se queda corto, y decir que mi colesterol corrió por las nubes el día que descubrí las tarrinas en el supermercado sería algo tan eufemista como llamar a un negro del Maresme "afroamericano". Según mis cálculos el señor Dazs se construyó un chalet de tres plantas en la Costa Azul simplemente gracias a mi aportación a la causa, tal era mi devoción por la sustancia amarilla. Sin embargo, hará cosa de dos años algún lumbrera decidió que los helados de vainilla ya no se fabricarían en tarrina, y fueron sustituidos con nocturnidad y alevosía por unos mejunjes extraños con nueces de Macadamia, trocitos de plátano y mezclas de sabores extrañas que provocan arcadas a un gourmet purista como el que suscribe. Miren, señores de marketing, si yo quiero una tarrina con tropezones no tengo más que devolver el desayuno en un tetra-brick y zampármelo de postre a la hora de comer. Eso sí, pasado por el microondas que a mí me gusta calentito... ¡Devuélvanme mis tarrinas de vainilla, que en EE.UU. están por todas partes, hasta en el metro!
Otro ejemplo para mi lista negra lo constituye el caso de los Trident Senses. A ver, cenutrios con corbata: ¿a quién se le ocurrió la idea de cargarse los chicles de menta de toda la vida (véase la imagen) y sustituirlos por estas hiperhinchadas imitaciones? Obsérvese que la medida del chicle original cumplía las características ideales para todo aquel que no quisiera parecer un rumiante mientras lo masticaba, que la cantidad y el precio se ajustaban a las necesidades del consumidor medio (un paquete se gastaba en una semana), y que el sabor duraba más o menos media hora, que es lo que tiene que durar un chicle de menta comme il faut. Con los malditos Senses, a uno se le desencaja la mandibula mientras se somete al proceso de dar forma al chicle con mucha paciencia, te obligan a pagar más por tener un sobrante de cantidad a todas luces excesivo (adiós al paquete semanal) y encima el sabor se dilata en exceso, con lo cual las agujetas mandibulares se agravan innecesariamente, simplemente porque algún cerebrín de a kilo el mes decidió que "cuanto más, mejor".Señores del departamento de marketing de las multinacionales de medio mundo, estoy de acuerdo en que se debe evolucionar y que los productos tienen todos una fecha de caducidad, pero si alguna vez se han preguntado porqué los suyos se venden tan bien, lo más probable es que sea porque funcionan. En otras palabras, no toquen lo que ya va sobre ruedas, aunque ustedes crean que puede ir mejor, porque lo más probable es que joroben a sus consumidores fieles de toda la vida. Háganme la encuesta preliminar a mí, o de lo contrario luego no se quejen si las ventas ya no son lo que eran. Su ceguera cada día me recuerda más a la de las típicas panaderías en las que siempre sobran croissants normales pero en cambio no hay forma de encontrar los de chocolate: fabriquen más de chocolate y reduzcan la cantidad de los normales, que al pueblo llano no le gusta madrugar en domingo para pegarse un desayuno decente.
miércoles 14 de mayo de 2008
El derecho al pataleo
Interesante lo de la demanda de Telma Ortiz contra los medios de comunicación para evitar que se publique ninguna noticia más sobre ella. Hasta ahora teníamos dos tipologías claras en cuanto a esta clase de juicios se refiere: por un lado, los famosos que pleitean contra paparazzis por intromisión en su vida privada, pero que a los dos días ya estaban pactando una exclusiva con una revista de la competencia (con lo que la presunta coartada moral quedaba invalidada). Por el otro, los artistas y demás miembros de la farándula que, a pesar de no conceder exclusivas, se veían sometidos a un acoso constante sólo por ser quiénes son (aquí los "periodistas" esgrimen que al tratarse de personajes públicos la gente tiene derecho a saber de ellos o, dicho de otro modo, si no quieres que se sepa que te va la zoofilia no haberte metido a cantante, guapete). En ambos casos, claros ejemplos del "ellos mismos se lo han buscado". Lo que ya no resulta tan habitual es que se someta al escrutinio público a alguien simplemente por ser "familiar de", cosa que sólo sucede con las monarquías y en el caso de algún que otro alto cargo político.
Otra novedad que aporta este juicio es que la demanda se ha presentado a priori, es decir, antes de que el presunto acoso se produzca. Supongo que lo que se pretende es evitar la posible repetición del "caso Lady Di", donde claramente la demanda a posteriori sirvió de bien poco a la interesada, pero no deja de resultar curiosa la difícil posición en la que se encuentra el Juez, al tener que emitir un veredicto sobre un suceso que aún no se ha producido.
No faltarán los agoreros que opinen que a la señora Ortiz el tiro le va a salir por la culata, pues como el juez no falle en su favor a partir de ahora va a ver su intimidad invadida por cámaras que no la abandonarán ni cuando acuda al retrete de un restaurante. Y puede que no les falte razón, pero si atendemos a las encuestas radiofónicas sobre el particular la mayoría de la gente está a favor de esta mujer, una pionera en lo que podríamos llamar "los derechos de los famosos indirectos". Por tanto, pudiera producirse la curiosa situación de que, aun teniendo la razón moral, el juez se viera obligado a desestimar la demanda por falta de jurisprudencia sobre el asunto. Un riesgo muy elevado que más de uno se preguntará si vale la pena correr.
En todo caso, si realmente las cosas le van mal a Telma Ortiz de ahora en adelante, siempre le quedará el recurso de presentar una segunda demanda, esta vez contra su hermana Letizia. Viendo que la ley no la protege del acoso mediático, no resultaría del todo descabellado exigir responsabilidades a la causante indirecta del mismo, y más si tenemos en cuenta que ya se ha producido una tragedia familiar seguramente provocada en gran medida por la presión mediática. Si esta segunda demanda prosperara, las consecuencias podrían ser de órdago: a partir de ese momento, cualquiera que quisiera saltar a la fama haciéndose actor, cantante, modelo, o contrayendo nupcias con algún miembro de la Realeza, debería presentar por escrito el consentimiento de familiares directos y amigos de la infancia, so pena que les cayera un puro en el futuro si algún fotógrafo se extralimitase con alguno de ellos por el vínculo que les une al famosete. Obviamente, lo único que perseguirían en la mayoría de los casos los hipotéticos demandantes sería cobrar un buen pellizco, por lo que, al menos en el caso que nos ocupa, significaría que la Casa Real debería sobornar desde el minuto cero a cualquier persona relacionada con la nueva incorporación familiar (no descarto que eso no se esté produciendo ya). Con la facilidad en la procreación que tiene esta gente, una sentencia firme en este sentido podría significar la quiebra de las finanzas reales en un par de generaciones, luego la extinción de la monarquía.
¡Ánimo, Telma, estamos contigo!
martes 13 de mayo de 2008
El futuro ya no es lo que era
Este fin de semana he terminado de chuparme las tres temporadas de Millennium, una serie de finales de los noventa creada por Chris Carter (el productor de los famosos "Expedientes X"), y al concluir el último capítulo he pensado que en el fondo la serie tuvo suerte de ser cancelada en 1998, pues su tesis central se basaba en el apocalipsis total que se cernería sobre la humanidad al llegar al fin del milenio. Claro, eso podía colar en el trienio 96-98, que fue cuando se emitió, pero vistas hoy día todas las teorías apocalípticas de su argumento provocan la misma sonrisa irónica que lo del "efecto dos mil", que nos tenía que mandar al paleolítico de golpe por causa de la crisis informática que se desataría al cruzar el milenio, y que al final se quedó en nada.
Con "Blade Runner" pasa una cosa similar: al fijar la historia en el año 2019 podemos decir que, en cierto modo, la película tiene una fecha de caducidad. O se cumplen las profecías visionarias que Ridley Scott plasmó en celuloide en breve o el encanto de la cinta quedará parcialmente maltrecho. Recuerdo que cuando quebró Atari en el 84 los fans de la película se tiraban de los pelos pues una de las marcas que aparecían cada dos por tres en los anuncios de fondo mientras Harrison Ford se pateaba Los Angeles a la caza del Replicante (la otra era Coca-Cola, y parece que de momento por ahí no hay peligro) se había extinguido, y eso representaba un error garrafal para los que creían en un mundo como el descrito en el film. Menos mal que más tarde resucitó de la mano de otra multinacional y hoy en día sobrevive más mal que bien, aunque no descarto que los que la absorbieron no sean precisamente unos fanáticos seguidores de Philip K.Dick. Todavía hoy de tanto en tanto surgen artículos que analizan el porcentaje de aciertos del guión de "Blade Runner", y parece que la gran baza con la que juegan los que profesan la religión de la película es el dichoso cambio climático, que al paso que vamos y si lo que cuenta Al Gore tiene un pequeño viso de realidad aún está a tiempo de cumplirse. No hay mal que por bien no venga, pensarán los cinéfilos de pro.
Lo que no entiendo, sea cual sea el futuro que le espera a la raza humana, es esa manía que tienen algunos guionistas/escritores/directores/creadores-en-general de meterse tanta presión encima ubicando el argumento de sus historias en un futuro más o menos cercano, señalándolo con una fecha concreta que puede arruinar la ilusión de verosimilitud de sus teorías de ciencia-ficción, y encima mezclándolo con datos sacados del presente, tales como marcas, música, vestuario y demás. Que aprendan de George Lucas (no por nada el rey del cotarro), que cuando se inventó su saga galáctica la situó "hace mucho tiempo en una galaxia muy, muy lejana"... Tan lejana, de hecho, que en ese universo las naves pueden explotar en el espacio y las naves viajar a la velocidad de la luz sin que los seres vivos que hay en ellos se desintegren al segundo. Para que luego digan que la coherencia importa en las buenas historias.
viernes 9 de mayo de 2008
El eje del mal
Los que seguimos con cierta regularidad la actualidad informativa a través de The Onion, el célebre ciberperiódico satírico americano, no hacemos más que quitarnos el sombrero día sí y día también ante la audacia de sus editores, capaces de lanzar críticas despiadadas a los gobernantes de su país mediante las delirantes noticias que se sacan de la manga. Noticias completamente inventadas, cierto, pero todas con un trasfondo de realidad convenientemente pasado por el filtro de sus plumas colaboradoras. Tomemos por ejemplo el siguiente titular: el Papa regresa al Vaticano con un detallado plan para hacer saltar por los aires a los EE.UU. Obviamente, más falsa que un euro de chocolate, pero como siempre en estos casos la salsa está en los detalles, y cito:
En una violación sin precedentes de la seguridad nacional, el Papa Benedicto XVI, líder de la organización internacional conocida como "la Iglesia Católica Romana," se ha infiltrado en los niveles más altos de los EE.UU. y del gobierno tras la elaboración de un amplio plan para destruir a todo el país.
A través de una información recientemente descubierta, los conmocionados analistas de inteligencia han determinado que la reciente gira de los extremistas religiosos por toda la nación fue de hecho una misión de reconocimiento diseñada en esencia para descubrir los puntos débiles de las defensas de nuestro país y exponernos a una destrucción en masa.
"Tuvo pleno acceso a todo -la Casa Blanca, la Catedral Nacional, todo", dijo el director de la CIA Michael Hayden, que al parecer ya ha presentado su dimisión debido al masivo fracaso de seguridad. "Al llevar a cabo este espionaje bajo el subterfugio de una misión de buena voluntad de caridad cristiana, el Papa fue capaz de tener acceso a información sensible nunca antes obtenida por una potencia extranjera hostil. El propio presidente le dio la mano, rezó con él."
"Este es el fracaso más devastador de la inteligencia norteamericana que se pueda imaginar", agregó Hayden. "Estamos totalmente indefensos."
La cosa continúa insinuando que tras su visita a las más altas instancias el bueno de Ratzinger sisó los planes de la futura Freedom Tower de Nueva York, y cómo miembros de la CIA y de la comitiva de Bush le mostraron documentos clasificados como Top-Secret por el gobierno americano:
"Normalmente no permitimos a cualquiera que pueda ver los documentos de alto secreto, pero con el birrete y la túnica y todo, es difícil decir que no", dijo un oficial del Departamento de Energía, que permitió ver a Benedicto planes para un proyecto del sistema de entrega de misiles, y mapas detallados de las centrales nucleares de la nación. "Dijo que quería bendecir los documentos, cosa que hizo. Lamentablemente, ahora creemos que el anillo que lleva es una cámara digital en miniatura".
Y así sigue, hasta llegar a la devastadora conclusión del relato:
El lunes, la CIA hizo pública una grabación de audio de varias voces que se cree que corresponden a operarios de alto rango del Vaticano. La cinta al parecer contiene numerosas referencias al "próximo día del advenimiento de la ira de Dios contra los americanos" y hace mención a varios de los principales objetivos, todos en zonas urbanas altamente pobladas.
La grabación concluye con la escalofriante frase "Que Dios bendiga a América", seguido por lo que los expertos han llamado una risa "profunda, maníaca" que han identificado como la del pontífice.
"El Papa tiene millones de seguidores en todo el mundo que están dispuestos a cumplir sus mandatos, cualesquiera que sean los lúgubres y mortales planes que pueda concebir," dijo el director de la CIA Michael Hayden. "No puedo imaginar un enemigo más formidable. Señor, ten piedad de nuestras almas en el transcurso de las aterradoras y trágicas semanas que se avecinan."
Convendrán conmigo que en este artículo se mezcla de todo un poco: desde el aparentemente siniestro porte de Ratzinger, pasando por el papanatismo de los gobernantes ante según qué autoridades (convenientemente escogidas, mientras otras son denostadas una y otra vez), hasta la manipulación que practican esos mismos gobernantes para acojonar a la población y que se lancen en tropel a invadir Irak, por ejemplo, con argumentos como lo del Eje del Mal a la cabeza. Como les decía, impagable.

Por eso me asusté bastante cuando hace un par de días leí en La Vanguardia Digital que, por primera vez en su historia, The Onion habría sido censurado. Aparentemente por una sátira publicada el pasado 28 de abril con el impactante titular "Programa de TV chino cancelado porque sólo tuvo 180 millones de televidentes". Según La Vanguardia,
El despacho empezó a circular en internet, en los RSS feeds (los sistemas gratuitos que distribuyen actualizaciones de contenidos en sitios web), en la red Twitter y en la selección de titulares de varios blogs que hacen compilaciones temáticas de los sitios más populares de la Red. Sin embargo, al poco tiempo, ya no estaba disponible en línea. Al intentar leer la 'noticia', usuarios/as de todo el mundo encuentran un mensaje de error: "Usted no está autorizado a ver esta página".
Impresionante: la censura china había conseguido lo que el gobierno americano en pleno no había podido lograr jamás, ni siquiera cuando el periódico publicó que los políticos de Washington tenían pensado abandonar la capital si no les construían un nuevo Capitolio, notición que coló como cierto en (precisamente) algunos medios chinos. Sin embargo, en el blog The Media Slug apuntan a una explicación alternativa mucho más coherente con la línea editorial de The Onion: que en el fondo se trate de una nueva sátira generada por los propios responsables del medio para chotearse de la censura China (¿quién cuernos querría censurar una noticia que va sobre la cancelación de una una comedia de adolescentes viviendo encima de una tetería?). Rizando el rizo, humor inteligente llevado al extremo.
A éstos no hay Eje del Mal que los hunda.
jueves 8 de mayo de 2008
Luchando contra la percepción
Uno de los tópicos más recurrentes a la hora de abordar el tema de la crisis económica a la que (según todos los especialistas) vamos abocados viene dado por la dichosa muletilla "mucha crisis, mucha crisis, pero los restaurantes están siempre a tope". Lo gracioso del asunto es que quien la pronuncia suele ser uno de los mileuristas que deciden gastarse el dinero de la hipoteca en una cena para dos en un restaurante de cocina deconstructiva tirando de la VISA, sin caer en la cuenta de que ellos mismos son el objeto de la crítica fácil a la que alude la frase de marras. Lejos de reprocharles su (suicida) actitud, querría invitar a todo insensato que siga esta humilde bitácora a que se lance al abismo consumista y se apresure a reservar una velada en Can Fabes o en el Sant Pau, no sin antes haber pasado por la agencia de viajes más próxima para pedir plaza al primer vuelo del mes de agosto hacia Cancún.
La razón para ello es muy simple: la mejor receta para luchar contra la crisis es el consumo desenfrenado. Piénsenlo bien, en muchos casos el tan cacareado desastre profetizado por los agoreros (¿no les encanta el otro tópico recurrente: "recesión es cuando el vecino se queda sin empleo, crisis es cuando me quedo yo"?) termina produciéndose más por la percepción que tiene el populacho de la inminencia del mismo que por la situación real de sus economías. Es decir, si millones de personas creen que ahora los pisos están muy caros y que la burbuja inmobiliaria va a reventar de un momento a otro, todos frenarán la compra de su vivienda provocando el estancamiento del sector. Si tienes miedo no consumes, y eso en el fondo es un error puesto que, en el ejemplo de los pisos, difícilmente caerá su precio notablemente (en el mejor de los casos se estancará), por lo que comprando ahora el consumidor arriesgado dispone de una mayor oferta y de facilidades inmejorables que el constructor le proporcionará con tal de que le eche una firmita. Vaya, que más barato no comprará, pero se sentirá como el rey del mambo, sin tener que pelearse por un zulo con treinta familias (situación que se daba hace dos años) y con varios promotores dispuestos a lo que sea con tal de quitarse de encima una de sus viviendas. Lo mismo con los restaurantes caros (menos problemas para encontrar mesa) o con la electrónica de consumo (los televisores de tropecientas pulgadas se caen de las estanterías). En definitiva, que no hay mejor remedio contra la crisis que el consumo alocado, pues el quedarse en casa acongojado es lo que en la mayoría de casos termina por provocar el cataclismo: el enemigo a batir es la percepción de la fatalidad.
El problema de la situación actual viene porque hay una segunda crisis que se suma a la primera: el desastre financiero que se ha originado en USA, y que ha hecho que las entidades bancarias de medio mundo cierren el grifo a las demandas de crédito de sus clientes. Las empresas solventes no pueden comprar maquinaria porque el banco no las financia, y el consumidor alocado del párrafo anterior se queda sin hipoteca por culpa del agujero interno de las entidades crediticias. Y ahí entra la paradoja: por mucho que ustedes deseen romper el círculo vicioso del no-consumo/estancamiento de la producción, posiblemente se encuentren imposibilitados para ello debido a factores ajenos a su situación, y no les quedará otra que quedarse en casa el fin de semana viendo cómo la inflación se dispara a pesar de que nadie compre y cómo aumentan los beneficios millonarios de los bancos a pesar de que teóricamente están tan pelados que no les pueden costear las (merecidas) vacaciones.
Ante tan peliagudo panorama, ¿qué hacer? Puestos a quedarnos en el paro y sin poder pagar los créditos que se van acumulando en nuestra depauperada cuenta corriente, lo mejor será intentar engañar a alguien como sea. Búsquense un avalista para irse de turista (al más puro estilo Toreros Muertos), y si no lo encuentran opten por la opción de los hermanos Reid cuando, emulando a Dylan, se abandonaban al blues de la pistola: a punta de cañón, entren en una sucursal con la cara bien tapada y exijan toda la pasta que hay en la caja. Si les detienen siempre pueden alegar que lo hacían con buena intención, que no es que quisieran pegarse la gran juerga sino salvar al país de su triste destino. En cualquier caso, como la cosa está tan chunga, y citando a los mismos de antes, que se vaya todo al carajo que a mí ya me importa un pimiento.




